Philippe Soupault

Gramática


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Tal vez y siempre tal vez
Adverbios que me molestáis
Con vuestros casi y casi no
Cuando los apóstrofos florecen.

A vosotros puntos y comas
Que bullís en los estanques
Donde nadan los subjuntivos
Os empaqueto y os ato.

Sed malignos párrafos
Para que se cumplan las profecías
Bastardo vergonzoso de los gramáticos
Y los que tienen mala sintaxis.

Chupaos vuestros imperativos
Y dejadnos dormir
De una vez
Es de noche
Y hace calor.
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Philippe Soupault. Grammaire
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Linda Pastan

Hay poemas


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Hay poemas
que nunca se han escrito,
que se mueven solo a través
de la mente
como por el cielo
de un día en calma;
lentamente la primera palabra
deriva al oeste,
las últimas letras se disuelven
en la lengua,
y lo que resta
es el azul puro
del conocimiento, sin nubes
ni alivio.
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Linda Pastan. There are poems
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Irene Lisboa

Escribir


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Si yo pudiera habría de… de…
¡transformar las palabras en maza!
Habría de escribir reciamente.
¡Cada palabra, seca, irresonante!
Sin música, como un gesto,
un golpe brusco y sobrio.
¿Para qué,
y para qué todo el artificio
de la composición sintáctica y métrica,
este redondeado lingüístico?
Me gustaba lanzar palabras.
Rápidas, secas y bárbaras: ¡pedradas!
Sentidos propios en todo.
¿Amo? ¡Amo o no amo!
¿Veo, admiro, deseo?
O no… o sí.
Y, con esto, continuando…

Y me gustaría,
para las infinitamente delicadas cosas del espíritu,
(¿cuáles? ¿pero cuáles?)
en oposición a la braveza
del juego de la pedrada,
de la puntería a las cosas ciertas y negadas,
me gustaría…
¡escribir con un hilo de agua!
un hilo que nada trazara…
fino y sin color… miedoso.
Oh, infinitamente delicadas cosas del espíritu…
Amor que no se tiene,
deseo dispersivo,
sufrimiento indefinido,
idea incontorneada,
aprecios, gustos fugitivos…
Ay, el hilo de agua,
el mismo hilo de agua ¿podría
pasar sobre vosotros, transparentemente…
o seguiros, humilde y tranquilo?
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Irene Lisboa. Escrever
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

John Keats

Cuántos bardos adornan el transcurso del tiempo


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¡Cuántos bardos adornan el transcurso del tiempo!
Algunos de ellos siempre fueron el alimento
de mi ensueño fantástico –podría cavilar
sobre sus cualidades, terrenas o elevadas–

y con frecuencia, cuando me dedico a los versos,
en tropel intervienen ante mi inspiración,
pero sin desconcierto ni grosero trastorno,
haciendo su función con un timbre agradable,

como tantos sonidos que prodiga la tarde:
el canto de los pájaros, el rumor de las hojas,
la voz de los arroyos, la campana que se alza

con solemne tañido, –y miles de otros más
que la distancia impide que los reconozcamos–
producen grata música y no salvaje estruendo.
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John Keats. How many bards gild the lapses of time
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda