Deshielo


Various Solitary and Terrible Stars.
Many Frosty Nights,many previously Unseen Sky-flowers.
(Varias Estrellas Terribles y Solitarias.
Muchas Noches Glaciales, muchas Flores Celestes nunca vistas.)
A. Oswald. Various Portents

 

Ahora el Dios está bajo los hielos,
Enki, Ishtar, Ra, Zeus, Brahma,
bajo los hielos,
héroes, reyes, sacerdotes, hetairas,
están bajo los hielos,
los quarks, leptones y bosones
aguardan bajo los hielos,
el chamán, la matrona y el psiquiatra,
también bajo los hielos,
los ritos, el arte, el conocimiento,
están bajo los hielos,
la Realidad yace
bajo el sueño de los hielos;

la Tierra ahora está bajo los hielos,
y aun el Sol
está bajo los hielos,
el pez, el pájaro, el insecto, el simio,
bajo los hielos,
esta galaxia y el grupo local
de galaxias, también bajo los hielos,
el Universo —este universo—
aguarda bajo los hielos,
tu Realidad, junto a la mía,
bajo el sueño de los hielos,
el Ente Creador, el Anticristo,
ahí, bajo los hielos;

ahora el hielo está bajo los hielos,
el permafrost,
bajo el hielo de los hielos,
aguardando el deshielo
de la primavera del Tiempo, que
—la masa, la luz, la energía,
bajo los hielos—
no tendrá fuerza suficiente
para deshelar el sueño,
y también el estío hallará hielo
bajo el hielo, hielo eterno ocultando,
apropiándose —en el hielo—
de todos las efímeros presentes;

ahora el Ahora está
soñando —inciertas realidades—
el crítico futuro del deshielo.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2017
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Parpadeo


The exit from eternal inflation does not produce an infinite
fractal-like multiverse, but is finite and reasonably smooth.
(La salida de la inflación eterna no produce un multiverso
infinito similar a un fractal, sino finito y razonablemente plano.)
S. W. Hawking / T. Hertog, A smooth exit from eternal inflation?

Mañana será el fin del Universo.
V. Huidobro, Poemas árticos

 

Aquel dios, abstraído,
contemplaba el Cosmos inabarcable,
en su infinidad de universos

y antiuniversos, incendiados
de cúmulos de galaxias, de plasma
y energía expansiva.

Preguntándose quién
—por qué, para qué— lo habría creado,
engarzado, erigido,

por un muy breve instante
—un destello de oscuridad—, absorto,
el dios parpadeó.

Durante ese trivial
—brevísimo— lapso del parpadeo
de aquel dios, en algún planeta

apareció la vida,
que evolucionó, que mutó sus formas,
y por fin se extinguió.

Y cuando el dios volvió a mirar
no quedaba ni el más nimio vestigio
de vida en el planeta

—en cualquier universo—
al que sus seres más autoconscientes
solían llamar Tierra.

Y entonces bostezó.
El Tiempo y el Espacio ni siquiera
habían comenzado a contraerse.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2017
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Himno al dios de la Tempestad


Y enviaron contra ellos, como una tempestad,
fiebres, enfermedades, pestes y epidemias.
Poema de Atrahasis

.

Oh dios de las tormentas, señor de la tempestad,
Oh dios de las tormentas, señor de la tempestad,
de la tempestad,
señor de los vientos, de las lluvias y del rayo destructor,
señor de la tempestad,
dueño del vendaval, del tornado y del vehemente ciclón,
señor de la tempestad,
dueño del aguacero, de la riada y la funesta inundación,
señor de la tempestad,
dueño del trueno, del relámpago y del rayo destructor,
señor de la tempestad,
de la tempestad;
[…]

oh tú, señor, dueño del vehemente ciclón,
dueño del vendaval, del tornado y del vehemente ciclón,
oh tú,
dueño del vendaval devastador,
del vendaval devastador
que levanta los tejados y a los árboles derriba
y hace retemblar las sólidas puertas de los palacios,
oh tú,
dueño del tornado vortiginoso,
del tornado vortiginoso
que alza las blancas casas hacia las nubes
y aplasta como mieses al orgulloso cedro y al ciprés,
oh tú,
dueño del vehemente ciclón,
del vehemente ciclón
que arrasa hermosas villas y grandes ciudades
dejando tras de sí la muerte y la desolación,
oh tú, señor,
dios de las tormentas, señor de la tempestad,
de la tempestad;

oh tú, señor, dueño de la funesta inundación,
dueño del aguacero, de la riada y la funesta inundación,
oh tú,
dueño del aguacero persistente,
del aguacero persistente
que confina a las fieras en sus ocultas guaridas
y a los hombres en la húmeda oscuridad de sus moradas,
oh tú,
dueño de la riada impetuosa,
la riada impetuosa
que anega las verdes riberas y las feraces vegas
arruinando las abundantes y nutricias cosechas,
oh tú,
dueño de la funesta inundación,
la funesta inundación
que revuelve las negras tierras con las tumultuosas aguas
y a los hombres con las bestias en mortífera confusión,
oh tú, señor,
dios de las tormentas, señor de la tempestad,
de la tempestad;

oh tú, señor, dueño del rayo destructor,
dueño del trueno, del relámpago y del rayo destructor,
oh tú,
dueño del trueno ensordecedor,
del trueno ensordecedor
que atemoriza al bravo guerrero sobre las almenas
y espanta a las feroces alimañas de la selva,
oh tú,
dueño del relámpago deslumbrante,
del relámpago deslumbrante
que ilumina la aguzada lluvia con azulada luz
y ciega a aquel que osa mirarlo de frente,
[…]
oh tú,
dueño del rayo destructor,
del rayo destructor
que hiende la altanera y enhiesta roca
e incendia los anchurosos campos y los tupidos bosques,
oh tú, señor,
dios de las tormentas, señor de la tempestad,
de la tempestad;

oh dios de las tormentas, señor de la tempestad,
de la tempestad,
[…]
deja que el viento corra y que galope el ciclón,
señor de la tempestad,
deja que la lluvia anegue el mundo durante meses,
señor de la tempestad,
deja que el rayo resquebraje los peñascos y las murallas,
señor de la tempestad,
mas líbranos de los necios, de los sandios y mentecatos,
líbranos de los engreídos, arrogantes y presuntuosos,
de los mezquinos, ególatras y desagradecidos,
y sálvanos,
señor de la tempestad,
de todos aquellos que hacen la vida del ser humano
más difícil aun de lo que ya es sobre la Tierra,
señor de la tempestad,
y arrástralos con tu vendaval desenfrenado,
y ahógalos en tus torrentes impetuosos,
y fulmínalos con tu rayo exterminador,
señor de la tempestad.

Oh tú, Adad, hijo de An,
toro radiante, hijo de An,
dios de las tormentas, señor de la tempestad,
de la tempestad,
entono este sacro himno en tu loor,
toro radiante,
en tu loor.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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A los númenes


Por voluntad de los dioses y el hado, él, que era mortal,
fornicó con una diosa inmortal sin entenderlo del todo.
Himno homérico a Afrodita.

 

Ecuánimes y omniscientes,
distantes diosas y dioses:
agradezco
los altos dones, sin ruego,
recibidos:

A ti, Inanna,
hieródula de los cielos, en Lagash,
con juncos,
entre los dos ríos;
y a ti, Ishtar, estrella matutina,
en Úruk, sobre el deseo y la guerra;
a ti, Bast, gata, en el Nilo, en Bubastis,
y a ti, ebria, Hathor, en Menfis,
en Heliópolis y en Dendera;
a ti, Astarté,
en todo el litoral,
desde Tiro, Sidón y Biblos
hasta Cartago, Tingis o Gadir;
a ti, Turan, alada, en los espejos,
con cisnes, gansos y palomas,
en Vulci y en Gravisca;
a ti, reidora, Afrodita,
que portas el ceñidor,
en Creta, en Pafos, en Citerea,
y del Euxinio al Océano,
y a ti, ciego, Eros, en Tespias,
flechador, hijo del Caos Primigenio;
y a ti, Venus, en Cyrene,
en Londinium, en Brigantium y en Barcino,
donde casi siempre es pronto…
… para esperar;
a ti, Anahita, en Nishapur,
en los oasis y dunas, y en las rosas;
a ti, Angus Og, en Inishmore,
la fortaleza en la roca del mar;
a ti, Freyja, en Gotland,
y en las naves, y en el hielo;
a ti, Semara, en Bali, en las islas;
a ti, Kamadeva, incorpóreo,
y a ti, Shiva, en Benarés,
sobre el Ganges, el sagrado;
a ti Aizen, loto secreto,
sobre los archipiélagos del sol;
a ti, flor, Xochiquétzal,
y a ti, Tlazoltéotl, jaguar,
en Teotihuacán, en los lagos;
a ti, Kurupí,
en la Amazonia,
oculto en la humedosa jungla,
donde las fieras más bellas
matan y aman…

a vos, innombrables e innumerables
—inevitables— númenes,
que aceptáis las ofrendas de los siglos
idos, vivos
y futuros: os agradezco.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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Eu quero, e tu?


Here in this simmering marsh.
(Aquí, en esta ardiente marisma.)
D. H. Lawrence, River Roses

 

No ignora el rito.
Zumba al oído
con un zumbido frío
ya conocido,
aquel profundo río.

Rígido espectro hesitando en la sombra;
escarabajo expectante en la arena.
El dios permanece sonriente,
astuto y flemático;
sabe que el ritmo ya avanza, ya punza.

Reflejos en la autopista lluviosa,
espejos en un silencioso cuarto,
tan viejos instintos remotos;
ya lejos,
lejos los ecos de envites frustrados.

Lentas circunvalaciones, rodeos,
veladas aproximaciones;
fluido, sonido, silbido sabido.
Despacio
se acerca el escarabajo a la duna.

Deja el espectro su aura sombría.
Trepa la pendiente el escarabajo;
sigue la orden de un dios muy antiguo,
nunca olvidado.
Vuelve el zumbido y el ritmo medido.

Dulce silbido umbrío
vuelve al oído:
nuevo profundo río
desconocido.
Y acata el rito.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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Comezón


I had to run away,
And get down on my knees and pray
That they’d go away but still they’d begin

(Tuve que huir, y arrodillarme y rezar
para que se fueran, pero empezaron de nuevo)
S. Bono / J. DeShannon / J. Nitzsche, Needles and Pins
 .

Mar agridulce,
plásticos, viento,
pared de piedra,
tapa, cerveza,
gafas de sol,

un cigarrillo,
polvo y papeles,
hora de irse,
último trago,
el malecón,

pero de pronto
sale en la esquina,
pasa y no mira,
bolsa, basura,
finge no ver,

el cosquilleo
de sus agujas,
mis alfileres,
cambio de idea,
pie en la pared,

otro pitillo,
espera, espero,
cuenta, diez, treinta,
vuelve —sorpresa—
al malecón,

mar salidulce,
paso volátil,
mira al soslayo,
yo, pie en la piedra,
gafas al sol,

cruza la calle,
mira de nuevo,
vuelan agujas,
viento en los labios
—¡quieta, pared!—,

arden agujas,
mil alfileres,
el hormigueo,
inapagable
la comezón.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2017
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Rapaces


Xa fixen amizade coas aves de rapiña.
(Ya hice amistad con las aves de rapiña.)
Á. Cunqueiro, No máis esvío cume

 

Mira: en la mano  tengo el milano
que el llano allana,
la sierra encierra
y el mundo aferra.

En el albor  traigo el azor
que el sueño azora,
al tiempo entrampa
y el mundo campa.

Junto al anillo  llevo el autillo
que el día astilla,
la noche estrecha
y el mundo acecha.

Mírame: aquí  muestro el neblí
que el mar anubla,
el sol circunda
y el mundo inunda.

Con esta mano  alzo el milano
que el cielo asuela,
la tierra asierra
y al mundo entierra.

•  •  •.

Con fino afán  va el gavilán
sobre el salobre
río bravío
del cuerpo tuyo y el tiempo mío.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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Los cisnes


Bequeathing your white feathers to the moon
And giving your bland motions to the air.
(Legando vuestros blancos plumajes a la luna
y dando vuestros suaves movimientos al aire.)
W. Stevens, Invective Against Swans

 

El muro se alza en el cerro,
la torre, contra el castillo;
el cisne doma la altura,
el aire se rinde al cisne.

Las alas aman el aire;
el aire circunda, ciñe,
sustenta, dirige, impulsa
y lanza pujante al cisne.

Ascienden los albos cisnes
sobre el castillo en la cima
de la alta montaña abrupta.
Planean los claros cisnes,

se elevan en leves vuelos
sobre los bosques aislados
de frondas frías y oscuras.
Descienden los blancos cisnes

y vuelan claros y elípticos;
se posan sobre los páramos,
las charcas y las lagunas
remotas de la amplia tundra.

Y nadan los níveos cisnes
velando su cruel secreto
de musgo, de hielo y turba,
diluido en la densa bruma.

•  •  •

La torre se alza en la altura;
sobre el castillo, la luna.
Al aire el cisne fulgura:
el cisne es blanca laguna.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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Acetrero


Volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.
S. J. de la Cruz, Tras de un amoroso lance 

 

Voy husmeando los halos
de tu carnada,

voy discerniendo tu sombra
en la distancia;

voy calculando los pulsos
de tu desgana,

voy alcanzando tu esencia
y tu metáfora:

voy asumiendo tus grados
de incierta magia

y abalanzando a tu inercia
mi frágil ansia.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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La princesa, a medianoche,


Iuppiter, admonitus nihil esse potentius auro,
corruptae pretium uirginis ipse fuit.
(Júpiter, advertido de que nada hay más poderoso que el oro,
en oro se convirtió para seducir a una virgen.)
Ovidio, Amores, III, 8

 

cerval se despertó, fría y ardiente
—la crespa cabellera enmarañada
alzando negras ondas en la almohada—,
transida en el recuerdo de un torrente

de oro que cerniéndose a su pecho
fluía bajo el fin de su cintura
y, pronta, con la mano aún insegura
—dudando fuera sueño o daño hecho—,

rozó la herida, donde halló, pungente
y densa, una humedad inesperada
quemando de sus muslos la blancura:

urdimbre de un oráculo impudente
que el dios trabó en la virgen, difamada
por siglos de vender su arcano lecho.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2011
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Reina de las algas


—Seica é roxiña de pelo?
(—¿Acaso es rubita de pelo?)
A. Cunqueiro, Si o vello Sinbad volvese ás illas

 

En las blancas olas
y el azul del mar
hay una sirena
que me quiere ahogar.

Si la tarde amaina
la oigo cantar
su canción salada,
reina del algar.

Aunque yo no quiera
verla ni escuchar
su cantiga antigua,
no eligió al azar.

Con un espumoso
—leve— aletear
de rubias escamas
me viene a llamar…

He de ir con ella
y me he de ahogar
en las negras olas,
en la sal del mar.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2016
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Algo sabes


Nasty little words, nasty long words,
it’s unhealthy.
(Sucias palabras cortas, sucias palabras largas;
es insano.)
B. Bunting, What the Chairman Told Tom

 

Improviso un verso liso,
fluctuante,
sin contornos ni figuras,

juego a un juego donde el todo
busca el modo
de agarrarse a las fisuras

inseguras de la vida
mareante y dividida,
volitante,

juego al juego,
nado en esta vaga nada
vagilante

donde nadie
juega a nada,
sé que alguien sabe algo

de las algas,
de la arena y las mareas
volitantes,

mido en brazas
la profundidad del viento
inextenso,

yo no sé si intuyes algo,
frío brasas
en aceite frío y denso

mientras miro el tiro y pienso
que me abrasas
si me abrazas,

quizá alguien sepa algo
de los túneles hadales
abisales,

pierdo el juego,
yo no sé si sabes algo
de las nalgas,

de sus órbitas fluctuantes,
de los lóbregos algares
irrigantes,

por si hay caso
eyaculo un verso inverso,
terso y laso,

sin arrugas ni verrugas,
nado en ángstroms,
mido en micras

las corrientes subcutáneas,
trazo líneas tangenciales
y abismadas,

lanzo lanzas erectantes,
deleznantes,
crasa espuma,

a tus labios vagimales,
quizá alguien sepa algo,
juego al fuego,

timo rimas arrimadas
a los límites adversos
de los versos,

juego a un juego
en que nadie paga nada
de hadal modo,

pero el todo es todo el pero
que asegura la fisura
tersa y dura

de la vida revivida,
erectante y desabrida,
volitante,

pierdo en pársecs
la altitud de tu reflujo,
especulo,

vuelvo y salgo,
sé que tú sabías algo,
eyaculo

versos tersos,
volitantes, erectantes,
indiversos

en tus labios expectantes,
algo intuyes,
vaginantes,

aunque no es nada moderno
—sabes algo—
ni tan tierno.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2015
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Nido en llamas


Se eu disser que vi um pássaro
Sobre o teu sexo, deverias crer?
(Si yo dijese que he visto un pájaro
sobre tu sexo, ¿deberías creerlo?)
H. Hilst, Do desejo

 

Noche de luna
azul y alta,
plena de invierno;
fulgente ansia.

Si fuera el mirlo
junto a su almohada
y la infundiera
de oscuras alas.

Noche tendida
sobre la playa;
sueño de arena,
salmo de algas:

Si el mirlo fuera
y la inundara
del denso trino
que a mí me calma.

Noche azulada
de luna en llamas:
¡Si el mirlo armara
nido en sus sábanas!

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2018
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Regreso al oscuro océano


If you don’t like my peaches, don’t shake my tree.
(Si no te gustan mis melocotones no sacudas mi árbol.)
Kim Lenz and the Jaguars, If You Don’t Like My Peaches

 

Oh, ¿has mordido un pez
que no puedes tragar?

El pez lucha en tu boca
con torpes aleteos

y tú no lo devoras
ni lo entregas al mar.

¿Has atrapado un pez
y no puedes comerlo?

Oh, has pescado un pez
que se dejó pescar:

El pez, de un coletazo,
regresará al océano,

a las profundas simas
que son su hogar.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2018
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Nordeste


Dumanlı havayı kurt sevsin.
(El lobo ama el aire neblinoso.)
A. Arif, Karanfil Sokaği

 

Muerde el viento de la sierra
en la landa anubarrada.
Baja a los bosques —hambrienta—
la manada.

Trepa el lobo con la lluvia
a la peña nunca hollada:
canta a la noche y la luna,
y a su amada.

Sesga el lobo por el valle
tras la presa acorralada;
huele y puede ver la sangre
la manada.

Yace el lobo en un recodo
de la profunda vaguada,
cerrando un ojo y el otro
en su amada.

Vira a nordeste en la sierra.
Ama el lobo; garra alzada.
Aguarda en silencio —inquieta—
la manada.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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Poème d’amour du printemps

(pour une jeune fille amoureuse)


Car le temps de l’amour
c’est long et c’est court,
ca dure toujours, on s’en souvient.

(Porque el tiempo del amor es largo y es corto,
dura para siempre, lo recordamos.)
F. Hardy (Morisse/Salvet/Dutronc), Le temps de l’amour

 

Deja el amor:
vamos —rápido— a follar.
Ven, mi amor;
vamos a echar un polvo sin amor,
y a disfrutar.

Déjame absorber tus tetas
pizpiretas,
mordisquea mis pezones,
que me pones;
voy a paladear tu coño
(oh madroño),
degusta mi polla rosa
(sustanciosa);
déjame atrapar tus nalgas
—dunas y algas—
y enzárzate entre mis brazos
sin flechazos.

Ven: voy a follarte aprisa
como brisa
que refresca los pinares
y arde mares;
mueve al ritmo tus caderas
volanderas
como ola que en la roca
(loca) choca.

Vamos a follar —mi amor—
sin amor
y mandemos
—pues podemos—
a tomar por culo la poesía
(majadería)
y todo ese puto amor.

Y mañana
—o cuando nos dé la gana—,
por favor,
hagamos el amor pacientemente
(como la buena la gente),
casi, casi con amor,

pero ahora
no me seas soñadora:
deja el amor
(es mejor)
—deja el sado—,
y echemos un gran polvo alucinado,
sí, mi amor:
que ya siento en mis pezones tus dientes
impacientes,
que mis dientes ya sienten tus pezones
reventones.

Deja el amor,
por ahora
—es tan pronto, en las olas del azar…
… para esperar—,
sin demora
y vayamos más allá del amor:
por favor:

rindámonos por un ratito
al sempiterno
(turbio / tierno)
antiguo rito.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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El aire del sueño


Media noche. Tengo que ir a la ciudad
a encontrarme con quien no quiera soñar.
A. Vega (Nacha Pop), Antes de que salga el sol

Océanos secretos de aguas centelleantes.
L. A. de Cuenca, El otro Barrio de Salamanca

 

Celia Merlín
vino en un sueño
desde el confín
del sur porteño.

Llegó cantando
un sutil verso
dulce y fragante
de sal y sexo.

Cisnes salvajes
volaban frescos
por las orillas
del día extenso;

nuevos colores
vertía el cielo
sobre las calles
de un barrio ingenuo.

Llegó agitando
con breve gesto
una varita
de magia y cuento.

El frío urbano
se hizo incendio
de roja hierba
y blancos pétalos;

ceniza en plomo
creció rugiendo
y alzando olas
de savia y riesgo.

Celia Merlín
maduró el juego
del no te doy
ni me lo quedo.

Dragó la sangre
y pisó muertos
siguiendo un culto
de impíos rezos;

brotaron lirios
en los paseos
y en los tejados,
acebo y muérdago.

Y una ave fiera
cernió su aliento
sobre las selvas
del mundo quieto;

cerró sus garras
contra los huesos
y agarró fuerte
entero el nervio.

El rayo antiguo
rompió los cercos
con duro brazo
de puño eléctrico.

Vibraban rápidos
ritmos etéreos
en la explanada
del pulso abierto;

potros indómitos
corrieron recios
las avenidas
del orbe incierto,

con sed de eras
iban mordiendo
cerveza y vino
en agua y hielo.

En la tormenta
de sal y sexo
murieron pájaros
sobre el mar terso,

cayeron árboles
de troncos yertos
en las veredas
del firmamento.

Y… el ave fiera
levó su vuelo
hacia otros astros
del Universo.

Celia Merlín
se fue en el metro
entre los túneles
ciegos del tiempo;

movió su vara
de magia y verbo
y quebró el aire
del sortilegio.

Cisnes de plata
solos se fueron
por las orillas
del día inmenso.

«Lo que me das
yo te lo entrego,
y lo que doy
es lo que tengo…»

Celia Merlín
se abrió sin dueño
hacia el confín
gris madrileño.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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La cuesta del pinar


Me paso el tiempo viéndote venir.
R. Mercado, Agradecido

Tan solo una canción de amor
que tú tal vez no entenderás.
A. González (Los Ángeles), Mónica

 

El tiempo quiso blanquear
el hueco oscuro del tiempo,
bestia rapada,
vela azul en blanco azar.

El ojo apuntando al mar,
bien de zancas tan expuesta,
en la cuesta del pinar
te hallé.

Ai, aínda moi cedo…
… é pra agardar.

Detente como un tonto
o espera aún poco
y corre como un loco
o ama y vete pronto.

Falling in the pool,
loving like a lad,
running like a mad,
standing like a fool.

Vuelve a llover donde solía:
la niña raposa, y él
con savia seca en la piel,
y una dríade que espía.

Concito el rito.

El crepúsculo del río:
suma y despojo del aire;
la recomposición del movimiento
que canto, siento, pinto, afronto, unto.

Corre coma un tolo
ou para coma un parvo.
É man e ollo, é nervo e intre, é corda e arco.
Elepan otuxne emeso,
asopar ahinem ahnim!

Si planto, cuento, finto, monto, junto
el éxtasis en descomposición;
sueño y violencia de luz:
fluye el tiempo, fluye frío.

Habito el rito.

Por peña, bosque, prado, arena
vuelve el agua al mar que solía;
sobre el jacinto y la azucena,
llueve otra vez como llovía.

Standing like a fool,
running like a mad,
loving like a lad,
falling in the pool.

Ama y vete pronto
y corre como un loco
o espera aún poco,
detente como un tonto.

Ay, demasiado pronto…
… para esperar.

Eu vinte
pola encosta do pinal,
tan de coxas expostiña,
co ollo apontando pra o sal.

Vela azul no branco azar,
besta rapada,
buraco escuro do tempo
que o tempo volveu albar.

En el oscuro agujero del tiempo
que por fin el tiempo logró encontrar.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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Peñón sin algas


This fever for you was just burning me up inside.
(Esta fiebre por ti me estaba quemando por dentro.)
R. Orbison (B. Steinberg / T. Kelly), I drove all night

 

Condujo horas, la noche entera,
los ojos secos, pensando solo
en verla a ella.

Lava en las rocas, sal en el viento;
ropa en el terso suelo encerado;
lluvia de ayer.

Pasos de baile, juegos confusos;
curvas fugadas, asfalto huido.
Pensando en ella.

Toda la noche, simas y llanos;
peñón sin algas, viento del mar.
Condujo horas.

Y ella, sin ropa, sin la camisa
de talla grande, vencido el tanga
violeta y negro

—solo los densos calentadores
en los tobillos y zapatillas
rosas de danza—,

se retorcía sobre la barra
ante el espejo mostrando el pubis
albo, desierto,

los largos miembros, ligeras piernas
y tensos brazos, prensiles manos
de ave dorada;

pandos, pequeños, pungentes pechos;
mueca de niña; bajo el pajizo
y lacio pelo,

los ojos glaucos como olas calmas
tras la tormenta, profundos, fríos:
verdor letal.

Lisas paredes, ventiladores,
luz de quirófano; piso de tablas,
pasos de danza;

pubis sin vello contra la barra:
peñón sin algas, pálido abismo,
marmóreo altar.

Aún ebrio, el hombre arrancó el coche.
Condujo absorto entre la lluvia,
sobre la lluvia;

hacia la lluvia —zigzags de viento,
pulso de agua—, sabiendo ahora
que no era eso,

que no era aquello lo que olvidaba;
cuero en los labios, zinc en las manos…
No, no era así.

Condujo horas bajo la lluvia,
borrosos faros entre la lluvia;
difuso azar.

Ya casi al alba, solo en su cuarto
—los ojos secos—, miró la foto,
bebió aguardiente,

rojo aguardiente de fruta amarga;
secos los ojos, lluvia rompiendo
en los cristales.

En las noticias del olvidado
televisor, cuerpos prendidos
en fuego y sangre,

humo y acero, vidas mordidas,
dolor y miedo; frágil silencio,
palor de algar.

Y en la cabeza, virando en vórtices
de vidrio y hielo, rubio aguardiente,
cándido pubis,

dudosa hondura; halo en la noche,
tajo desnudo, blancura oscura…
Lluvia de ayer.

Miró la foto, giró la llave;
bajó a la entrada, pagó la cuenta.
No dijo adiós.

Condujo horas, toda la noche
—la noche entera—, pensando solo
en alejarse

de aquel naufragio, de la tormenta
que aún aullaba detrás de él.
Condujo horas.

egm.2019


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