Lo que yo admiro

(Eurípides, Bacantes, versos 395-432 en el orden 405-430 / 395-404 / 431-432)

Aquel que habla sabiamente a un necio
será, a menudo, tenido por loco.
Eurípides, Bacantes

¡Ay, si yo pudiera llegar a Chipre,
la isla de Afrodita, donde habitan
los Amores que hechizan nuestras almas!
¡O a Egipto, la tierra que fertilizan
las corrientes de un dilatado río
de cien bocas, y sin que nunca llueva!
¡O a la hermosa morada de las Musas,
Pieria, en la augusta falda del Olimpo!

¡Bromio, llévame allí, báquico guía!
¡Llévame, Bromio, dios del evohé!
Allí habitan las Gracias y el Deseo
y allí se permite que las Bacantes
tengan sus rituales celebraciones.
Dionisio, hijo de Zeus, en los festejos
se goza, y ama a la Paz, que es riqueza
y diosa que guarda a la juventud,

al rico igual que al pobre les ofrece
deleitarse en la alegría del vino,
que ahuyenta el pesar, y aborrece a aquellos
que durante el día y la noche olvidan
disfrutar una existencia feliz
y a los que sabiamente no mantienen
lejos su corazón e inteligencia
de quienes tan solo ansían ser célebres.

Lo sabio no es la sabiduría,
ni el meditar en lo que no es humano.
¡Breve es la vida! Por eso, ¿quién puede
gozar el hoy si busca el infinito?
Son estas, en mi opinión, actitudes
de necios y de mentes insensatas.
¡Lo que las gentes humildes admiran
como uso y práctica, es lo que yo admiro!

egm.2019
Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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