El camino

Albores, amores, ardores
que en los flujos residuales fluctúan
con heces y palabras,
sombras a la luz del huevo isotrópico

y mohos, algas y nematelmintos,
del átomo hasta el vómito,
la deflagración del infierno
en ácidas llamaradas que excretan

deidades —y otros mitos—
hinchándose cual calabazas
repletas de gusanos
donde la verdad se miente a sí misma,

es eso lo que somos,
con todo esto, todo cuanto
era nada, pero también la psique,
aunque solo un destello

en el cénit del laberinto,
la psique embaucada por el deseo,
galaxias, cosmos y universos,
con todo cuanto era,

todo lo que hemos visto,
o todo lo que hemos temido
o amado, recomido por la lluvia,
desbaratado por el viento

de cada infinito momento,
flores en los montículos
—falsos reflejos en nuestras pupilas—
de la escoria del tiempo,

jadeos y silencios
nos traerán a la oscuridad
y, perdidos, seremos solo olvido,
caminaremos solos

y encontraremos solo
—no hay otro— el camino hacia el olvido
mientras abandonamos
también nuestras almas perecederas.
.

Detritus del gran huevo subatómico
con heces y palabras
que al flujo residual confluyen
somos; y ardores, y albores, y amores.

.


ēgm. 2019

Kelli Russell Agodon

Hambre


.
Si nunca tenemos suficiente amor, tenemos
más que la mayoría. Hay perros perdidos
en nuestro barrio y coyotes salvajes, y a veces
no podemos distinguirlos. A veces no queremos.
Un día llevé a casa un coyote y le dije
a mi amante que teníamos una mascota
nueva. Hasta que se comió las gallinas. Hasta que
se comió las gallinas, los patos y el gato. A veces
cometemos errores y los llamamos coincidencias.
Dejamos la puerta abierta y después nos preguntamos
cómo fue que ese extraño acabó en nuestra casa.
Hay una mujer en nuestro bloque que cree que
cría conejitos, pero son ratas grandes sin cola.
¿Recuerdas a la esposa del granjero? ¿Recuerdas
el cuchillo de trinchar? Siempre estamos tratando
de convertir aquello que tememos en algo
hermoso. Pero incluso las ratas necesitan
comer. Incluso las ratas y los coyotes,
y los huesos en el camino podrían ser
los huesos en nuestros platos. Pedí pollo asado.
Pedí pato. A veces el amor duele. A veces
el perro perdido no quiere ser encontrado.
.


Kelli Russell Agodon. Hunger
agodon.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

William Carlos Williams

Paisaje con la caída de Ícaro


.
Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera;

un agricultor araba
su campo
—todo el esplendor

del año despertaba
hormigueante—
cerca

de la orilla del mar,
ocupado
con lo suyo,

sudando bajo el sol
que había derretido
la cera de las alas;

intrascendente
junto a la costa
hubo un chapoteo

bastante inadvertido:
era
Ícaro ahogándose.
.


William Carlos Williams. Landscape with the Fall of Icarus
Wikipedia. Paisaje con la caída de Ícaro
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

En su casa las tres brujas pelujas,

la viejuja madre con sus dos hijas
—la una guapilla y la otra astuta—,
colgaron un día de la ventana
un amuleto contra los hechizos
de las brujas pelujas repelujas
para así hacer pensar a quien pasara
ante su cuevicasa que temían
a las brujas perujas
y, por tanto, no eran ellas brujas.

El hijo repijo de la maestra,
el que tonteaba a la más guapuja
de las brujas pelujas reperujas,
se quedó contemplando el amuleto
y decidió hacerse inmediatamente
con otro igualito para ahuyentar
a las rebrujas perujas pelujas
y evitar sus hechizos,
por lo que mal pudiera suceder.

Allí en su casicueva las tres brujas,
la madre viejija con las dos hijas,
la una guapita y la otra astuta
—pero ninguna puta—,
se recosen las bragas sin agujas.
.


ēgm. 2019

 

Emilio Villa

Ahora


.
Un día la juventud, con circunspección,
abandona arbitrariamente la terminal. Así es.
Y yo recuerdo las ventanas que se iluminan en los bajos
de la avenida, y se asemejan tan profundamente a los ralos
razonamientos que haremos a punto de morir,
in artículo, con la sombra de los amigos, a flor de mente.

En verdad
no sé ya si viva entre los bajíos
aún su tibio serpenteo, hoy en día,
en provincias heladas, como un romance
bello y perenne sobre la espina dorsal, en realidad
sé que en las lágrimas lombardas, donde creímos
segarnos mutuamente, vagabundas ballenas
disipaban los velos nupciales en las riberas.

¿Y era un nombre de la alta Italia, pensándolo bien,
era un nombre esta ráfaga, que ya no osas
perseguir? ¿Y la felicidad de Occidente
se salva en Occidente?

Deshabitados ahora los senderos, y desesperando
ahora de nuestro sentimiento (y la niebla
ahora segada que nos aprieta a media vida),
deshabitados los senderos y desesperando ahora,
si la patria fuera una ciudadanía única, real,
debiera ser recordada en un remolino, de cabeza
por los celestes arriates, la parte más modesta
de nuestro pensar lejanamente: debiera ser
recordado un denso pasaje de cocheros
y de taxis, aquel que tose en la orilla caduca
del Naviglio, o libre entre los álamos relucientes
donde los dedos del viento tamborilean, la emoción
del último brougham, en una carrera loca, que nos lleva
hacia todas las farolas y nuestro corazón saludando.
.


Emilio Villa. Ormai
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

David Mohan

Hermes


.
De una ciudad a otra, huyendo
de la policía de fronteras, encontramos
a un extraño; su capa tan blanca parecía
haber sido lavada en una nube.

Nos acompañó un tramo del viaje
hablando de las tormentas e inundaciones,
los disturbios en las ciudades asoladas,
los guardias apostados en cada puerto.

Eran tiempos de oscuridad,
dijo, de ejércitos sangrando como
tinta derramada sobre los mapas,
tiempos para recorrer los caminos

en busca de cielos mejores. Él era
una especie de enviado neutral, dijo,
llevando cartas a través del continente,
tan veloz como el mismo pensamiento.

Un convenio era algo
que él hacía en su sueño;
un trato en el mercado,
un bolso robado, un corazón roto,

todas esa cosas, dijo,
él podía arreglarlas
tan fácilmente como parpadeaba.
Al final sonrió y nos dijo:

Seguid adelante por vuestra ruta.
Manteneos alejados de las carreteras;
tomad los caminos de las montañas,
dijo, caminos que ningún ejército conoce.

Caminos de cabras para tiempos difíciles,
dijo, por donde solo van los dioses y los locos.
.


David Mohan. Hermes
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda