Mary Oliver

Zumban, zumban


_

1.

Una tarde de verano oí
un amenazador y misterioso zumbido
sobre el aire; después llegó algo como

un pequeño planeta que pasaba volando,
algo

en absoluto interesado en mí sino en su propio
camino a alguna parte, todo ungido de entusiasmo:
abejas, enjambrando,

sin ser detenidas.

Nada podría detenerlas.

2.

Zambullida de alcatraces.
Serpiente negra enrollada en un árbol, nuestros ojos
se encuentran.

La hierba cantaba
mientras sorbía la lluvia de verano.
El búho en la oscuridad, esa buena oscuridad
bajo las estrellas.

La niña que yo era, que seguía huyendo
hacia el arroyo que también huía,
hacia la uña de caballo y los trilios,
hacia el fácil parloteo de los pájaros.

3. LA MADRE DIJO

Vas a crecer
y para que eso suceda
yo tendré que envejecer
y después morir, y la culpa
será tuya.

4. DEL PADRE

Él quería un cuerpo
así que tomó el mío.
Ciertas heridas no desaparecen nunca.

Sin embargo poco a poco
aprendí a amar mi vida.

Aunque a veces tuve que correr mucho
—especialmente de la melancolía—

sin ser detenida.

5.

Creo que debería haber
un poco de música aquí:
zumban, zumban.

6.

La resurrección de la mañana.
El misterio de la noche.
Las alas del colibrí.
La emoción del trueno.
El arcoíris en la cascada.
Mostaza silvestre, ese áspero resplandor de los prados.

El ruiseñor que repite las canciones de sus vecinos.
El azulejo con su poco ambicioso trino,
simple pero suficiente.

El pez brillante. El pico del cuervo.
El potrillo que vino a mí y se inclinó
contra la cerca
para que pusiera mis manos en su cuerpo caliente
desconociendo el miedo.

Y las palabras de los poetas
muertos hace cien o cientos de años
—palabras que no podrían ser detenidas—.

7.

Oh, la casa de la negación, tiene gruesas paredes
y ventanas muy pequeñas
y quien allí viva, poco a poco,
se convertirá en piedra.

En aquellos años hice todo lo que pude
y lo hice a oscuras
—quiero decir, sin entender—.

Hui.
Hui de nuevo.
Luego, de nuevo, hui.

Eran diminutas esas abejas,
tal vez asustadas,
y sin embargo volaban imparables, a algún lugar,
para vivir su vida.

Zumban, zumban, zumban.

.


NOTA
uña de caballo, ing. colt’s foot. (Tussilago farfara), planta nativa de Eurasia aunque introducida en Norte y Suramérica. También conocida como tusilago, fárfara o pie de caballo.
trilios, ing. trilliums. (Trillium grandiflorum), planta herbácea originaria de Norteamérica.
mostaza silvestre o de campo, ing. wild mustard. (Sinapis arvensis), también flor del pis, planta nativa de Europa naturalizada en Norteamérica.
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Mary Oliver. Hum, Hum (apoemaday.tumblr)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Hum, Hum

One summer afternoon I heard
a looming, mysterious hum
high in the air; then came something

like a small planet flying past—
something

not at all interested in me but on its own
way somewhere, all anointed with excitement:
bees, swarming,

not to be held back.

Nothing could hold them back.

2.
Gannets diving.
Black snake wrapped in a tree, our eyes
meeting.

The grass singing
as it sipped up the summer rain.
The owl in the darkness, that good darkness
under the stars.

The child that was myself, that kept running away
to the also running creek,
to colt’s foot and trilliums,
to the effortless prattle of the birds.

3. SAID THE MOTHER
You are going to grow up
and in order for that to happen
I am going to have to grow old
and then I will die, and the blame
will be yours.

4. OF THE FATHER
He wanted a body
so he took mine.
Some wounds never vanish.

Yet little by little
I learned to love my life.

Though sometimes I had to run hard—
especially from melancholy—

not to be held back.

5.
I think there ought to be
a little music here:
hum, hum.

6.
The resurrection of the morning.
The mystery of the night.
The hummingbird’s wings.
The excitement of thunder.
The rainbow in the waterfall.
Wild mustard, that rough blaze of the fields.

The mockingbird, replaying the songs of his
neighbors.
The bluebird with its unambitious warble
simple yet sufficient.

The shining fish. The beak of the crow.
The new colt who came to me and leaned
against the fence
that I might put my hands upon his warm body
and know no fear.

Also the words of poets
a hundred or hundreds of years dead—
their words that would not be held back.

7.
Oh the house of denial has thick walls
and very small windows
and whoever lives there, little by little,
will turn to stone.

In those years I did everything I could do
and I did it in the dark—
I mean, without understanding.

I ran away.
I ran away again.
Then, again, I ran away.

They were awfully little, those bees,
and maybe frightened,
yet unstoppably they flew on, somewhere,
to live their life.

Hum, hum, hum.


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