Invierno


Blühn und verdorrn ist uns zugleich bewußt.
R. M. Rilke, Duineser Elegien
 

Será un fatal invierno
sin otoño ni primavera;
se entregará la fiera
a su rastreador eterno.

Ya se adueña la nieve
de las antes doradas cimas
y a las umbrías simas
va ciñéndose un vaho aleve.

En un latido alterno
de escarcha y hielo ni siquiera
perdurarán los climas;

tras, quizá, algún fulgor interno
no volverá la era
del largo sol y el cierzo breve.

Vendrá un inicuo invierno
y con su luz, el moho eterno.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
Ir al Índice



A los númenes


Por voluntad de los dioses y el hado, él, que era mortal,
fornicó con una diosa inmortal sin entenderlo del todo.
Himno homérico a Afrodita.

 

Ecuánimes y omniscientes,
distantes diosas y dioses:
agradezco
los altos dones, sin ruego,
recibidos:

A ti, Inanna,
hieródula de los cielos, en Lagash,
con juncos,
entre los dos ríos;
y a ti, Ishtar, estrella matutina,
en Úruk, sobre el deseo y la guerra;
a ti, Bast, gata, en el Nilo, en Bubastis,
y a ti, ebria, Hathor, en Menfis,
en Heliópolis y en Dendera;
a ti, Astarté,
en todo el litoral,
desde Tiro, Sidón y Biblos
hasta Cartago, Tingis o Gadir;
a ti, Turan, alada, en los espejos,
con cisnes, gansos y palomas,
en Vulci y en Gravisca;
a ti, reidora, Afrodita,
que portas el ceñidor,
en Creta, en Pafos, en Citerea,
y del Euxinio al Océano,
y a ti, ciego, Eros, en Tespias,
flechador, hijo del Caos Primigenio;
y a ti, Venus, en Cyrene,
en Londinium, en Brigantium y en Barcino,
donde casi siempre es pronto…
… para esperar;
a ti, Anahita, en Nishapur,
en los oasis y dunas, y en las rosas;
a ti, Angus Og, en Inishmore,
la fortaleza en la roca del mar;
a ti, Freyja, en Gotland,
y en las naves, y en el hielo;
a ti, Semara, en Bali, en las islas;
a ti, Kamadeva, incorpóreo,
y a ti, Shiva, en Benarés,
sobre el Ganges, el sagrado;
a ti Aizen, loto secreto,
sobre los archipiélagos del sol;
a ti, flor, Xochiquétzal,
y a ti, Tlazoltéotl, jaguar,
en Teotihuacán, en los lagos;
a ti, Kurupí,
en la Amazonia,
oculto en la humedosa jungla,
donde las fieras más bellas
matan y aman…

a vos, innombrables e innumerables
—inevitables— númenes,
que aceptáis las ofrendas de los siglos
idos, vivos
y futuros: os agradezco.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
Ir al Índice