Esto es un billón, nena

Cultivad la ciencia de los números, ya que nuestros
crímenes suelen ser tan solo errores de cálculo.
Pitágoras

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Un una o uno

Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Siete
Ocho
Nueve
Diez

Veinte
Treinta
Cuarenta
Cincuenta
Sesenta
Setenta
Ochenta
Noventa
Cien

Doscientos
Trescientos
Cuatrocientos
Quinientos
Seiscientos
Setecientos
Ochocientos
Novecientos
Mil

Dos mil
Tres mil
Cuatro mil
Cinco mil
Seis mil
Siete mil
Ocho mil
Nueve mil
Diez mil

Veinte mil
Treinta mil
Cuarenta mil
Cincuenta mil
Sesenta mil
Setenta mil
Ochenta mil
Noventa mil
Cien mil

Doscientos mil
Trescientos mil
Cuatrocientos mil
Quinientos mil
Seiscientos mil
Setecientos mil
Ochocientos mil
Novecientos mil
Un millón

Dos millones
Tres millones
Cuatro millones
Cinco millones
Seis millones
Siete millones
Ocho millones
Nueve millones
Diez millones

Veinte millones
Treinta millones
Cuarenta millones
Cincuenta millones
Sesenta millones
Setenta millones
Ochenta millones
Noventa millones
Cien millones

Doscientos millones
Trescientos millones
Cuatrocientos millones
Quinientos millones
Seiscientos millones
Setecientos millones
Ochocientos millones
Novecientos millones
Mil millones

Dos mil millones
Tres mil millones
Cuatro mil millones
Cinco mil millones
Seis mil millones
Siete mil millones
Ocho mil millones
Nueve mil millones
Diez mil millones

Veinte mil millones
Treinta mil millones
Cuarenta mil millones
Cincuenta mil millones
Sesenta mil millones
Setenta mil millones
Ochenta mil millones
Noventa mil millones
Cien mil millones

Doscientos mil millones
Trescientos mil millones
Cuatrocientos mil millones
Quinientos mil millones
Seiscientos mil millones
Setecientos mil millones
Ochocientos mil millones
Novecientos mil millones
Un millón de millones

Esto es: un billón, nena,
espumeando como un perro rabioso.
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ēgm. 2011

Poema prosódico

Pues resulta ser que brújula
es una palabra esdrújula,
a la vez que meridiano
es vocablo más bien llano
y, sin duda,
corazón
es palabra tan aguda
como hipsilofodón.

¡Ay, quién tuviera una brújula
para andar el meridiano
del brumoso corazón!

Miseria, miseria,
qué brumosa es la materia…
¡Y quién, en vez de una cabra,
tuviera un hipsilofodón!
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ēgm. 2011

Cine de tarde

Ella no era rica.
Él nunca fue pobre.

Él se fue a estudiar a una ciudad del extranjero.
Ella decidió estudiar a la ciudad de la que él procedía.

Ella permitió que la desvirgara un chico que no le gustaba gran cosa.
Él se masturbó mirando porno con sus compañeros de piso.

Él terminó los estudios y se fue de putas con los amigos.
Ella acabó la carrera y se emborrachó por primera vez.

Ella encontró trabajo en la ciudad en la que había estudiado.
Él regresó a su ciudad a trabajar en la empresa de su padre.

Él tuvo tres novias pero permaneció soltero.
Ella se casó y se divorció a los dos años.

Ella comenzó a ver que no avanzaba en su trabajo.
Él dejó de jugar al tenis y probó con el golf.

Él la conoció a ella en una fiesta la que se dejó arrastrar.
Ella se dejó conocer por él en una fiesta a la que acudió sin ganas.

Ella fingió que le interesaba lo él que le decía.
Él hizo como que entendía lo que ella le contaba.

Él logró acostarse con ella a las cinco semanas.
Ella consiguió casarse con él a los cinco meses.

Ella dejó su trabajo y se dedicó al arte y a las compras.
Él siguió esperando a que su padre se muriera.

Él sintió que aquel mundo cerrado le aburría.
Ella se aburrió de sentir que aquel mundo la encerraba.

Ella intuyó que era el momento de buscarse un amante.
Él empezó a pensar en la posibilidad de cambiar de secretaria.

Él se folló a la nueva secretaria el primer día en el sofá de su despacho.
Ella se folló a dos poetas, un escritor de moda y a varios artistas.

Ella se cansó de listos que se hacían el tonto y de tontos que se creían listos.
Él empezó a resentirse de la espalda por forzar posturas sobre el sofá.

Él lamentó casi sinceramente la muerte de su padre.
Ella se alegró en su interior de la muerte de su suegro.

Ella se ocupó de gestionar la empresa familiar.
Él cambió de despacho y también de secretaria.

Él comenzó a prestarle más atención a ella.
Ella se sintió halagada de que él la tratara con más atenciones.

Ella descubrió que le gustaba el mar y no solo la playa.
Él olvidó el deportivo en el garaje y se dedicó más al yate.

Él decidió que no valía la pena arriesgar lo que no es hipotecable.
Ella calculó que no compensaban sustos continuos con placeres fugaces.

Ella soltó lastre.
Él recogió velas.

Él inició una colección de monedas raras.
Ella siguió coleccionando joyas exclusivas.

Ella rehusó varias invitaciones del nuevo escritor de moda.
Él dejó de medir la longitud de las faldas de sus empleadas.

Él concluyó que, total, en fin, para qué.
Ella se convenció de que, bueno, total, qué más da.
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ēgm. 2010