Llueve

arrafagadamente
entre los astros,
predestinado el portador
de la codicia acecha
en los extenuados bajíos
del cuerpo,
visceralmente atraído
a la vida irreal,
consumido el ocaso,
cauteloso estertor,
enjaulado el ardor
que el pecho acaricia
de la inocencia, querubines
juegan en el jardín
de la credulidad, amor,
hablas de corazón cansado,
el alma como idea
evanescida,
cándidos, esclavos somos
del tiempo y la línea,
atados a la agonía,
íntima turbulencia,
convencidos en sentimiento,
memoria de árbol
en sus hojas, atávica
lealtad rotunda
al sexo
y la comida, el apetito
y el hambre jamás
bien articulados,
para que los pensamientos
suaves sean,
apariencia envuelta
en lenitivas gasas,
caemos, aullamos
malheridos, seguimos
a dioses improbables
e inverosímiles sacerdotes,
abrojos tus ojos,
consuelos dudosos,
el mar,
la arena,
sufragamos
en tasas y portazgos
las redes de autopistas
que solo ellos disfrutan
plenamente
en poderosos superdeportivos
—un simple ejemplo—,
ruges
cuando te analizo,
crujes,
abrimos nuestros
desfallecidos miembros
a sus miembros embravecidos,
euri, chove, plou, distante
gradual cariño surge
de la libido abismada,
intercambiamos
nuestro derecho a estar vivos
por sus condicionados dones
y, ahogados,
decimos que piove,
pagamos por
cada una de sus arbitrariedades
y arrodillados oramos
a los dioses que ellos
gentil y generosamente
nos han otorgado,
la arena,
sabes
que me gusta analizarte,
llueve
inopinadamente
—el mirlo
no opina—,
disipa la neblina
del placer instantáneo
el desrimado verso amorfo
que se pretende elevado,
el exiguo éxtasis
del homínido autoconsciente,
el alma escabullida
en el vacío velado
por mitos retejidos
por los hacedores de dioses
que nos sujetan
a la boya perdida
entre vacíos,
y sé que sabes que sé
cómo te gusta
que te analice,
vacío
es el cantar que cantamos,
vacío
es el verso que desrimamos,
sobriedad llaman
a la represión
del deseo indecible,
callo
y por lo tanto existo,
llueve
en los campos abandonados
por los insectos y los pájaros,
ardor en lata,
alimento deconstruido
en templos en ruinas,
cada dios —llueve—
masturbándose en su altar,
como vacío
es el poema de la existencia,
la epopeya
de los profetas fingidos,
mensajes divinos
de sumisión eterna
para todos los hombres y mujeres
y niñas y niños
en esta tierra
que nos amarra y encierra,
gruñimos
arrodillados
sobre prados de cuarzo,
sangramos,
no olvides
que lo que puedas coger
es todo cuanto obtendrás,
abre tus miembros enervados
a sus miembros envilecidos,
pleut, regnet, rains,
e este é o cantar que cantamos,
cantamos,
cadencia de sombra y eco,
luces
al otro lado de la bahía
que en la vida alcanzaremos,
esta es tu playa,
tu arena,
y jamás tendrás otra,
vacío el amor y vacío el ánimo,
vacío
cada uno de los versículos
en sus tentáculos, en sus testículos,
bestias con escamas
predican ruindad y avaricia
con acento garrapateño,
los profetas han vuelto a eructar
más majaderías
de escasas rimas,
todos sus cuernos,
ninguno por placer,
toda esta hambre, todo aquel deseo,
y nunca con placer,
todos tus cuerpos,
ninguno a complacer,
ancestral nostalgia
de edenes arrebatados,
estupefaciente
es el turbio y espurio mundo
que al mundo oculta,
todos los huesos
que hemos de roer
son nuestros huesos 
y siempre sin placer,
a ráfagas llueve
sobre un mar intoxicado
de plomo y plástico,
a pulsos llueve
sobre mi cuerpo eviscerado,
adormecida lasitud
de los ingenuos,
rezad
si creéis saber
a quien rezáis,
enclaustrada pasión
que el sexo roza
de la inocencia,
entre el tiempo y la línea
la agonía
nos ata al día,
cauteloso el alba
—consumido estertor—
se asoma al sueño,
no luches más,
no te resistas,
mirad como sus penes
envilecidos
eyaculan sobre vuestras caras,
y decid que llueve,
orad y aceptad,
opalescente
es la líquida cadena
que te ciñe a la vida,
que nos constriñe,
tan solo mira
al horizonte,
tales los hechos,
y di que llueve,
apenas nervio,
no somos espíritu,
hechos,
ni nada espera
tras la frontera,
el alma evanescida
bajo la lluvia,
el alma ida
a los babélicos vórtices
de la oscura verdad voluble
y la realidad abstrusa
y titilante,
resabios tus labios,
si no me callas
yo no te hablo,
sabes que sé
y callo
y porque callo existo,
y sé,
hechos
de cuantos somos,
partícula a partícula
de cuantos hechos…
Llueve.


egm.2021


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