Sophia de Mello Breyner Andresen

Navegaciones


Lisboa

Digo:
«Lisboa»
cuando cruzo —venida del sur— el río
y la ciudad a la que llego se abre como si de su nombre naciera
se abre y se eleva en su extensión nocturna
en su amplio lucir de azul y río
en su cuerpo amontonado de colinas
La veo mejor porque la digo
todo se muestra mejor porque digo
todo muestra mejor su estar y su carencia
porque digo
Lisboa con su nombre de ser y de no-ser
con sus meandros de pasmo insomnio y lata
y su secreto relumbrar de cosa de teatro
su connivente sonrisa de intriga y máscara
en tanto el largo mar a Occidente se dilata
Lisboa oscilando como una gran barca
Lisboa cruelmente construida a lo largo de su propia ausencia
digo el nombre de la ciudad
Digo para ver

1977

Las islas

I

Navegábamos hacia Oriente
La larga costa
era de un verde espeso y somnoliento

Un verde inmóvil bajo el ningún viento
hasta la blanca playa color de rosas
tocada por las aguas transparentes

Entonces surgieron las islas luminosas
de un azul tan puro y tan violento
que excedía al fulgor del firmamento
navegado por garzas milagrosas

y en nosotros se extinguieron memoria y tiempo

1977

II

Navegación abstracta
fijo como un pez el vuelo sigue la ruta
vista desde arriba se volvió la tierra un mapa

Pero súbitamente
atravesamos de Oriente la gran puerta
de azules zafiros en el mar luciente

1977

III

A la luz del aparecer la madrugada
iluminaba lo cóncavo de ausentes
velas requiriendo estos parajes

Aquí descendieron las anclas oscuras
de aquellos que llegaron buscando
el rostro real de todas las figuras
y osaron —aventura la más increíble—
vivir la entereza de lo posible

1977

IV

Dolce color d’oriental zaffiro
Dante, Purgatorio, Canto I, terceto 5

Aquí vio el surgir en flor de islas
quien viniendo por mar descendió al sur
y el cabo contorneó hacia levante
orientando el cortar de negras quillas

Y bajo altas nubes blancas liras
los ojos vieron verdaderamente
el dulce azul de Oriente y de zafiras

1977

V

Allí vimos la vehemencia de lo visible
el aparecer total expuesto entero
y aquello que siquiera osábamos soñar
era lo verdadero

1979

VI

Navegaban sin el mapa que hacían

(dejando atrás enredos y rumores
intrigas sordas de burdel y corte)

Los hombres sabios habían concluido
que solo podía haber lo ya sabido:
hacia adelante solo lo innavegable
bajo el clamor de un sol inhabitable

Indescifrada escritura de otros astros
en el silencio de zonas nebulosas
trémula brújula tanteando espacios

Después surgieron costas luminosas
silencio y palmerales frescor ardiente
y el brillo de lo visible frente a frente

1979

VIII

Difícil es saber de frente tu muerte
y no esperarte nunca más en los espejos de la bruma

1979

Deriva

I

Deslizado silencio bajo alisios
—las velas todas blandamente hinchadas—
brillo de escamas sobre los grandes mares
y a babor en las costas avistadas
bajo el clamor de estáticos claros lunares
inmóvil silencio de palmerales

1982

II

Era la ruta del oro
aunque en los grandes mares
o en playas balanceadas por cocoteros
el asombro nos guiaba
Agua escurría de todas las imágenes

1982

III

Desnudos se bañaron en grandes playas lisas
otros se perdieron en el repentino azul de los temporales

1982

IV

Él sin embargo dobló el cabo y no encontró la India
y el mar lo devoró con el instinto de destino que hay en el mar

1982

V

De hombres negros desnudos contaré
y de cómo no habiendo entre nosotros
alguien que de su hablar algo entendiese
juntos bailamos para así entendernos

1982

VI

Yo os diré la gran playa blanca
y los hombres negros y desnudos que bailaban
para sostener el cielo con sus lanzas

1982

VII

Otros dirán señor las singladuras
yo os diré la playa donde lucía
la primitiva mañana de la creación

Os diré la desnudez recién-creada
la esquiva dulzura la leve rapidez
de hombres aún color de barro que juzgaron
que éramos sus antiguos dioses tutelares
que regresaban

1982

VIII

Vi las aguas los cabos vi las islas
y el largo balanceo de los cocotales
vi lagunas azules cual zafiras
rápidas aves furtivos animales
vi prodigios espantos maravillas
vi hombres desnudos bailando en arenales
y oí el sonido hondo de sus hablas
que nadie de nosotros entendía
vi hierros y vi flechas y vi lanzas
oro también a flor de olas finas
y el diverso fulgor de otros metales
y vi perlas y conchas y corales
desiertos fuentes trémulas campiñas
vi el rostro de Eurídice en las neblinas
vi el frescor de las cosas naturales
solo del Preste Juan no vi señales

Las órdenes que portaba no cumplí
y así contando todo cuanto vi
no sé si todo erré o descubrí

1982

IX

Ciudades y celadas
pero también
el pasmo de tan gran arquitectura
las sedas los perfumes la dulzura
de las voces y los gestos

Los grandes patios de la noche y su flor
de pánico y sosiego

1982

X

Sombríos dioses
señores del miedo antiguo
el soplo como estatuas suspendiéndose
en movediza luz de lamparillas

1982

XI

Ojos abiertos del navegador
cambian aquí la luz la sombra el color
y también caras y gestos se modulan
según elaboradas extrañezas
otro el recorte de la onda y el peñasco
colas de dragones siguen los barcos

1982

XII

Avidez royendo el verde emerger de islas a barlovento
avidez royendo el rostro desnudo del encuentro

1982

XIII

Canción junto a la nada
en el silencio quieto
de la noche parada

Como quien buscase
su rosto y lo errase

1982

XIV

A través de tu corazón pasó un barco
que no deja de seguir sin ti su camino

1982

XV

Inversa navegación
tedio ya sin Tajo
ceniciento hostil de los cuartos
calles desoladas
verso a verso
Lisboa anti-patria de la vida

1982

XVI

En el rey de Chipre
hay cierto misterio
no solo el ser griego
siendo tan asirio
sino algún sosiego
y un cierto reflujo
entre dos guerras
Su cuerpo de espiga
columna de treguas
mora en cierta pausa
que nunca encontré
Claridad de islas
que tanto busqué

1982

XVII

Estilo manuelino:
no nave románica en que la regla
de la semilla sube de la tierra
ni el fuste de espiga
de la columna griega
sino la flor de los acasos que la errancia
en su deriva agrega

1982


NOTAS

Las islas
1. Los poemas I y III son invocaciones de la voz de Camoens.
2. El VII es un poema sobre don Sebastián.

Deriva
3. El poema IV es una invocación de Bartolomé Díaz, el más grande de todos los navegantes.
4. El poema V es una glosa libre de la Carta de Pêro Vaz de Caminha.
5. El poema XIII es una invocación de Pessoa, que dijo pertenecer al número de aquellos portugueses que después del descubrimiento de la India se quedaron sin empleo.
6. El poema XIV es una invocación de Jorge de Sena.
7. El XV es un poema sobre las diversas cercanías de Lisboa, atroces y sin Tajo.


Sophia de Mello Breyner Andresen. Navegações (assirio.pt)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Navegações

Lisboa

Digo:
«Lisboa»
Quando atravesso — vinda do sul — o rio
E a cidade a que chego abre-se como se do seu nome nascesse
Abre-se e ergue-se em sua extensão nocturna
Em seu longo luzir de azul e rio
Em seu corpo amontoado de colinas —
Vejo-a melhor porque a digo
Tudo se mostra melhor porque digo
Tudo mostra melhor o seu estar e a sua carência
Porque digo
Lisboa com seu nome de ser e de não-ser
Com seus meandros de espanto insónia e lata
E seu secreto rebrilhar de coisa de teatro
Seu conivente sorrir de intriga e máscara
Enquanto o largo mar a Ocidente se dilata
Lisboa oscilando como uma grande barca
Lisboa cruelmente construída ao longo da sua própria ausência
Digo o nome da cidade
— Digo para ver


As ilhas

I
Navegámos para Oriente —
A longa costa
Era de um verde espesso e sonolento

Um verde imóvel sob o nenhum vento
Até à branca praia cor de rosas
Tocada pelas águas transparentes

Então surgiram as ilhas luminosas
De um azul tão puro e tão violento
Que excedia o fulgor do firmamento
Navegado por garças milagrosas

E extinguiram-se em nós memória e tempo

II
Navegação abstracta
Fito como um peixe o voo segue a rota
Vista de cima tornou-se a terra um mapa

Porém subitamente
Atravessámos do Oriente a grande porta
De safiras azuis no mar luzente

III
À luz do aparecer a madrugada
Iluminava o côncavo de ausentes
Velas a demandar estas paragens

Aqui desceram as âncoras escuras
Daqueles que vieram procurando
O rosto real de todas as figuras
E ousaram — aventura a mais incrível —
Viver a inteireza do possível

IV
«Dolce color d’oriental zafiro»
Dante, Purgatorio, Canto I, terceto 5

Aqui viu o surgir em flor das ilhas
Quem vindo pelo mar desceu ao sul
E o cabo contornou para nascente
Orientando o cortar das negras quilhas

E sob as altas nuvens brancas liras
Os olhos viram verdadeiramente
O doce azul de Oriente e de safiras

V
Ali vimos a veemência do visível
O aparecer total exposto inteiro
E aquilo que nem sequer ousáramos sonhar
Era o verdadeiro

VI
Navegavam sem o mapa que faziam

(Atrás deixando conluios e conversas
Intrigas surdas de bordéis e paços)

Os homens sábios tinham concluído
Que só podia haver o já sabido:
Para a frente era só o inavegável
Sob o clamor de um sol inabitável

Indecifrada escrita de outros astros
No silêncio das zonas nebulosas
Trémula a bússola tacteava espaços

Depois surgiram as costas luminosas
Silêncios e palmares frescor ardente
E o brilho do visível frente a frente

VIII
Difícil é saber de frente a tua morte
E não te esperar nunca mais nos espelhos da bruma


Deriva

I
Deslizado silêncio sob alísios
— As velas todas brandamente inchadas —
Brilho de escamas sobre os grandes mares
E a bombordo nas costas avistadas
Sob o clamor de estáticos luares
Um imóvel silêncio de palmares

II
Era a rota do oiro
Porém nos grandes mares
Ou em praias baloiçadas por coqueiros
O espanto nos guiava —
Água escorria de todas as imagens

III
Nus se banharam em grandes praias lisas
Outros se perderam no repentino azul dos temporais

IV
Ele porém dobrou o cabo e não achou a Índia
E o mar o devorou com o instinto de destino que há no mar

V
Dos homens nus e negros contarei
E de como não havendo já connosco
Quem de seu falar algo entendesse
Juntos dançámos pra nos entendermos

VI
Eu vos direi a grande praia branca
E os homens negros e nus que dançavam
P´ra sustentar o céu com as suas lanças

VII
Outros dirão senhor as singraduras
Eu vos direi a praia onde luzia
A primitiva manhã da criação

Eu vos direi a nudez recém-criada
A esquiva doçura a leve rapidez
De homens ainda cor de barro que julgaram
Sermos seus antigos deuses tutelares
Que regressavam

VIII
Vi as águas os cabos vi as ilhas
E o longo baloiçar dos coqueirais
Vi lagunas azuis como safiras
Rápidas aves furtivos animais
Vi prodígios espantos maravilhas
Vi homens nus bailando nos areais
E ouvi o fundo som das suas falas
Que nenhum de nós entendeu mais
Vi ferros e vi setas e vi lanças
Oiro também à flôr das ondas finas
E o diverso fulgor de outros metais
Vi pérolas e conchas e corais
Desertos fontes trémulas campinas
Vi o rosto de Eurydice das neblinas
Vi o frescor das coisas naturais
Só do Preste João não vi sinais

As ordens que levava não cumpri
E assim contando tudo quanto vi
Não sei se tudo errei ou descobri

IX
Cidades e ciladas
Mas também
O pasmo de tão grande arquitectura
As sedas os perfumes a doçura
Das vozes e dos gestos

Os grandes pátios da noite e sua flor
De pânico e sossego

X
Sombrios deuses
Senhores do medo antigo
O sopro como estátuas suspendendo
Na movediça luz das lamparinas

XI
Olhos abertos do navegador
Mudam aqui a luz a sombra a cor
E também faces e gestos se modulam
Segundo elaboradas estranhezas
Outro o recorte da vaga e do penedo
Caudas de dragões seguem os barcos

XII
Cupidez roendo o verde emergir das ilhas a barlavento
Cupidez roendo o rosto nu do encontro

XIII
Canção rente ao nada
No silêncio quieto
Da noite parada

Como quem buscasse
Seu rosto e o errasse

XIV
Através do teu coração passou um barco
Que não pára de seguir sem ti o seu caminho

XV
Inversa navegação
Tédio já sem Tejo
Cinzento hostil dos quartos
Ruas desoladas
Verso a verso
Lisboa anti-pátria da vida

XVI
Há no rei de Chipre
Um certo mistério
Não só o ser grego
Sendo tão assírio
Mas certo sossego
E certo recuo
Entre duas guerras –
Seu corpo de espiga
Coluna de tréguas
Mora em certa pausa
Que nunca encontrei
– Clareza das ilhas
Que tanto busquei

XVII
Estilo manuelino:
Não a nave românica onde a regra
Da semente sobe da terra
Nem o fuste de espiga
Da coluna grega
Mas a flor dos acasos que a errância
Em sua deriva agrega