Sola en la playa


L’amour offrait l’éternité
à cette image
de la plage ensoleillée.
(El amor ofreció la eternidad
en esta imagen de la playa soleada.)
M. Laforêt (J. Van Wetter / P. Barouch), La plage.

 

Al mar mirando —niña morena—
soñé un poema,
escrito en versos  de lava y hielo,
grabado en eras,
horas y ayeres.
Sal en los ojos,
lluvia en las olas; llantos y voces
de solos náufragos
que trae y lleva la tempestad.
Oí un poema.

El rayo oblicuo hiende el olivo
de tres mil años,
lo taja al medio;
sus brazos secos y retorcidos
—coriáceas hojas
de verde y plata—, su savia lenta,
son solo escoria
—acre ceniza—
en el segundo en que el relámpago
alza su luz.

La ola en la roca
parece abrirse —pluma de espuma—,
pero es la roca
la que se abre  con cada ola,
ola tras ola
en mil milenios —ay, aún muy pronto
… para esperar—, y cada roca
se desintegra
y cada piedra se desmenuza
en breve arena.

Y tú, indolente, sobre esa arena
blanca y dorada,
al sol el cuerpo, al sol la vida
—sola en la playa—,
mientras te unges
con densa y tibia crema solar,
miras la peña
de la escollera,
soberbia y firme ante las olas
que la golpean.

Ves que esa arena fue antes roca
y aquellas rocas
serán arena en poco tiempo,
y que tu cuerpo,
fuerte y flexible, ha de ser humo
y tus ideas
y tus recuerdos serán el aire
que se arrebuja
sobre una playa dorada y blanca
a media tarde.

Arena en roca en poco tiempo
—cien mil milenios—,
cuando la Tierra eleve y hunda,
comprima y funda
los continentes y los océanos
que ahora ves,
que ahora son;
y cuando el homo —la especie sapiens—
sea tan solo mancha en la piedra,
remoto fósil.

Y el fino polvo será peñasco,
como la arena fue antes roca…
—aquella roca,
aquel olivo…—
Guarda en el bolso la refrescante
crema solar;
cierra los ojos, no pienses más.
Vano poema. Lluvia en las olas.
Ritos y gritos, voces que ahoga
la tempestad.

egm.2019


Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010
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