Rosalía de Castro

Te vi una clara noche


I

Te vi una clara noche,
la noche de San Juan,
frescas hierbas poniendo
en la fuente a serenar.
Y tan bonita estabas,
cual rosa en el rosal
que de rocío fresco
toda cubierta está,
que allí, enamorado
y en manso suspirar,
con mis amantes brazos
tu talle fui a rodear,
y tú con dulces ojos
y con más dulce hablar,
brujita, me embaucaste
en plácido solaz.
Las estrellitas todas
que en el espacio están
sonriendo nos miraban
con suave claridad
y fueron ¡ay! testigos
de aquel tu suspirar
que el mío devolvía
con un amor igual.
Pero después con otros,
cual más majo y galán
(mas no que más te quieran,
que haber no los habrá),
también, también, muchacha,
supiste platicar
a la sombra del sauce
cerca del romeral.
Por eso te cantaba
en triste soledad
si, ¡ay de mí!, te veía
con ellos conversar:
«Cuídate, niña mía,
de las hablas que das,
que donde moitos cospen,
lama fan».

II

¡Qué triste ahora te veo…!
¡Qué triste, niña, estás…!
Tus lozanos colores
¿dónde, muchacha, van?
Y tu mirar sereno
y tu dulce cantar
¿dónde, muchacha, dónde,
desdichada, hallarás?
Ya no te vi, muchacha,
la noche de San Juan
frescas hierbas poniendo
en la fuente a serenar,
ya no te vi lozana
cual rosa en el rosal,
porque marchita estabas
de tanto sollozar.
Hoy de dolor herida
buscando tu honra vas,
mas la honra que perdiste,
¿quién te la volverá?
Yo muy bien, niña mía,
te la quisiera dar,
que a aquel que bien te quiso
le duele verte mal,
y aunque decir, yo diga
que limpia, niña, estás,
me responden sonriendo,
pues se quieren burlar:
«Bien sabes, Francisquillo,
Francisco del Pombal,
que donde moitos cospen,
lama fan».


El remate es un refrán gallego cuya traducción es “que donde muchos escupen, fango hacen” y del que una adaptación podría ser: que donde mucho escupen, fango harán.
Rosalía de Castro. Vint’ unha crara noite, gutenberg.org, Cantares gallegos XIII, p. 75)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Vint’ unha crara noite

I
Vint’ unha crara noite,
Noitiña de San Xoán,
Poñend’ as frescas herbas
Na font’ á serenar.
E tan bonit’ estabas,
Cal rosa no rosal,
Que d’ orballiño fresco
Toda cubert’ está.
Por eso namorado,
Con manso sospirar
Os meus amantes brazos
Voteiche pó-lo ban.
E ti con doçes ollos
E máis doçe falar,
Meiguiña m’ envoucastes
En pracido solás.
As estrelliñas todas
Qu’ aló no espaço están,
Sorrindo nos miraban
Con soave craridá.
E foron, ¡ay!, testigos
D’ aquel tu sospirar
Qu’ ô meu correspondía
Con amoriño igual.
Pero dempois con otros
Más majos e galans
(Mais non que máis te queiran,
Qu’ haber non haberá),
Tamén, tamén, meniña,
Soupeches praticar
A sombra dos salgueiros
Cabo do romeiral.
Por eso eu che cantaba
En triste soledá,
Cando, ¡ay de min!, te vía
Con eles parolar.
Coida, miña meniña,
Das práticas que dás,
Que donde moitos cospen,
Lama fan.

II
¡Qué triste agora te vexo!…
¡Qué triste, nena, estás!…
¿Os tus frescos colores,
Dónde, meniña, van?
¿O teu mirar sereno,
O teu doçe cantar,
Dónde, meniña, dónde,
Coitada toparás?
Xa non te vin, meniña,
Na noite de San Xoán
Poñend’ as frescas herbas
Na font’ á serenar.
Xa non te vin fresquiña
Cal rosa nó rosal,
Que muchadiña estabas
De tanto saloucar.
Hôra de dor ferida
Buscando á honriña vas,
Á honriña que perdeches,
Mais ¿quén ch’ á volverá?
Eu ben, miña meniña,
Ben ch’ á quixera dar,
Qu’ aquel que ben te quixo
Dóise de verte mal.
Mais anque dir, eu diga,
Que limpa, nena estás,
Respóndenme sorrindo
Por se de min bulrar.
«Ben sabes, Farruquiño,
Farruco dó Pombal,
Que donde moitos cospen,
Lama fan