Esta inmensidad,


este vacío
—vaciándose en el vacío—,
este volcán, este huracán,
estas luciérnagas
entre zarzas y matojos,
esta luna nueva de invierno,
esta luz entre los castaños,
estas sombras
bajo los densos carballos,
este tal vez pero no ahora,
este quizá pero no tú,
esta laguna neblinosa,
estas dunas sin horizonte,
este río sin riberas,
esta pendiente,
este inmundo barranco,
esta humedad enfermiza,
este vaho, este moho,
este laberinto pringoso,
este desencamino,
esta piedra tras otra piedra,
este no aquí ni allende,
este nada en ningún sitio
—este ninguén de ningures—,
este nadie,
este nadie, nadie, nadie,
este pulso agotado,
este no valer
ni poder ser,
este no llegar, no alcanzar,
este huracán fatigado,
este volcán acabado,
este túrbido vino,
este vómito alcohólico,
esta agua con orines,
estas engañosas luciérnagas,
esta pretensión de infinito,
esta ansia de fulgor,
este nebuloso reflejo,
esta enorme brevedad,
este vacío,
esta bruma persistente,
este inextricable marjal,
esta luna oscura de invierno,
este no poder,
este vacío,
esta inmensidad —esta—,
esta inmensa mediocridad,
esta.

egm.2021



Carne


Todo el puto tinglado de la vida
es en realidad
muy sencillo:
tan solo has de salir a la calle
como una puta,
debes buscar, ofrecerte y pedir
como una puta,
y cuando hayas concluido tu trabajo
cobrarás,
exactamente
como una puta.
Y eso es todo lo que…

Ah, pero
—inocente—
¿es que tienes algo contra las putas?

egm.2021



Décio Pignatari

El juglar y la prostituta negra


Farsa trágica

 
Donde eras la mujer acostada, tras
los oficios de la penumbra, ahora
eres un poema:

Cansada cornucopia entre guirnaldas de rosas mustias.

Es a la hora carbóni-
ca y el sol en bochorno
entre soñando e insomne.

La legión de los ofendidos solicita
tus piernas en M,
silenciosa molienda del crepúsculo.

Es la hora del río, el grueso río que lento fluye
fluye por las navajas de las persianas,
río oscuro. Espejos y ataúdes
en mudo destierro navegan:
Miraste en el féretro y mueres en el espejo.
Mueres. Intermueres.
Inter —ataúd y espejo— mueres.

Tu lámpara en volutas —polvo
barroco sopesando siete
naranjas podridas— y tu lecho de plomo
tienen las galas del cortejo:

Todo pasa en este río menos el río.

Minerales, flora y cartílago
acuden con dos moluscos
mustios y cansados
para que yo te componga, recomponiendo:

Cansada cornucopia entre guirnaldas de rosas mustias.

(Modelo en reposo. Se mueven las mortajas de las
persianas. Guillotinas de luz lapidan tu dorso en rosa:
tienes un puño cercenado y un seno bebiendo en la
sombra. Inicias el ciclo de los cristales y ya escintilas.)

Tu al(gema negra)coba así deletreada a cáma-
ra lenta, levantas la frente y propalas:
«Hay una estatua ahogada…» —¡A cámara lenta he dicho!—.
«Existe una esta-
tu-a-hogada y un poeta feliz(mente
¡en laureles ardo!) ¡Cómo los lamento y
cómo los desconozco!
Lloremos por ambos».

Lloremos por todos. Sollozo, y entonandum
litúrgico improperio a dos voces
componemos un simbólico epicedio AAquella
que acostada era un poema y ya no lo es más.

En suspenso el aliento, inicias el gran ciclo
subterráneo del retorno
a las grandes amistades sin memoria
y te empodreces:

Cansada cornucopia entre guirnaldas de rosas mustias.

 


NOTA
Se pierden un par de juegos de palabras: en al(…)coba entre alcova (alcoba) y cova (cueva), y en feliz-mente entre feliz ardo y felizardo (persona suertuda, muy afortunada). Respecto a entoandum copio la nota de los poesiólogos I. M. Simon y V. Dantas en Poesia concreta (ver enlace abajo): “Entoandum: pastiche del latín, por aproximación con Te-deum, en el contexto pseudolitúrgico del poema”; también podría ser un latinajo compuesto a partir de entonando (entonar en portugués es igual que en español, aunque entonación es entoação, sin la segunda n) más la terminación um (que en portugués es también el artículo un), lo que podría entenderse como entonando um (entonando un [litúrgico improperio]), quizá.

Décio Pignatari. O jogral e a prostituta negra (monoskop.org / Poesia concreta)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

O jogral e a prostituta negra

Onde eras a mulher deitada, depois
dos ofícios da penumbra, agora
és um poema:

Cansada cornucópia entre festões de rosas murchas.

É à hora carbôni-
ca e o sol em mormaço
entre sonhando e insone.

A legião dos ofendidos demanda
tuas pernas em M,
silenciosa moenda do crepúsculo.

É a hora do rio, o grosso rio que lento flui
flui pelas navalhas das persianas,
rio escuro. Espelhos e ataúdes
em mudo desterro navegam:
Miraste no esquife e morres no espelho.
Morres. Intermorres.
Inter (ataúde e espelho) morres.

Teu lustre em volutas (polvo
barroco sopesando sete
laranjas podres) e teu leito de chumbo
têm as galas do cortejo:

Tudo passa neste rio, menos o rio.

Minérios, flora e cartilagem
acodem com dois moluscos
murchos e cansados,
para que eu te componha, recompondo:

Cansada cornucópia entre festões de rosas murchas.

(Modelo em repouso. Correm-se as mortalhas das
persianas. Guilhotinas de luz lapidam o teu dorso em
rosa: tens um punho decepado e um seio bebendo
na sombra. Inicias o ciclo dos cristais e já cintilas.)

Tua al(gema negra)cova assim soletrada em câma-
ra lenta, levantas a fronte e propalas:
“Há uma estátua afogada…” (Em câmara lenta! – disse).
“Existe uma está-
tua afogada e um poeta feliz(ardo -o
em louros!). Como os lamento e
como os desconheço!
Choremos por ambos.”

Choremos por todos – soluço, e entoandum
litúrgico impropério a duas vozes
compomos um simbólico epicédio AAquela
que deitada era um poema e o não é mais.

Suspenso o fôlego, inicias o grande ciclo
subterrâneo de retorno
às grandes amizades sem memória
e já apodreces:

Cansada cornucópia entre festões de rosas murchas.



La lava


Al observar este accidente de la corteza terrestre
experimenté un placer de rara sutileza.
H. Tazieff, Los volcanes y la deriva de los continentes

 

a

en el magma observo el frío
y me exalto
con tus labios de basalto
lábil río
 

1

Como un río
brota ardiente la lava.
Como un río
viene el magma furioso
—desde el cráter, hirviente—
como un río.

Como un río
baja lábil la lava,
como un río,
desbordando la cima
del volcán emergente,
como un río.

Como un río
corre undosa la lava,
como un río;
fluye ladera abajo
—basalto incandescente—
como un río.

Como un río
va rugiente la lava.
Como un río.
Después de la erupción,
humeante y candente.
Como un río.
 

b

en los cúmulos la lava
brota rota
como un lago en mi derrota
huye y cava
 

2

Como el río
se elevaba la lava
en la cima emergente,
como un río.

Como el río
avanzaba la lava
—humeante y candente—
como un río.

Como el río
resbalaba la lava
en la erecta ladera,
como un río.

Como un río
brota ardiente la lava.
 

c

febril deflagraré
lava que temo
como en el magma quemo
y aquí arderé
 

egm.2021. Fusión de dos poemas escritos en 1989 y 2004



Augusto dos Anjos

Los enfermos (VI)


A la helada aguja, ahora, alba, la granizada
cayendo, análoga era… Un perro ahora
la oscura lengua hidrófoba sacaba fuera
en contracciones musculares de rabia.

Pero más allá, entre oscilantes llamas,
despertaban los barrios de la lujuria…
Las prostitutas, enfermas de hematuria,
se extenuaban en las camas.

Una, innoble, derrengada de cansancio,
casi ya estragada por el vicio,
olía con placer en el sacrificio
la lepra mala que le roía el brazo.

Y ensangrentaba los dedos de la mano nívea
con sentimiento gastado y emoción pobre,
en esa alegría bárbara que cubre
los estremecimientos de la lascivia…

De seguro, la perversión de la que era presa
el sensorium de aquella prostituta
venía de la adaptación casi absoluta
a un ambiente microbiano de bajeza.

Sin embargo, virgen fuiste, y cuando lo eras
no tenías aún esa erupción cutánea,
ni tenías, víctima última de la insania,
¡dos estériles glándulas mamarias!

¡Ay! ¡Ciertamente aún no había
roto, con violencia, en el horizonte
el sol maligno que secó la fuente
de tu castidad ahora acabada!

Quizá tenías hambre y tus manos en vano
tendiste al mundo, hasta que, al azar,
fuiste a vender tu virginal corona
al primer maleante de la barriada.

¡Y eres vieja! El mundo de ti está harto,
y hoy, que la sociedad te rechaza,
solo las negras brujas de la derrota
frecuentan diariamente tu cuarto:

te prometen —¿quién sabe?— entre los cipreses,
lejos de la mancebía y las alcobas,
en las quietudes nirvánicas más dulces,
¡el noviazgo que en vida no tuviste!
 


Augusto dos Anjos. Os doentes (dominiopublico.gov.br)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Os doentes (VI)

À álgida agulha, agora, alva, a saraiva
Caindo, análoga era… Um cão agora
Punha a atra língua hidrófoba de fora
Em contrações miológicas de raiva.

Mas, para além, entre oscilantes chamas,
Acordavam os bairros da luxúria…
As prostitutas, doentes de hematúria,
Se extenuavam nas camas.

Uma, ignóbil, derreada de cansaço,
Quase que escangalhada pelo vício,
Cheirava com prazer no sacrifício
A lepra má que lhe roía o braço!

E ensangüentava os dedos da mão nívea
Com o sentimento gasto e a emoção pobre,
Nessa alegria bárbara que cobre
Os saracoteamentos da lascivia…

De certo, a perversão de que era presa
o sensorium daquela prostituta
Vinha da adaptação quase absoluta
À ambiência microbiana da baixeza!

Entanto, virgem fostes, e, quando o éreis,
Não tínheis ainda essa erupção cutânea,
Nem tínheis, vítima última da insânia,
Duas mamárias glândulas estéreis!

Ah! Certamente não havia ainda
Rompido, com violência, no horizonte,
O sol malvado que secou a fonte
De vossa castidade agora finda!

Talvez tivésseis fome, e as mãos, embalde,
Estendestes ao mundo, até que, à-toa,
Fostes vender a virginal coroa
Ao primeiro bandido do arrabalde.

E estais velha! — De vós o mundo é farto,
E hoje, que a sociedade vos enxota,
Somente as bruxas negras da derrota
Freqüentam diariamente vosso quarto!

prometem-vos (quem sabe?!) entre os ciprestes
Longe da mancebia dos alcouces,
Nas quietudes nirvânicas mais doces
O noivado que em vida não tivestes!