Páramos

Donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.
G. A. Bécquer, Rima LXVI

Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora.
L. Cernuda, Donde habite el olvido

.
A donde habita el olvido,
donde se alza la antigua
negra piedra solitaria
sobre el páramo terrífico;

donde se enzarza el olvido,
en la bruma remordida
de los recodos del tiempo
y las cimas del vacío;

donde se oculta el olvido,
entre los yermos jardines
sin aurora ni confines
en los senos de los siglos;

donde se hiela el olvido,
en la gran región desierta
del amor enarenado
en revueltos laberintos

donde se herrumbra el olvido;
a allá donde lato y vibro,
o acá, lejos,
donde olvido mi extravío…

a donde huye el olvido
huiré conmigo.

.


ēgm. 2019
Revisión del poema publicado en Luz de invierno en octubre de 2010

Romance del Infante Henryques

Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.
Romance del conde Arnaldos
.

¡Quién hallara tal ventura
en las orillas del Sar
cual halló el Infante Henryques
una mañana sin par!

Yendo a recoger castañas
para asarlas en su lar
vio llegar una morena
que el río quiere pasar.

Las faldas trae de seda,
de azabache su collar;
sus labios, moras de zarza,
los ojos, algas del mar.

Mientras sonríe encantada
cantando viene un cantar
que la lluvia pone en calma,
al viento lo hace amainar;

a las aves de los cielos
las hace a tierra posar
y a los peces de lo hondo
los hace arriba asomar…

Allí habló el Infante Henryques,
el de ventura sin par:
«¡Por mi vida, moreniña,
canta otra vez tu cantar!»

Le respondió la rapaza,
tal respuesta le fue a dar:
«¡Solo canto mi cantiga
a quien me sabe besar!»
.


ēgm. Santa Rosa, Barcelona, mayo de 2009
Publicado originalmente en Poesía y otras zarzas el 11 de enero de 2011
Romance del infante Arnaldos

Gherasim Luca

Su cuerpo ligero


.
Su cuerpo ligero
¿es el fin del mundo?
es un error
es una delicia resbalando
entre mis labios
cerca del hielo
pero el otro pensaba:
es tan solo una paloma que respira
en cualquier caso
allí donde yo estoy
algo está sucediendo
en una posición delimitada en la tormenta

Cerca del hielo es un error
allí donde yo estoy es tan solo una paloma
pero el otro pensaba:
algo está sucediendo
en una posición delimitada
resbalando entre mis labios
¿es el fin del mundo?
es una delicia en cualquier caso
su cuerpo ligero respira en la tormenta

En una posición delimitada
cerca del hielo que respira
su cuerpo ligero resbalando entre mis labios
¿es el fin del mundo?
pero el otro pensaba: es una delicia
algo está sucediendo en cualquier caso
en la tormenta es tan solo una paloma
allí donde yo estoy es un error

¿Es el fin del mundo que respira
su cuerpo ligero? pero el otro pensaba:
allí donde yo estoy cerca del hielo
es una delicia en una posición delimitada
en cualquier caso es un error
algo está sucediendo en la tormenta
es tan solo una paloma
resbalando entre mis labios

Es tan solo una paloma
en una posición delimitada
allí donde yo estoy en la tormenta
pero el otro pensaba:
¿qué respira cerca del hielo
es el fin del mundo?
en cualquier caso es una delicia
algo está sucediendo
es un error
resbalando entre mis labios
su cuerpo ligero
.


Gherasim Luca. Son corps léger
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Son corps léger

Son corps léger
est-il la fin du monde?
c’est une erreur
c’est un délice glissant
entre mes lèvres
près de la glace
mais l’autre pensait :
ce n’est qu’une colombe qui respire
quoi qu’il en soit
là où je suis
il se passe quelque chose
dans une position délimitée par l’orage

Près de la glace c’est une erreur
là où je suis ce n’est qu’une colombe
mais l’autre pensait :
il se passe quelque chose
dans une position délimitée
glissant entre mes lèvres
est-ce la fin du monde?
c’est un délice quoi qu’il en soit
son corps léger respire par l’orage

Dans une position délimitée
près de la glace qui respire
son corps léger glissant entre mes lèvres
est-ce la fin du monde?
mais l’autre pensait : c’est un délice
il se passe quelque chose quoi qu’il en soit
par l’orage ce n’est qu’une colombe
là où je suis c’est une erreur

Est-ce la fin du monde qui respire
son corps léger? mais l’autre pensait :
là où je suis près de la glace
c’est un délice dans une position délimitée
quoi qu’il en soit c’est une erreur
il se passe quelque chose par l’orage
ce n’est qu’une colombe
glissant entre mes lèvres

Ce n’est qu’une colombe
dans une position délimitée
là où je suis par l’orage
mais l’autre pensait :
qui respire près de la glace
est-ce la fin du monde?
quoi qu’il en soit c’est un délice
il se passe quelque chose
c’est une erreur
glissant entre mes lèvres
son corps léger


Vinícius de Moraes

La mirada hacia atrás


.
Aunque surgiera una mirada de piedad o de amor,
aunque hubiera una mano blanca que apaciguara mi frente palpitante…
yo estaría siempre como un cirio quemando hacia el cielo mi fatalidad
sobre el cadáver aún tibio de este pasado adolescente.

Tal vez en el espacio perfecto apareciera una visión desnuda
o tal vez la puerta del oratorio fuera abriéndose misteriosamente…
yo seguiría olvidado, palpando suavemente la cara del hijo muerto,
roto por el dolor, llorando sobre su cuerpo insepultable.

Tal vez de la carne del hombre postrado se viera salir una sombra igual a la mía
que amara las golondrinas, los senos vírgenes, los perfumes y los lirios de la tierra,
tal vez… pero todas las visiones estarían también flotando en mis lágrimas
y serían como óleo sagrado y como pétalos derramándose sobre la nada.

Alguien gritaría a lo lejos: «¡Cuántas rosas nos ha dado la primavera…!»
Yo miraría vagamente el jardín lleno de sol y de colores nuevos entrelazándose,
tal vez incluso mi mirada siguiera desde la flor el rápido vuelo de un pájaro,
pero bajo mis dedos vivos estarían su boca fría y sus luminosos cabellos.

Rumores llegarían a mí, distintos como pasos en la madrugada.
Una voz cantó, ¡era la hermana, era la hermana vestida de blanco!
—su voz es fresca como el rocío…— Bésame en la mejilla, hermana vestida de azul,
¿por qué estás triste? ¿también te ha dado la vida el velar un pasado?

Volvería el silencio —sería una quietud de nave en Viernes Santo—,
en una ola de dolor yo tomaría la pobre cara en mis manos angustiadas,
atendería a la brisa, diría a lo loco: «Escucha, despierta,
¿por qué me has dejado así, sin decirme quién soy?»

Y la mirada estaría ansiosa esperando
y la cabeza al sabor de la angustia temblando
y el corazón huyendo y el corazón regresando
y los minutos pasando y los minutos pasando…

Sin embargo, dentro del sol mi sombra se proyecta,
sobre las casas avanza su vago perfil taciturno,
camina, se diluye, se dobla en los escalones de las altas escaleras silenciosas
y muere cuando el placer llama a la tiniebla para la consumación de su miseria.

Es que ella va a sufrir el instante que me falta,
ese instante de amor, de sueño, de olvido,
y cuando llega, a horas muertas, deja en mi ser un cúmulo de recuerdos
que yo deshojo añorante sobre el cuerpo embalsamado del eterno ausente.

Aunque surgiera en mis manos la herida rosácea,
aunque rezumara en mi piel la sangre de la agonía…
yo diría: «Señor, ¿por qué me has elegido a mí que soy esclavo,
por qué me has llagado a mí lleno de llagas?

Aunque desde mi vacío te crearas, ángel que yo soñé de blancos senos,
de blanco vientre y blancas piernas afinadas,
aunque vibraras en el espacio donde te moldeé perfecta…
te diría: «¿Por qué has venido a darte al ya vendido?»

¡Oh, extraño humus de este ser inerme y que yo siento latente,
escurre sobre mí como luz de luna en las fuentes pobres,
embriaga mi pecho de tu aliento que es como el sándalo,
llena mi espíritu con tu sangre que es la misma vida!

Afuera, la risa de un niño: lejana infancia de la hostia consagrada.
¡Aquí estoy quemando mi eternidad junto a tu cuerpo frágil!
Sé que la muerte abrirá en mi desierto fuentes maravillosas
y voces que yo no sabía en mí lucharán contra la Voz.

Pero ahora estoy viviendo de tu llama como la cera,
el infinito nada podrá contra mí porque de mí lo quiere todo.
Él ama en tu sereno cadáver el terrible cadáver que yo sería,
el hermoso cadáver desnudo lleno de cicatrices y úlceras.

¿Quién me ha llamado? ¿tú, madre? Tu hijo sueña…
¿Recuerdas, madre, la juventud, la gran playa a la luz de la luna…?
¿Has pensado en mí, madre? Oh, todo es tan triste,
la casa, el jardín, tu mirada, mi mirada, la mirada de Dios…

Y bajo mi mano tengo la impresión de una boca fría murmurando.
Me siento ciego y miro al cielo y leo en mis dedos el mágico recuerdo.
Pasasteis, estrellas… Volvéis de nuevo arrastrando blancos velos.
Pasasteis, lunas… Volvéis de nuevo arrastrando negros velos…
.


Vinícius de Moraes. O olhar para trás
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

O olhar para trás

Nem surgisse um olhar de piedade ou de amor
Nem houvesse uma branca mão que apaziguasse mina fronte palpitante…
Eu estaria sempre como um círio queimando para o céu a minha fatalidade
Sobre o cadáver ainda morno desse passado adolescente.

Talvez no espaço perfeito aparecesse a visão nua
Ou talvez a porta do oratório se fosse abrindo misteriosamente…
Eu estaria esquecido, tateando suavemente a face do filho morto
Partido de dor, chorando sobre o seu corpo insepultável.

Talvez da carne do homem prostrado se visse sair uma sombra igual à minha
Que amasse as andorinhas, os seios virgens, os perfumes e os lírios da terra
Talvez… mas todas as visões estariam também em minhas lágrimas boiando
E elas seriam como óleo santo e como pétalas se derramando sobre o nada.

Alguém gritaria longe: — “Quantas rosas nos deu a primavera!…”
Eu olharia vagamente o jardim cheio de sol e de cores noivas se enlaçando
Talvez mesmo meu olhar seguisse da flor o voo rápido de um pássaro
Mas sob meus dedos vivos estaria a sua boca fria e os seus cabelos luminosos.

Rumores chegariam a mim, distintos como passos na madrugada
Uma voz cantou, foi a irmã, foi a irmã vestida de branco! — a sua voz é fresca como o orvalho…
Beijam-me a face — irmã vestida de azul, por que estás triste?
Deu-te a vida a velar um passado também?

Voltaria o silêncio — seria uma quietude de nave em Senhor Morto
Numa onda de dor eu tomaria a pobre face em minhas mãos angustiadas
Auscultaria o sopro, diria à toa — Escuta, acorda
Por que me deixaste assim sem me dizeres quem eu sou?

E o olhar estaria ansioso esperando
E a cabeça ao sabor da mágoa balançando
E o coração fugindo e o coração voltando
E os minutos passando e os minutos passando…

No entanto, dentro do sol a minha sombra se projeta
Sobre as casas avança o seu vago perfil tristonho
Anda, dilui-se, dobra-se nos degraus das altas escadas silenciosas
E morre quando o prazer pede a treva para a consumação da sua miséria.

É que ela vai sofrer o instante que me falta
Esse instante de amor, de sonho, de esquecimento
E quando chega, a horas mortas, deixa em meu ser uma braçada de lembranças
Que eu desfolho saudoso sobre o corpo embalsamado do eterno ausente.

Nem surgisse em minhas mãos a rósea ferida
Nem porejasse em minha pele o sangue da agonia…
Eu diria — Senhor, por que me escolheste a mim que sou escravo
Por que me chagaste a mim cheio de chagas?

Nem do meu vazio te criasses, anjo que eu sonhei de brancos seios
De branco ventre e de brancas pernas acordadas
Nem vibrasses no espaço em que te moldei perfeita…
Eu te diria — Por que vieste te dar ao já vendido?

Oh, estranho húmus deste ser inerme e que eu sinto latente
Escorre sobre mim como o luar nas fontes pobres
Embriaga o meu peito do teu bafo que é como o sândalo
Enche o meu espírito do teu sangue que é a própria vida!

Fora, um riso de criança — longínqua infância da hóstia consagrada
Aqui estou ardendo a minha eternidade junto ao teu corpo frágil!
Eu sei que a morte abrirá no meu deserto fontes maravilhosas
E vozes que eu não sabia em mim lutarão contra a Voz.

Agora porém estou vivendo da tua chama como a cera
O infinito nada poderá contra mim porque de mim quer tudo
Ele ama no teu sereno cadáver o terrível cadáver que eu seria
O belo cadáver nu cheio de cicatriz e de úlceras.

Quem chamou por mim, tu, mãe? Teu filho sonha…
Lembras-te, mãe, a juventude, a grande praia enluarada…
Pensaste em mim, mãe? Oh, tudo é tão triste
A casa, o jardim, o teu olhar, o meu olhar, o olhar de Deus…

E sob a minha mão tenho a impressão da boca fria murmurando
Sinto-me cego e olho o céu e leio nos dedos a mágica lembrança
Passastes, estrelas… Voltais de novo arrastando brancos véus
Passastes, luas… Voltais de novo arrastando negros véus…


Eugène Savitzkaya

A horcajadas


.
A horcajadas
mi princesa, a horcajadas
va el caballero en su cabalgada
un huevo a la derecha
y el otro a la izquierda
a horcajadas
sobre la pelvis
una pierna por un lado
y la otra por el otro
ella cabalga con
los labios en la crin, el pelo
el cuero, la piel
del párpado
galopando sobre la polla
a lomos
del coño
a horcajadas
el palomo sobre su paloma
el domador
la fiera doma
ahorcajados
.


Eugène Savitzkaya. A califourchon
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

A califourchon

A califourchon
ma princesse, à califourchon
va le cavalier sur sa cavale,
une couille du côté droit
une du côté gauche
à califourchon
sur le pelvien
une jambe d’un côté
l’autre de l’autre
la cavalière et
les lèvres au crin, aux poils
au cuir, à la peau
de paupière
enfourchée la bite
cofourchée
la chatte
à califourchon
le pigeon sur sa pigeonne
le matador
sur sa mignonne
cofourchons


Herberto Helder en carta al “JL”

“Agradezco a mí mismo no ser un cadáver…”


 

A propósito (y no solo…) de los textos dedicados a Herberto Helder y a sus 25 años de poesía que publicamos en nuestra última edición, el autor de La cuchara en la boca ha enviado al director del “JL”, para su publicación, el siguiente breve texto:

«Me han dicho que es difícil ser ingrato con quien muestra tenernos aprecio. A mí no me cuesta nada. Hubo un homenaje en Oporto en mi honor, en el cual no fui sentido ni hallado. No lo agradezco. Aparecieron artículos, noticias, dibujos de caras. No lo agradezco. Solo agradezco que me dejen en paz. Y le agradezco a Ud. que publique estas líneas, pocas, que no son para agradecer. Agradezco además a mí mismo no ser un cadáver, y eso, que es todo, no se lo agradezco a nadie más».

Jornal de letras, artes e ideias, nº 54, 15-28 de mazo de 1983

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