Babilonia

Canto a Ishtar


Ishtar, la incansable, proclama:
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
La sacerdotisa en el templo:
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Los muchachos expectantes:
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Y las muchachas también:
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Alguien fue a ella diciendo:
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
«Ven, entrégate a mí».
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Otro se le acercó y dijo:
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
«Ven, que acaricie tu vulva».
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
«Cuando me entregue a ti».
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
«Que acudan todos los jóvenes».
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
«Vayamos a un lugar a la sombra».
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Siete ante ella, siete a su espalda.
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Sesenta y sesenta gozan su vagina.
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Se cansan los hombres, pero no Ishtar.
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
«Ponedlo en la hermosa vulva, hombres».
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Así les habló la doncella.
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!
Y los jóvenes acataron su orden.
   ¡El júbilo sustenta la ciudad!

                      •  •  •

Un canto a Ishtar. En el año en que Hammurabi se convirtió en rey.
ŠEG₅.ŠEG₅-bēlu-rēṣūšu, hijo de Šumu-libši, lo escribió.
  


Ishtar Has an Orgy (HS 1879) (mostlydeadlanguages.tumblr)
Nathan Wasserman. Edition and translation (oracc.iaas.upenn.edu)
Universität Jena. La tablilla HS 1879 en 3D
Versión de Enrique Gutiérrez Miranda sobre las traducciones al inglés de Slightly Alive Translations y N. Wasserman. Se han añadido algunas palabras al principio del texto (que aparece fragmentado, como puede verse en la imagen) para darle consistencia. El fragmento de la primera línea, en inglés Telītum, la[dy of …], (Telītum, señora de…), se ha convertido en Ishtar, la incansable; Telītum es un epíteto de Ishtar con el significado de “la capaz”, the capable one (K. Radner / E. Robson, The Oxford Handbook of Cuneiform Culture, p. 129). Hammurabi sucedió a su padre, Sîn-Muballit, en el trono de Babilonia en 1792 a. C., hace más de 3800 años, aunque el canto, quizá parte de un rito de carácter sexual, podría ser más antiguo.

Mi interpretación: Ishtar llega a la ciudad de Babilonia donde proclama que la alegría del sexo es la base de una ciudad. Así lo repite su sacerdotisa y los jóvenes que la acompañan. Uno se acerca a ella y afirma que quiere poseerla, otro pretende acariciar su vulva. La diosa le responde que podrá hacerlo cuando ella se entregue a él, como a todos los demás. Entonces ordena que acudan todos los hombres de la ciudad y los lleva a un lugar más apropiado, en el texto “a la sombra de las murallas de la ciudad” que era donde las prostitutas esperaban a sus clientes. Siete se sitúan ante ella y siete detrás; “sesenta y sesenta”, es decir, multitudes, “se desahogan repetidamente en su vagina”, según la traducción de Wasserman. Pero los hombres se fatigan, aunque no así Ishtar, la diosa del amor y el sexo, que les anima: “Ponedlo en mi hermosa vulva, muchachos”. Y los hombres no pueden hacer otra cosa que obedecer sus órdenes.

La tablilla HS 1879


El augurio de Akhmatova


¿En qué esta era es peor que las pasadas?
¿Quizá en que, criaturas irreflexivas,
hemos causado la más negra herida
a la Tierra y no sabemos curarla?

De Oriente a Occidente brillan soberbias
ciudades, pero la Huesuda ha estado
marcando cada puerta y convocando
a los buitres. Y los buitres ya vuelan.



Ahora, pasada la mitad de 2021, vuelvo a este poema de Anna Akhmatova, publicado hace un siglo, que versioné libremente a comienzos de 2020. El augurio de Akhmatova resultó ser más profético de lo que yo podría haber imaginado, y apenas dos meses más tarde estábamos sumidos en una pesadilla que no parece ir a terminar pronto. Mientras, los buitres aún vuelan.
Siguiendo este enlace puede leerse la entrada del 19 de enero de 2020 con dos traducciones al español, otra al inglés  y el original ruso del poema de Akhmatova. Por cierto el poema en ruso tiene rima, como esta versión, aunque en este caso es asonante.

egm.2020



De las cobras


Fingen y mienten tranquilos
sin recelar la caída,
tuercen y enredan los hilos,
juran con voz de dos filos,
pero la parca es sufrida,

y así se van con los años
por la cloaca del tiempo
dejando atrás sus amaños,
sus atropellos y engaños,
para la hoz no hay destiempo,

y aunque pagaran que en versos
les alabasen sus obras,
las buenas gentes adversos
los verán siempre, perversos
como la hiel de las cobras.

egm.2021


Hilda Doolittle (H. D.)

Príapo, Guardián de los huertos


Vi la primera pera
cuando caía.
El enjambre amarillo,
las busca-mieles, doradas bandas,
no era más veloz que yo
—¡libradnos de la hermosura!—
y caí postrada, llorando;
vos nos habéis despellejado
con vuestras flores,
¡libradnos de la hermosura
de los árboles frutales!

Las busca-mieles
no se detuvieron,
atronaban el aire con su canción,
y yo, sola, me postré.

Oh, de tosca talla,
dios del huerto,
os traigo una ofrenda;
vos, único sin belleza
—hijo de un dios—,
libradnos de la hermosura.

Las avellanas caídas,
despojadas ya de sus verdes vainas,
los racimos, rojo púrpura,
sus uvas chorreando vino,
granadas ya abiertas,
y el higo arrugado,
e intactos membrillos,
os traigo en ofrenda.
 


H. D. Priapus. Keeper-of-Orchards (bartleby)
H. D. Priapus. Keeper-of-Orchards (poetryfoundation)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Priapus
Keeper-of-Orchards

I saw the first pear
As it fell.
The honey-seeking, golden-banded,
The yellow swarm
Was not more fleet than I,
(Spare us from loveliness!)
And I fell prostrate,
Crying,
Thou hast flayed us with thy blossoms;
Spare us the beauty
Of fruit-trees!

The honey-seeking
Paused not,
The air thundered with their song,
And I alone was prostrate.

O rough-hewn
God of the orchard,
I bring thee an offering;
Do thou, alone unbeautiful
(Son of the god),
Spare us from loveliness.

The fallen hazel-nuts,
Stripped late of their green sheaths,
The grapes, red-purple,
Their berries dripping with wine,
Pomegranates already broken,
And shrunken fig,
And quinces untouched,
I bring thee as offering.



Admonición de fray Henríquez del Gutambaco a los entrometidos ruines y falsos lenguaraces


Quien posea probidad
cuide en esta admonición
y verá con claridad
en el mundanal turbión:

con asaz moderación
inquiera el sabio verdad
y preste parca atención
a hablillas en mezquindad,

pues grande curiosidad,
junto a baja discreción,
causa harta iniquidad
y no escasa convulsión,

y el curioso a saciedad
vive en grande obscuridad.


Gualterio Henríquez de Miranda, conocido como fray Henríquez del Gutambaco, fue un predicador y misionero español de la orden de los pedigüenses-caminenses nacido el 15 de julio de 1579 en Gutambaco de los Pedrotes, provincia de Burcegona, y muerto en fecha incierta, entre 1610 y 1620, capturado y, al parecer, devorado por alguna de las tribus tupitainas de la cuenca del río Guaquimí, en el actual Parijá Central. Se conservan de él, en el Museo Eclesiástico burcegonés, varias cartas y sermones y un par de docenas de poemas didácticos y morales de irregular calidad literaria.

egm.2021



El amor abstruso


Avanza el agua crespa la dudosa
nereida en sus escamas verdeantes
trenzando laberintos a la niebla,

oblicua una mirada en los algares
nevó los arrecifes de la noche;
incógnita temible por sabida:

abstruso es el amor como los sueños.
Algares son mis ojos en la bruma
negando las escamas que me intrincan;

terrífica sirena en sus aletas
orzaba sobre el bentos hacia el éter
nublado de artimañas y extravíos:

inmerso en los meandros del océano
abstruso es el amor y su agonía.
Allá en el agua oscura de las algas,

nadando en turbias olas impacientes,
trafica con neblinas la voluble
ondina sin piedades ni consuelos;

no dudes de los astros ni los antros:
incluso en los placeres abisales
abstruso es el amor, amada mía.

egm.2021


Meigallo


—Espera que te diga
refrán, conjuro e higa;

aguarda que te cuente:
pinar, camino y puente;

y luego que te explique:
encuentro, riña y pique;

espera a que te haga
puñal, cuchillo o daga…

y ahora ya te esfumo
en vaho, niebla y humo.



Acudí a la bruja de la aldea abandonada. Tuve que pagarle en oro. Le pedí que me liberara del meigallo en que las tres brujas de la playa me habían atrapado para encoñarme con la más joven de ellas. Y esto dijo. Duro, fue. Pero así lo hice. Sin testigo ni huella.

egm.2021