Carol Ann Duffy

Caldeando sus perlas


_

Para Judith Radstone

Junto a mi propia piel, sus perlas. Mi señora
me pide que las lleve, se las caldee, hasta la tarde
cuando le cepille el pelo. A las seis las coloco en torno
a su blanca y fresca garganta. Todo el día pienso en ella,

echada en la Sala Amarilla, contemplando la seda
o el tafetán, ¿qué vestido esta noche? Ella se abanica
mientras yo trabajo de buen grado y mi calor entra
lentamente en cada perla. Su collar pende en mi cuello.

Es muy hermosa. Sueño con ella en mi cama
del ático; la imagino bailando con hombres altos,
desconcertados por mi tenue y persistente olor
bajo su perfume francés, sus piedras lechosas.

Le desempolvo los hombros con una pata de conejo
mirando filtrarse el suave rubor a través de su piel 
como un suspiro indolente. En su espejo
mis labios rojos se abren cual si quisieran hablar.

Luna llena. Su carruaje la trae a casa. Veo cada uno
de sus movimientos en mi cabeza… Desvistiéndose,
quitándose las joyas, extendiendo su delgada mano
hacia el estuche, deslizándose desnuda en la cama,

como siempre hace… Y yo permanezco aquí en vela,
sabiendo que ahora las perlas se están enfriando aún
en el cuarto donde mi ama duerme. Toda la noche
siento su ausencia y ardo.
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Carol Ann Duffy. Warming Her Pearls (poetryfoundation.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Warming Her Pearls

for Judith Radstone

Next to my own skin, her pearls. My mistress
bids me wear them, warm them, until evening
when I’ll brush her hair. At six, I place them
round her cool, white throat. All day I think of her,

resting in the Yellow Room, contemplating silk
or taffeta, which gown tonight? She fans herself
whilst I work willingly, my slow heat entering
each pearl. Slack on my neck, her rope.

She’s beautiful. I dream about her
in my attic bed; picture her dancing
with tall men, puzzled by my faint, persistent scent
beneath her French perfume, her milky stones.

I dust her shoulders with a rabbit’s foot,
watch the soft blush seep through her skin
like an indolent sigh. In her looking-glass
my red lips part as though I want to speak.

Full moon. Her carriage brings her home. I see
her every movement in my head…. Undressing,
taking off her jewels, her slim hand reaching
for the case, slipping naked into bed, the way

she always does…. And I lie here awake,
knowing the pearls are cooling even now
in the room where my mistress sleeps. All night
I feel their absence and I burn.


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