De la sombra y el eco



1. Eco y sombra

¿Cuál es el eco,
cuál es la sombra
que al eco asombra
y en sombra es hueco?

¿Cuál es la sombra
que en hueco es eco?
¿Cuál eco es hueco
y en sombra asombra?

¿Cuál es el eco
que asombra en sombra?
¿Cuál sombra asombra
y es eco en hueco?

¿Cuál solo sombra
ni apenas eco?


2. Sombra y eco

I
En Física

—ruido al trasluz,
trasluz en ruido—
es el eco la sombra del sonido
y la sombra es el eco de la luz.

II
Pero el Hombre:

Un eco en la sombra,
la sombra en el hueco;
la sombra del eco:
de un hueco la sombra.

III
De donde,

apenas eco,
tan solo sombra:
el Hombre asombra
de mero hueco.

egm.2021


Creados crédulos


Digo con perfecta fe
que las oraciones preceden a Dios.
Yehuda Amichai

   
En verdad os digo,
descreídamente,
que los sacerdotes
precedieron a los dioses:
los sacerdotes
crearon a los dioses,
y los dioses crearon a los hombres.

Hombres que creen a los sacerdotes,
sacerdotes que inventan a los dioses,
dioses que crean a los hombres.

En verdad los sacerdotes
hicieron a los dioses
y los dioses hicieron a los hombres,
a esta humanidad,
a los hombres tal como lo son hoy.

Podrían haber sido otros hombres,
otra humanidad,
si no hubieran existido los dioses
—ni las religiones—,
pero a estos crédulos hombres
los han moldeado los dioses
a su imagen y semejanza.

Dioses que idearon los sacerdotes
a semejanza e imagen
de su propia estulticia y mezquindad.

En verdad, en verdad os digo.

egm.2021


Ana Luísa Amaral

Entre las dos y las tres


Quiero hablar de lo que no tiene arreglo:
las letras dibujadas y compuestas
en que confundo espacio con papel,
la angustia cadenciosa en el contar,
la súbita alegría de ser yo
penosamente, a las dos de la mañana

Quizá escribir lo que no tiene sitio:
la blanca, dulce y somnolienta senda
donde espaciadas las palabras crecen,
suavizadas por el pausado sueño
que lento recorre las cosas todas
penosamente, a las dos de la mañana

Quizá decir lo que no tiene arreglo:
o sea, yo; o sea, el papel blanco
sombrío ahora por ser ya excesivas
las letras desmedidas y sonoras
tajando el silencio y la noche toda
penosamente, a las dos de la mañana

Y entonces hablaré de lo que queda:
cadenciosa alegría dibujada
en la angustia de decir sin contar,
el papel confundido de impotencia
y sin embargo listas las palabras.
Casi a las tres de la mañana. Penosamente.
 


Ana Luísa Amaral. Entre as duas e as três (feq.pt, pdf p. 8)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Entre as duas e as três

Queria falar do que não tem concerto:
as letras desenhadas e compostas
com que confundo o espaço do papel,
a angústia compassada no contar
e a súbita alegria de ser eu
penosamente, às duas da manhã

Queria escrever do que não tem lugar:
a branca, doce e sonolenta estrada
onde espaçadas as palavras crescem,
suavizadas pelo lento sono
que devagar percorre as coisas todas
penosamente, às duas da manhã

Queria dizer do que não tem conserto:
ou seja, eu; ou seja, o papel branco
sombrio agora por já ser demais,
as letras excedentes e sonoras
desmembrando o silêncio e a noite toda
penosamente, às duas da manhã

Só então falarei do que ficou:
compassada alegria desenhada
na angústia de dizer sem me contar,
o papel confundido de impotente
e todavia prontas as palavras.
Quase às três da manhã. Penosamente.



Jenna Barton

Horóscopos sobre ti, IV


 
Aries: El aire eléctrico de una tormenta lejana te atrae hacia campos que se vuelven dorados bajo la luz oblicua. Nubes negras en el horizonte te llenan de un atroz anhelo por algo que sientes pero no puedes saber: una devoción terrible a un lugar sin forma, un amor que arde sin nombre.

Tauro: Extraños recuerdos surgen justo antes de dormir: una noche de cigarras chirriantes en la que tú jadeas vehementemente en la oscuridad, avanzando a ras del suelo por detrás de un patio de escuela vacío, el aire cargado de olor a hierba cortada y pelo de animal, el lamento de un tren lejano. Dudas de qué te pertenece aquí.

Géminis: El sueño no llega como antes solía y el aire tardío arrastra el olor de las hojas mojadas y la lenta descomposición. Sobre ti presiona un manto de tierra y maleza que llena tus pulmones. Por la noche ves ciervos en cada sombra, yendo a saltos hacia los árboles, siempre lejos.

Cáncer: En lo profundo del bosque cuelga una capa suspendida sobre el lecho de un río seco; una tela que se mueve como carne traslúcida sobre las piedras, desviando la luz. Una voz tiembla al otro lado y una docena de delgadas manos se extienden hacia ti detrás del velo, para acunarte, para llevarte de nuevo a casa.

Leo: Los días cegadores se convierten poco a poco en horas aterciopeladas, lejos de la luz. Tu cabeza cobra vida en la oscuridad, una variedad de sonidos llena de alas batientes y extendido verde. Mírate al espejo para verte a ti mismo, desconocido e intruso, un animal salvaje que te observa a través de tus ojos.

Virgo: Es otro corazón ahora, moviéndose debajo de tu piel; una cosa dormida que se da la vuelta, inquieta en su sueño final. Te conviertes en algo nuevo la noche en que se despierta, y si alguien que te busca grita tu nombre en el bosque, el sonido se pierde bajo el estruendo de los grillos, olvidado al fin.

Libra: Lo encontrarás tirado en el pavimento al morir la noche, un dios inescrutable cuya cabeza se ha inclinado hacia atrás al regresar al suelo. Dirá su secreto final bajo el balanceo de las líneas eléctricas, a través de la chisporroteante estática, gutural de dolor. Quédate hasta que se calme el aire.

Escorpio: Hay algo que has olvidado, aunque no se ha ido del todo. Al intentar recordarlo te invade una especie de dolor triste, un malestar en los ojos y los brazos. Deja que tus manos te guíen hacia algo sepultado en el fondo del lago, cerca de la orilla, enterrado en limo: huesos que una vez fueron tuyos.

Sagitario: Visiones que desgarran las esquinas de los ojos y pelan los bordes a su alrededor. Hay algo justo debajo, otro lugar que vuelve atrás como un reflejo nebuloso, a la vez familiar y extraño. Va y viene, te corta la respiración, te deja mirando hacia una montaña lejana que nunca estuvo allí.

Capricornio: En sueños escuchas un lenguaje sin palabras, un susurro grave desde las profundidades del suelo, un zumbido en el aire en torno a ti. Al despertar encuentras una hoja amarga enrollada debajo de tu lengua y un círculo de hierba junto a tu cuello. Afuera el mundo murmura, y cada sonido es como una voz.

Acuario: Al amanecer pilares de humo blanco flotan como fantasmas entre los árboles, sin llamas y agitándose entre las hojas secas. Cuéntalos antes de que se desvanezcan en la luz del día: los dejaron para tus ojos, un mensaje para marcar los días hasta que regresen a por ti. Debes esperar fuera a que lleguen.

Piscis: Para tus ojos el cielo se mueve más rápido que antes, barriendo nubes por el paisaje como rompientes en el mar. Tu sangre parece fría, acelerada, y las estrellas atraviesan el manto negro de arriba como indicadores bajo los faros, como si el mundo estuviera cayéndose.
 _


Jenna Barton. Horoscopes about you, IV (dappermouth.tumblr)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Horoscopes about you, IV

Aries: The electric air of a far-off storm draws you out, toward fields gone gold in the slanting light. Black clouds on the horizon fill you with awful yearning for what you feel but cannot know — a fearful devotion to a place without shape, a love that burns with no name.

Taurus: Strange memories rise up just before sleep — a buzzing cicada night where you pant hotly through the dark, pacing low to the ground behind an empty schoolyard, air thick with the smell of snapped weeds and animal hair, the wail of a distant train. You aren’t sure what belongs to you here.

Gemini: Sleep doesn’t come like it used to, and the late air hangs heavy with the smell of wet leaves and slow decay. It presses on you, a blanket of earth and underbrush that fills your lungs. At night, you see deer in every shadow, bounding away into the trees, always away.

Cancer: Deep in the woods, a sheet hangs suspended above a dry riverbed — a cloth which moves like translucent flesh over the stones, bending the light away. A voice trembles on the other side, and a dozen thin hands stretch out for you behind the veil, to cradle you, to pull you home again.

Leo: Blinding days slip slowly into velvet hours, away from the light. Your head comes alive in the dark, a menagerie of sound, full of beating wings and unfurling green. Look into a mirror to see yourself, unfamiliar and intruded upon, a wild animal watching you through your eyes.

Virgo: It’s another heart, now, shifting beneath your skin — a sleeping thing turning over, restless in its final dream. You become something new on the night that it wakes, and if some searcher calls out your name in the woods, the sound is lost beneath the roar of crickets, forgotten at last.

Libra: You’ll find it lying across the pavement in the dead of night, an inscrutable god whose head curls back as it returns to the ground. It will speak its final secret below the swaying powerlines, through the sizzling static, guttural with grief. Stay until the air goes quiet.

Scorpio: There is something you’ve forgotten, though it’s not entirely gone. Trying to remember it now brings a sad sort of pain, an aching in your eyes and arms. Let your hands guide you to something buried beneath the lake, near the shore — entombed in silt, bones that once were yours.

Sagittarius: Visions tear at the corners of your eyes, peeling around the edges. There’s something just beneath, another place turned back like a hazy reflection, at once familiar and strange. It comes and goes, hitches your breath, leaves you gazing toward a distant mountain that was never there.

Capricorn: In dreams you hear a language without words, a low humming from deep below the ground, a buzz in the air around you. You wake to find a bitter leaf curled beneath your tongue, and a circlet of grass about your neck. Outside, the world is murmuring, and each sound is like a voice.

Aquarius: At dawn, pillars of white smoke float like phantoms between the trees, flameless and churning among the dry leaves. Count them before they fade in the light of day — they were left for your eyes, a message to mark the days until they return for you. Be waiting outside when they arrive.

Pisces: To your eyes, the sky moves faster than it did before, sweeping clouds across the landscape like breakers on the sea. Your blood feels cold, rushed, and the stars streak across the black mantle above, like tracers behind headlights, like the world is falling away.



Llueve


arrafagadamente
entre los astros,
predestinado el portador
de la codicia acecha
en los extenuados bajíos
del cuerpo,
visceralmente atraído
a la vida irreal,
consumido el ocaso,
cauteloso estertor,
enjaulado el ardor
que el pecho acaricia
de la inocencia, querubines
juegan en el jardín
de la credulidad, amor,
hablas de corazón cansado,
el alma como idea
evanescida,
cándidos, esclavos somos
del tiempo y la línea,
atados a la agonía,
íntima turbulencia,
convencidos en sentimiento,
memoria de árbol
en sus hojas, atávica
lealtad rotunda
al sexo
y la comida, el apetito
y el hambre jamás
bien articulados,
para que los pensamientos
suaves sean,
apariencia envuelta
en lenitivas gasas,
caemos, aullamos
malheridos, seguimos
a dioses improbables
e inverosímiles sacerdotes,
abrojos tus ojos,
consuelos dudosos,
el mar,
la arena,
sufragamos
en tasas y portazgos
las redes de autopistas
que solo ellos disfrutan
plenamente
en poderosos superdeportivos
—un simple ejemplo—,
ruges
cuando te analizo,
crujes,
abrimos nuestros
desfallecidos miembros
a sus miembros embravecidos,
euri, chove, plou, distante
gradual cariño surge
de la libido abismada,
intercambiamos
nuestro derecho a estar vivos
por sus condicionados dones
y, ahogados,
decimos que piove,
pagamos por
cada una de sus arbitrariedades
y arrodillados oramos
a los dioses que ellos
gentil y generosamente
nos han otorgado,
la arena,
sabes
que me gusta analizarte,
llueve
inopinadamente
—el mirlo
no opina—,
disipa la neblina
del placer instantáneo
el desrimado verso amorfo
que se pretende elevado,
el exiguo éxtasis
del homínido autoconsciente,
el alma escabullida
en el vacío velado
por mitos retejidos
por los hacedores de dioses
que nos sujetan
a la boya perdida
entre vacíos,
y sé que sabes que sé
cómo te gusta
que te analice,
vacío
es el cantar que cantamos,
vacío
es el verso que desrimamos,
sobriedad llaman
a la represión
del deseo indecible,
callo
y por lo tanto existo,
llueve
en los campos abandonados
por los insectos y los pájaros,
ardor en lata,
alimento deconstruido
en templos en ruinas,
cada dios —llueve—
masturbándose en su altar,
como vacío
es el poema de la existencia,
la epopeya
de los profetas fingidos,
mensajes divinos
de sumisión eterna
para todos los hombres y mujeres
y niñas y niños
en esta tierra
que nos amarra y encierra,
gruñimos
arrodillados
sobre prados de cuarzo,
sangramos,
no olvides
que lo que puedas coger
es todo cuanto obtendrás,
abre tus miembros enervados
a sus miembros envilecidos,
pleut, regnet, rains,
e este é o cantar que cantamos,
cantamos,
cadencia de sombra y eco,
luces
al otro lado de la bahía
que en la vida alcanzaremos,
esta es tu playa,
tu arena,
y jamás tendrás otra,
vacío el amor y vacío el ánimo,
vacío
cada uno de los versículos
en sus tentáculos, en sus testículos,
bestias con escamas
predican ruindad y avaricia
con acento garrapateño,
los profetas han vuelto a eructar
más majaderías
de escasas rimas,
todos sus cuernos,
ninguno por placer,
toda esta hambre, todo aquel deseo,
y nunca con placer,
todos tus cuerpos,
ninguno a complacer,
ancestral nostalgia
de edenes arrebatados,
estupefaciente
es el turbio y espurio mundo
que al mundo oculta,
todos los huesos
que hemos de roer
son nuestros huesos 
y siempre sin placer,
a ráfagas llueve
sobre un mar intoxicado
de plomo y plástico,
a pulsos llueve
sobre mi cuerpo eviscerado,
adormecida lasitud
de los ingenuos,
rezad
si creéis saber
a quien rezáis,
enclaustrada pasión
que el sexo roza
de la inocencia,
entre el tiempo y la línea
la agonía
nos ata al día,
cauteloso el alba
—consumido estertor—
se asoma al sueño,
no luches más,
no te resistas,
mirad como sus penes
envilecidos
eyaculan sobre vuestras caras,
y decid que llueve,
orad y aceptad,
opalescente
es la líquida cadena
que te ciñe a la vida,
que nos constriñe,
tan solo mira
al horizonte,
tales los hechos,
y di que llueve,
apenas nervio,
no somos espíritu,
hechos,
ni nada espera
tras la frontera,
el alma evanescida
bajo la lluvia,
el alma ida
a los babélicos vórtices
de la oscura verdad voluble
y la realidad abstrusa
y titilante,
resabios tus labios,
si no me callas
yo no te hablo,
sabes que sé
y callo
y porque callo existo,
y sé,
hechos
de cuantos somos,
partícula a partícula
de cuantos hechos…
Llueve.

egm.2021



Capitalismo a flor de piel


El mundo debe prepararse para lo que viene.
J. Estefanía
 

I
Estabilizando una eco-
nomía inestable.

II
Historia del
New Deal.

III
La pandemia
del capitalismo.

IV
Los talleres
ocultos
del capital.

V
El futuro comienza
ahora.

VI
El mito
del déficit.

VII
Reescribir las reglas
de la eco-
nomía europea.

VIII
El capitalismo
del siglo
XXI.

IX
Muertes por desesperación
y
el futuro del capitalismo.

X
Fundamentos para una eco-
nomía eco-
lógica y social.

XI
Globalistas.

XII
El triunfo de la
injusticia.

XIII
Las edades
de la
globalización.

XIV
Capitalismo cansado.

XV
Narrativas eco-
nómicas.

XVI
La eco-
nomía
de la vida.

XVII
Otra realidad.
¿Cómo sería un mundo
justo
y una sociedad igualitaria?

XVIII
Multicapitalismo.

egm.2021


A partir de: Joaquín Estefanía, El capitalismo cambia de piel
El País, suplemento Babelia, 10 de abril de 2021, p. 9



Mito


Era un jazmín alado
y era un jaguar
que a su trono el azar
había atado;

era un dios infinito
de breves cielos
fulgurando en sus vuelos
un frágil mito:

pobre y simple infeliz
que fue tan tonto
que se creyó de pronto
que era feliz.

Fatuo arrogante y ciego
de feliz ego.

egm.2021



Ana Luísa Amaral

Galileo, su torre y otras rotaciones


compás 1

Mirando ahora a la misma torre
a la que él subió hace trescientos y pico años,
estaría un poco más en la vertical,
y el sueño en hilo
de plomada…

Lo que de él dijeron
fue que había contemplado
estrellas y más estrellas,
incomodando togas, no de fuego
sino de una
obliterada fe en el humo

Los siglos habrían de contar
de la celeste estructura,
más azul que los vestidos
de la Virgen niña,
habrían de mostrar
como esta otra estructura
cede a otras miradas:

las del destello rompiendo movimientos,
intentando aprisionar… ¿un
sentimiento? ¿el registro de un día
o de una hora?

Lo que de él contaron
se perdió en el brillo de las estrellas,
y así lo protegieron
en poemas, museos, guías turísticas,
nombres de calles y de hoteles sin nombre,
su nombre rodando
casi en repetición

Sobre muertos vagamos,
como la Tierra, en un atuendo diferente
aunque igual,
y en ella nos movemos, como ella,
como él y otras alturas

Cuesta más que un salario
en tierras que están casi a nuestros pies,
divididas por la súbita península
y un mar tan tibio,
cuesta más que un salario
subir a esta torre donde él estuvo
y se perdió de amores
por inercias y cuerpos

En esas tierras tan próximas
—remotas—
ella, sin embargo, se mueve:
tan bella, su traslación
en torno a una
estrella

tan bella y más cruel
que aquí…

compás 2

Pero como nosotros:
tan conmovedoramente
relativa y frágil,
sumergida en helio y los otros gases
que le han dado vida:

joven mujer de un siglo pasado,
educada, compuesta, semi-obediente:
ebullición de magmas
en los paisajes interiores
y un leve trazo de rojo
encendido
espiándola entre encajes

Varios milenios antes,
pocos para las estrellas que él vio,
la disonancia
al lado de la cueva
en protección y asombro

Y mucho antes
de esa lenta fusión de densos gases,
ni rotación de luz…
lo que sería de ella:
un indecible signo de interrogación

Frágil como nosotros,
se movió, así,
en un cualquier momento desconocido,
vacío de tiempo,
hasta que en mitad de los tiempos,
tras innumerable paciencia:

fisura humana:

los ojos alzados,
y en lugar de suelo:
el mar y el horizonte,
y más arriba:
la blanca compañera
de las noches y los miedos

O cuando en ella
se hizo en vez del toque: un sonido,
y en lugar del sonido, mil sonidos,
la garganta lanzando tempos de música
y no voces de alarma.

Se movió, entonces,
y frágil, relativa,
las comitivas de reyes, las multitudes de gentes,
monumentos a la gloria
y al deseo
demorándose siglos

Un guiño de ojos
hacia la estrella
nueva

compás 3

El muro color de fuego
al lado de esta torre:
cargado de átomos de muertos,
el polvo de otras
estrellas

¿Dónde el lugar
para hablar de la súbita península
en que se nace junto a paredes contiguas
a la muerte?

¿Inútil todo?
¿El destello, el sentimiento,
manchas solares?
¿Un argumento nómada
será?

Allí, junto
a la tierra, el terremoto,
eppur si muove

este, el tiempo mío,
en súbito errar

compás 4

Se estima que dentro de
cinco mil millones de años
se mustiará: como la manzana
en un desván a oscuras,
la luz rompiendo entre las vigas largas:
un fresquísimo brillo

¿Cuántos vitrales soplados por el tiempo,
consagrados por las lluvias
para capturar el tiempo?
¿Cuántos vitrales
han de faltar aún?

Hace casi cuatro siglos
él subió aquí

En la ventana del tiempo
las civilizaciones brotan y mueren,
se desmoronan lentamente,
y otros vértigos
han de romper aún,
expandidos en luz

Lo que de nosotros quedará:
solo polvo de estrellas

En un feliz azar:
tal vez mota de polvo de esta torre,
tal vez un átomo
de su cuello blanco (el del retrato)
simulando una curva sinusoidal,
su mirada
girando alrededor
de un nuevo planeta

Bordado en hilo de estrellas
colapsará el sonido
en otras rotaciones

Tal vez entonces el joven átomo
que prueba el tiempo
sea también semi-obediente,
marco de gas y luz
del siguiente compás:
el quinto
movimiento.
 


Ana Luísa Amaral. Galileu, a sua torre e outras rotações (feq.pt, pdf p. 22)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Galileu, a sua torre e outras rotações

andamento 1

Olhando agora a mesma torre
onde há trezentos e tal anos ele subiu,
estaria um pouco mais na vertical,
e o sonho em fio
de prumo —

O que dele disseram
foi o ter contemplado
estrelas e mais estrelas,
incomodando togas não de lume,
mas de uma
obliterada fé em fumo

Os séculos haviam de contar
da celeste estrutura,
mais azul que os vestidos
da Virgem em menina,
haviam de mostrar
como esta outra estrutura
cede a outros olhares:

os do flash rompendo movimentos,
tentando aprisionar — um
sentimento? o registo de um dia
ou de uma hora?

O que dele contaram
perdeu-se pelo brilho das estrelas,
e assim o resguardaram
em poemas, museus, guias turísticos,
nomes de ruas e de hotéis sem nome,
o seu nome rodando
quase a repetição

Sobre mortos vagamos,
como a Terra, numa veste diferente
e ainda igual,
e nela nos movemos, como ela,
como ele e outras alturas

Custa mais que um salário
em terras que são quase ao pé de nós,
divididas por súbita península
e um mar tão morno,
custa mais que um salário
subir a esta torre onde ele foi
e se perdeu de amores
por inércias e corpos

Nessas terras tão próximas —
remotas —
ela, contudo, move-se:
tão bela, a sua translação
em torno de uma
estrela

tão bela e mais cruel
que aqui —

 

andamento 2

Mas como nós:
tão comoventemente
relativa e frágil,
imersa em hélio e os outros gases
que lhe deram vida:

jovem mulher de um século passado,
educada, composta, semi-obediente:
ebulição e magmas
nas paisagens de dentro
e um leve traço de vermelho
aceso
a espreitar-lhe entre-rendas

Alguns milénios antes,
poucos para as estrelas que ele viu,
a dissonância
ao lado da caverna
em protecção e espanto

E muito antes
dessa lenta fusão de gases densos,
nem rotação de luz —
o que seria dela:
inenarrável ponto de interrogação

Tão frágil como nós,
moveu-se, assim,
num momento qualquer desconhecido,
vazio de tempo,
até que a meio dos tempos,
após inumerável paciência:

fissura humana:

os olhos levantados,
e em vez do chão:
o mar e o horizonte,
e mais no alto:
a branca companheira
das noites e dos medos

Ou quando nela
se fez em vez do toque: um som,
e em vez do som, mil sons,
a garganta a servir tempos de música
e não gritos de alarme

Moveu-se, então,
e frágil, relativa,
as procissões de reis, as multidões de gentes,
monumentos à glória
e ao desejo
a demorarem séculos

— um piscar de olhos
para estrela
nova

 

andamento 3

O muro cor de fogo
ao lado desta torre:
carregado com átomos de mortos,
o pó de outras
estrelas

Onde o lugar
para falar da súbita península
onde se nasce junto a paredes meias
com a morte?

Inútil tudo?
O flash, o sentimento,
manchas solares?
Um argumento nómada
será?

Ali, junto
da terra, o terramoto,
eppur si muove

este, o meu tempo,
em súbito vagar

 

andamento 4

Calcula-se que dentro de
cinco biliões de anos,
murchará: como maçã
num sótão às escuras,
a luz rompendo pelas vigas largas:
um brilho muito fresco

Quantos vitrais soprados pelo tempo,
sagrados pelas chuvas
para agarrar o tempo?
Quantos vitrais
hão-de faltar ainda?

Há quase quatro séculos
ele subiu aqui

À janela do tempo,
as civilizações brotam e morrem,
desabam devagar,
e outras vertigens
hão-de romper ainda,
expandidas em luz

O que sobrar de nós:
só pó de estrelas

Num acaso feliz:
talvez grão de poeira desta torre,
talvez um átomo
da sua gola branca (a do retrato),
a simular curva sinusoidal,
o seu olhar
girando em torno
de um planeta novo

Bordado a fio de estrelas,
desabará o som
em outras rotações

Então, talvez o jovem átomo
a testar o tempo
seja também semi-obediente,
moldura em gás e luz
do andamento próximo:
o quinto
movimento —



Ana Luísa Amaral

La Victoria de Samotracia


 
Si yo dejara de escribir poemas en
tono condicional y el tono de conclusión
pasara a ser solución más que perfecta,
sería casi igual que la Samotracia.

Cabeza ausente pero curva bien lanzada
del cuerpo de la prosodia en dirección sur,
mediterránea, jubilosa, ardiente, leopardo
musical y geometría contaminada
por algún navío. La línea del horizonte:

cualquier línea por donde los astros muriesen
y naciesen, otra hecha de hilo de fino acero
y otra más en la que tu cara me contemplase
a lo lejos y me sonriera sin condición alguna.

Tengan variadas formas las líneas del amor:
no vivir solo de mar o de llanura, ni envuelta
en llamas. ¿Qué dirían entonces, o qué dirías?

El cuerpo de la prosodia transformado en
cuerpo de verdad; los pliegues del poema,
ahora pliegues de un vestido largo, cubriendo
ligeramente la rodilla y el tobillo. Y no de piedra,
ya nunca más de piedra, sino de carne y con
alas.
 


Ana Luísa Amaral. A Vitória de Samotrácia (escamandro.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

A Vitória de Samotrácia

Se eu deixasse de escrever poemas em
tom condicional, e o tom de conclusão
passasse a solução mais que perfeita,
seria quase igual à Samotrácia.

Cabeça ausente, mas curva bem lançada
do corpo da prosódia em direção ao sul,
mediterrânica, jubilosa, ardente, leopardo
musical e geometria contaminada
por algum navio. A linha de horizonte:

qualquer linha, por onde os astros morressem
e nascessem, outra feita de fio de fino aço,
e outra ainda onde o teu rosto me contemplasse
ao longe, e me sorrisse sem condição que fosse.

Ter várias formas as linhas do amor: não viver
só de mar ou de planície, nem embalada
em fogo. Que diriam então ou que dirias?

O corpo da prosódia transformado em
corpo de verdade, as pregas do poema,
agora pregas de um vestido longo, tapando
levemente o joelho e tornozelo. E não de pedra,
nunca já de pedra. Mas de carne e com
asas —



Ana Luísa Amaral

En Creta, con el Dinosaurio


Nunca estuve allí,
pero me gustaba.

También sentarme a la mesa de café
despreocupada (la mesa y yo)
y tener frente a mí
al dinosaurio.

Pata trazada sobre la roca,
aquella en la que Teseo
no descubrió la entrada a una caverna.
Conversaríamos los dos, yo
en la silla, él
altamente herbívoro y escamoso,
ojo suave y muy social.

¡Después, el hilo!

Que Ariadna traería, no muy solemne
y debajo del brazo.
Un hilo de seda o plomo o acero.
Y el dinosaurio,
muy poco habituado (aun así)
a un tiempo tan nuestro,
preguntaría para qué era.

«Para guiar a Teseo», sería
la respuesta de Ariadna. Y después,
guiñando un ojo, más suave aún
que el del monstruo escamado:
«O para confundirlo»

Cabe señalar en este punto que
Teseo, entretenido en el palacio
estudiando laberintos con el Rey,
lo ignoraba todo.

En la roca, llena de suaves algas
de terciopelo,
abría el dinosaurio en gesto amplio
las patas delanteras, aprobando
la idea.

Estábamos bien, los tres,
sorbiendo con calma el café
servido por un meteco —muy aromático—.
Mientras, en el palacio, el laberinto crecía
y Teseo, ansioso de complacer al Rey,
quemaba, de frenético, nobles pestañas
griegas.

En el aire minoico se olía
el perfume de las naranjas,
y, entre varios cafés y tragos de retsina,
el dinosaurio masticaba tranquilo
cuatro kilos (a la vez) de
ciruelas pasas y dulces
mandarinas,

narrando la insigne paz
que había seguido al caos:
ignoraba si estrellas en cósmico viaje
de lluvia de brillantes,
si glaciar horrendo
reajustando el ritmo de la Tierra,
si solo su tamaño —inmenso
e inhumano—
dando lugar al mito.

En laberinto
de muchos millones de años
había llegado a allí. Sin saber cómo.
«Es igual que el hilo que yo traigo
aquí, para Teseo», Ariadna
diría, «El de acero, seda o plomo,
que conduce o confunde, conforme
a la ocasión».

—¡A traición!

Se desviaría Ariadna, entonces,
hablando de Teseo: de la traición que,
juzgaba ella,
lo llevaría a abandonarla en Naxos
y del compás incierto de lo que había sido
anterior a la traición.
Poseidón en las aguas relucía,
el destino de Minos y Cnosos
aún por marcar;
solo el monstruo sabía cuanto dioses y hombres,
comunes en odiar.

Sabía, pero callaba. Qué silencio:
la mayor virtud
de un saurio que se precie.
Y la conversación sería tan tranquila, tan amena,
que olvidaba Ariadna las desviaciones
del mito,
uniéndose a la retsina.

«Un brindis», propondría el dinosaurio,
en gesto social.
«Un brindis», repetíamos nosotras (la princesa
y yo).

Y el hilo de fino encaje volaría,
cual pájaro prehistórico,
hasta el mar Egeo.

Pata cubriendo la boca de flecos
inocentes,
se escarbaría entonces los dientes el Dinosaurio…

(Y del palacio salía ya Teseo.
Mapa y espada en mano.
Pero sin el hilo).
 


Ana Luísa Amaral. Em Creta, com o Dinossauro (blogspot.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Em Creta, com o Dinossauro

Nunca lá estive,
mas gostava.

Também de me sentar a mesa de café
descontraída (mesa e eu)
e ter à minha frente
o dinossauro.

Pata traçada sobre a rocha,
aquela onde Teseu
não descobrira entrada de caverna.
Conversaríamos os dois, eu
na cadeira, ele
altamente herbívoro e escamoso,
olho macio e muito social.

Depois, o fio!

Que Ariadne traria, pouco solene
e debaixo do braço.
Um fio de seda ou prumo ou aço.
E o dinossauro,
de pouco habituado (ainda assim)
a um tempo tão nosso,
perguntaria para que era aquilo.

“Para guiar Teseu”, era
a resposta de Ariadne. E depois,
piscando o olho, ainda mais macio
que o do monstro escamado,
“Ou para o confundir”

Convirá referir neste momento
que Teseu: entretido no palácio
a estudar labirintos com o rei,
ignorante de tudo.

Na rocha, cheia de algas macias
de veludo,
abriria o dinossauro em gesto largo
as patas dianteiras, aprovando
a ideia.

Estávamos bem, os três,
beberricando calmos o café
servido por meteco — bem cheiroso.
Enquanto no palácio, o labirinto inchava
e Teseu, ansioso por agradar ao Rei,
queimava, de frenético, nobres pestanas
gregas.

No ar minóico, rescendia
o perfume a laranjas,
e, entre vários cafés e golos de retsina,
o dinossauro mastigava calmo
quatro quilos (à vez) de
ameixas secas e doces
tangerinas,

narrando a nobre paz
que se seguira ao caos:
não sabia se estrelas em cósmica viagem
de chuva de brilhantes,
se glaciar medonho
reconcertando o ritmo da Terra,
se só o seu tamanho — imenso
e desumano —
a dar lugar ao mito.

Em labirinto
de muitos milhões de anos,
tinha chegado ali. Sem saber como.
“É como o fio que eu trago
aqui, para Teseu”, Ariadne
diria, “O de aço, seda, ou prumo,
que conduz ou confunde, conforme
ocasião.”

— A traição!

Derivaria Ariadne, então,
falando de Teseu: da traição que,
julgava ela,
o levaria a abandoná-la em Naxos
e do compasso incerto do que fora
anterior à traição.
Poseidon pelas águas reluzia,
o destino de Minos e de Cnossos
ainda por marcar;
só o monstro sabia como deuses e homens:
comuns a odiar.

Sabia, mas calava. Que silêncio:
a virtude maior
de sáurio que se preza.
E a conversa seria tão calma, tão amena,
que esquecia Ariadne derivações
de mito,
juntando-se à retsina.

“Um brinde”, proporia o dinossauro,
em gesto social.
“Um brinde”, repetiríamos nós (princesa
e eu).

E o fio de renda fina voaria
qual pássaro pré-histórico,
até ao mar Egeu.

Pata a tapar a boca de franjas
inocentes,
palitaria então o Dinossauro os dentes…

(E do palácio já saiu Teseu.
Mapa e espada na mão.
Mas sem o fio.)