José Régio

Fado portugués


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El Fado nació un día,
cuando el viento mal corría
y el cielo el mar prolongaba,
en la amura de un velero,
del pecho de un marinero
que, estando triste, cantaba,
que, estando triste, cantaba.

«Ay, qué belleza tamaña,
mi huerto, el monte, mi val,
de hojas, flores, frutas de oro,
ve si ves tierras de España,
las playas de Portugal,
mirando cegado en lloro».

De boca de un marinero
del frágil barco velero,
muere la canción penada,
dice el deseo pungente
del labio en besos ardiente
que besa el aire, y no hay nada,
que besa el aire, y no hay nada.

«Madre, adiós. Adiós, María.
Guarda bien en tu sentido
lo que éste aquí te jura:
que o te llevo a la vicaría,
o fue que Dios ha querido
darme en el mar sepultura».

He aquí que aun otro día,
cuando el viento ni corría
y el cielo el mar prolongaba,
a proa de otro velero
velaba otro marinero
que, estando triste, cantaba,
que, estando triste, cantaba.
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Nota
Los versos “ve si ves tierras de España,/ las playas de Portugal” (vê se vês terras de Espanha,/ areias de Portugal) pertenecen al Romance de la nao Catrineta, uno de los más populares del romancero portugués.

José Régio. Fado português
Amália Rodrigues – Fado português (youtube)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Fado português

O Fado nasceu um dia,
quando o vento mal bulia
e o céu o mar prolongava,
na amurada dum veleiro,
no peito dum marinheiro
que, estando triste, cantava,
que, estando triste, cantava.

Ai, que lindeza tamanha,
meu chão, meu monte, meu vale,
de folhas, flores, frutas de oiro,
vê se vês terras de Espanha,
areias de Portugal,
olhar ceguinho de choro.

Na boca dum marinheiro
do frágil barco veleiro,
morrendo a canção magoada,
diz o pungir dos desejos
do lábio a queimar de beijos
que beija o ar, e mais nada,
que beija o ar, e mais nada.

Mãe, adeus. Adeus, Maria.
Guarda bem no teu sentido
que aqui te faço uma jura:
que ou te levo à sacristia,
ou foi Deus que foi servido
dar-me no mar sepultura.

Ora eis que embora outro dia,
quando o vento nem bulia
e o céu o mar prolongava,
à proa de outro veleiro
velava outro marinheiro
que, estando triste, cantava,
que, estando triste, cantava.


El amor, el tiempo y el caos

El desorden se incrementa con el tiempo porque nosotros medimos
el tiempo en la misma dirección en la que se incrementa el desorden.

Stephen Hawking

Nunca, aquí, mañana o lejos
mira el tiempo su momento
abstrayéndose avariento
un segundo en los espejos;

lejos, hoy, jamás o cerca
gira el tiempo en un segundo
abstraído en lo profundo
del instante que se acerca;

cerca, ayer, tal vez o nunca
vira el tiempo cada instante
abstrayendo el caos ante
el momento que se trunca.
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ēgm. 2020

Apuesta segura

(De la cuasi-trivialidad de la segunda ley de la termodinámica según S. Hawking)

Con el tiempo
—que en los limos
nos acecha—
siempre el caos,
día a día,
solo aumenta

porque el tiempo
lo medimos
en la flecha
donde el caos
—la entropía—
se incrementa.
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ēgm. 2020

“Nuestro sentido subjetivo de la dirección del tiempo, la flecha psicológica del tiempo, está determinado por tanto dentro de nuestro cerebro por la flecha termodinámica del tiempo. Exactamente igual que un ordenador, debemos recordar las cosas en el orden en que la entropía aumenta. Esto hace que la segunda ley de la termodinámica sea casi trivial. El desorden aumenta con el tiempo porque nosotros medimos el tiempo en la dirección en la que el desorden crece. ¡No se puede hacer una apuesta más segura que ésta!”
Stephen Hawking, Historia del Tiempo
PDF, p. 132

Desplome térmico

De madrugada repintan las líneas
blancas y los pasos de peatones
de las calles sin tráfico y yo vuelvo

a la playa con mi fusil de asalto,
me siento en la arena, apoyo la espalda
en el muro del paseo y espero

a que mis fantasmas vayan brotando
de las profundidades del océano
—en el sueño de un diente de león—,

disparo cuando debo disparar,
y ha sido un buen minuto: por ahora
ni cedo ni me oriento en mi desnorte:

la filosofía del pescador
furtivo empapado antes del alba,
como la del mariscador noctívago

que va en busca de sus nasas perdidas
por los bares de la costa —reflejos
de luces rojas junto a la autopista—,

nunca transgreden los concisos límites
de la banalidad establecida
—oh floración de las palabras liana—,

hasta que todos los conflictos quedan
nada más que en medidos compromisos,
algunas explosiones controladas

en tu campo de minas —considéralo—,
al relente escuchaba a una gaviota
que chiaba acedamente, ave aciaga,

pero ha pasado el otoño y advierte
el parte meteorológico que
se avecina un serio desplome térmico:

encláustrate en tu castillo, reclúyete
hasta el advenimiento irrevocable
de la radiante primavera eterna,

liquen mi alimento, y cianobacterias,
y tú la resurrección de la carne
en el sueño del diente de león,

no seas tan poética, bonita,
todo está ya demasiado podrido:
hay que acelerar el cambio climático:

dejemos de jugar con el azar,
multipliquemos el daño por diez
y acabemos con esto de una vez,

quememos la tierra, ahoguemos el mar,
porque ahora es la hora de morder
la mano que nos daba de comer,

y que esta mierda se vaya a la mierda:
las nieblas de la duna, las llamadas
de las hadas, los besos de la luna,

corales que son huesos gangrenados
y perlas que jamás serán los ojos
de un rey, escucha el grito de las aves:

los que tienen hambre se saciarán
de podredumbre, los que tienen sed
se atiborrarán de ponzoña, y tú,

que buscas la verdad y la belleza,
sigue —pasa de largo— tu camino:
aquí no encontrarás la redención.

Pintan de madrugada en la autopista
confusos manchones serpenteantes;
las chicas beben solas bajo las luces rojas.

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ēgm. 2020

Basil Bunting

Lo que el director le dijo a Tom


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¿Poesía? Eso es una afición.
Yo tengo trenes a escala.
El señor Shaw cría palomas.

No es un trabajo. No sudas.
Nadie te lo paga.
Podrías anunciar detergente.

Arte. Eso es la ópera, o las variedades…
La canción del desierto.
Nancy estaba en el coro.

Pero pedir doce libras a la semana…
Casado, ¿verdad?
Tienes valor.

¿Cómo podrías mirar a la cara
a un conductor de autobús
si te pagara doce libras?

¿Y quién dice que eso es poesía, además?
Mi hijo de diez años
puede hacerlo, y con rima.

Yo saco tres mil más los gastos,
un coche, cheques…
Pero soy contable.

Hacen lo que les digo,
en mi empresa.
¿Y qué haces tú?

Feas palabras cortas, feas palabras largas;
no es sano.
Iré a lavarme si me encuentro a un poeta.

Son extremistas, adictos,
todos delincuentes.
Lo que tú escribes es basura.

El señor Hines lo dice, y él es maestro de escuela,
tiene que saberlo.
Vete y busca trabajo.
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Basil Bunting. What the Chairman Told Tom
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

What the Chairman Told Tom

Poetry? It’s a hobby.
I run model trains.
Mr. Shaw there breeds pigeons.

It’s not work. You dont sweat.
Nobody pays for it.
You could advertise soap.

Art, that’s opera; or repertory–
The Desert Song.
Nancy was in the chorus.

But to ask for twelve pounds a week–
married, aren’t you?–
you’ve got a nerve.

How could I look a bus conductor
in the face
if I paid you twelve pounds?

Who says it’s poetry, anyhow?
My ten year old
can do it and rhyme.

I get three thousand and expenses,
a car, vouchers,
but I’m an accountant.

They do what I tell them,
my company.
What do you do?

Nasty little words, nasty long words,
it’s unhealthy.
I want to wash when I meet a poet.

They’re Reds, addicts,
all delinquents.
What you write is rot.

Mr. Hines says so, and he’s a schoolteacher,
he ought to know.
Go and find work.


José Régio

El amor y la muerte
Canción cruel
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Cuerpo de ansia,
yo soñé que te postraba
y te enlazaba
¡a mis músculos!

Ojos de éxtasis,
soñé que en vosotros bebía
melancolía
¡de otra época!

Boca voraz,
rosa brava,
soñé que te deshojaba
¡pétalo a pétalo!

Senos rígidos,
yo soñé que os mordía
hasta que sentía
¡vómitos!

Vientre marmóreo,
yo soñé que te apuraba
y agotaba
¡como a un cáliz!

Piernas de estatua,
yo soñé que os abría,
en fantasia,
¡como pórticos!

Pies de sílfide,
yo soñé que os quemaba
en la lava
¡de estas manos ávidas!

Cuerpo de ansia,
¡voluptuosa flor sin ley!
¡No te apagues, sueño, mátame
como soñé!
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José Régio. O amor e a morte
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

O amor e a morte
Canção cruel

Corpo de ânsia.
Eu sonhei que te prostrava,
E te enleava
Aos meus músculos!

Olhos de êxtase,
Eu sonhei que em vós bebia
Melancolia
De há séculos!

Boca sôfrega,
Rosa brava
Eu sonhei que te esfolhava
Pétala a pétala!

Seios rígidos,
Eu sonhei que vos mordia
Até que sentia
Vómitos!

Ventre de mármore,
Eu sonhei que te sugava,
E esgotava
Como a um cálice!

Pernas de estátua,
Eu sonhei que vos abria,
Na fantasia,
Como pórticos!

Pés de sílfide,
Eu sonhei que vos queimava
Na lava
Destas mãos ávidas!

Corpo de ânsia,
Flor de volúpia sem lei!
Não te apagues, sonho! mata-me
Como eu sonhei.


Ay, los ríos

Cual las lluvias a los ríos
y los ríos van al mar
para morir

tal me arrastran los bravíos
remolinos del azar
y el devenir

y allá van mis desvaríos
derechos a se acabar
y consumir,

tal se van los sueños míos
directos a naufragar
y sucumbir.

Nuestras vidas —¡ay!—, los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.

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ēgm. 2020