La princesa, a medianoche,


Iuppiter, admonitus nihil esse potentius auro,
corruptae pretium uirginis ipse fuit.
(Júpiter, advertido de que nada hay más poderoso que el oro,
en oro se convirtió para seducir a una virgen.)
Ovidio, Amores, III, 8

 

cerval se despertó, fría y ardiente
—la crespa cabellera enmarañada
alzando negras ondas en la almohada—,
transida en el recuerdo de un torrente

de oro que cerniéndose a su pecho
fluía bajo el fin de su cintura
y, pronta, con la mano aún insegura
—dudando fuera sueño o daño hecho—,

rozó la herida, donde halló, pungente
y densa, una humedad inesperada
quemando de sus muslos la blancura:

urdimbre de un oráculo impudente
que el dios trabó en la virgen, difamada
por siglos de vender su arcano lecho.

egm.2019


Nuevo poema en Mohos vahos (Luz de invierno) escrito en 2011
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