Bernadette Mayer

[Soneto] nombre dirección fecha


_

nombre dirección fecha
no puedo recordar
el ojo por el ojo
entonces y allí mi

esta   es
otra   oc
asión   de
que   la

h i s t o r i a
s e r e p i t a
a s í m i s m a

y el diente
por el diente
es el diente:
_


Bernadette Mayer. [Sonnet] name address date (poetryfoundation.org)
bernadettemayer.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

[Sonnet] name address date

name address date
I cannot remember
an eye for an eye
then and there my

this   is
your   se
cond   ch
ance   to

h i s t o r y
r e p e a t s
i t s s e l f

and a tooth
for a tooth
is a tooth:


Carol Ann Duffy

Caldeando sus perlas


_

Para Judith Radstone

Junto a mi propia piel, sus perlas. Mi señora
me pide que las lleve, se las caldee, hasta la tarde
cuando le cepille el pelo. A las seis las coloco en torno
a su blanca y fresca garganta. Todo el día pienso en ella,

echada en la Sala Amarilla, contemplando la seda
o el tafetán, ¿qué vestido esta noche? Ella se abanica
mientras yo trabajo de buen grado y mi calor entra
lentamente en cada perla. Su collar pende en mi cuello.

Es muy hermosa. Sueño con ella en mi cama
del ático; la imagino bailando con hombres altos,
desconcertados por mi tenue y persistente olor
bajo su perfume francés, sus piedras lechosas.

Le desempolvo los hombros con una pata de conejo
mirando filtrarse el suave rubor a través de su piel 
como un suspiro indolente. En su espejo
mis labios rojos se abren cual si quisieran hablar.

Luna llena. Su carruaje la trae a casa. Veo cada uno
de sus movimientos en mi cabeza… Desvistiéndose,
quitándose las joyas, extendiendo su delgada mano
hacia el estuche, deslizándose desnuda en la cama,

como siempre hace… Y yo permanezco aquí en vela,
sabiendo que ahora las perlas se están enfriando aún
en el cuarto donde mi ama duerme. Toda la noche
siento su ausencia y ardo.
_


Carol Ann Duffy. Warming Her Pearls (poetryfoundation.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Warming Her Pearls

for Judith Radstone

Next to my own skin, her pearls. My mistress
bids me wear them, warm them, until evening
when I’ll brush her hair. At six, I place them
round her cool, white throat. All day I think of her,

resting in the Yellow Room, contemplating silk
or taffeta, which gown tonight? She fans herself
whilst I work willingly, my slow heat entering
each pearl. Slack on my neck, her rope.

She’s beautiful. I dream about her
in my attic bed; picture her dancing
with tall men, puzzled by my faint, persistent scent
beneath her French perfume, her milky stones.

I dust her shoulders with a rabbit’s foot,
watch the soft blush seep through her skin
like an indolent sigh. In her looking-glass
my red lips part as though I want to speak.

Full moon. Her carriage brings her home. I see
her every movement in my head…. Undressing,
taking off her jewels, her slim hand reaching
for the case, slipping naked into bed, the way

she always does…. And I lie here awake,
knowing the pearls are cooling even now
in the room where my mistress sleeps. All night
I feel their absence and I burn.


Annie Charlotte Dalton

La mantis religiosa

 

En las oscuras mazmorras de la mente
criaturas extrañas caminan y crían a su especie;
la Mantis sube la escalera,
con movimientos libres como el aire

la Mantis Religiosa sube la escalera,
sus diminutos brazos levantados en oración.
Con la casulla y la estola
se pone de pie para leer mi alma.

No sé qué cosa oscura hay ahí
ni por qué mi alma debe desesperarse,
o por qué se hace a un lado
e invita a la Mantis a que mate.

En las profundas mazmorras de la mente
criaturas extrañas caminan y crían a su especie;
con los brazos levantados en oración
la Mantis sube la escalera.

 

Annie Charlotte Dalton. The Praying-Mantis (poetrynook.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

The Praying-Mantis

In the dark dungeons of the mind,
Strange creatures walk and breed their kind;
The Mantis mounts the stair,
With movements free as air

The Praying-Mantis mounts the stair,
Her tiny arms upheld in prayer.
In chasuble and stole,
She stands to read my soul.

I know not what dark thing is there,
Nor why my soul must feel despair,
Nor why she turns away
And bids the Mantis slay.

In the deep dungeons of the mind,
Strange creatures walk and breed their kind;
With arms upheld in prayer
The Mantis mounts the stair.


Eliza Griswold

Ovidio sobre el cambio climático


_

Bastardo, los otros chicos se burlaban de él,
hasta que Faetón desató los corceles
del Armagedón. No podía sujetar
las riendas. Llevando al sol demasiado cerca
de la tierra, el nuchacho secó ríos,
incendió bosques de eucaliptos, hasta que las colinas
estallaron en llamas y la sangre de la gente
hirvió a través de su piel. Etiopía,
tierra de rostros quemados. En la rabia de un chico
por un nombre comienza el mito de la raza.
_


Eliza Griswold. Ovid on Climate Change (poetryfoundation.org)
elizagriswoldauthor.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Ovid on Climate Change

Bastard, the other boys teased him,
till Phaethon unleashed the steeds
of Armageddon. He couldn’t hold
their reins. Driving the sun too close
to earth, the boy withered rivers,
torched Eucalyptus groves, until the hills
burst into flame, and the people’s blood
boiled through the skin. Ethiopia,
land of   burnt faces. In a boy’s rage
for a name, the myth of race begins.


Ilusoria red

´T was in the darkest depths of Mordor:
I met a girl so fair,
But Gollum and the evil one
Crept up and slipped away with her.

Jimmy Page / Robert Plant

 

1
Sméagol es ese viejo borracho
junto al camino, escrutando su informe
careto en un charco fangoso.

2
Pregúntate, sí, qué trozo de ti
es libre, o si realmente alguno
lo ha sido alguna vez; pregúntate.

3
Vacío fue el aullido que lanzamos
tras el éxtasis en la playa atónita,
y el amanecer nos volcó al día.

4
Halla a alguien que diga amar el arte
pero ocúltale tu afición
por eso del surrealismo pop.

5
Vagando, errabundo, en el bosque
los pájaros te insinúan que
jamás sabrás lo mucho que no sabes.

6
La que en el alba se alza a tu encuentro
y al ocaso zanquea tras de ti:
la Sombra es en sí misma un acertijo.

7
Ahora el cielo está azul hacia el norte
y quizá —no es que me importe—
podamos aún armar otro pulvis.

8
Me perdí camino de urgencias
y se formó gangrena donde
el espíritu se enquistó en el hueso.

9
Ha cambiado el mar de color;
obviemos lo reciente y recordemos
tan solo que el futuro acaba hoy.

10
Si has encontrado ya el Silmarillion
llama a Perceval y dile
que se acerque a tomar unas birrillas.

11
Hojas de roble y flores de eucalipto
se entremezclan en el sendero;
pisas lo vivo y lo muerto: caminas.

12
Soy balsa, ría, mar, torrente, poza,
alternativamente; tú,
arena y limo: no hay porque parar.

13
Libérate y cae otra vez
en la misma ilusoria red;
desmonta el unicornio descornado.

14
Memorizo el nombre de cada playa
donde te diviso y naufrago para
olvidar tus rubias escamas.

15
Pero —sacando y metiendo—, ¿somos
la brisa del anochecer
o el alba que va reclamando el sueño?

16
Pregúntate, Gollum, qué trozo
de ti no es esclavo del orden,
la enseñanza o el adoctrinamiento.

17
Tatuajes en brazos y piernas
y dos mínimos triángulos de licra
en el próximo baile sin disfraces.

18
Vago en la huella del viento y en olas
—agua— sobre la playa aislada
soy flujo y reflujo, y sigo moviéndote.

19
Pregúntate aun qué trozo de ti
es realmente libre de opinar
de las opiniones ajenas.

20
Sumido en la caldosa morbidez,
como al bosque los árboles,
los juncos no te dejan ver el delta.

21
Desasosegaba el orbe buscando
la estrella Polar en el mediodía,
las Pléyades por Adviento.

22
¿Quién libará tu cuerpo? ¿Quién
morderá tu alma? Desiste
y sal a barear con tus amigas.

23
Estamos tan vivos como la lava,
tan fríos como la grava en los ríos,
y no estos líos nos despreocupan.

24
Yerras a veces sotos demasiado
enmarañados para tus cortitos
alcances reales. Desiste.

25
La única forma de no seguir
perdiendo es reconocer
que acaso jamás podamos ganar.

26
Escucha, en el claro del bosque, escucha
la tierna y cadenciosa
balada del cabrón encabronado.

27
¿Más bajita que un guisante
y más larga que un gigante?
Repara en que ya tienes la respuesta.

28
En algún lugar de mi mente siempre
estás tú, como yo en la tuya;
siempre, ya sabes, punzando y mordiendo.

29
Y sé un refrán —sin ser ni valiente ni
cobarde—: más vale penco atollado
que potrillo despeñado.

30
Esto no irá a ninguna parte
ni tampoco tiene más vuelta atrás;
si bien lo ignoramos ella y tú y yo.

31
Quemándonos es como hacemos
que crezca, ardiendo; sin embargo
ya no necesitamos fuego.

32
Esta noche bulle un orco lascivo
en lo más hondo del glaciar;
quizá debieras acercarte un poco.

33
Y algo —keep rambling, baby— me quedaba,
mientras vagaba, divagaba…
mientras algo me quemaba.

34
Aunque es la esperanza de luz
—entre confusión y turbieza—
lo que aún nos mantiene en las tinieblas.

35
El Gollum es ese niño asustado
en medio del bosque que escruta
su pálida carita en una charca.

36
Previsión a difuso y largo plazo:
este universo humea y no recuerdo
si he dormido algo esta noche.

37
El sol fermenta nuestros cuerpos
sobre la playa tibia;
el mar sigue buscando su color.

38
No quiero volver, por si, casualmente,
me encuentro con la rubia más teñida
de entre todas las morenas.

39
Te he contado las cosas como nunca
fueron, porque parecieran verdad
y pudieras al fin creerme.

40
Acostúmbrate a huir; saluda
a los pájaros —reverentemente—
cada vez que te adentres en el bosque.

egm.2020


Falsa pared
Ramble On (wikipedia)

Led Zeppelin. Ramble On

Leonard Cohen

Poesía y otras zarzas

El futuro


Devuélveme mi noche en blanco,
mi habitación de espejos, mi vida secreta.
Esto es muy solitario; no hay nadie a quien torturar.
Dame el control absoluto
sobre toda alma viviente.
Y acuéstate a mi lado, nena; es una orden.

Dame crack y sexo anal.
Coge el único árbol que queda
y rellena el agujero en tu cultura.
Devuélveme el muro de Berlín;
dame a Stalin y a san Pablo.
Yo he visto el futuro, amigo: es un crimen.

Las cosas se derrumbarán en todas las direcciones;
no habrá nada,
nada que puedas medir nunca más.
La ventisca del mundo ha cruzado el umbral
y ha trastocado el orden del alma.
Cuando dijeron «Arrepiéntete, arrepiéntete»,
me pregunto a qué se referían.

Tú no sabes nada de mí;
nunca lo has sabido ni nunca lo sabrás.
Yo soy el pequeño judío
que escribió la Biblia;
he visto a las naciones…

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Tom Disch

Abecedario


_

La A es de Águila, como todo el mundo sabe.
Ahora bien, la B es de… ¿Tú qué crees?
¿La Biblia? ¿El Banco? ¿El Bizcocho? ¿El Beso?
No, la B es de este Barco, la noche en que se hundió.
La C es de su Capitán y la D es de su Dori.
Y la E… Pero antes déjame contarte un cuento:
Había una vez un elefante sumamente orgulloso
que pensó que podía volar en forma de nube…
Pues sí, la E es de Elefante y la F es de Forma,
Y la G es del Granero que mojó la tormenta cuando la nube
en la que imprudentemente se convirtió el elefante
empapó a nuestro héroe con toda su fama
sobre diez hectáreas de pastos de montaña.
Demasiado para este cuento. Ahora la H. ¿Lo sabes?
La H es del Heno que había en el granero,
y la I es de la Idea de Ir a misa,
cosa que solo haría un católico.
Los judíos van a la sinagoga. La J es de Judío.
La K es tanto de Kilómetro como de Kilogramo,
Luego la L es de toda la Limonada
que puedes tomar en una hora sin sentirte mal.
Mientras la M es de Mariposa, Maíz y Molino.
La primera es un insecto, el segundo un cereal
y el tercero muele el segundo: es difícil explicar
este proceso a los niños que nunca lo han visto,
¡así que vamos al campo ahora mismo! Sí, lo digo en serio.
Nos vamos ya. Y la N es de la Noche que atravesamos
para alcanzar la Ñ de Ñu.   Pero la P es del Peligro
que corre la gente —¿recuerdas?— que iba en aquel barco
que de alguna manera, por un milagro, ¡sigue a flote!
(Caramba, ahora caigo en que me he olvidado la O:
La O es de Omisión y realmente debería ir
en ese hueco —¿lo ves?— entre la Ñ y la P.
¿No? ¿Aún no está ahí? Querida O, perdóname.)
La Q es del Quid de la cuestión de cómo de lejos
puede viajar una persona en un solo día
y de si valdrá la pena o si podría ser mejor
quedarse en casa y escribirle una carta a alguien.
Las R son de las Relaciones, la multitud habitual.
Ahora salgamos del coche: ¡hemos llegado a la granja!
La S es de la Solemnidad de una comida de Navidad
y la T es de Trinchar el pavo, que debe pesar al menos
diez kilos. La U es de Utopía. La V…
la V simplemente Vuela —a donde no podemos verla—
y la W es de un Waterpolista haciendo Windsurf
mientras la X yace exhausta, tratando de sonreír.
Y ya no quedan más letras que la Y junto a la Z.
La Y soy Yo y la Z, cariño, eres tú.
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Tom Disch. Abecedary (poetrymagazine)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda


Abecedary

A is an Apple, as everyone knows.
But B is a … What do you suppose?
A Bible? A Barber? A Banquet? A Bank?
No, B is this Boat, the night that it sank.
C is its Captain, and D is its Dory,
While E — But first let me tell you a story.
There once was an Eagle exceedingly proud
Who thought it would fly, in the Form of a cloud —
Yes, E is for Eagle, and F is for Form,
And G is the Grass that got wet in the storm
When the cloud that the Egale unwisely became
Sprinkled our hero and all of his fame
Over ten acres of upland plateau.
So much for that story. Now H. Do you know?
H is the Hay that was made from the Grass,
And I’s the Idea of going to Mass,
Which is something that only a Catholic would do.
Jews go to Synagogue. J is a Jew.
K is for Kitchen as well as for Kiss,
While L is for all of the black Licorice
You can eat in an hour without feeling ill.
M is for Millipede, Millet, and Mill.
The first is an insect, the second a grain,
The third grinds the second: it’s hard to explain
Such a process to children who never have seen it —
So let’s go to the country right now! Yes, I mean it.
We’re leaving already, and N is the Night
We race through to reach it, while P is the Plight
Of the people (Remember?) who sailed in that Boat
That is still, by a miracle, somehow afloat!
(Oh dear, I’ve just nocied I’ve overlooked O:
O’s an Omission and really should go
In that hole – do you see it? – between N and P.
No? It’s not there now? Dear O, pardon me.)
Q is the Question of how far away
A person can travel in one single day,
And whether it’s worth it, or might it be better
To just stay at home and write someone a letter?
R’s are Relations, a regular swarm.
Now get out of the car – we’ve arrived at their farm!
S is the Sight of a Thanksgiving feast,
And T is the Turkey, which must weight at least
Thirty pounds. U is Utopia. V …
V simply Vanishes – where, we can’t see –
While W Waves from its Westernmost isle
And X lies exhausted, attempting to smile.
There are no letters left now but Y and then Z.
Y is for You, dear, and Z is for me.


Nadie lo sabe,

And everybody knows that the plague is coming,
Everybody knows that it’s moving fast.
L. Cohen

nadie sabe que los dados siguen rodando
más allá de donde ningún dios podría verlos,
nadie sabe que el big bang es un bulo,
nadie sabe que la entropía se ha congelado,
nadie sabe que la singularidad fue amañada
ni que la gravedad cuántica está hueca,
pero eso es lo que hay.

Nadie lo sabe,
nadie sabe que los astrofísicos se autoengañan,
nadie sabe que el universo está colapsando
bajo el peso de la radiación cósmica de fondo,
nadie llora la extinción de los recuerdos,
nadie viene, nadie habla, nadie piensa, nadie anda,
nadie quiere más poemitas glucémicos esta noche
ni corazones en el cristal.

Nadie lo sabe,
nadie sabe que no puedes amarme, zorra,
ni nadie sabe que yo preferiría estar ciego, zorra,
antes que volver a verte con ese patán engreído
que resulta que tanto se parece a mí, aunque
es cierto que a alguien tenías que mostrarle
cómo te sienta tu precioso conjuntito nuevo
de tanga y sujetador,
y eso es lo que hay.

Nadie viene, nadie va,
nadie ha visto ni verá;
nadie ha estado, nadie está,
nadie sabe si sabrá.

Nadie lo sabe,
nadie sabe que ahora es igual a nunca,
nadie sabe que te masturbas en la playa,
nadie sabe que yo vivo para siempre
si logro escribir tres o cuatro líneas de una vez,
nadie sabe que el ecosistema global se ha podrido
mientras la máquina sigue produciendo satisfacción,
por eso eso es lo que hay.

Nadie lo sabe,
nadie sabe que la peste solo ha comenzado
ni nadie sabe lo lejos que ha de llegar,
nadie sabe que el hombre y la mujer libres
son ya tan solo una hermosa imagen del pasado,
nadie sabe que el futuro está muerto,
y no habrá un fulgor en el fuliginoso cielo
que pueda revelar

lo que nadie sabe,
porque nadie sabe de la dimensión del abismo
ni nadie sabe qué nos queda aún por saber,
desde allá los luminosos áticos urbanos
hasta allí las flacas chozas de la sabana…
y nadie sabe cómo todo se está desmoronando…
Dale un último vistazo a esta egregia cima
de la civilización, justo un momento antes
de que comience a implosionar. Porque

nadie tiene, nadie da,
nadie ama ni amará;
nadie quiere, nadie ya,
nadie sabe ni sabrá.

egm.2020


A partir de Everybody Knows de Leonard Cohen, I’d Rather Go Blind de Ellington Jordan y Etta James, y Tonight de Iggy Pop.

Leonard Cohen. Everybody Knows
Beth & Joe. I’d Rather Go Blind
Iggy Pop. Tonight

Alceo de Mesene

Epigramas


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Oda

De sí mismo

No estimo, amado Macrino,
los terrenos abundantes
ni del oro del gran Giges
amo las felicidades;
para vivir solo quiero
lo que a mantenerme baste
ni nada más apetezco
cuanto poco me es amable.

Epigramas

1. A Argos

Argos, de Homero tan encarecida,
sagrado suelo de la Grecia clara,
y en otro tiempo del feliz Perseo
dorado, hermoso y reluciente alcázar,

ya desapareciste: eterna gloria
de aquellos héroes que en la tierra amada
de Troya, habitación de las deidades,
sufrieron peleando muerte aciaga;

este es el pueblo de los hombres fuertes
y vosotras, magníficas murallas,
guardáis ahora, todas derruïdas,
grandes establos de mugientes vacas.

2. De Homero

Aún oímos de Andrómaca el airado
gemido, a Troya vemos trastornada
y de Áyax el combate celebrado
de la ciudad so la muralla alzada,
y Héctor por los caballos arrastrado,
por la Meonia musa delicada
de un poeta que no una patria encierra
sino los climas de una y otra tierra.

3. De Roma

Afianza, gran Zeus, la incansable puerta
del espantoso Océano: el alcázar
admirable de Éter soberano,
oh poderoso dios, conserva y guarda,
pues ya la mar ha sido sometida
bajo el poder de la romana lanza,
y la tierra también, aunque es difícil
subir la celestial senda sagrada.

4. A Rodas

Nodriza de los partos, tú, de Leto,
a quien inamovible Zeus ha puesto
en el Egeo mar, no, por los dioses,
llamarte ahora miserable quiero,
de Antípatro siguiendo las razones:
te llamaré feliz, puesto que a Febo
educaste, y allá en el alto Olimpo
a ti Artemisa llama patrio suelo.

__________
Aunque los hermanos Canga Argüelles afirman en la sucinta nota biográfica que de este Alceo (“Alpheo”) “solo sabemos que era natural de Mitilene”, estos poemas parecerían pertenecer más bien a Alceo de Mesene que a Alceo de Mitilene.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google)

Arquíloco

Poemas y fragmentos


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Odas

1. Sobre la fortaleza

¿Por qué te das tormento
con ásperos pesares? Cobra, amigo,
cobra vigor y aliento
y oponte, cual te digo,
a la desgracia y mal pecho enemigo;

entre las rudas lanzas
del contrario feroz mantente osado,
sin miedo ni mudanzas,
y ni el triunfo logrado
aplaudas en extremo alborozado

ni, si te ves vencido,
en casa recostado des al lloro
el ánimo afligido,
y alegre y con decoro
de los que dignos son aumenta el coro,

pero con los malvados
no te contristes nunca en demasía,
y de los desgraciados
hombres, más cada día,
compadece la suerte cruel e impía.

2. De sí mismo

Amor, dentro del pecho
un cruel ardor moviendo,
de nieblas fue envolviendo
mi vista a mi despecho
y, con ánimo avieso,
del débil corazón me robó el seso,

y así, infeliz ahora
por voluntad del cielo,
lleno de desconsuelo
y rendido a deshora
y al tiempo traspasado,
del hueso hasta la médula ha calado.

3. A Glauco

Mira, mi Glauco, mira
cómo el cerúleo ponto se conmueve
y cómo, lleno de ira,
sus altas olas a encrespar se atreve;
la nube pavorosa
sobre los altos árboles se asienta,
resuena tempestuosa
y un súbito pavor nos desalienta.

4. De sí mismo

No pienso en el tesoro
de Giges, que abundaba
en riquezas y en oro,
ni conocí la emulación esclava;
no envidio las acciones
de los dioses sagrados
ni grandes posesiones:
de todo están mis ojos alejados.

5. Que de nada se debe desesperar

No hay cosa alguna de que el hombre pueda
desesperar ni que sea imposible,
ni nada hay admirable e increíble
desde que Zeus la luz serena y leda
la tornó en noche horrible;

se ocultó el sol a la mitad del día
y en los míseros hombres de repente
se difundió el pavor: la humana gente
de nada, pues, desesperar debía
desde aquel accidente.

Que nadie así se admire de que acaso
trueque con el delfín pastos la fiera,
que esta a la tierra el mar tal vez prefiera
y aquel el alto monte, en igual caso,
más que a las ondas quiera.

Fragmentos

1.

Al gran emperador no estimo en nada;
al hombre generoso y fuerte quiero.

2.

Es piadoso aplicar duros castigos
a los vivos, jamás sobre los muertos;
despedazar al mísero difunto
con la maledicencia es poco honesto.

3.

Es la misericordia blanda diosa
con los que de la vida al fin llegaron
y con los que la gozan venturosos
es rígida la envidia de igual modo.

4.

He de decirte, amado compañero,
y bien sé yo que has de gustar de oírlo,
que ames con verdad y sin cansarte,
no obstante sin hablarle, al afligido.

5.

Tuyo es, Zeus, el imperio de los cielos
y sobre los mortales tú derramas
las obras de injusticia repartidas
sin olvidar también las temerarias.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 131)
Bernardo Berruecos Frank. Poesía arcaica griega (unam.mx, pdf, pp. 9, 16)
J. Ferraté. Líricos griegos arcaicos, Arquíloco / Os fragmentos de arquíloco em português (edu.xunta.gal)

Baquílides

Odas y fragmentos


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Odas

1. De la paz

Ya la gran paz sagrada
torna a henchir a los hombres de riquezas;
la lengua delicada
del divino poeta en mil bellezas
alegre se desata
y en dulces versos los asuntos trata.

Arden llamas doradas
en el ara de los dioses poderosos
y con ellas mezcladas
las piernas de los bueyes vigorosos,
y la lanuda oveja
tampoco de acudir al rito deja.

La juventud ardiente
himnos y flautas suena y va al amado
gimnasio diligente,
y en el arnés de hierro entrelazado,
en tanto, se desvela
la negra araña en fabricar su tela.

A la ágil lanza muerde
la herrumbre y la corroe, y a la espada
por ambos filos pierde,
y ya ni a las pupilas fatigadas,
de la trompa el sonido
arranca el dulce sueño apetecido.

Se ven por todas partes
gratos convites de amistad gozosa
en diferentes artes
y en todos ellos suenan con hermosa
música, cuanto cabe,
sagrados himnos al amor süave.

2. Del beodo

Afrodita imperiosa
cuando en las copas cándida se mezcla
fomenta el alma blanda y amorosa,
pero el ledo Dioniso
con sus sabrosos dones
las mentes turba y de esperanzas llena
los tristes corazones
echando de sus reinos llanto y pena;
entonces el beodo
derroca las murallas de los pueblos,
y del orbe todo
monarca se figura,
brillan en sus palacios marfil y oro,
de los trigos de Egipto
cargados sus bajeles
le transportan riquísimo tesoro;
que así del embriagado
piensa, o delira, el corazón turbado.

3. De las cuitas

Solo un camino es dado
a los mortales por que el bien consigan
y aquel a quien no instigan
al ánimo agobiado
los continuos dolores
puede contar sus días por mejores;

pero el que perseguido
de males infinitos noche y día
en angustiar porfía
su ánimo afligido
con la suerte futura,
¡cuán neciamente su dolor procura!

4. De sí mismo

Ni tengo yo vacadas
ni alfombras de la púrpura pintadas,
mas tengo un alma buena
de dulce paz y de contento llena,
tengo una dulce musa
que por larga costumbre amarme usa,
y no de gusto escasos
añejos vinos en beocios vasos.

Epigrama

A Ferenico

A Ferenico, el de las rojas crines,
que venció en las orillas del Alfeo,
caballo que a las negras tempestades
tal vez iguala en el correr ligero.

Fragmentos

1.

Dichoso aquel a quien piadoso el cielo
la suerte ha dado de las almas buenas:
riquezas sin recelo,
y aún más, las horas de su vida llenas
de fortuna envidiable a nuestro modo,
que nadie puede ser feliz en todo.

2.

A pocos hombres Zeus ha concedido,
aunque virtuosos y benignos sean,
que la tarda vejez al final vean
sin que algún mal les haya sucedido.

3.

El oro no se encubre
a la piedra de toque y las virtudes
del hombre las descubre
la alta sabiduría
y la verdad omnipotente y pía.

4.

Él en el pavimento
de piedra se paró, mientras los otros
el alegre banquete disponían,
y dijo: «Al opulento
convite de los buenos
asisten por derecho
los hombres justos y de recto pecho».


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 119)
Baquílides. Odas y fragmentos (academia.edu)

Semónides de Amorgos

Los yambos de las mujeres


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Creó el dios la mujer primeramente,
de entendimiento y juicio desprovista,
de una cerdosa puerca, y por costumbre
le hace siempre tener sucia la casa;
acostada en el suelo se revuelca,
jamás se lava y, de soez vestido
cubierta y asquerosa, siempre echada
sobre el sórdido cieno engorda y crece.

A otra creó de una dolosa zorra
y la ciencia le dio de bueno y malo;
en esta casta de mujer se encuentra
mucho perverso y otro mucho bueno;
la ira la doblega y la maneja
a todos lados sin prudencia y tino.

En sus costumbres otra se parece
al perro, que es su padre: anda anhelante
por oír y saber todas las cosas,
todo lo mira con hambrientos ojos,
y con tanto mirar siempre se engaña;
cuando no ve algún hombre ladra y gruñe,
y ni las amenazas del marido
bastantes son a contener sus iras:
ni aunque le eche los dientes de la boca
irritado y feroz de una pedrada,
ni aunque la halague con palabras buenas,
ni el respeto a los huéspedes la frena
sino que siempre furibunda grita.

Otra hicieron los dioses de la tierra,
y al hombre para carga se la dieron,
la cual ni el bien ni el mal jamás conoce
y su saber se ciñe a si los dioses
dan a la tierra riguroso invierno
para acercarse al fuego con su silla.

Mas vuelve ya tu pensamiento a aquella
que ha nacido del mar: alegre y blanda,
en todo el día de reír no cesa;
el huésped que en su casa la mirara
la llenará de inmensas bendiciones,
y jurará no hallarse en todo el orbe,
ni ser posible que jamás se vea,
una mujer más buena en sus costumbres;
mas, sin embargo, a veces se enfurece
como la perra sobre sus cachorros,
áspera con amigos y enemigos
en su doloso genio al mar semeja,
que muchas veces sosegado y quieto
a los marinos llena de alborozo,
y otras airado horriblemente brama
y alza y encrespa las hinchadas olas.

Otra nació de un asno ceniciento;
ejercitada en ásperos trabajos,
tan solo la conmueve la amenaza,
sentada día y noche está comiendo
y sin ninguna diferencia acoge
al primero que llega, y lo recibe
por su señor en los carnales tratos.

Otra de una sombría comadreja
infeliz fue engendrada, y nada tiene
de bueno ni de amable, y careciendo
de amor y de dulzura, odia y esquiva
el lecho conyugal; si está presente
su esposo, disimula y se fastidia,
mas con sus tretas daña a los vecinos
y devora las viandas no inmoladas.

Una yegua de hermosa cabellera
fue madre de otra, que aborrece y huye
cualquier obra servil, cualquier trabajo;
no tocará jamás muela ni criba
ni la basura sacará de casa,
gran cuidado tendrá de no ensuciarse
acercándose al horno; exteriormente
muestra afecto y amor a su marido,
se lava cada día varias veces,
se llena de perfumes y de ungüentos,
el cabello derrama por la espalda,
y corona de flores la cabeza;
espectáculo hermoso para todos,
mas para el marido, mezquino y triste,
a no ser algún rey muy poderoso
que pueda mantener tan grandes lujos.

Viene otra de una mona, de manera
que un igual mal no dio a los hombres Zeus;
por su boca, feísima, es la risa
de toda la ciudad cuando pasea,
tiesa que apenas la cabeza mueve,
tiene en extremo grandes las rodillas,
¡pobre el que abraza a tan terrible monstruo!
Como una mona a su marido engaña
y a todos los demás; ni de las risas
se cuida ni de hacer solo un buen hecho,
y sin cesar cavila, piensa y trama
cómo hacer algún bárbaro delito.

Mas con la que ha nacido de la abeja
es el hombre feliz y afortunado,
pues no cometerá delito alguno;
ella alarga la vida y sus caminos
los siembra de mil flores olorosas,
amada de su amado compañero
va envejeciendo en los ligeros años
dándole hermosos y afamados hijos;
se distingue entre todas las mujeres
por la gracia feliz que la acompaña,
no busca ni frecuenta los corrillos
donde hablan liviandades las comadres;
esta prudente y apreciable casta
la da el gran Zeus a sus favorecidos.

A las demás que están entre los hombres
de Zeus el desvarío las produjo
y tanto en su maldad cargó la mano
que si parece que algún bien le hacen
al mísero marido, es esto mismo
incómodo en extremo al desdichado;
nadie que viva con mujer espere
pasar un día bueno por completo
ni echar el hambre triste de su casa
ni el amor conciliar de sus amigos.

Si le sucede algún feliz suceso,
o ya porque este bien le den los dioses
o ya porque le venga de los hombres,
al punto en su mujer encuentra un crimen
que mueve las domesticas rencillas;
allí donde hay mujer ya no se espere
poder agasajar huésped alguno,
porque la que parece más modesta
es la peor de todas las mujeres;
el marido se queja y las vecinas
se alegran de su error y se le ríen.

Cada cual, sin embargo, siempre alaba
la mujer propia y la del otro afea
sin ver que le concierne el mismo caso,
pues este horrible mal el dios Zeus hizo
y el lazo ató con insoluble nudo;
de donde viene que la cruda muerte
arrebate casados tantos hombres.

__________
Los hermanos Canga Argüelles o quizá su editor incluyen, por error o desconocimiento, Los yambos de las mujeres entre las obras de Simónides de Ceos. Horrorum hominem est.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 107)
Antonio Marco Martínez / Carlos García Gual. El primer poema antiguo muy misógino (antiquitatem.com)
Maria Fernanda Brasete / E. J. Ríos. Semónides de Amorgos: De las mujeres (academia.edu)
Cristina Egoscozábal. Los animales del “Yambo de las mujeres” (interclassica.um.es)

Simónides de Ceos

Odas, epigramas y fragmentos


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Odas

1. De cuatro cosas

Es excelente cosa
tener salud robusta y vigorosa
y tener, lo segundo,
buen natural; es lo mejor del mundo
ser rico, lo tercero,
sin conseguir con fraudes el dinero;
lo cuarto, sin testigos,
pasar la juventud con los amigos.

2. De la muerte

Las fuerzas de los hombres
son débiles y flacas,
vano y ligero el pensamiento suyo,
y en una corta vida
el hombre sufre males sin medida.

A todos igualmente
la misma muerte alcanza;
nadie sortea su furor terrible,
y el malo como el bueno
es fuerza que desciendan a su seno.

Obras morales

1. Sobre la vida del hombre

No hay estabilidad en las humanas
cosas, como lo dijo el excelente
varón de Quíos, y, cual las hojas vanas

descienden volteando levemente
cayendo de las ramas elevadas,
así cae también la humana gente;

pocos estas verdades veneradas
después que las oyeron las mantienen
dentro del recto corazón guardadas,

pues la esperanza que los hombres tienen
de larga vida, el ánimo fomenta
y, porque los deleita, la sostienen.

Mientras la flor de juventud se ostenta
en el hombre, de cualquier leve cosa
su espíritu ligero se alimenta;

por la esperanza, la vejez rugosa
desprecia: ni se cuida de la muerte
ni, cuando goza de salud dichosa,

piensa en la enfermedad aguda y fuerte.
Necio de aquel que así se lo imagina,
pues ignora cuán corta y de qué suerte

será la edad de juventud benigna
y cuán breve es el tiempo concedido
a la vida del hombre que declina.

Pero tú, de estas cosas bien instruido,
cuando ya del vivir el fin se allegue,
de alborozo y de júbilo ceñido,
sufre como virtuoso el mal que llegue.

2. A Pítaco sobre la virtud

Es un asunto, Pítaco, espinoso
hallar a un hombre bueno y verdadero,
y una vez hecho, es muy dificultoso

conservar aquel hábito primero;
porque esto no es del hombre ciertamente,
sino que al dios lo debe por entero:

si algún revés le oprime de repente,
por más bueno que sea, no le es dado
mantenerse de pie contra el torrente;

por esto yo, buscando trastornado
los imposibles, pierdo la esperanza
de que el que vive en terrenal estado

disfrute de una próspera bonanza
aunque sea virtuoso eternamente.
Lo que entiendo diré con confianza:

amo al que no hace voluntariamente
el mal, y yo le alabo y recomiendo,
que a la necesidad que oprime urgente,
ni se resiste un dios, según yo entiendo.

3. Al mismo sobre el amor a la vida

Porque estimes tu vida, en ningún modo
yo te reprendo, Pítaco; la estima
aquel que no es malvado, o necio, o todo.

El que de la bondad toca la cima
sirve a su ciudad patria en gran manera;
no te reprendo ni mi voz se arrima

a la agria reprensión: la turba fiera
de los necios es grande, y cansaría
a quien el corregirlos pretendiera.

Mas, volviendo a decir lo que decía,
declaro que son buenas cuantas cosas
con la negra maldad, horrible e impía,
no mezclaran las mentes ponzoñosas.

4. Sobre la esperanza

Zeus tonante posee el fin de todo,
oh caro hijo, y todo lo gobierna
a su solo placer, arbitrio y modo.

Ni ciencia ni saber son cosa eterna
en los hombres, que duran solo un día
según le place a la deidad superna;

la esperanza, dulcísima, porfía
en presentar sus sueños lisonjeros
y mil vanos proyectos forma y cría.

El uno espera un día, el otro enteros
meses, y aquel un año se promete
gozar entre deleites placenteros;

a este antes del término acomete
la amarga muerte, y la feroz y dura
enfermedad al otro lo somete;

a cual Ares cruel dentro de la oscura
morada de la muerte lo confunde
revuelto de la guerra en la bravura,

y a tal entre las ondas bravas hunde,
privado del aliento, el mar furioso;
el que no logra que su vida abunde

de bienes, sino que triste y lloroso
pasa los días de dolores lleno,
deja la luz del sol voluntarioso.

Muy cierto es que este mísero terreno
todo lo da de amargo mal mezclado,
y al humano mortal dentro del seno

pone el dolor y la tristeza el hado.
Si se me da algún crédito, ninguno
sumiso se atormente; antes, osado,
resista su dolor fiero e importuno.

Otras obras

1. Dánae llorando en el mar

Cuando dentro del arca fabricada
por arte de maestro, horriblemente
bramaba el aire y toda perturbada
la mar sonaba en rápida corriente,
ella tocando con la mano amada
al querido Perseo, y dulcemente
aplicando llorosa al tierno hijo
sus húmedas mejillas, así dijo:

«Hijo adorado, ¡aymé!, cómo me siento
de gran dolor el corazón deshecho,
y tú en esta morada de tormento
duermes, en tanto, con sereno pecho;
clavos de bronce ciérranla sin cuento,
y negra oscuridad cubre su techo,
mas tú no temes a las olas, cuando
sobre tu seca faz están sonando;

»de los vientos el bárbaro ruïdo
desprecias y, cubierto tu semblante
de este cendal de púrpura extendido,
el peligro no ves que está delante,
que si su horror te fuera conocido,
con tierna oreja dieras al instante
un poco de atención y cederías,
tal vez, a las dolientes voces mías.

»Mas duerme, duerme niño, descuidado;
se duerma el mar y duerma el orbe entero,
que aunque tal desear sea juzgado
vano deseo, yo pretendo y quiero,
¡supremo Zeus, oh padre venerado!,
sufrir con pecho generoso y fiero,
mientras de ello algún bien al hijo venga,
cuanto rigor mi hado en sí contenga».

2. De los que murieron en las Termópilas

De los que, en muerte generosa y clara,
en las altas Termópilas cayeron
y venturosa suerte así tuvieron,
se venera el sepulcro como un ara;

no lo oscurecerá la edad avara
que todo lo consume, y los que fueron
capaces de un tal hecho, y tal pudieron,
gozan una alabanza eterna y rara;

la sacral tumba donde ahora posa
de estos varones ínclitos la llama,
que en lúgubre silencio y paz reposa,

a una jamás perecedera fama
elevará a la Grecia más gloriosa
doquiera el nombre de la patria se ama.

Epigramas

1. Epitafio a una mujer casada

Aquí la descendencia está encerrada
de quien en Grecia entre los de Hipia todos
se señaló con alma aventajada,
pues nunca supo usar de altivos modos
con el padre, el marido, los hermanos,
los hijos, ni sus próximos tiranos.

2. Para unas armas colgadas en el templo de Atenea

Estos arcos de guerra, ahora ociosos,
de Atenea en el templo ya colgados,
se han visto varias veces, vigorosos
con sangre de los persas mancillados;
de los persas, que cuando en sus fogosos
mortíferos caballos cabalgados,
en las contiendas de los hombres fieros
entran, resuenan gritos lastimeros.

3. Para la estatua de un atleta

Yo, Aristodamas, valeroso atleta,
fui en Nemea dos veces coronado,
en Olimpia logré gloria completa
y también fui en el Istmo celebrado;
y no tanto vencí con fuerza huraña
como con el ardid, con arte y maña.

4. Para un puente

Id, sacerdotes, al templo de Démeter
sin temor de las aguas invernales,
pues ya Xenocles Lidio ha construïdo
puente sobre estos rápidos raudales.

5. Acción de gracias a Afrodita

A estos se les mandó que, fervorosos,
a Afrodita invocasen en sus ruegos
ofreciéndole votos religiosos
por los valientes ciudadanos griegos,
porque no quiso que la ciudad clara
el persa sagitífero tomara.

6. Para la imagen de un atleta

En esta imagen mira y reconoce
al vencedor Teócrito en Olimpia,
que cuando joven en la lucha y carro
tuvo una soberana maestría;
hermoso siempre, aun cuando vigoroso,
en la áspera lucha se ejercita,
y de sus padres la ciudad adorna
con la corona a su valor debida.

7. Epitafio par a un cazador

¡Oh Licas, cazador de fama honrosa!,
las fieras tiemblan al fijar su planta
en tu sepulcro, y el Pelión y el Osa,
y el Citerón, do crece hierba tanta,
a las tiernas ovejas saludable,
conocen tu valor inimitable.

8. Del beber

Cuando el Bóreas veloz rápidamente,
viniendo desde Tracia, el gran costado
nevó del alto Olimpo preeminente
fatigando a cualquier desabrigado,
la vida nos cubrió benignamente;
mas quiero yo que ahora derramado
temple mi copa, que es un acto fiero
el dar vino caliente al compañero.

9. A unas mulas

Os guarde un dios, oh hijas
de caballos de tempestuosas patas.

10. De un retrato

El amor que me tenía
Praxíteles expresó:
por la imagen lo pintó
que en su corazón sentía,
y Frines en el momento
de mi cuadro el precio dio;
y así a mi retrato yo
arrojo flechas sin cuento.

11. De la mujer

No puede el hombre gozar
una cosa más preciosa
que la mujer, ni una cosa
peor puede soportar.

12. De los atenienses

Grande luz amaneció
a los atenienses cuando
Harmodio, a Hiparco matando,
a Aristogitón siguió.

13. A Sófocles

A ti, Sófocles amado,
de los poetas honor,
una uva con rigor
te dio un fin desventurado.

14. De un cuadro

Ifión de Corinto fue
quien esta imagen pintó
y en sus obras caminó
de buena Fama en buen pie,
pues las obras del pintor,
de la misma gloria y maña
que al artífice acompaña,
sacan no pequeño honor.

15. De la bacante de Escopas

¿Quién es esta que está aquí?
La bacante. ¿Quién tan bien
la adornó? Escopas. ¿Y quién
de furor la llenó así
y la puso cual se ve?
¿Baco o Escopas? Escopas fue.

Fragmentos

1.

La vana voz a los infiernos baja
y mora entre los muertos el silencio,
y de los hombres en los tristes ojos
cae un funesto y tenebroso velo;
todo sin excepción al Hades baja,
riquezas y virtud van a ese extremo
y al que más huye y resistir procura,
suele la muerte arrebatar más presto.

2.

No digas lo que puede
durar el hombre, ni lo que ser tenga,
pues todo cambia mucho más ligero
que una mosca veloz abre las alas.

3.

Es difícil hacer a un hombre bueno
y que en sus miembros todos
esté de perfección cumplido y pleno.

4.

La virtud luminosa
dicen que habita en unas altas rocas
cuya subida es recia y trabajosa;
una estéril región la cerca en torno
y nadie verla osa
sino aquel que, en retorno
de extenuados sudores
y penas interiores,
logra llegar a la suprema alteza
de una excelsa y sublime fortaleza.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 83)
Francisco Rodríguez Adrados. Lírica griega arcaica (somacles.files, pdf, p. 243)
Bernardo Berruecos Frank. Poesía arcaica griega (unam.mx, pdf, p. 13)
Susana Aguirre. Simónides de Ceos: ecos de su “yo” en sus fragmentos (unlp.edu.ar)

Íbico

Dos poemas


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Odas

1. De sí mismo

En el huerto sagrado
de las vírgenes claras
florecen en verano los membrillos,
regados del arroyo apresurado,
las vides por su lado
con las hojas avaras
encubren de sus pámpanos los brillos
y prestan olorosas sombras caras.

Aquí el amor sañudo
ni duerme ni reposa
en hora alguna del alegre día,
y aquí fue donde aprisionarme pudo
con insoluble nudo
en mi edad más gozosa
cuando, ardiendo, con ímpetu venía
saliendo de Afrodita poderosa.

2. A Euríalo

A ti, sin duda alguna,
Euríalo feliz, guarda cuidoso
de las Gracias amables
de garzos ojos, de cabello hermoso,
te educaron a una,
mullido entre las rosas agradables,
Afrodita dorada
y la de blandos ojos, tierna Suada.

__________
Suada o Suadela es el nombre latino de Peito, hija de Afrodita y diosa de la seducción.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 73)
Francisco Rodríguez Adrados. Lírica griega arcaica (somacles.files, pdf, p. 223)

Alcmán

Poemas


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Odas

1. A Calíope

Calíope, dulce Musa,
de Zeus la nacida,
principio de las plácidas canciones
que todo el orbe usa:
con un himno sonoro,
en hermosas razones
celebra embebecida
al puro amor y al delicado coro
donde este tierno dios mora y anida.

2. De sí mismo

A mí, el amor süave
por voluntad de la potente diosa
que en Chipre manda grave,
destilando preciosa
dulcísima ambrosía
me alegra, y regocija el alma mía.

3. A Afrodita

Murió tu Adón amado,
gran reina de Citera.
En nuestra pena fiera,
¿qué podrá hacer el pecho acongojado?
Llorad, ninfas hermosas;
despedazad las túnicas preciosas.

Epigrama

De Megalostrata

La roja Megalostrata
puso a la virgen sagrada,
de la Musa delicada,
este don, sencilla y grata.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 31)
Francisco Rodríguez Adrados. Lírica griega arcaica (somacles.files, pdf, p. 127)

Erina de Telos

Dos poemas


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Oda. A Roma

Salve, gran hija del ardiente Ares,
Roma que ciñes bélica corona
y del Olimpo en el erguido alcázar
vives y moras.

Te dio a ti sola la caduca Parca
la regia vara de ignominias horra,
y de suprema potestad el cetro
te dio a ti sola.

Tú con robustas ataduras ligas
del mar la espalda, y de la tierra toda,
y de los pueblos el seguro estado
guardas, oh Roma.

La edad ligera, que la humana vida
turba y conmueve y todo lo trastorna,
te da buen viento; ni en tu gran fortuna
rápida toca,

porque tú sola entre la humana estirpe
gente produces fuerte y valerosa
y hombres procreas mucho más que espigas
Démeter colma.

__________
Esta traducción de los hermanos Canga Argüelles es un despropósito. ¿Cómo podría una poetisa griega del siglo IV (o quizá VI) a. C. haber escrito una oda a Roma, apenas una pujante ciudad en esos tiempos que no comenzó a hacerse notar en el Mediterráneo hasta el III a. C.? A continuación la traducción de Marcelino Menéndez Pelayo, que tiene más sentido. La diosa de la Fuerza sería Bía.

A la diosa de la Fuerza

Hija de Ares, belicosa Fuerza:
mitra de oro tus cabellos ciñe:
diosa potente, en la estrellada cumbre
moras de Olimpo.

Salud, oh reina: concedió a ti sola
poder inmenso la vetusta Parca
para que el cetro universal temido
rija tu mano,

y tú encadenas con robustos lazos
mares y tierras al imperio tuyo
y así dominas, de temor segura,
pueblos y reyes.

El tiempo mismo, que ligero vuela
y corta el hilo de la humana vida,
no te conmueve y al tocarte exhala
plácido aliento,

porque tú sola los varones crías
armipotentes en la lid sañosa
como de espigas Démeter fecunda
cubre los campos.

Epigrama. A Prometeo

Esta imagen, Prometeo,
tierna mano la pintó,
y excediéndose al deseo
la hizo tal, que para estar
en ella Agazarkis, no
le falta ya más que hablar.

__________
Más que a Prometeo, el epigrama está dedicado a un retrato de una chica llamada Agazarkis, o Agazarchis. La mención a Prometeo viene de que la autora compara la habilidad del pintor a la del mismo Prometeo.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google)
A la diosa de la Fuerza. Poeta líricos griegos (cdigital.dgb.uanl.mx. pdf, p. 309)
José Vara Donado. Notas sobre Erina

Safo

Poemas y fragmentos


Traducción de Joseph Canga Argüelles y Bernabé Canga Argüelles publicada en Madrid en 1797.

Odas

1. A Afrodita

Sacra Afrodita, cuyo santo numen
en varios pueblos tiene incienso y aras,
hija de Zeus, y de amorosas tramas
dulce maestra,

te ruego yo que no me des tormento
con duros males, con mortal tristeza:
tú, que atendiste alguna vez la ardiente
súplica mía,

y abandonando la dorada casa
de tu gran padre, desde el alto asiento
a mis amores descender soliste
blanda y afable,

sentada, ¡aymé!, sobre un brillante carro,
del cual tiraban delicadas aves
que hendían el aire con las negras alas
rápidamente;

y tú bañada de una afable risa
me preguntabas por mi mal, piadosa,
y por qué tanto fervorosamente
yo te llamaba,

por qué tan triste en mi dolor gemía,
a quién tentaba enamorar, y quiénes
mal me trataban: «Dime quién te agravia,
mísera Safo,

que si te huye, volverá al momento,
dará regalos, lejos de admitirlos,
y amará luego, si de amor no siente
cándida llama».

Ven, pues, ahora, y compasiva acorre;
líbrame ya de los cuidados graves,
y favorece los ardientes votos
de este mi ruego.

2. De sí misma

Igual a un dios se me parece en todo
aquel mortal que, junto a ti sentado,
de cerca escucha cómo dulcemente
hablas y cómo

dulce te ríes; lo que a mí del todo
dentro del pecho el corazón me abrasa,
y un recio nudo en la garganta asido
muda me deja.

Se ata la lengua y por las venas corre
rápido fuego que me enciende y quema,
pierdo la vista, y mis oídos luego
dentro me zumban;

toda yo tiemblo, de sudor helado
toda me cubro y desfallezco. Entonces,
pálido el rostro y sin aliento, casi
muerta parezco.

3. A Afrodita

Ven, Afrodita, poderosa en Chipre,
propicia ven, y favorable entre estos
huéspedes caros, huéspedes, ¡oh diosa!,
míos y tuyos;

ven a libar el agradable néctar
y a derramar en los dorados vasos
vino mezclado con pequeñas rosas
plácidamente.

4. A sí misma

Mísera Safo, tú yacerás muerta
y tu memoria morirá contigo,
ni ya tu frente ceñirá de Pieria
rosa cogida:

irás al Hades, de la luz privada,
y nadie ya te mirará, mezquina,
cuando te lleve a los oscuros manes
rápido vuelo.

5. De la rosa

Si a las hermosas, apacibles flores
tal vez monarca Zeus quisiera dar,
para este cargo, la encendida rosa
fuera elegida.

Ella es el dije de la madre tierra,
ella es la gloria de las plantas todas;
como a sus ojos la aman, y la quieren
ramas y flores.

De verdes hojas coronada ostenta
toda su pompa y vanidad süave,
y en su oloroso y delicado cáliz
céfiro ríe.

Cantilenas

1. De sí misma

La luna luminosa
huyó con las Pléyades,
la noche silenciosa
ya llega a la mitad;

la hora pasó y en vela,
sola en mi lecho, en tanto,
suelto la rienda al llanto
sin esperar piedad.

2. Del amor

Amor que el pecho mío
continuamente agita
es dulce y es impío
y es más que una avecita,
volátil y ligero.
¡Ay!, ¿de su dardo fiero

quién consiguió victoria?
Renueva, amada mía,
renueva la memoria
de cuando Atis ardía,
tu dulce amor odiaba
y a Andrómeda estimaba.

3. A la Noche

Contigo, Noche amable,
vienen todas las cosas;
viene el vino agradable,
las cabras presurosas
también vienen gozosas,
y la tierna doncella
torna a su madre bella.

Cantilena 4. De sí misma

Amo el brillante lujo,
amo las cosas bellas,
y el esplendor y el fasto
mi corazón desea.

Epigramas

1. De Menisco

El mísero Menisco ha dedicado
a Pélagon un remo y una nasa
en monumento de la vida escasa
de todo pescador infortunado.

2. Epitafio a Tímadis

Yace aquí la ceniza recogida
de Timas infeliz, que al negro y feo
tálamo de Perséfone admitida
se vio, antes de cumplir el himeneo.
Sus mejores amigas se han raído
del todo la brillante cabellera
movidas de su suerte lastimera.

Fragmentos

1.

Yo te conjuro, por la amistad nuestra,
que escojas otra de más pocos años,
pues yo, que mucho con la edad te excedo,
nada te sirvo.

2.

¡Alba Afrodita!, dulce madre mía,
el tierno amor del adorado joven
toda me vence, y en mis dulces ansias
dejo la tela.

3.

Yerno feliz, ya coronó Himeneo
de tus deseos el ardor sublime,
y la doncella que quisiste tanto
ya la posees.

4.

Pónteme al frente, amigo,
y tierno y amoroso
despliega, ¡aymé!, despliega
la gracia de tus ojos.

5.

Con la suave Afrodita,
en delicioso lecho,
dormí entre frescas rosas;
dormí amorosos sueños.


Joseph y Bernabé Canga Argüelles. Obras de Sapho, Erinna, Alcman… (books.google, p. 23)
Francisco Rodríguez Adrados. Lírica griega arcaica (somacles.files, pdf, p. 336)

Safo

Trece poemas reconstituidos


Traducción de Manuel Fernández-Galiano (Se han suprimido los paréntesis que indican las restituciones del traductor para facilitar la lectura).

1.

Inmortal Afrodita, la florida,
artera hija de Zeus, te lo suplico,
no atormenten mi espíritu, señora,
penas ni angustias,

mas ven aquí, como también antaño
unciste tu áureo carro y de la casa
de tu padre saliste al escuchar
mi voz lejana;

llevábante unos ágiles gorriones
hacia la negra tierra desde el cielo
y el veloz movimiento de sus alas
pronto te trajo;

y tú, bendita diosa, sonreías
con tu faz inmortal y preguntabas
qué me ocurre otra vez, por qué de nuevo
vuelvo a invocarte

y qué es lo que deseo que suceda
a mi alma loca. «¿A quién persuadir debo
a que acepte tu amor? ¿Quién mal contigo,
Safo, se porta?

Porque, si hoy huye, pronto irá tras ti;
si regalos no acepta, ya lo hará;
y, si hoy no te ama, pronto te amará
aunque no quiera».

Ven también ahora a mí, de mis congojas
crueles sálvame y haz lo que mi ánimo
cumplido quiere ver y así tú misma
sé mi aliada.

2.

Ven a mí desde Creta; ven al sacro
recinto donde un grato bosquecillo
de manzanos se eleva y en las aras
arde el incienso.

Canta aquí el agua fresca por las ramas
del manzanar; sombrean los rosales
el lugar todo y, al temblar las hojas,
sopor difunden.

Aquí florecen lirios en el prado
que apacienta corceles; los eneldos
exhalan en la noche deleitable
su hálito dulce.

Cíñete aquí las ínfulas, ¡oh, Cipris!,
y en las doradas copas tiernamente,
mezclado con delicias, el divino
néctar escancia.

5 y 15.

iOh, Cipris y Nereidas, a mi hermano
inmune devolvedme y que aquí llegue
y cuanto su alma quiere ver logrado
todo se cumpla!

Que expíe sus pecados de antes; sea
goce de sus amigos y tormento
para sus enemigos, que ojalá
no los tengamos;

partícipe a su hermana quiera hacer
del honor que reciba y se terminen
del todo las amargas inquietudes
que le apenaban;

cuando escuche la hostil habladuría
de sus conciudadanos, baladíes
como grano de mijo le parezcan
tales palabras.

¡Sedle propicias, hijas de Nereo,
y tú, Cipris excelsa, de tus iras
olvídate contra él y del mal líbrale!
Mas, si recae,

que acerba, Cipris, te halle y que no pueda
jamás jactarse Dórica de que él
a su amor deseable retornó
por vez segunda.

16.

Lo mejor de la tierra dicen unos
que es una grey de infantes y jinetes
o una flota de naves, mas yo creo
que es lo que se ama.

Y esto es fácil que todos lo comprendan:
Helena, a la que nadie aventajaba
en belleza, al mejor de los maridos
dejó, y a Troya

se fue por mar sin acordarse nada
de su hija y de sus padres bienamados,
pues a amar a Alejandro la arrastraba
Cipris divina,

que es hábil la mujer cuando se trata
de realizar sus frívolos deseos.
Esto ahora hacia Anactoria, que está ausente,
mi mente lleva:

preferiría ver su andar gracioso
y el expresivo brillo de su faz
a los carros de guerra de los lidios
y tropa armada.

17.

Cerca de mí aparezca mientras oro
tu graciosa figura, Hera divina,
cuyo culto instauraron los ilustres
reyes Atridas,

que, habiendo realizado grandes gestas
primero en Troya y luego en el mar cuando
de allí vinieron, terminar su viaje
no conseguían

hasta que a ti invocaron y al Antieo
Zeus y al dulce retoño de Tione.
Ahora también propicia ante mí acude
según el rito

tradicional; es puro y consagrado
te está este coro virginal que acude
a tu recinto y danza rodeando
tu bella imagen.

Clemente muéstrate, te lo pedimos,
y, si otras veces auxiliar supiste
nuestra cuita, haz que incólume nos llegue
la que esperamos.

20.

Diosa que habitas la chipriota Pafo,
danos, ¡oh, Cipris bienaventurada!,
la visión de tu gloria y haz que ahora
llegar podamos

con propicia fortuna hasta la orilla
y sentirnos seguros en el puerto
y pisar otra vez la tierra negra,
madre de todos,

pues hay gran tempestad y ya los nautas
luchar no quieren contra los ingentes
vientos y hacia la costa este navío
no se encamina.

21.

Penosa es ya mi edad y a piedad mueven
mis miembros temblorosos y el cabello
que fue negro y es blanco y cuantos males
la vejez trae.

Ella arruga mi piel toda y mi mente
rodea de temores y pesares;
voló ya aquel Amor que cuerpos jóvenes
busca ahora sólo.

Pero aun la noble Cipris me acompaña.
Toma la dulce péctide, Girino,
y canta para mí a la diosa ornada
de violas en su seno.

22.

Yo, Abántide, te ruego que, tomando
la péctide, de Góngila nos cantes
y su añoranza que revolotea
en torno a tu alma.

Sólo el ver su vestido, bella niña,
loca de amor te puso; y yo me alegro,
pues reprochóme un día Ciprogenia
misma que suelo

pedirle que me dé nuevos amores.
Eso es verdad, pero también deseo
que sepa que es constante entre nosotras
el sentimiento.

23.

Cada vez que te miro cara a cara
me parece que en nada comparable
eres a Hermione y a Helena la rubia,
si es permitido

equiparar a humanos con los dioses,
no me parece impropio el igualarte;
sábelo bien, tu corazón lo guarde;
todas mis penas

pueda olvidar; no vea ya la orilla
del Aqueronte, que el rocío baña,
mas la pradera en que la entera noche
juntas cantemos.

24 a.

Cuando a la edad lleguéis que ahora yo tengo,
recordaréis sin duda dulcemente
todo aquello que, siempre con vosotras,
de joven hice.

Fue bueno y bello cuanto allí gozamos;
la ciudad se llenó de nuestros coros;
de flores y perfumes rodeadas
amar supimos.

27.

A ti acudimos, madre de estas bellas
muchachas tan amadas por nosotras,
cuyo canto sonoro muchas veces
fue mi deleite.

También tú antaño fuiste tierna niña
que cantó con dulzura; de ello acuérdate
y amablemente este favor concédenos
que te pedimos.

Pues vamos a una boda, bien lo sabes;
salir deja en seguida a estas muchachas;
los dioses el servicio en que les honras
tengan en cuenta;

no hay camino ni fácil ni difícil
que a los mortales lleve al gran Olimpo,
pero el hacer felices a los hombres
a él nos acerca.

30 y 34.

Los astros que rodean a la hermosa
luna su brillo han de ocultar cuando ella
en su redonda plenitud la tierra
toda ilumina.

A su luz las muchachas hoy pasamos
la noche toda entera celebrando
tu amor y el de la novia que con violas
su pecho adorna.

Despiértate, muchacho, corre, trae
aquí a tus camaradas y que sea
nuestro sueño más corto que el del ave
de voz sonora.

31.

Que es igual a los dioses me parece
el hombre que a tu vera está sentado
y tu hablar dulce y risa silenciosa
oye de cerca;

ello hace que en mi pecho el corazón
se pare; porque, al verte solamente
un momento, la voz no me obedece
y se me traba

en silencio la lengua y un sutil
ardor corre debajo de mi piel,
no ven mis ojos, mis oídos zumban
y un sudor frío

mi cuerpo todo invade, y un temblor,
y me pongo más verde que la yerba
y creo enteramente que a morirme
voy en seguida.

Pero todo tendrás que soportarlo,
pues ha de ser así. Siempre supiste,
Safo, que al claro sol sucedería
la negra noche.


Manuel Fernández-Galiano. Trece poemas reconstituidos del Libro I (interclassica.um.es)