Plegaria al dios de la Nada


Me ignorarán los fatuos:
gota, ten piedad de mí;
me censurarán los necios:
vaho, ten piedad de mí;
me perseguirán los lerdos:
chispa, ten piedad de mí;
me descubrirán los bobos:
mota, ten piedad de mí;

me denunciarán los sandios:
lluvia, ten piedad de mí;
me prenderán los torpes:
viento, ten piedad de mí;
me encerrarán los memos:
rayo, ten piedad de mí;
me acusarán los ñoños:
roca, ten piedad de mí;

me culparán los simples:
charco, ten piedad de mí;
me juzgarán los lelos:
soplo, ten piedad de mí;
me condenarán los cortos:
pira, ten piedad de mí;
me lincharán los listos:
tierra, ten piedad de mí.

Me olvidarán los días:
tiempo, oh tiempo, ten piedad de mí.

egm.2012



Nuno Fernández Torneol

Trovador quizá gallego, y tal vez originario de la zona de Santiago, activo a mediados del siglo XIII. En los manuscritos Nuno Fernandez Torneol, en portugués Nuno Fernandes Torneol.
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Cantigas de amigo


I. Levad’, amigo que dormide’ las manhanas frías

Levantaos, amigo que dormís las mañanas frías,
todas las aves del mundo de amor decían.
Alegre ando yo.

Levantaos, amigo que dormís las frías mañanas,
todas las aves del mundo de amor cantaban.
Alegre ando yo.

Todas las aves del mundo de amor decían,
y de mi amor y del vuestro ya bien sabían.
Alegre ando yo.

Todas las aves del mundo de amor cantaban,
y de mi amor y del vuestro bien se acordaban.
Alegre ando yo.

Y de mi amor y del vuestro ya bien sabían;
vos les cortasteis las ramas donde venían.
Alegre ando yo.

Y de mi amor y del vuestro bien se acordaban;
vos les cortasteis las ramas en que posaban.
Alegre ando yo.

Vos les cortasteis las ramas donde venían
y les secasteis las fuentes en que bebían.
Alegre ando yo.

Vos les cortasteis las ramas en que posaban
y les secasteis las fuentes donde nadaban.
Alegre ando yo.

II. Aquí vej’ eu, filha, o voss’ amigo

Aquí veo, hija, a vuestro amigo,
por el que tanto disputáis conmigo,
hermosa.

Aquí veo, hija, al que amáis,
por el que conmigo disputáis,
hermosa.

Por el que vos disputáis conmigo,
le quiero bien, porque es vuestro amigo,
hermosa.

Por el que conmigo disputáis,
le quiero bien, porque vos lo amáis,
hermosa.

III. Ai madr’, o meu amigo que non vi

Ay, madre: mi amigo al que no vi
hace ya tiempo, dicen que está aquí;
madre: en verdad, alegre yo estoy.

Y siempre le intenté yo daño hacer,
mas, pues ahora él me vino a ver,
madre, en verdad, alegre yo estoy.

Por cuantas penas que él por mí pasó
no puedo hacer nada, mas, pues llegó,
madre, en verdad, alegre yo estoy.

IV. Que coita tamanha ei a sofrer

Qué pena tan grande he de padecer
de amar amigo y no poderlo ver,
y me echaré en el avellanar.

Qué pena tan grande he de soportar
de amar amigo y no poderle hablar,
y me echaré en el avellanar.

De amar amigo y no poderle hablar,
ni oso la pena que tengo mostrar,
y me echaré en el avellanar.

De amar amigo y no poderlo ver,
ni oso la pena que tengo exponer,
y me echaré en el avellanar.

No oso la pena que tengo exponer
y no me deja su amor distraer,
y me echaré en el avellanar.

No oso la pena que tengo mostrar
y no me deja su amor sosegar,
y me echaré en el avellanar.

V. Vi eu, máa madr’, andar

Yo vi, madre, llegar
los barcos por el mar,
y me muero de amor.

Yo fui, madre, a ver
los barcos al volver,
y me muero de amor.

Los barcos en el mar
yo los fui a esperar,
y me muero de amor.

Los barcos al volver
yo los fui a atender,
y me muero de amor.

Y yo los fui a esperar
y no lo pude hallar,
y me muero de amor.

Y yo los fui a atender
y no lo pude ver,
y me muero de amor.

Y no lo hallé allí,
quien por mi mal yo vi
y me muero de amor.

VI. Trist’ anda, mía madre, o meu amigo

Muy triste, madre, hoy anda mi amigo,
y yo triste por él, bien os lo digo,
y, si él se me muere, yo moriré.

Y morirá por mí, tan apenado,
y vos también perderéis mi cuidado,
y, si él se me muere, yo moriré.

VII. Foi s’ un dia meu amigo d’ aquí

Se fue aquel día mi amigo de aquí
y no vino a verme, y pues no lo vi,
madre, pronto moriré.

Cuando él me vio, no fue por su bien,
pues ahora muere por mí, y también,
madre, pronto moriré.

Se fue él de aquí y no me osó hablar
ni yo a él, y por eso, de pesar,
madre, pronto moriré.

VIII. Dizede m’ ora, filha, por Santa María

—Decidme ahora, hija, por santa María,
cuál es vuestro amigo que a mí os pedía.
—Madre, yo os lo mostraré.

—Cuál es vuestro amigo que a mí os pedía;
si vos me lo mostrarais, lo agradecería.
—Madre, yo os lo mostraré.

—Si vos me lo mostrarais, lo agradecería,
y después yo os diré a qué se atrevía.
—Madre, yo os lo mostraré.
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Paráfrasis
I. Levantad, amigo que dormís las mañanas frías,/ todas las aves del mundo de amor decían./ Alegre me ando yo.// Levantad, amigo que dormís las frías mañanas,/ todas las aves del mundo de amor cantaban./ Alegre me ando yo.// Todas las aves del mundo de amor decían,/ de mi amor y del vuestro en mente tenían./ Alegre me ando yo.// Todas las aves del mundo de amor cantaban,/ de mi amor y del vuestro ahí mencionaban./ Alegre me ando yo.// De mi amor y del vuestro en mente tenían;/ vos les quitasteis los ramos en que estaban./ Alegre me ando yo.// De mi amor y del vuestro ahí mencionaban;/ vos les quitasteis los ramos en que posaban./ Alegre me ando yo.// Vos les quitasteis los ramos en que estaban/ y les secasteis las fuentes en que bebían./ Alegre me ando yo.// Vos les quitasteis los ramos en que posaban/ y les secasteis las fuentes donde se bañaban./ Alegre me ando yo.
II. Aquí veo yo, hija, a vuestro amigo,/ por el que vos disputáis conmigo,/ esbelta.// Aquí veo, hija, el que amáis,/ por el que vos conmigo disputáis,/ esbelta.// Por el que vos disputáis conmigo,/ le quiero yo bien, pues es vuestro amigo,/ esbelta.// Por el que vos conmigo disputáis,/ le quiero yo bien, pues vos lo amáis,/ esbelta.
III. Ay madre, mi amigo, que no vi/ hace mucho tiempo, me dicen que está aquí,/ madre, por buena fe, alegre me ando yo.// Y siempre yo intenté de hacerle mal,/ mas, pues ahora vino por ver me,/ madre, por buena fe, alegre me ando yo.// Por cuanta pena él por mí llevó/ no le puedo nada más hacer, mas, pues llegó,/ madre, por buena fe, alegre me ando yo.
IV. Qué pena tan grande he de sufrir/ por amar a mi amigo y no verlo,/ y reposaré bajo el avellanar.// Qué pena tan grande he de soportar/ por amar amigo y no hablarle,/ y reposaré bajo el avellanar.// Por amar amigo y no hablarle/ ni osar la pena que tengo mostrar,/ y reposaré bajo el avellanar.// Por amar amigo y no verlo,/ ni osar la pena que tengo decirle,/ y reposaré bajo el avellanar.// No osar la pena que tengo decirle/ y no me dan sus amores descanso,/ y reposaré bajo el avellanar.// No osar la pena que tengo mostrarle/ y no me dan sus amores sosiego,/ y reposaré bajo el avellanar.
V. Vi yo, mi madre, andar/ las barcas en el mar,/ y me muero de amor.// Fui yo, madre, a ver, / las barcas en el litoral,/ y me muero de amor.// Las barcas en el mar/ y las fui a aguardar,/ y me muero de amor.// Las barcas en el litoral/ y las fui a esperar,/ y me muero de amor.// Y las fui a aguardar/ y no lo pude hallar,/ y me muero de amor.// Y las fui a esperar/ y no lo pude allí ver,/ y me muero de amor.// Y no lo hallé allí,/ al que por mi mal yo vi/ y me muero de amor.
VI. Triste anda, mi madre, mi amigo,/ y yo triste por él, bien os lo digo,/ y, si él me muriera, yo me os moriré.// Y morirá por mí, tanto está afligido,/ y vos perderéis mi cariño,/ y, si él me muriera, yo me os moriré.
VII. Se fue un día mi amigo de aquí/ y no me vio, y porque no lo vi,/ madre, ahora moriré.// Cuando él me vio, no fue por su bien,/ pues muere ahora por mí, y por ello,/ madre, ahora moriré.// Se fue él de aquí y no osó hablarme/ ni yo a él, y por ello, con pesar,/ madre, ahora moriré.
VIII. ─Decidme ahora, hija, por santa María,/ cuál es vuestro amigo que me os pedía./ ─Madre, yo os lo mostraré.// ─Cuál es vuestro amigo que me os pedía;/ si vos me lo mostraseis, iba a agradecéroslo./ ─Madre, yo os lo mostraré.// ─Si vos me lo mostraseis, iba a agradecéroslo,/ y os diré yo después a qué se atrevía./ ─Madre, yo os lo mostraré.

Nuno Fernández Torneol. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Paio Soárez de Taveirós

Trovador gallego, originario de Taveirós, en A Estrada, Pontevedra, activo a principios del siglo XIII. En los manuscritos Paay Soarez de Taveyros, en portugués Paio Soares de Taveirós.
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Cantigas de amigo


I. O meu amigo que mi dizía

Mi amigo, el que antes me decía
que conmigo ya no viviría,
por Dios, damas: aquí está ya.

Que mucho él me había jurado
que más no me vería, “Dios loado”,
por Dios, damas: aquí está ya.

Quien juraba que más no me vería
por no ser todo como él quería,
por Dios, damas: aquí está ya.

Mejor hizo que lo que decía:
por Dios, damas: aquí está ya.

II. Par Deus, donas, ben podedes jurar *

Por Dios, damas: bien podéis jurar
que mi amigo me causó pesar;
mas, Dios, es que me cree así ganar:
por que se sepa que me quiere bien.

Sufriré que señora me llamó
en los cantares de amor que sacó,
mas él con toda intención me nombró
por que se sepa que me quiere bien.

En sus cantares me vino a nombrar;
veis ahora si me debo quejar,
pues no lo quiso mi amigo evitar
por que se sepa que me quiere bien.

Damas: lo mucho que gana ya ven
por que se sepa que me quiere bien.

III. Quando se foi meu amigo **

Cuando se marchó mi amigo,
juró que pronto vendría;
pues no viene a hablar conmigo,
así, por santa María,
nunca más de él me habléis,
ay damas, si fe tenéis.

Prometió, cuando se fue,
que él vendría enseguida,
mas mintió con mala fe,
sin temerme y, por mi vida,
nunca más de él me habléis,
ay damas, si fe tenéis.

El que visteis que decía
que vivía enamorado,
ya que no vino en el día
que yo le había mandado,
nunca más de él me habléis,
ay damas, si fe tenéis.
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* En los manuscritos el primer verso de esta cantiga es Donas, veeredes a prol que lhi ten y el pareado final, la finda, aparece colocado al principio de la cantiga, formando parte de una irregular primera estrofa de seis versos. En el orden aquí propuesto, la cantiga tiene el mismo esquema que la anterior: tres estrofas, con el refrán en un solo verso, y finda con refrán.
** Esta misma cantiga aparece en dos lugares de los manuscritos como pertenenciente a dos autores diferentes:  Paio Soárez de Taveirós y Afonso Anes do Cotón.


Paráfrasis
I. Mi amigo, que me decía/ que nunca más conmigo viviría,/ por Dios, damas, aquí está ya.// Que mucho él me había jurado/ que no me viera más, “a Dios gracias”,/ por Dios, damas, aquí está ya.// El que juraba que no me viera/ por no ser todo cuanto él dijo,/ por Dios, damas, aquí está ya.// Mejor lo hizo que no lo dijo:/ por Dios, damas, aquí está ya.
II. Por Dios, damas, bien podéis jurar/ de mi amigo que me causó pesar;/ mas, Dios, es que piensa ganarme/ de saberle que me quiere muy bien.// Le sufriré yo de llamarme señora/ en los cantares que hacía de amor,/ pero me mencionó todo con gusto / de saberle que me quiere muy bien.// Fue él en sus cantares a mencionarme;/ veis ahora si me debo quejar,/ pues no quiso mi amigo guardarse / de saberle que me quiere muy bien.// Damas, veréis el provecho que le tiene/ de saberle que me quiere muy bien.
III. Cuando mi amigo se fue,/ juró que vendría pronto;/ pero, ya que no viene a hablar conmigo,/ por ello, por santa María,/ nunca por él me roguéis,/ ay damas, por vuestra fe.// Cuando se fue, me dio promesa/ de que vendría muy pronto,/ y me mintió y mal ha hecho;/ y, pues de mí no tiene miedo,/ nunca por él me roguéis,/ ay damas, por vuestra fe.// El que visteis que decía/ que estaba enamorado,/ ya que no vino en el día/ que yo le había mandado,/ nunca por él me roguéis,/ ay damas, por vuestra fe.

Paio Soárez de Taveirós. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Vasco Praga de Sandín

Trovador gallego, quizá de Parga, Guitiriz, establecido en Portugal y activo en la primera mitad del siglo XIII. En los manuscritos Vaasco Praga de Sandin, en portugués Vasco Praga de Sandim.
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Cantigas de amigo


I. Sabedes quant’ á, ’migo, que m’ eu vosco veer

Sabéis cuánto hace, amigo, que yo no os pude ver
nunca hasta hoy, por eso en nada hallé placer
y, amigo, a Dios gracias doy
que os ven mis ojos hoy.

Tuve por vos tal pena yo en mi corazón
que no creí más veros en ninguna ocasión
y, amigo, a Dios gracias doy
que os ven mis ojos hoy.

Y yo ruego, mi amigo, al que nos hizo, a Dios,
que otra vez nunca viva tanto tiempo sin vos
y, amigo, a Dios gracias doy
que os ven mis ojos hoy.

Y así bien me lo quiso mi ventura arreglar
que nunca sin vos tuve placer sino en llorar
y, amigo, a Dios gracias doy
que os ven mis ojos hoy.

II. Cuidades vos, meu amigo, ca vos non quer’ eu mui gran ben

Vos creéis ahora, amigo, que no os tengo buen querer
mas nada bueno me venga si algo en el mundo he de ver
que me quitara el deseo
de vos, cuando yo no os veo.

Y, pese a lo que creéis, en mi corazón os guardé
tan grande amor, amigo, que en el mundo nada sé
que me quitara el deseo
de vos, cuando yo no os veo.

Y nunca más me queráis, y será a la muerte igual,
si supierais que yo, amigo, halle en el mundo algo tal
que me quitara el deseo
de vos, cuando yo no os veo.

III. Meu amigo, pois vos tan gran pesar

Amigo: pues tenéis tan gran pesar
de que con vos yo me pueda enojar,
por Dios, ¿con quién me enojaré,
amigo, o cómo viviré?

Si yo con vos, mi amigo y mi bien,
no me enojara, entonces con quién,
por Dios, ¿con quién me enojaré,
amigo, o cómo viviré?

Si con vos, a quien amo más que a mí,
no me enojo, si se me antoja así,
por Dios, ¿con quién me enojaré,
amigo, o cómo viviré?

Si enojarme con vos no he de poder,
y aun sin razón, cuando lo quiera hacer,
por Dios, ¿con quién me enojaré,
amigo, o cómo viviré?

IV. Quando vos eu, meu amig’ e meu ben

Cuando mis ojos a vos ya no os ven,
ved que me ocurre, mi amigo y mi bien:
tengo ojos y veo, y no puedo ver,
amigo, lo que me pueda placer.

Cuando con estos mis ojos a vos
no os puedo ver, y que me valga Dios,
tengo ojos y veo, y no puedo ver,
amigo, lo que me pueda placer.

Y ya no duermo, ni nunca lo haré,
cuando a vos no os puedo ver, y, a fe,
tengo ojos y veo, y no puedo ver,
amigo, lo que me pueda placer.

Y mis ojos sin vos, ¿qué bien me dan?
pues yo con ellos no duermo en mi afán:
tengo ojos y veo, y no puedo ver,
amigo, lo que me pueda placer.
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Paráfrasis
I. Sabéis cuánto hace, amigo, que yo con vos verme/ no pude, hasta hoy, que nunca vi placer/ y, amigo, agradezco hoy a Dios/ que os ven los ojos míos.// Tuve yo por vos tal pena en mi corazón/ que nunca os pensara ver en ninguna ocasión/ y, amigo, agradezco hoy a Dios/ que os ven los ojos míos.// Y ruego yo, mi amigo, a aquel Dios que me hizo,/ que nunca ya viva yo sin vos tanto otra vez/ y, amigo, agradezco hoy a Dios/ que os ven los ojos míos.// Y bien así quiso mi ventura arreglármelo/ que nunca sin vos tuve gusto sino en llorar/ y, amigo, agradezco hoy a Dios/ que os ven los ojos míos.
II. Pensáis vos, mi amigo, que no os quiero yo muy gran bien/ y a mí nunca bien venga si yo veo en el mundo nada/ que a mí quite deseo/ de vos, cuando yo no os veo.// Y, aunque vos lo pensáis, en mi corazón os tengo/ tan gran amor, mi amigo, que cosa en el mundo sé/ que a mí quite deseo/ de vos, cuando yo no os veo.// Y nunca me queráis bien, que me será de muerte igual,/ si supierais, mi amigo, que nada puedo yo en el mundo hallar/ que a mí quite deseo/ de vos, cuando yo no os veo.
III. Mi amigo, pues vos tan gran pesar/ tenéis de yo me enojaros,/ por Dios, ¿a quién me enojaré,/ amigo, o cómo viviré?// Si yo a vos, mi amigo y mi bien,/ no me enojara, decidme una cosa:/ por Dios, ¿a quién me enojaré,/ amigo, o cómo viviré?// Si yo a vos, que amo más que a mí,/ no me enojara, si gusto hubiera ahí,/ por Dios, ¿a quién me enojaré,/ amigo, o cómo viviré?// Si yo a vos no hubiera de enojarme,/ aunque sin razón, cuando yo quisiera,/ por Dios, ¿a quién me enojaré,/ amigo, o cómo viviré?
IV. Cuando a vos yo, mi amigo y mi bien,/ no puedo ver, veis qué me sucede:/ tengo ojo y veo, y no puedo ver,/ mi amigo, lo que me pueda placer.// Cuando a vos yo con estos ojos míos/ no puedo ver, si me valga Dios,/ tengo ojo y veo, y no puedo ver,/ amigo, lo que me pueda placer.// Y no duermo yo, ni en cuestión está,/ cuando a vos yo no veo, y, por buena fe,/ tengo ojo y veo, y no puedo ver,/ amigo, lo que me pueda placer.// Y mis ojos sin vos, ¿qué provecho me dan?/ pues no duermo yo con ellos y, en verdad,/ tengo ojo y veo, y no puedo ver,/ amigo, lo que me pueda placer.

Vasco Praga de Sandín. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Fernán Rodríguez de Calheiros

Trovador portugués, del que no hay datos ciertos, que habría vivido a finales del siglo XII o principios del XIII. En los manuscritos Fernan Rodriguez de Calheyros, en portugués Fernão Rodrigues de Calheiros.
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Cantigas de amigo


I. Perdud’ ei, madre, cuid’ eu, meu amigo

Yo he perdido, madre, creo, a mi amigo:
aunque él me vio, no quiso hablar conmigo.
Y mi soberbia lo impidió,
pues hice lo que él me prohibió.

Aunque él me vio, no quiso hablar conmigo;
mi culpa es, pues sus consejos no sigo.
Y mi soberbia lo impidió,
pues hice lo que él me prohibió.

Mi culpa es, pues sus consejos no sigo,
mas, ¿de qué me sirve ahora que lo digo?
Y mi soberbia lo impidió,
pues hice lo que él me prohibió.

Tanto confié en que él bien me quería
que ya no pensé en lo que yo hacía.
Y mi soberbia lo impidió,
pues hice lo que él me prohibió.

Que ya no pensé en lo que yo hacía
e hice daño a quien nunca me lo haría.
Y mi soberbia lo impidió,
pues hice lo que él me prohibió.

E hice daño a quien nunca me lo haría
y así a mí la locura me venía.
Y mi soberbia lo impidió,
pues hice lo que él me prohibió.

II. Qué farei agor’, amigo

Qué haré yo ahora, amigo,
si ya no queréis conmigo
vivir,
pues a otro no puedo querer.

En gran pena me dejarais
si en otro lugar pensarais
vivir,
pues a otro no puedo querer.

Si que os marcháis cierto fuera,
no sé yo como pudiera
vivir,
pues a otro no puedo querer.

Me mataré si dijerais
que así vos sin mí pudierais
vivir,
pues a otro no puedo querer.

III. Agora ven o meu amigo

Hace poco ha venido mi amigo,
pero se va y no quiere conmigo
estar.
Ya siempre le habré de añorar.

Con nada le puedo convencer
que conmigo le consiga hacer
estar.
Ya siempre le habré de añorar.

Yo le ruego y no me quiere ver;
¿qué haré si aquí ya no ha de querer
estar?
Ya siempre le habré de añorar.

IV. Direivos agor’, amigo, ca manho temp’ á passado

Os diré ahora, amigo, que tanto tiempo ha pasado
que no pude tener nada en que me haya gozado
desde que de aquí partisteis
hasta ahora en que me visteis
.

Desde hoy estaré alegre, mi amigo, puesto que os veo,
y tanto estuve sin nada que me quitara el deseo
desde que de aquí partisteis
hasta ahora en que me visteis
.

Desde hoy ya no os vayáis, si queréis amor conmigo,
pues jamás ha estado alegre este corazón, mi amigo,
desde que de aquí partisteis
hasta ahora en que me visteis
.

V. Assanhei m’ eu muit’ a meu amigo

Me enfadé yo mucho con mi amigo
pues él me hace cuanto yo le digo;
porque sé que me quiere bien
me enfado yo con él también.

Si algún otro me causa despecho,
con él me enfado, y tengo derecho;
porque sé que me quiere bien
me enfado yo con él también.

Y él ya conoce muy bien mi maña
pues vuelco sobre él toda mi saña;
porque sé que me quiere bien
me enfado yo con él también.

VI. Estava meu amig’ atendend’ e chegou

Yo esperaba a mi amigo y mi madre llegó
y me obligó a irme, lo que mal me pesó
Allá me volveré
y a él lo esperaré.

Nunca madre a su hija tan mal consejo dé
cual me lo dio la mía, pero, ¿yo qué haré?
Allá me volveré
y a él lo esperaré.

Le pesaría a mi madre si mal le hiciera así
cualquiera, mas os diré que haré yo aquí:
Allá me volveré
y a él lo esperaré.

VII. Madre, passou per aquí un cavaleiro

Madre: pasó por aquí un caballero
y me dejó enamorada, y yo muero;
ay madre, sus amores tomé.
Si yo los tomé,
es que los busqué
y otros le entregué.
Ay madre, sus amores tomé.

Madre: un hidalgo por aquí pasaba
y con penar, como estoy, me dejaba;
ay madre, sus amores tomé.
Si yo los tomé,
es que los busqué
y otros le entregué.
Ay madre, sus amores tomé.

Madre: pasó, y ojalá no pasara,
quien me dejó que mejor no dejara;
ay madre, sus amores tomé.
Si yo los tomé,
es que los busqué
y otros le entregué.
Ay madre, sus amores tomé.

VIII. Disse mi a mí meu amigo, quando s’ ora foi sa vía

Me había dicho mi amigo, cuando él de aquí partía,
que no me quedara triste, porque pronto volvería.
Y estoy muy asombrada
pues tarda tal temporada.

Me había dicho mi amigo, cuando él partió de aquí,
que no me quedara triste, pero tarda y no lo vi.
Y estoy muy asombrada
pues tarda tal temporada.

Que no me quedara triste porque pronto volvería;
y me pesa lo que tarda, lo sabe santa María.
Y estoy muy asombrada
pues tarda tal temporada.

Que no me quedara triste, pero tarda y no lo vi;
sin embargo no es a causa de que él no me quiera a mí.
Y estoy muy asombrada
pues tarda tal temporada.
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Paráfrasis
I. Perdido he, madre, pienso yo, a mi amigo:/ aunque él me vio, ni siquiera quiso hablar conmigo,/ y mi soberbia me lo impidió,/ que hice lo que él me prohibió.// Aunque él me vio, ni siquiera quiso hablar conmigo,/ y yo me lo hice, que no tomé su aviso,/ y mi soberbia me lo impidió,/ que hice lo que él me prohibió.// Y yo me lo hice, que no tomé su aviso,/ mas, ¿qué me vale ahora, cuando lo digo?/ y mi soberbia me lo impidió,/ que hice lo que él me prohibió.// Me fie yo tanto en cuán bien él me quería/ que no puse atención en lo que hacía,/ y mi soberbia me lo impidió,/ que hice lo que él me prohibió.// Que no puse atención en lo que hacía/ e hice pesar a quien no me lo haría,/ y mi soberbia me lo impidió,/ que hice lo que él me prohibió.// E hice pesar a quien no me lo haría/ y se tornó sobre mí la locura,/ y mi soberbia me lo impidió,/ que hice lo que él me prohibió.
II. ¿Qué haré ahora, amigo,/ pues que no queréis conmigo/ vivir/ pues no puedo yo otro bien querer. // En gran pena me dejáis/ si vos en otro lugar ir pensáis/ vivir,/ pues no puedo yo otro bien querer.// Si esta partida vuestra/ fuera, no sé yo como pueda/ vivir,/ pues no puedo yo otro bien querer.// Me mataré he si me lo decís/ que vos nada sin mí podéis/ vivir,/ pues no puedo yo otro bien querer.
III. Ahora viene mi amigo,/ y quiere pronto irse y no quiere conmigo/ estar;/ ya siempre habré de desearlo.// Nunca puedo tanto decirle/ que conmigo pueda hacerle/ estar;/ ya siempre habré de desearlo.// Aunque se lo ruego, no me ha menester;/ mas, ¿qué haré, pues conmigo no quiere/ estar?/ Ya siempre habré de desearlo.
IV. Os diré ahora, amigo, cuán gran tiempo ha pasado/ que no pude ver cosa donde hubiese cariño/ desde que de mí os apartasteis/ hasta esta hora que me visteis.// Desde hoy andaré alegre, mi amigo, pues os veo,/ que hace mucho que no vi cosa que me quitara deseo/ desde que de mí os apartasteis/ hasta esta hora que me visteis.// Desde hoy no os vayáis, si amor queréis conmigo,/ pues ya otra vez no fue alegre mi corazón, mi amigo,/ desde que de mí os apartasteis/ hasta esta hora que me visteis.
V. Me enojé yo mucho a mi amigo/ porque me hace él cuanto le digo;/ porque entiendo que me quiere bien/ me le enojé por ello.// Y si algún otro me hace, donde he, despecho,/ a él me enojo, y tengo derecho;/ porque entiendo que me quiere bien/ me le enojé por ello.// Y ya él me sabe muy bien mi maña/ pues sobre él echo yo toda mi saña;/ porque entiendo que me quiere bien/ me le enojé por ello.
VI. Estaba a mi amigo aguardando y llegó/ mi madre y me hizo de allá ir, tal que mal me pesó;/ allá me volveré/ y allí lo aguardaré.// Nunca madre a hija buen consejo dio/ ni a mí lo hizo la mía, mas, ¿qué haré yo?/ allá me volveré/ y allí lo aguardaré.// Pesarle iba a mi madre quienquiera que así le/ hiciera, mas os diré que haré yo en esto:/ allá me volveré/ y allí lo aguardaré.
VII. Madre, pasó por aquí un caballero/ y me dejó enamorada y con martirio,/ ay madre, sus amores tengo;/ si me los tengo,/ pues me los busqué/ otros yo le di;/ ay madre, sus amores tengo.// Madre, pasó por aquí un hidalgo/ y me dejó así penada como yo ando,/ ay madre, sus amores tengo;/ si me los tengo,/ pues me los busqué/ otros yo le di;/ ay madre, sus amores tengo.// Madre, pasó por aquí quien no pasara/ y me dejó así penada, mas dejara,/ ay madre, sus amores tengo;/ si me los tengo,/ pues me los busqué/ otros yo le di;/ ay madre, sus amores tengo.
VIII. Me dijo a mí mi amigo cuando ahora se fue su vía/ que no le estuviera yo triste, y pronto se volvería,/ y estoy asombrada/ porque fue esta tardanza.// Me dijo a mí mi amigo cuando ahora se fue de aquí,/ que no le estuviera yo triste, y tarda y no me viene,/ y estoy asombrada/ porque fue esta tardanza.// Que no le estuviera yo triste y pronto se volvería/ y me pesa de lo que tarda, lo sabe santa María,/ y estoy asombrada/ porque fue esta tardanza.// Que no le estuviera yo triste, y tarda y no me viene,/ y sin embargo no es por cosa que él no me quiera muy bien,/ y estoy asombrada/ porque fue esta tardanza.

Fernán Rodríguez de Calheiros. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Cantigas de Henriq d’A Arousa (2)

XIV

Quen amores fala,
moito cala,
   canta o merlo na ponte,
meu amigo.

Quen amores minte,
ben o sinte,
   canta o merlo no río,
meu amigo.

Quen amores serve,
arde e ferve,
   canta o merlo na ponte,
meu amigo.

Quen amores foxe,
brúa e roxe,
   canta o merlo no río,
meu amigo.

Quen amores tivo,
certo estivo,
   canta o merlo na ponte,
meu amigo.

Quen amores houbo,
ben o soubo,
   canta o merlo no río,
meu amigo
.

XV

Venta outro airiño no meu eirado
e nos plantíos da verde leira,
   eu amigo hei,
non volo negarei.

Sopra outro vento na miña eira
e nas plantiñas do verde eixido,
   eu amigo hei,
non volo negarei.

Venta no eido reverdecido,
sopran airiños no verde prado,
   eu amigo hei,
non volo negarei
.

XVI

Eu vou buscala,
e vou collela,
   a fita dos cabelos
levouma meu amigo.

Ai que é vermella,
ai que é encarnada,
   a fita dos cabelos
meu amigo colleuma.

I era encarnada,
i era vermella,
   a fita dos cabelos
levouma meu amigo.

E vou por ela,
eu vou quitarlla,
   a fita dos cabelos
meu amigo colleuma.

E vou tirarlla,
eu vou por ela,
   a fita dos cabelos
roubouma meu amigo
.

XVII

Baixan cabalos bravos beber á fonte,
vinde miñas amigas por xunta a ponte,
   pasa meu amigo
e coa vista
eu non o sigo.

Corren os poldros bravos pola ribeira,
imos miñas meniñas onda a abeleira,
   pasa meu amigo
i o meu pensar vai consigo.

Vinde meniñas ghopas beira da fonte,
imos falar dos mozos de hoxe e de onte,
   pasa meu amigo
e co mirar
eu non o sigo.

Imos nenas bonitas baixo a abeleira,
vinde dicir de amores na randeeira,
   pasa meu amigo
i o meu maxín vai consigo.

Imos dicir dos días de agora e de onte,
van os cabalos bravos choupar na fonte,
   pasa meu amigo
i eu cos ollos non o sigo
.

Imos contar das noites na randeeira,
van os poldros salvaxes pola ribeira,
   pasa meu amigo
i o meu amor vai consigo
.

XVIII

As aves todas do aire
viñeran voar
onda a beiramar
   e meu amigo
non quería acordar.

Os peixes todos do mar
viñeran nadar
á ourela da ría
   e meu amigo
espertar non quería.

As bestas todas da terra
viñeran andar
ribeira do mar
   e meu amigo
non quería espertar.

Tódolos seres do mundo
viñeran estar
á beira da ría
   e meu amigo
acordar non quería.

Tódolos bicos do mundo
viñéralle eu dar
beiriña do mar
   e meu amigo
houbo alí espertar
.

XIX

Vou mira-lo alto mar
e mais na praia nadar
   con meu amigo.

Vou mira-las augas fondas
e mais nadar entre as ondas
   con meu amigo.

Cedo vou nadar á praia
con retranca e mais sen saia
   con meu amigo.

Entre as ondas vou nadar
amodiño e devagar
   con meu amigo.

E sen saia nin retranca
hei nadar na praia branca
   con meu amigo.

Amodiño polas ondas
vou nada-las augas fondas
   con meu amigo.

Na praia branca hei nadar
e mais mira-lo alto mar
   con meu amigo.

XX

Na mañanciña de calma morna
o mariñeiro vén na súa dorna,
   devala a maré
i el meu amigo é.

Cando as gaivotas saen dos niños
trae bo peixe e á casa torna,
   devala a maré
i el meu amigo é.

Pra os cons da ría corvos mariños
e mais gaivotas voan dos niños,
   devala a maré
i el meu amigo é.

Coa mañanciña na calma morna
van pola ría corvos mariños,
   devala a maré
i el meu amigo é.

Trae bo peixe e á casa torna
meu mariñeiro na súa dorna
   e enche a maré
i el meu amigo é
.

XXI

Chía o moucho no piñeiral
e a curuxa voa no val,
   leda axúntome eu
con meu amigo.

Pasa a lúa sobre a montaña,
vai baixando no fío a araña,
   leda quedara eu
con meu amigo.

Trila o merlo entre a silveira
e sube o sol contra a ribeira,
   leda érgome eu
con meu amigo
.

XXII

Díxenche que a ninguén lle importa
quen vén bater na miña porta,
   meu amigo
inda cedo foi ao caxigo.

Dígoche que ninguén debate
quen vén á miña porta e bate,
   meu amigo
inda antes veu ao poxigo.

Díxenche que a ninguén lle ten
quen bate á miña porta e vén,
   meu amigo
inda hoxe comeu pantrigo.

Dígoche que ninguén bufiña
quen vén bater na porta miña,
   meu amigo
inda agora lambeu no figo
.

XXIII

O cervo na ría da auga escapaba
i eu, coitadiña, choraba a porfía,
   meu amigo vai no mar
e non hai lume no lar.

O cervo na praia a auga fuxía
i eu, malpocada, doía e penaba,
   meu amigo vai no mar
e non hai lume no lar.

Ai eu, coitadiña, que tanto choraba,
no lonxe o arroaz brincaba na ría,
   meu amigo vai no mar
e non hai lume no lar.

Ai eu, malpocada, penaba e doía
no lonxe o arroaz na auga choutaba,
   meu amigo vai no mar
e non hai lume no lar.

Ai eu, coitadiña, que tanto penaba,
ai eu, malpocada, choraba a porfía,
   meu amigo vai no mar
e non hai fume no lar.

O cervo na praia a auga fuxía,
na ría o arroaz pra lonxe escapaba,
   meu amigo vai no mar
e non hei lume no lar
.

XXIV

Levantouse a fermosa,
ergueuse coa alborada
e foi lava-las coitas,
   alá no río, ai meu amigo,
fun coa alborada.

Erguérase a ben feita,
levantouse coa alba
e foi lava-las penas,
   alá no río, ai meu amigo,
fun coa alborada.

Levantouse a ben dada,
erguérase co abrente
e foi lava-las mágoas,
   alá no río, ai meu amigo,
fun coa alborada.

E foi lava-las coitas
e a auga llas levaba,
marcháballe coas mágoas,
   alá no río, ai meu amigo,
fun coa alborada.

E a auga llas levaba,
marcháballe coas penas
e xa nunca tornaban,
   alá no río, ai meu amigo,
fun coa alborada
.

XXV

O arao sobre o cavanco
fixo un debuxo branco,
   e meu amigo, u-lo?

O escacho no angarello
puxo un sinal vermello,
   e meu amigo, u-lo?

A melfa nun pelouro
deixou un fío mouro,
   ai meu amigo, u-lo?

XXVI

Ten a ribeira baixa un cheiro acerbo
onde antes augas claras bebía o cervo,
   o río vén doente,
ai meu amigo.

Corren nas abas verdes de xesta e toxo
frascas e reboutallos que meten noxo,
   o monte está doente,
ai meu amigo.

Lixos e porcalladas enchen a praia
e o arroaz polas ondas bagoa e laia,
   o mar está doente,
ai meu amigo.

Ti e mais eu, meu amigo, nus sobre a area,
somos outra merdiña que dá a marea,
   o mundo vai doente,
ai meu amigo
.


ēgm. 2012
Cantigas de Henriq d’A Arousa (1)

Dewey Bunnell

Un caballo sin nombre


En la primera parte del camino
yo iba mirando toda aquella vida:
Había plantas y pájaros y rocas y más cosas,
había arena y colinas y hoyas.
Primero encontré una mosca y su zumbido
y el cielo sin nubes;
el calor era ardiente y la tierra estaba seca
pero el aire estaba lleno de sonidos.

Fui cruzando el desierto
en un caballo sin nombre
que se sentía bien lejos de la lluvia.
En el desierto puedes recordar tu nombre
porque no hay nadie que te cause dolor.

A los dos días bajo el sol del desierto
mi piel comenzó a enrojecer.
A los tres días en la diversión del desierto
yo iba mirando el lecho de un río
que contaba la historia de cuando el río fluía;
me entristecí al pensar que estaba muerto.

Ya ves que he cruzado el desierto
en un caballo sin nombre
que se sentía bien lejos de la lluvia.
En el desierto puedes recordar tu nombre
porque no hay nadie que te cause dolor.

A los nueve días dejé al caballo correr libremente
porque el desierto se había convertido en mar.
Había plantas y pájaros y rocas y más cosas,
había arena y colinas y hoyas.
El océano es un desierto con vida bajo la tierra
y un perfecto disfraz por encima;
bajo las ciudades yace un corazón de tierra
pero los humanos no le darán amor.

Ya ves que he cruzado el desierto
en un caballo sin nombre
que se sentía bien lejos de la lluvia.
En el desierto tú puedes recordar tu nombre
porque no hay nadie que te cause dolor.


America. A Horse With No Name (wikipedia.org)

America. A Horse with no Name


Cantigas de Henriq d’A Arousa (1)

I

Co arco cazaba,
co arco fería,
   e ás aves, meu amigo.

Co arco fería,
co arco mataba,
   e ás aves, meu amigo.

A min disparaba,
a min me fería,
   e ás aves, meu amigo.

II

Van pace-las herbas
os cervos coas cervas,
   seica si,
meu amigo.

Métense nos tobos
as lobas cos lobos,
   disque si,
meu amigo.

Van beber á fonte
as pombas no monte,
   seica si,
meu amigo.

E cando non beben
fan o que elas deben,
   velaí si,
meu amigo.

Si vés á tardiña
imos contra a viña,
   velaí vai,
meu amigo.

Imos onda a leira
e maila figueira,
   velaí vén
meu amigo.

III

Os lobos no monte
ouvéanlle á lúa,
   quen amigo ten
sábeo ben.

Ouléanlle á lúa
onda a carricova,
   quen amigo ten
sábeo ben.

Onda a carricova
e no piñeiral,
   quen amigo ten
sábeo ben.

E no piñeiral
oulean os lobos,
   quen amigo ten
sábeo ben.

Ouvean os lobos
no alto do monte,
   eu amigo hei:
ben que o sei.

IV

As aves cazaba,
ás aves saía
   co seu arco na man,
meu amigo.

As aves collía,
ás aves andaba
   co seu arco na man,
meu amigo.

E á que cantaba
xa non a fería,
   co seu arco na man,
meu amigo.

Á que rechouchía
el non a mataba,
   co seu arco na man,
meu amigo.

A ave que pía
pra min a cazaba,
   co seu arco na man,
meu amigo.

E a que trilaba
a min ma traía,
   co seu arco na man,
meu amigo.

V

O cervo na fonte
a auga avolvía,
   eu amigo hei
e con el bailarei.

No fondo da ría
o cervo choutaba,
   eu amigo hei
e con el bailarei.

Na area brincaba
embaixo da ponte,
   eu amigo hei
e con el bailarei.

O cervo do monte
na area corría,
   eu amigo hei
e con el bailarei.

A area avolvía
o cervo inda onte,
   eu amigo hei
e con el xa bailei.

VI

Na fonte do río
bañábame espida,
   e virá meu amigo?

Na fonte florida
bañábame eu núa,
   e xa vén meu amigo.

Co raio de lúa
na auga da fonte,
   e virá meu amigo?

No río do monte
lavaba o cabelo,
   e xa vén meu amigo.

Secaba o meu pelo
na fonte de pedra,
   e virá meu amigo?

Nas follas da hedra
da fonte florida,
   e chegou meu amigo.

Eu báñome espida,
e morro co frío
   si non vén meu amigo.

VII

A colle-los chuchameles
na bouza do río
   fun con meu amigo,
el que mesto estaba o acivro.

A apaña-los amorodos
á beira do río
   fun con meu amigo,
el que alto era o caxigo.

A comer amoras negras
das silvas do río
   fun con meu amigo,
el ben verde era o carrizo.

A roubar pexegos doces
nas leiras do río
   fun con meu amigo,
e ben grande era o caxigo.

VIII

Da boca da ría
marchou a luz do día
   e meu amigo amaba.

Nas cunchas da area
bateu a lúa chea
   e meu amigo amaba.

Nas ondas da ourela
esvarou unha estrela
   e meu amigo amaba.

O xeito das ondas
movía as oucas fondas
   e meu amigo amaba.

Na area da ourela
rebuldou unha estrela
   e meu amigo amaba.

Co son da marea
marchou a lúa chea
   e meu amigo amaba.

Á beira da ría
chegou a alba do día
   e meu amigo amaba.

IX

A rula ruleira
vén se bañar á ourela,
   eu amigo teño
e de andar con el veño.

A rula rulana
vén se bañar á praia,
   eu amigo teño
e de estar con el veño.

A rula ruliña
vén se bañar á ría,
   eu amigo teño
e de aviar con el veño.

X

O lobo do monte
ouveaba na ponte,
   miña nai,
meu amigo onde vai?

O lobo bravío
ouveaba onda o río,
   miña nai,
meu amigo onde vai?

O lobo salvaxe
ouveaba na laxe,
   miña nai,
meu amigo onde vai?

O lobo sanguento
ouveáballe ao vento,
   miña nai,
meu amigo, velaí vai.

XI

No abrente do día
foi pescar á ría
   meu amigo,
que non está comigo.

Ás illas do mar
foi hoxe pescar
   meu amigo,
que non está comigo.

E inda todo o día
eu esperaría
   meu amigo,
que non está comigo.

Foi hoxe pescar
e heino agardar
   meu amigo,
que non está comigo.

Mais na súa dorna
xa da pesca torna
   meu amigo,
que non está comigo.

Na súa dorniña
da pesca xa viña
   meu amigo,
que non está comigo.

XII

Ondas do mar d’Arousa,
hai unha cousa
que levou meu amigo
e non a pousa,
   meu amigo, que vai no mar.

Praias do mar d’Arousa,
miña alma morna
levouna meu amigo
e non ma torna,
   meu amigo, que vai no mar.

Penas do mar d’Arousa,
ai, meu amigo
levoume a alma consigo
e non ma pousa,
   meu amigo, que vai no mar.

Illas do mar d’Arousa,
se non a pousa
a alma meu amigo
doulla ata a lousa,
   meu amigo, que vai no mar.

Ventos do mar d’Arousa,
si non ma torna
doulla de aquí ata a lousa,
miña alma morna,
   meu amigo, que vai no mar.

XIII

Ás ondas do mar enchido
lonxe vin i-lo navío
   i eu, fermosiña,
meu amigo non tiña.

Ás ondas do mar alzado
longo vin marcha-lo barco
   i eu, tan ghopiña,
meu amigo non viña.

Nas ondas do mar saído
veu queda-lo meu amigo
   i eu, bonitiña,
meu amigo non tiña.

Nas ondas do mar irado
meu amigo foi finado
   i eu, fermosiña,
meu amigo non viña.


ēgm. 2012
Cantigas de Henriq d’A Arousa (2)

Juan Eusebio Nieremberg

De la verdad de los monstruos fabulosos


Sobre si hay tritones. Se cuentan notables historias

También la fama, que es más blanda que la cera para formar cualquier mentira, ha hecho pasar por hombres a los tritones. Aquí se han de examinar los mismos dos puntos: si existen estos monstruos y si son hombres. Tan cierto es lo primero como falso lo segundo: son monstruos marinos con forma humana y de ellos está poblado el Océano. Y la verdad del caso es que existen, y se han encontrado tanto en tiempos pasados como en los presentes. Antiguamente en Portugal se vio a un hombre que salía del mar tocando con la boca una caracola. Y, más recientemente, en el año 1523 se encontró en Roma, en Ribera Mayor, un hombre medio pez con las demás señas con que Apolonio en sus Argonautas describió al Tritón. También los que han ido a las Indias los han encontrado, como escriben Pedro Mártir y Francisco Hernando en sus Manuscritos. Diacometo Bonifacio también aseveró haber visto uno en España, el cual le trajeron conservado en miel desde el extremo de Mauritania. Demonstrato escribe que vio otro con sus ojos. Lo mismo atestigua Pausanias de uno que se mostraba muerto en Roma. Scalígero cita entre otros testigos de vista de estos monstruos a Sebastián Garado, soldado de su padre, a Georgio Malacasa, a Constantino Paleocapo y a Valerio Tesira Valenciano.

Sobre si hay nereidas y sirenas. Se refieren cosas raras

Lo mismo ha de decirse de las nereidas, que son peces con la mitad superior del cuerpo de mujer. En tiempos de Augusto fueron vistas en Portugal. Eliano escribe que se hallan cerca de Trapobana. Masario atestigua que las han visto los navegantes. En el río de Cauna, en Mozambique, se halla el pez mujer, el cual tiene medio cuerpo de hembra, y da mucho que hacer a los portugueses, en cuidar de que sus esclavos no vayan a tener cópula con estos peces, porque van al río con esta intención, como a una casa pública. Pero sobre todos estos es ilustre el testimonio de Alejandro Neapolitano, que cita a Teodoro Gaza, quien las vio con sus ojos. Y no hace muchos años que apareció una en Frisia; era un monstruo marino, la mitad con figura de doncella y la mitad de pez, la cual vivió algunos años y aprendió a hilar, según afirman Cardano, Belonio y nuestro Cornelio. Si bien algunos las llamaron sirenas, engañados por la opinión del vulgo, que a las sirenas cree medio peces, no son sino aves. Teopompo, Itacio, Calescro, Albrio y Bocato así lo juzgaron, coincidiendo en esta opinión los gramáticos griegos y latinos. De la contienda que tuvieron con las Musas, de la que escribe Pausanias, se deduce que las hay; y así con sus plumas pudieron tejerse coronas las nueve hermanas. Casi no hay antiguo que las tenga por acuáticas; esta y otras mentiras debe el vulgo a los pintores.

Sobre si hubo cinamolgos. Se describe uno que trajeron a Francia

Donde la fama mintió menos y donde se engañó más fue acerca de los cinamolgos o cinocéfalos, teniéndolos por hombres con rostro de perro. Megástenes y Ctesias Gnidio fueron los que la sembraron; la han sustentado Plinio, Eliano y Solino; la mantuvieron Juan de Plano, o de Plancarpio, y Vicencio Burgundio; la renovaron Marco P. Veneto y el beato Odorico. En su tiempo dice Vicencio que trajeron uno de aquellos monstruos a Francia para que lo viera el rey, y da señas exactas de él: tenía cabeza de perro, los demás miembros humanos; los muslos, manos y brazos tan sin pelo como los nuestros; el cuello también, y era blanco, pero tenía pelo en la espalda. Se mantenía derecho como un hombre, se sentaba como nosotros, comía la carne cocinada, bebía vino de buena gana y tomaba el bocado en la mano con educación y modestia y lo llevaba a la boca. Marco Polo confirma en parte la aseveración de Megástenes: dice que se hallan en la India, en la isla de Angamán, y que comen carne humana. El beato Odorico dice también que en Nicouberta, ciudad precisamente de la India, los hay.

De la imaginación de Nabucodonosor y de la licantropía

Hay otras imaginaciones que son solo enfermedades. Es célebre la que llaman los griegos licantropía, otros alcatrab o catrab, o cucubut: cuando alguien piensa que es un lobo, y anda toda la noche como lobo, rondando los cementerios y sepulcros. Fernelio habla de uno de ellos que pasó catorce noches sin dormir. Magio escribe de Antonio Donchio al que encontraban en los sepulcros de noche y que había llenado su casa con huesos de muertos. Quizá refiriéndose a esta locura dijo Plino que algunos hombres se transformaban en lobo. Nabucodonosor pasó enfermo siete años en los campos con una especie de licantropía. Lo que Aristóteles dice de Antiferonte parece cosa de imaginación.


Juan Eusebio Nieremberg. Curiosa y oculta filosofía, 1649

Anxo Angueira

[O Lugués]


Era de aquí da Arousa e chamábanlle o Lugués. Aquela noite… Aquela noite fora de tronada. Oíase que bruaba o mar de Corrubedo. Non se fai acordanza de noite coma aquela. Agora que a mañá fora de calma. O caso é que o Lugués foi á luzada. Saíu de madrugada para os polbos. Era destemido. Ía con cambelos. Ben, non sei si saíu para os polbos con cambelos ou para o choco coa femia do ramo. Que máis ten! Igual debía ser. O cambelo, parecido á raña, é un pau con chumbada de pedra e leva carnada de nocra. A nécora é o que máis lle gusta ó polbo. E mira ti que cando iamos co bou ó pateiro e chegabamos con el, que o querían para esterca-las leiras, había quen dicía que non chos quero que ten moita nocra. Os polbos son listos coma os allos. E se foi no seu tempo, pola hora que se botou ó mar, igual ía ós chocos. Coa femia, con dúas femias, unha por cada banda, o choco no seu tempo entra coma un fuso. Carallo se non entra. E si, o Lugués tamén era ben femieiro. Apañaba as femias co ramo, cun ramo de piñeiro, un verde ramo. Espetáballe o sedal no cu do manto e pasábao pola caverna. Botaba unha o dúas por cada banda, amarrando a sedela a unha vara, a un tancón que levaba atravesado na dorna que sobresaía aínda ben un algo polas bordas. Isto no seu tempo, por marzo ou aí. E entón veña remo e veña as femias todas espantrigadas chamando nos machos pola ría adiante. O mellor é non usa-la francada para non feri-la femia. Colles un truel e arriba co macho. Se xa están apegados, sóbe-los dous, sepáralos e volves botar ó mar a femia. Si, o Lugués era ben femieiro. Pois na madrugada de aquela noite de torbón o Lugués foi ó mar. Saíu do Porto do Campo con rumbo sur. Estaba na zona de Quilma, onda a enseada da Brava e as Aceñas. O caso é que a tronada non debera pasar de todo. E podía esta-lo mar ben calmo. Podía. Non se fai acordanza de caso coma el. Estaba o Lugués na súa dorna ós polbos con cambelo ou estaba… que máis ten! Estaba e veulle enriba un raio que o fulminou. Non se fai acordanza. Sería o isqueiro. Sería. Sería o que fose. O caso é que de mañá apareceu morto. Ían os do rastro para as Serradelas de Guidoiros deixando por fóra o illote do Camallón e alí o viron contra as Aceñas. O Lugués estaba queimado enriba da tilla, negro negro, negro…

—Coma un chamizo.

Si, negro coma un chamizo. A dorna, furada, no panel da cadeira, houbo que traela entre augas. O mar parecía de calma. Debeu ser un raio perdido que o ceo se esquecera de botar de noite. E mira que o mar é grande. E a Arousa é grande. E a Brava é grande. E todo é grande en comparanza cunha dorna. Unha dorna non é nada neste mundo. E aínda dentro dunha dorna… Pois foille tocar ó malpocado do Lugués. Aquela luzada súa, de femia ou polbo, foi a derradeira.


Anxo Angueira. Iria

Anxo Angueira

Iria, fragmentos


Agora na proa, Lens e o mariñeiro envergan e arman a trinqueta e o foque nos estais do caperol e no da punta do bauprés. Largan escotas por couse para a empopada. Miguéns caza a escota da maior. O patrón, agora xa no leme, sen abadona-la paipa, corre a argola cara a couse no varón. Miguéns repasa aparellos, cabos e nós. O rapaz asubía. Renxen táboas e relingas. O Iria por fin colle aire e respira, subindo na devalante e no nortiño. Foise a néboa e maila noite. Faise día, un chumbo fusco, arrefriado, que tingue de gris os lenzos do galeón, as chemineas das fábricas de Catoira, o esteiro do Ulla. E o Iria colle aire e unha reprise entrecortada, camiño do mar da Arousa, camiño do barro ou da madeira ou do sal ou do que non se sabe. Camiño dun infinito de illas, insuas e illotes, de cons e morosas, de agullas, aguillóns, aguiúnchos e angueiros, de areas, arnelas, arnosas, areosos, areais, ríos, regatos, vaos, bancais, bicos, bois, cabalos, bolos, cabezos, lombos, carreiros, castelos, castros, comboas, concheiros e conchidos, cousos, cruces, cubertos, fontes, esteiros, forcadas, fuciños, furados, navallas, novas, laxes, lobeiras, ostreiras, polbeiras, mesas, pombeiros, pateiros, praias, pedras, pedriñas, petóns, covas, baixos, abrigos, puntas, puntais, pragueiros, peiráns, portos, pozos, ribeiras, saltos, santos, seixos, sinais, torres, touzas, remexedoiros. Camiño dunha infinita, enferruxada, revirada rede de rías dentro da ría labirinto Arousa.

∼ ∼ ∼

Mañá de día limpo do verán primeiro. A maré está no socheo. Cabalos ceibos pacen na herba, nas flores e nos lirios, no toxo cativo da insua das isuas, a insua de Bexo e da Vacariza. As dornas e os mecos de Porto, Cesures, Requeixo e da Ponte soben polo lombo da Rubia regresando, a bolinar, cheos os paneis e as cadeiras de robaliza, solla e muxo. De muxo batalleiro e franco, que ten a cuncha dourada na cabeza, e do muxo de fondo e lama, o galludo e bocacho, menos apreciado. Regresan dos lances de luzada por tramallo de balar e tallada de canas. O norte da mañá enche as relingas e o ollado do remo do temón nos mecos canta no tolete de popa coas viradas. Por riba dos mecos e das dornas soben do mar carráns e pardelas. Apegada á ribeira de Vilar, unha frecha rasante de corvos mariños adianta lambendo o canaval de xuncos e canivelas. Corvos do monte pousan nos brazos dos cruceiros e no bico das cavernas dun costal, afundindo entre a lama e a herba da ribeira na punta dos Paxaros, ósos negros dun vello galeón de antano, brillantes ó sol limpo da mañá.

∼ ∼ ∼

Hai afogamentos que ceban a súa crueldade, se é do caso, nunha mesma familia. A min vénseme ás mentes neste tema a acordanza dos de Merino, os de Merino da Arousa. Os de Merino deste afogamento foron o pai, Ramón Núñez Suárez, de corenta e catro anos, e os seus fillos Sergio Ramón, de vinte e dous, e Mariano, de vinte e un. Patroneaba o barco que era de seu, José Dios Outenda, vinte e catro anos, o Ferreiriño. Afogaron os catro.
O barco era do mexillón, que foran levar unha boa carga del ó Caramiñal. Pois cando viñan de volta para a Arousa, alí pola Ostreira, que é un illote que xa ten dado ben de sustos, o barco afundiu e os catro tripulantes, os catro da Arousa, afogaron.


Francisco Martínez Bouzas, «Iria», homenaxe á lingua nacional (novenoites.wordpress.com)
Anxo Angueira. Iria

Sorda claridad

Las cosas que no quieren suceder
son las que ves en los sueños,
los fantasmas de la villa encantada
disfrutan de sus vacaciones,
y una máscara de negros colmillos

recorre los fríos pasillos,
nos atraviesa con la aurora
la luz que aguardaba en los cementerios
a la huida de los espíritus,
declina la respuesta de los dioses,

y el amanecer nos anuncia
que el mar volverá a ser azul
y blanco el arañazo de las olas,
la vuelta a la realidad es siempre
un mecanismo desgastado,

ignora a quien ignora
las leyes de la gravedad,
desnúdate, ven, vamos a nadar,
en el lejano abismo de los días
aún mi subrazón subsiste,

no se lo cuentes a papá
o nos encerrará en su medio miedo,
tierna tórtola turca,
no se lo digas a tu mami
o querrá bailar con nosotros,

si alguien cae a un terreno fragoso
y se queda a vivir en él,
tendrá que aceptar cada arroyo y risco,
o cada fugaz victoria o fracaso,
con la misma cara de memo,

inmenso, el cielo brilla intenso
de horizonte en horizonte,
y los sordos lo ven aún más oscuro,
mientras la luz arde ahí,
refulgiendo ante su ciega nariz,

ha dicho otro oráculo que
la realidad no es un orbe perverso
sino el lapso en el que eres
y deberás intentar entender,
en lugar de encender inciensos

y recitar vanas plegarias
en las mansiones encantadas,
los espectros no escuchan tus susurros
y se ríen furtivamente, atiende,
de los humos perfumados,

de los rezos aturdidos,
mientras la nova fulgura aún ahí,
liberando luz y energía,
nademos, ven, un poco más,
mi tierna tórtola turca,

un instante o una breve eternidad,
oh, la insondable niebla de los días,
la penumbra causa ceguera
y el alba solo defrauda a los ciegos
que nada esperaban ver,

desnudos, el sol entibia las peñas
sobre las cimas de la realidad,
bailemos algunas canciones más,
podrán correr y gritar
pero no podrán encontrarnos,

suele durar un rescoldo en la hoguera,
una mancha en las nubes,
una pausa en el flujo del discurso
que pueden ser interpretados
a su gusto por el chamán,

si el tiempo tampoco existe
no te entretengas dudando en la noche,
que ya no hay más, y es mucho
lo que nos queda por nadar,
nadie sabe ni sabrá, como viento

viene y en viento vuelve,
aunque corra, no nos alcanzará,
si ciertos líquenes en la profunda
umbría de la vida
prefieren ignorar la claridad,

otros, flemáticamente, persisten
aferrados a las rocas
sobre las cumbres de la realidad,
el mar se esmalta en cobalto
por la extendida alborada y las olas

calmadas arañan la arena
y se satura de luz la mañana
deslumbrando solo a los ciegos,
sí, suave tórtola turca,
sumidos en su sorda oscuridad,

mientras la luz está brillando ahí
y cuantos quieren verlos
ven cielos siempre sombríos
y, tenebrosa, la bruma los cerca
y el horror se abre bajo sus pies.

egm.2012

David Bowie

Hombre-estrella



Adiós, amor.
No sabía qué hora era
y había poca luz.
Me acerqué a la radio,
un tipo tocaba rock and roll
con mucha energía.
Entonces el fuerte sonido empezó a desvanecerse
y volvió como una voz lenta
en una onda de fase.
No era un locutor,
aquello era una confusa cháchara cósmica.

Hay un hombre-estrella aguardando en el cielo.
Le gustaría venir a conocernos
pero cree que nos volaría el cerebro.
Hay un hombre-estrella aguardando en el cielo;
nos ha dicho que no lo volaría
porque sabe que todo eso vale la pena.
Y me dijo:
Dejad que los niños lo pierdan,
dejad que los niños lo usen,
dejad que todos los niños lo bailen.

Tenía que telefonear a alguien,
así que te elegí a ti.
¡Eh, esto viene de muy lejos,
tú lo oirás también!
Pon la tele,
quizá salga en el canal dos;
mira por la ventana,
estoy viendo su luz.
Si nosotros brillamos
él podría aterrizar esta noche.
No se lo digas a tu papá
o del susto nos encerrará en el infierno.

Hay un hombre-estrella aguardando en el cielo.
Le gustaría venir a conocernos
pero cree que nos volaría el cerebro.
Hay un hombre-estrella aguardando en el cielo;
nos ha dicho que no lo volaría
porque sabe que todo eso vale la pena.
Y me dijo:
Dejad que los niños lo pierdan,
dejad que los niños lo usen,
dejad que todos los niños lo bailen.


David Bowie. Starman

La primera erección


La gravedad allá
es un poco más fuerte que en la Tierra,
todo comienza con una erección,
la confirmación del yo en su cosmos,
y me cansa tanto pensar,

sube niebla del río,
si no puedes soportar la belleza
al menos oculta tu estupidez,
las inexplicables explicaciones
que los crédulos creyentes se dan

a sí mismos para justificar
la enormidad de la chapuza cósmica
no debieran ser aceptadas
por los pálidos fantasmas burlones
ni por ningún ser racional,

sé lo que digo con lo que no digo
y he aprendido a escuchar el silencio,
el alacrán reduce el tiempo
a una sola pregunta
que conviene no formular,

aunque la gravedad aquí
sea apenas más débil
que en el centro del Universo,
allí donde alguna vez
pudo existir la singularidad

de una perfecta y cósmica erección,
el alcohol no ayuda pero entontece,
escucha a los que callan,
niebla, niebla desde el río,
todo acostumbra a comenzar

con un gran estallido,
como una cósmica eyaculación
que lanza su exuberancia de estrellas
hacia el arenal de esta playa
que la marea no desbordará,

en el silencio quedan tus secretos
perfilados en tinta azul
contra el pulido papel,
y la neblina por el níveo río
de tu galaxia local,

porque siempre es tarde
para hacer lo que no hicimos
también siempre es pronto
para hacer lo que no haremos,
esta gravedad que nunca podrá

mantenerme a mi yo sujeto,
en los cañaverales del pantano
susurra confusa la brisa
los sacramentos de la convulsión
primigenia y primordial

de la que germina el Universo,
vasto, expandiente y terso,
entre pedacitos de roca
mi corazón se disemina
en haces de dinámica fugaz,

en la cueva de las brujas
es revelada la tiniebla
como un dibujo en papel transparente,
caray, esta perversa gravedad
no quiere dejarme pensar,

desde el planeta aún distingues bien
la radiación de microondas
junto al denso pantano,
una sucia mancha blanca
contra la oscura eternidad,

la celebración del yo en su abismo,
hasta ahora voy respirando
la mezcla exacta de ozono, criptón,
oxígeno, nitrógeno y argón,
creerás que es fácil quizá

pero no sabrías hacerlo,
algas en el mar, hongos en el musgo,
líquenes bajo la profunda umbría
que la luz nunca rozó,
todos creemos saber respirar

mientras esperamos que role,
no lo ha visto nadie, niebla en el río,
sobre las rocas del río,
flores de esperma en el fuego, que role
hacia el infinito la gravedad,

me despierto en plena erección,
el alcohol no resuelve los problemas
pero embota los sentidos
y desactiva el revuelto cerebro,
ser un ser racional

no es una puta elección,
ser un liquen te permite vivir
lejos del roce de la luz
y de la comprensión del Universo,
nunca ha habido y nunca habrá,

en perenne eyaculación
aun después de la última implosión,
y varada entre esquivos asteroides
mi subrazón se hiela
con esta equivocada gravedad

que estanca mi pensamiento,
surfeando sobre el chorro de estrellas
desciendo la ola del tiempo
hacia las playas de este peñasco
que la resaca no descifrará,

y en un pequeño planeta sin dueño,
viento, marea y roca,
continúan entreabriendo la boca
los muertos en su sueño,
líquenes en la lienta oscuridad,

ignoro que conozco la pregunta,
finjo olvidar la respuesta,
me basta la visión del alacrán,
contemplo la fluidez de la galaxia
sin intuir ninguna señal,

niebla, las cándidas explicaciones
que no hay modo de aceptar,
vuelvo a despertarme en tensa erección
vislumbrando algún sueño cosmogónico
que no recordaré jamás,

sospecho que no es hora de pensar,
araña enterrada en su duna,
rebusco un amuleto entre los astros
que aparte de mí a los dioses
que estos crédulos gustan de adorar.

egm.2012



Moebius

Stoë Orkeo


―¿Qué demonios es eso?…
―¡De eso se trata, Sir, que no lo sé! ¡Ha surgido en la pantalla y no hay manera de borrarlo!
¡Saluto! ¡Acabáis de entrar en la Zona Tar’Ai…! ¡Así que, ojo…! ¡Magia!
―¡Es horrible! ¡Estoy rompiéndome!
Rzzkktth. Acércate por aquí…
―Noooo.
…ya que quieres verme.
Bartmagoo tiene la sensación de ser estirado hasta una distancia enorme… Está tan asustado que la razón le falla…
¡Stoë Orkeo!…
El servicio de recepción… ¿Dónde está el servicio de recepción?
¡Ya va! ¡No hace falta gritar! ¡Aquí cada cual cumple con su obligación!
―Canicas… Con el tiempo tendré miles… Y respecto a esos dos capullos de la calle de la Bandeja, les voy a… ¡Mamá!… ¡Vuelve! Las calles de Armjourth están vacías y oscuras… La salamandra proyecta fulgores danzantes sobre la pared, encima de mi cama…
¡Eh!… ¿Eres tú, Orne Batmagoo?…
―Es el dragón, que me conoce bien… Está ahí, escondido. ¡Quiere morderme en la cabeza! Es el Dragón Rojo… Está furioso… ¡Quiere comerme los pensamientos!
Lo sé… ¡Sube! ¡El Tar’Ai está esperándote! ¡Qué cara se te ha puesto, Orne Batmagoo! Ya se ve que no estás contento… Nunca estáis contentos cuando estáis desnudos…
―Mama no volverá nunca… Ahora lo sé… Me abandona cuando detrás de la puerta de cristales, en el oscuro pasillo, la bestia de garras afiladas, de colmillos-agujas, se acerca para morderme los tobillos… Entonces me unto con grasa de cerdo… Subo a su cama…
¡Es la regla aquí, mi estimado Orne!… Los comunicantes tienen que estar desnudos. Has de saber, para tu tranquilidad, que a mí ese espectáculo me deja frío.
―Los otros niños… Los otros niños no conocen mi verdadero rostro y además, Sper, ¿quieres ser mi amigo? ¡Sper!… Vamos debajo de la escalera del patio… Juguemos en la oscuridad… Se tocan la piel… Hacen brotar líquidos opalescentes… ¡Sper! Me has traicionado… ¡Estuve llamándote en vano, ayer mismo, delante de tu casa, durante interminables horas! ¡Caray!… Me ha mentido… ¡Es como todos! ¡Por el Interplano! ¿Cómo he podido dejarme engatusar por ese enano grasiento de Sper Gossi?… Durante estos años no ha hecho más que darme órdenes… Yo era su esclavo, al servicio de su ambición megalómana… Y él ahora es emperador. Y yo… ¿qué soy? ¡Nada!
Hemos llegado.


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John Larcher, Resumen
Ediciones del Garaje
Fuenpozuelos, 2009, 7ª edición
Fragmento del capítulo segundo


Boris Vian

Hazme daño, Johnny



Él se levantó junto a mi escote.
De pie, era más bien bajito.
Me dije: Ya lo tengo en el bote,
a mi cama se viene este niñito.
Me llegaba solo hasta el mentón,
pero era fuerte como cualquiera.
Me siguió a mi habitación
y le grité: Vamos allá, mi fiera.

Hazme daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Llévame hasta el cielo… ¡zum!
Hazme daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Me gusta el amor que hace ¡bum!

Él va a hacerle daño. Él va a hacerle daño.
Él va a hacerle daño. Él va a hacerle daño.

Llevaba solo los calcetines, animados
con rayas en azul y en amarillo.
Me miró con ojos asustados.
No entendía nada aquel pardillo,
y me dijo con cara desolada:
Yo no le hago daño ni a una mosca.
¡Me enfadé! Le di una bofetada
y le chillé salvaje y hosca:

Hazme daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Yo no soy ninguna mosca… ¡zum!
Hazme daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Me gusta el amor que hace ¡bum!

Venga, hazle daño. Venga, hazle daño.
Venga, hazle daño. Venga, hazle daño.

Al ver que no me daba guerra
le insulté muy duramente,
le llamé lo más feo de la tierra
y alguna cosa mucho menos corriente.
Eso lo despertó de pronto
y me dijo: Quieta, para el carro,
me has tomado por un pobre tonto.
Te voy a dejar como un cacharro.

Me haces daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Con los pies no… ¡zing!
Me haces daño, Johnny, Johnny, Johnny.
No me gusta el amor que hace ¡bing!

Él le ha hecho daño. Él le ha hecho daño
Él le ha hecho daño. Él le ha hecho daño.

Se puso su pequeña camisa,
su pequeño traje, su pequeño calzado
y bajó la escalera sin prisa
dejándome un hombro dislocado.
Por esta clase de matones
bien vale la pena lo que gasté.
Ahora tengo en las nalgas moratones
y juro que nunca más diré:

Hazme daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Llévame hasta el cielo… ¡zum!
Hazme daño, Johnny, Johnny, Johnny.
Me gusta el amor que hace ¡bum!

Oh, Johnny…

¡La leche! ¡Me hizo mucho daño!


Fais-moi mal Johnny (wikipedia.org)

Magali Noêl. Fais-moi mal Johnny

Ignorando las estrellas


El día en que los humanos
descendieron sobre el planeta Tierra,
huraño en un desierto extraño,
estaba yo cogiendo albérchigos
en el huerto de la abuela,

la araña bajo el austero
laberinto de la duna,
y del río, el cocodrilo entre el fango,
de la banquisa, el oso sobre el hielo,
solos, acechan, se ocultan,

extraño en un planeta huraño,
escrutando un firmamento
que ya no emite más sofismas,
mientras los infectos insectos
en sus cubiles ignoran el grado

de su insustancial estulticia,
viviendo como si entendieran algo,
orando como si los dioses
pudieran descifrar sus oraciones
ni desentrañar los oráculos,

sin sospechar la belleza,
mira a las libélulas en la ciénaga,
ven antes de que vuelva el viento,
antes de que la neblina
oculte su color en sus gríseos,

oh, no pueden suponer la belleza
del escarabajo bajo la ortiga,
el cardo marino en la arena
y los cormoranes junto al roquedo
o el quelpo en el océano,

el nimbo cernía el volcán,
lo sabes primero y después lo tienes
en la cuesta del pinar,
atravesando estratos fluentes,
cada y cada vez más profundos,

sientes subir el flujo
hacia la arcana cumbre hendida
en la obscena fantasía facial,
la lábil lava tranquila
desciende la ladera del volcán,

lejos del fuego mi instante ardía,
inmerso en la contemplación del tiempo,
aunque eres tan feliz y espléndido
no podrás evitar los códigos,
lo sientes primero y después lo ves,

sabe el tonto al menos que es tonto,
lejos del tiempo mi instante está ardiendo,
niega el estúpido su estupidez,
semen vertido sobre el fuego,
tela azul, vela azul en blanco azar,

ser de la materia incorpórea,
la sangre refundida en lava y sal,
solos, acechan, se encorvan,
araña en un planeta insecto,
con que debieran hacerse los hombres,

ciega llamarada en el ciego cielo,
fingiendo ser un alga insomne
que fluctúa en la rompiente,
tan solo un sargazo inerte
mecido en la marea incierta,

quien no sufre no disfruta,
ay, no saben padecer la belleza,
nada ve quien nunca escucha,
quien no mira, no oye nada, nunca,
de la luz sobre la luz crepitante

hablando el lascivo lenguaje
del sol sobre el desierto y de la lluvia
sobre el estanque y los junciales,
lo tuve, lo vi y lo supe
cuando en la suave montaña que sube

desde el pasado transversal
hasta lo que no debieras soñar,
la pálida lava se deslizaba
a la sangre consagrada
a los dioses infernales, y tienes

que hacerlo, así, con calma,
como el alga en la rompiente,
derelicto en la marea indecisa,
déjate atraer y empujar,
pedazo de mierda undívaga,

entre las olas que llegan
y el reflujo que jamás volverá,
y no les des de comer a las hienas,
labrado de los pulsos incorpóreos,
el menhir contra el dolmen,

con que debieran hacerse los hombres,
oculto, acechante, solo,
ya no entran más mensajes,
malva, starwatcher, en tus venas,
de las islas siderales,

cada día mueren su vida inocua,
desprecian lo que no desean,
destruyen lo que les estorba,
odian lo que les acompleja
y no pueden admitir la belleza

de las libélulas en el estero,
en el arduo acantilado el charrán,
la piel contra la piel erecta,
y yo, que me comía los albérchigos
en la cuesta del pinar.

egm.2012



Guillaume Apollinaire

69 6666 …6 9…


Los inversos 6 y 9
se dibujan como una cifra exacta:
69
Dos serpientes fatídicas
Dos lombrices
Número impúdico y cabalístico
6: 3 y 3
9: 3 3 y 3
La trinidad
La trinidad en todo
que se reencuentra
con la dualidad
Pues 6 dos veces 3
y trinidad 9 tres veces 3
69 dualidad trinidad
Y estos arcanos podrían ser más oscuros
pero tengo miedo de sondearlos
Quién sabe si no está allí la eternidad
más allá de la chata muerte
que se divierte dando miedo
Y el hastío me envuelve
como un vago sudario de encaje sombrío
esta noche
 


Guillaume Apollinaire. 69 6666 …6 9… (cobra-le-cynique.fr)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

69 6666 …6 9…

Les inverses 6 et 9
Se sont dessinés comme un chiffre étrange
69
Deux serpents fatidiques
Deux vermisseaux
Nombre impudique et cabalistique
6 : 3 et 3
9 : 3 3 et 3
La trinité
La trinité partout
Qui se retrouve
Avec la dualité
Car 6 deux fois 3
Et trinité 9 trois fois 3
69 dualité trinité
Et ces arcanes seraient plus sombres
Mais j’ai peur de les sonder
Qui sait si là n’est pas l’éternité
Par-delà la mort camuse
Qui s’amuse à faire peur
Et l’ennui m’emmantelle
Comme un vague linceul de lugubre dentelle
Ce soir



Son de oleaje


Liquen bajo el subsuelo,
ofiura sobre el bentos,
consigues incluso creer
que también perdura la oscuridad,
qué eres,

allende el lugar tenebroso
en el que estás confinado a vivir,
vibra el agua en la ninfa,
sirenas vigilantes en las algas
y los prados de posidonias,

se encrespan los cardos marinos,
chillan las aves del mar en su vuelo
sobre las peñas, las olas
susurran preguntas de arena,
qué eres,

tiembla el crambe en el roquedal,
la primera ola movió sus pies,
la segunda lo derribó,
la tercera lo fue arrastrando
hacia los misterios del mar,

entiendes que es un papel,
tan solo los hombres sueñan con dioses,
evita su mirada en los abismos,
no creas la canción de las sirenas,
qué eres,

grisáceo arrecife sin costa,
cuando regresa la calma a la orilla
el viento en las rocas subraya
el rito inmemorial de la marea,
las algas y la arcana oscuridad,

de la bajamar sigue el denso olor,
cede al estupor de la pleamar,
cae con la planicie que se hunde
hacia la negrura insondable,
qué eres,

el págalo desde la altura
ignora todo tu desconcierto,
ocúltate en la tiniebla más fina,
porque, aunque fuera un papel de dios,
no más que un papel sería,

fluye trozada en sombras,
se disuelve en toboganes
la luz profunda hacia el bentos
sin hallar las pupilas en tus ojos,
apenas los trasluces de los congrios,

declives ondulantes, prismas,
no busques la mirada de los dioses,
ofiura, seas lo que fueres,
yaciendo en el fango del bentos,
el mismo fango sin memoria

en que las algas derivan al rojo,
donde los peces comienzan a andar,
extiende tus brazos escuálidos,
absorbe la penumbra en la pendiente
hadal de los olvidos abisales,

helecho en el acantilado,
musgo en el húmedo muro,
recuerda que el recuerdo es nada más
carnada del anzuelo de los días,
qué eres,

no hay tiempo en el silencio,
el cadáver del niño vagabundo,
perdido en las eternidades
donde ensueñan las crédulas sirenas,
jamás descansará en la tibia paz,

al fin llegas a entender
que existes sin temer la oscuridad
y desarrollas tu papel
aun después de saber que es una farsa,
qué eres,

la arena susurra, pregunta
en el frío de los sueños, sisea
el viento bajo las rocas
y la lluvia sobre el océano,
solo los niños seducen sirenas,

no escrutes la mirada de los dioses,
tú, hecho de la materia incorpórea
de la que, probablemente,
en esta antigua oscuridad,
deberían estar hechos los hombres.

egm.2012