António Ramos Rosa

Tú piensas que los cardenales


Tú piensas
que los cardenales
no se masturban,
que no ven
las telenovelas,
que ven, a lo sumo, las películas de Bergman
y el Evangelio según San Mateo de Pasolini.
No, ellos nunca leen libros pornográficos
y nunca han pensado en tener amantes.
Ellos no conocen el torbellino de las visiones
de las figuras eróticas,
ellos leen los ejercicios espirituales
de San Ignacio
y tienen el olor de la santidad
e irán al cielo porque nunca han pecado,
nunca han acariciado un pene,
nunca lo han deseado crecido y ardiente
en su casta boca.

¡Ah, los cardenales, cómo son de ejemplares,
incluso cuando los espejos los persiguen
con miembros y órganos de mujeres
en la fulguración de la desnudez líquida y candente!

Aunque yo conozco la obstinada llama
del deseo,
su glauca ondulación,
sus ojos deslumbrados por el oceánico
vértigo
de un cuerpo embriagado por su simetría
y por la voluble coherencia
de sus astros dispersos.

No, yo no creo en la inocencia inmaculada
de los solemnes cardenales.
Yo sé que su carne es la misma arcilla
incandescente y turbia
de la que mi frágil cuerpo se compone.
Ellos conocen el sufrimiento de ser duales,
el vacío del deseo,
la desnuda violencia de las imágenes monstruosas,
la adolescencia del fuego en los laberintos negros.

Pero yo sé que los cardenales no gritan,
ni levantan la voz,
ni atraviesan la frontera del pudor
y se adormecen al rumor de las oraciones.
Es esta la imagen que quiero conservar
en la religiosa monotonía de mi sueño.


António Ramos Rosa. Tu pensas que os cardeais
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Tu pensas que os cardeais

Tu pensas
que os cardeais
não se masturbam,
que não vêem
as telenovelas,
que vêem, quando muito, os filmes de Bergman
e o Evangelho segundo São Mateus de Pasolini.
Não, eles nunca lêem os livros pornográficos
e nunca pensaram em ter amantes.
Eles não conhecem o turbilhão das visões
das figuras eróticas,
eles lêem os exercícios espirituais
de Santo Inácio
e têm o odor da santidade
e irão para o céu porque nunca pecaram,
nunca acariciaram um pénis,
nunca o desejaram túmido e ardente
na sua boca casta.

Ah os cardeais como são exemplares
mesmo quando os espelhos os perseguem
com os membros e órgãos de mulheres
na fulguração da nudez liquida e candente!

Todavia eu conheço a obstinada chama
do desejo,
a sua glauca ondulação,
os seus olhos deslumbrados pela oceânica
vertigem
de um corpo embriagado pela sua simetria
e pela volúvel coerência
dos seus astros dispersos.

Não, eu não creio na inocência imaculada
dos solenes cardeais.
Eu sei que a sua carne é a mesma argila
incandescente e turva
de que o meu corpo frágil é composto.
Eles conhecem o sofrimento de ser duplos,
o vazio do desejo,
a violência nua das imagens monstruosas,
a adolescência do fogo nos labirintos negros.

Mas eu sei que os cardeais não gritam,
nem levantam a voz,
nem atravessam a fronteira do pudor
e adormecem ao rumor das orações.
É esta imagem que eu quero conservar
na religiosa monotonia do meu sono.

Manuel Resende

Safo


La muerte es mala. Así creen los dioses.
Si no, ellos también morirían.

Safo, mi amor, te salvó
que en tu tiempo no había fotografía;
nos ahorraste el doble mentón, las gafas,
las arrugas, las verrugas en la frente
y, como la escritura era rara y cara,
también nos ahorraste un relato lato
del reumatismo, de la artrosis
y de otras minucias del cuerpo declinante.


Manuel Resende. Safo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Safo

Safo, meu amor, safou-te
No teu tempo não haber fotografia,
Poupaste-nos o duplo queixo, os óculos,
As rugas, as verrugas no medio da testa
E, como a escrita era rara e cara,
Também nos poupaste um relato lato
Do reumatismo, da artrose,
E doutras minúcias do corpo declinante.

¡Al diablo!


I need some lovin’
Like an inmate needs a dime
I need some lovin’
Like a poet needs a rhyme
J. N. Osterberg

Tajante, Homero, le dijo:
«De todo cuanto había que escribir
ya se escribió antes de mí».
«Pero puede contarse de otros modos»
objetó Shakespeare,
que de eso algo entendía.

Dante se medio-sonreía
mientras Eliot arqueaba una ceja
y Lorca se miraba
en el oscuro filo del día.

Fernando Esquío en el lago
a las aves, amigo, a las aves cantaba.

Él leía en diferentes idiomas,
traducía, buscaba
como un ciego en una chamarilería,
digería —devoraba—,
y escribía,
igual que todo aquel que lee versos
intenta escribir poesía.

Pero Meogo bebía
en la fontana fría.

Ofuscado y confundido rodaba
del pentasílabo al octosílabo
y al endecasílabo, como quien
se folla a tres putas en una noche
y va emborrachándose todavía
—pelele del tiempo—,

sin lograr más que algunos versos áridos
en farragosas estrofas,
él, mal charcutero,
que embutir pretendía
el flácido vacío de su vida
con algo tan etéreo como la poesía.

Anes Solaz —lelia doura— callaba.
¡Que el diablo se lleve
a quien no sabe ed oi lelia doura!

egm.2020

Familia política


Mal avenidos parientes,
hijos, primos, hermanos, concuñados,
vivimos en la espalda contra espalda:
nos dan la espalda ellos
y nosotros a ellos se la damos,
o bien la viceversa.

Recuerdos no curados de las guerras
que a otros elevaron, no a nosotros,
fijados permanecen
en la mente del pueblo, que no olvida,
o cree no olvidar.

Próximos aunque extraños,
distancias inasibles nos separan:
Aquí somos Hispania;
allá, ignorada, lejos, Lusitania.

egm.2020

Rosalía de Castro

Te vi una clara noche


I

Te vi una clara noche,
la noche de San Juan,
frescas hierbas poniendo
en la fuente a serenar.
Y tan bonita estabas,
cual rosa en el rosal
que de rocío fresco
toda cubierta está,
que allí, enamorado
y en manso suspirar,
con mis amantes brazos
tu talle fui a rodear,
y tú con dulces ojos
y con más dulce hablar,
brujita, me embaucaste
en plácido solaz.
Las estrellitas todas
que en el espacio están
sonriendo nos miraban
con suave claridad
y fueron ¡ay! testigos
de aquel tu suspirar
que el mío devolvía
con un amor igual.
Pero después con otros,
cual más majo y galán
(mas no que más te quieran,
que haber no los habrá),
también, también, muchacha,
supiste platicar
a la sombra del sauce
cerca del romeral.
Por eso te cantaba
en triste soledad
si, ¡ay de mí!, te veía
con ellos conversar:
«Cuídate, niña mía,
de las hablas que das,
que donde moitos cospen,
lama fan».

II

¡Qué triste ahora te veo…!
¡Qué triste, niña, estás…!
Tus lozanos colores
¿dónde, muchacha, van?
Y tu mirar sereno
y tu dulce cantar
¿dónde, muchacha, dónde,
desdichada, hallarás?
Ya no te vi, muchacha,
la noche de San Juan
frescas hierbas poniendo
en la fuente a serenar,
ya no te vi lozana
cual rosa en el rosal,
porque marchita estabas
de tanto sollozar.
Hoy de dolor herida
buscando tu honra vas,
mas la honra que perdiste,
¿quién te la volverá?
Yo muy bien, niña mía,
te la quisiera dar,
que a aquel que bien te quiso
le duele verte mal,
y aunque decir, yo diga
que limpia, niña, estás,
me responden sonriendo,
pues se quieren burlar:
«Bien sabes, Francisquillo,
Francisco del Pombal,
que donde moitos cospen,
lama fan».


El remate es un refrán gallego cuya traducción es “que donde muchos escupen, fango hacen” y del que una adaptación podría ser: que donde mucho escupen, fango harán.
Rosalía de Castro. Vint’ unha crara noite, Cantares gallegos, XIII (p. 75)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Vint’ unha crara noite

I
Vint’ unha crara noite,
Noitiña de San Xoán,
Poñend’ as frescas herbas
Na font’ á serenar.
E tan bonit’ estabas,
Cal rosa no rosal,
Que d’ orballiño fresco
Toda cubert’ está.
Por eso namorado,
Con manso sospirar
Os meus amantes brazos
Voteiche pó-lo ban.
E ti con doçes ollos
E máis doçe falar,
Meiguiña m’ envoucastes
En pracido solás.
As estrelliñas todas
Qu’ aló no espaço están,
Sorrindo nos miraban
Con soave craridá.
E foron, ¡ay!, testigos
D’ aquel tu sospirar
Qu’ ô meu correspondía
Con amoriño igual.
Pero dempois con otros
Más majos e galans
(Mais non que máis te queiran,
Qu’ haber non haberá),
Tamén, tamén, meniña,
Soupeches praticar
A sombra dos salgueiros
Cabo do romeiral.
Por eso eu che cantaba
En triste soledá,
Cando, ¡ay de min!, te vía
Con eles parolar.
Coida, miña meniña,
Das práticas que dás,
Que donde moitos cospen,
Lama fan.

II
¡Qué triste agora te vexo!…
¡Qué triste, nena, estás!…
¿Os tus frescos colores,
Dónde, meniña, van?
¿O teu mirar sereno,
O teu doçe cantar,
Dónde, meniña, dónde,
Coitada toparás?
Xa non te vin, meniña,
Na noite de San Xoán
Poñend’ as frescas herbas
Na font’ á serenar.
Xa non te vin fresquiña
Cal rosa nó rosal,
Que muchadiña estabas
De tanto saloucar.
Hôra de dor ferida
Buscando á honriña vas,
Á honriña que perdeches,
Mais ¿quén ch’ á volverá?
Eu ben, miña meniña,
Ben ch’ á quixera dar,
Qu’ aquel que ben te quixo
Dóise de verte mal.
Mais anque dir, eu diga,
Que limpa, nena estás,
Respóndenme sorrindo
Por se de min bulrar.
«Ben sabes, Farruquiño,
Farruco dó Pombal,
Que donde moitos cospen,
Lama fan

Rosalía de Castro

¡Adiós, que me voy!
(Adiós ríos, adiós fuentes)


Adeus ríos, adeus fontes,
adeus regatos pequenos,
adeus vista dos meus ollos,
non sei cando nos veremos.

¡Ay, mi tierra, tierra mía!
La tierra donde me crie;
mi huerta que quiero tanto,
mis higueras que planté.

Prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
los pajarillos piadores,
la casa de mi contento.

Molino en los castañares,
noches de claro lunar,
las campanas melodiosas
de la iglesia del lugar.

Ay, las moras de las zarzas,
se las daba yo a mi amor,
caminos entre el maíz,
¡adiós para siempre, adiós!

¡Adiós gloria! ¡Adiós contento!
¡Dejo el suelo en que nací
y la tierra que conozco
por un mundo que no vi!

Dejo amigos por extraños
y la vega por el mar;
dejo, en fin, cuanto bien quiero…
¡quién pudiera no dejar!

Mas soy pobre y, mal pecado,
mi tierra ni aun es mía,
que hasta le dan de prestado
por donde anda la vía
al que nació desdichado.

Con heladas, con calores,
desde que el día amanece
a la tierra doy sudores,
mas cuanto en la tierra crece…
todo es de los señores.

Os tengo, pues, que dejar,
aldea que tanto amé,
grata lumbre de mi hogar,
arbolillos que planté,
la fuente del cañizar…

Adiós, adiós, que me voy,
hierbitas del camposanto
que a mi buen padre enterró,
hierbitas que besé tanto,
adiós, la tierra que os crio.

¡Ay, Virgen de la Asunción,
blanca como un serafín,
os llevo en el corazón!
¡Suplicadle a Dios por mí,
mi Virgen de la Asunción!

Se oyen lejos las campanas,
las campanas del pomar;
¡para mí, ay pobrecillo,
nunca más han de tocar!

Se oyen ya lejos, más lejos…
¡cada tañido, un dolor!
Me voy solo, sin arrimo…
¡Tierra mía, adiós, adiós!

¡Adiós también, amor mío,
adiós por siempre quizá!
Te digo este adiós llorando
desde la orilla del mar.

No me olvides, amor mío,
si muero de soledad
tantas leguas mar adentro…
¡Ay mi casa! ¡Ay mi hogar!


Nota
La primera estrofa es una copla popular gallega que, aunque hoy le da título al poema, no figuraba en el original publicado en El museo universal (1861), El álbum de la caridad y Galicia. Revista universal de este reino (ambos 1862), cuyo título era ¡Adiós qu’eu voume! En su primera edición en libro, en Cantares gallegos, de 1863, aparece sin título, bajo el número romano XV.
Además, el poema publicado en El museo universal incluía otra estrofa, la octava, situada a continuación de la que termina con “ó que naceu desdichado” (al que nació desdichado), que desaparecería en las ediciones posteriores para no ser reintegrada jamás:

Por xiadas, por calores
desde qu´ amañece ó dia
dou á terra os meus sudores,
mais canto esa terra cria
todo… todo é dos señores.

(Por heladas, por calores / desde que amanece el día / doy a la tierra mis sudores / mas cuanto esa terra cría / todo… todo es de los señores.)
Hay tambien, aparte de un par de cambios para evitar repeticiones y la sustitución de ‘o[r]rilliña’ por ‘veiriña’, una pequeña pero notable diferencia en el último verso de la décima estrofa: si en la versión de El museo universal decía ‘terriña que vos criou’ (tierra que os crio), en la de Cantares gallegos, y posteriores, dice ‘terriña que nos criou’ (tierra que nos crio).
Sobre el título y la estrofa desaparecida cito, en traducción, un fragmento del interesante artículo del lingüista M. Rodríguez Alonso O primeiro poema en galego de Rosalía (ver enlace abajo):

«Por lo tanto, no solo la estrofa suprimida sino también el título original “Adios, qu´eu voume”, le dan a este poema un sentido que desaparece en gran medida al suprimir esa estrofa, sino también al cambiar el título de protesta del un tanto rebelde ante la injusticia que es el “Adios, qu´eu voume”, por el más políticamente correcto y melancólico de “Adios ríos, adios fontes”, inventado por Murguía en Los precursores y que toda la crítica gallega ha seguido sin ningún tipo de discusión».

Resulta desconcertante, o no tanto, que el texto completo del primer poema publicado en gallego por Rosalía, y el primer texto, fundacional, de la actual etapa de la literatura gallega, permanezca ignorado para la mayoría de los gallegos. Éche así!

La versión primera, publicada en el número 47 de El museo universal de Madrid el 24 de noviembre de 1861, página 375, es la que traduzco, con no pocas licencias para mantener metro y rima, y reproduzco literalmente abajo. En la traducción añado la copla popular, ya que es con ella como se conoce este poema desde hace más de un siglo, aunque he preferido adaptarla al gallego actual. Por si acaso, y para hispanohablantes estrictos: Adiós ríos, adiós fuentes, / adiós arroyos pequeños, / adiós vista de mis ojos, / no sé cuándo nos veremos.
El día de la fecha, 24 de febrero, es el del nacimiento de Rosalía, hace 183 años.

El museo universal. Núm. 47 (cervantesvirtual.com)
Rosalía de Castro. Adiós ríos, adiós fontes, Cantares gallegos, XV (gutenberg.org)
Manuel Rodríguez Alonso. O primeiro poema en galego de Rosalía
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

¡Adiós qu’eu voume!

¡Miña terra, miña terra!
Terra donde m’eu criei,
Hortiña que quero tanto,
Figueiriñas que prantei.

Prados, rios, arboredas,
Pinares que move ó vento
Paxariños piadores,
Casiña do meu contento.

Muiño dos castañares,
Noites craras de luar
Campaniñas trimbadoras
Da igrexiña do lugar.

Amoriñas d’as silveiras
Qu’eu lle daba á ó meu amor
Camiñiños antr’ ó millo
¡Adios, para sempre adios!

¡Adios groria! ¡adios contento!
¡Deixo á terra onde nacín!
Deixo á terra que conozo
Por un mundo que non vin.

Deixo amigos por estraños,
Deixo a veiga pó lo mar,
Deixo en fin canto ben quero…
¡Quen pudera non deixar!!

————

Mais son probe e mal pecado
A miña terra n’e miña
Qu’ hastra lle dan de prestado
A beira por que camiña
O que naceu desdichado.

Por xiadas, por calores
Desde qu´amañece ó dia
Dou á terra os meus sudores,
Mais canto esa terra cría
Todo… todo é dos señores.

Téñovos pois que deixar
Aldea que tanto amei,
Fogueiriña do meu lar,
Arboriños que prantei,
Fontiña do cabañar.

¡Adios! adios que me vou,
Erviñas do camposanto
Donde meu pai s’enterrou,
Erviñas que biquei tanto
Terriña que vos criou.

¡Adios, Vírgen d’Asuncion,
Branca com’ un serafin!
¡Lébovos nó corazon!
¡Pedidelle á Dios por min,
Miña Vírgen d’Asuncion!

————

Xa s’oyen lonxe as campanas
As campanas do pomar…
Para min ¡ay! coitadiño,
Nunca mais han de tocar!

Xa s’ oyen lonxe… máis lonxe
Cada valada é un dolor!…
Voume soyo… sin arrimo…
¡Miña terra! ¡adios! ¡adios!

¡Adios tamen queridiña
Adios por sempre quisais
Dígoch’ este ¡adios! chorando
Desd’ orilliña do mar:

Non me olvides queridiña
Si morro de soidás…
¡Tantas legoas mar adentro!!
«¡Miña casiña, meu lar!!»


E os filólogos, a buscar biosbardos por embaixo da raia.
Éche así!

Salvador Espriu

Canción tópica de las mujeres gallegas a Rosalía


Ojos fijos,
sin mirada,
en el mar
y su confín.

No ama el viento
velas blancas,
que vuelvan
barcos
de allá.

Hincha el vientre
a los ahogados
vieja hambre
sin calmar.

Pesadilla
quieta en plata,
brujas, lluvia
en el país.

Lenta
procesión
de cirios
quema siembras
al pasar.

Enterramos
poco a poco
en cenizas
del hogar
las chispitas
de esperanza:
fuego y luz no
arden más.

Alas amplias
de lo oscuro,
lobo y nieve
dan pavor.
¿Y los hijos,
y los hombres,
la añoranza
y tanto adiós?

Pobres, solas
noche y día,
sin ningún
consuelo o guía,
sin tener
más compañía
que la voz de Rosalía,
que el dolor
de Rosalía,
que este amor
de Rosalía,
corazón y poesía.


Quizá no lo parezca pero, como otros de Espriu, este es un poema en octosílabos enmascarados. Así mi traducción.

Salvador Espriu. Cançó tòpica de les dones gallegues a Rosalia (anagg.blog.cat)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Cançó tòpica de les dones gallegues a Rosalia

Oberts ulls
sense mirada,
sempre fixos
mar endins.

Vent no vol
blancor de veles,
que tornin
vaixells
d’enllà.

Fam encara
mal calmada
infla ventres
de negats.

Quietud
malson de plat,
bruixes i pluja
als camins.

Lentes
processons
de ciris
passen i cremen
sembrats.

Colgàvem
de mica en mica
a la cendra
de la llar
guspiretes
d’esperanaça:
foc i llum són
apagats.

Ales esteses
de fosca,
vella por
del llop, la neu.
On els fills,
on tots els homes,
on l’enyor
de tants adéus?

Pobres, soles
nit i dia,
sense cap
consol ni guia,
no tenim
més companyia
que la veu de Rosalia,
que aquest plor
de Rosalia,
que aquest cor
de Rosalia,
que la seva poesia.