John Donne

Canción


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Ve y atrapa una estrella fugaz, coge
con un niño una raíz de mandrágora,
dime dónde están los años pasados
o quién hendió el pie del Diablo; enséñame
a escuchar el canto de las sirenas
o a alejar la punzada de la envidia
y encuentra
cuál es el viento
que hace avanzar a una mente honesta.

Si has nacido para extrañas visiones,
cosas invisibles al ojo,
cabalga por diez mil días y noches
hasta que la edad nieve sobre ti
blancas canas; y al volver contarás
las raras maravillas que encontraste,
jurando
que en parte alguna
vive mujer sincera y también bella.

Si encontraste una, házmelo saber:
dulce fuera tal peregrinación;
aun así, yo nunca la haría,
aunque en la puerta de al lado estuviera:
aunque sincera fuese, si la hallaras,
al fin, cuando tú le escribas tu carta
ya ella
te habrá engañado,
antes que yo llegue, con dos o tres.
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John Donne. Song
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Song

Go and catch a falling star,
Get with child a mandrake root,
Tell me where all past years are,
Or who cleft the devil’s foot,
Teach me to hear mermaids singing,
Or to keep off envy’s stinging,
And find
What wind
Serves to advance an honest mind.

If thou be’st born to strange sights,
Things invisible to see,
Ride ten thousand days and nights,
Till age snow white hairs on thee,
Thou, when thou return’st, wilt tell me,
All strange wonders that befell thee,
And swear,
No where
Lives a woman true, and fair.

If thou find’st one, let me know,
Such a pilgrimage were sweet;
Yet do not, I would not go,
Though at next door we might meet;
Though she were true, when you met her,
And last, till you write your letter,
Yet she
Will be
False, ere I come, to two, or three.


Joan Vázquez de Talavera

Trovador probablemente castellano, de Talavera de la Reina, activo en la segunda mitad del siglo XIII. En los manuscritos Joham Vasquez de Talaveyra, en portugués João Vasques de Talaveira.
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Cantigas de amigo


I. Disseron mi que avía de mí

Me han dicho hoy que tenía de mí
mi amigo muy gran queja y gran pesar,
y tal es que no lo sé remediar,
y amiga, si yo su mal merecí,
le ruego a Dios que el bien que él me quisiera
que pronto a otra mujer se lo quiera.

Y si en su queja quisiera ceder,
pues es injusta, lo agradeceré,
y amiga, ya la verdad os diré:
si yo hoy su mal debo merecer,
le ruego a Dios que el bien que él me quisiera
que pronto a otra mujer se lo quiera.

Y a mi amigo mejor le será ahora
dejar la queja que contra mí tiene,
y, por Dios, amiga, así le conviene,
pues, si yo fui de un mal merecedora,
le ruego a Dios que el bien que él me quisiera
que pronto a otra mujer se lo quiera.

Y, si él por ventura así lo quisiera,
mal día nací si yo lo supiera.

II. O meu amigo, que eu sempr’ améi

Mi amigo, al que tanto yo siempre amé
desde el primer día en que lo vi,
tuvo él un día una queja de mí,
no sé por qué, mas con él lo arreglé
que le hice pronto la queja olvidar;
sé yo cómo y no lo quiero contar.

Porque él tuvo queja de mí, con los
ojos míos lloré del gran pesar
que tuve de él, pues le vi enojar
contra mí, mas lo arreglé yo, por Dios,
que le hice pronto la queja olvidar;
sé yo cómo y no lo quiero contar.

Tuvo él de mí una queja, y también
os diré qué me pasó: con razón
yo tuve tal pena en mi corazón
que no dormía, y lo arreglé tan bien
que le hice pronto la queja olvidar;
sé yo cómo y no lo quiero contar.

Y el que no entienda de este mi hablar,
nunca por mí lo podrá averiguar.

III. Quando se foi meu amigo d’ aquí

Cuando se marchó mi amigo de aquí,
os diré lo que de él pude entender:
mucho le pesó el partirse de mí,
y ahora, amiga, muero por saber
si está muerto o sanó en su gran pesar
cuando de mí se tuvo que alejar
.

Cierto es que le pesó de corazón
marcharse de aquí, pero no logré
nada hacer, Nuestro Señor dé perdón,
y muero, amiga, si de alguien no sé
si está muerto o sanó en su gran pesar
cuando de mí se tuvo que alejar
.

Muy bien puedo ver cuánto le pesó
a mi amigo el tener que partir,
y todo ello fue porque se alejó
de mí, y me muero, amiga, por oír
si está muerto o sanó en su gran pesar
cuando de mí se tuvo que alejar
.

Y, amiga, quien a alguien sepa amar,
¡pardiez!, siempre en ello tendrá pesar.

IV. Conselhou mi unha mía amiga

Me aconsejó una cierta mi amiga
que a mi amigo yo lo quisiera mal,
y cuando me fui yo dije tal cual:
Le ruego yo a Dios que Él me maldiga
si nunca por amiga yo tuviera
a quien a mí tal consejo me diera

cual me dio aquella que entonces mis dos
ojos muy pronto los hizo llorar
por aquel consejo que me fue a dar;
os juro que nunca me valga Dios
si nunca por amiga yo tuviera
a quien a mí tal consejo me diera

cual me dio aquella que ningún poder
tiene de a sí ni a otra aconsejar;
y Dios la deje en esto mal hallar
y que a mí nunca me muestre placer
si nunca por amiga yo tuviera
a quien a mí tal consejo me diera.

Y la que a mí tal consejo me diera
para sí lo guarde, si lo quisiera.

V. Do meu amig’ a que eu defendí

De mi amigo al que yo le prohibí
que de aquí él por nada se marchara
a morar lejos, pues mal me pesara,
ved, amiga, lo que yo descubrí:
que está aquí y conmigo quiere hablar,
mas antes puede aquí mucho morar.

Del que vos visteis que me preguntó,
cuando él de aquí se tuvo que ir,
si me iba bien o mal de él partir,
ay amiga, noticia me llegó
que está aquí y conmigo quiere hablar,
mas antes puede aquí mucho morar.

Del que vos visteis muy sin mi placer
partir de aquí, cuando él allá partió,
y no me habló entonces ni me vio,
amiga, ahora acabo de saber
que está aquí y conmigo quiere hablar,
mas antes puede aquí mucho morar.

Que hable conmigo, y tendrá el pesar
que él me hizo, pues bien me he de vengar.

VI. Vistes vós, amiga, meu amigo

Visteis vos, amiga, a mi amigo,
que juraba que él siempre hiciera
por mí todo cuanto yo dijera:
se fue de aquí y no habló conmigo,
y, aunque le dije cuando partía
que no se fuera, siguió su vía.

Y a donde va, habrá perjurado,
amiga, de cuanto a mí me hablaba,
pues me juró que no se marchaba
y se fue sin yo haberlo mandado,
y, aunque le dije cuando partía
que no se fuera, siguió su vía.

Y no puedo estarme sin que diga
el gran ultraje que me causó,
pues, pese a la promesa que él dio,
se fue de aquí sin mi gusto, amiga,
y, aunque le dije cuando partía
que no se fuera, siguió su vía.

Y, si gran ultraje él me hacía,
juzgue a él y a mí santa María.

VII. O meu amigo, que mi gran ben quer

Mi amigo, que me tiene gran querer,
me intenta él, amiga, siempre ver
y le intento yo luego bien hacer,
mas ved la ventura de esta mujer:
cuando yo le podría hacer bien ya,
no viene, y cuando no pueda, vendrá.

Y por mí no quedara, en verdad pues,
que él tenga mi bien y yo se lo dé;
ya si es mi pecado o el suyo no sé,
mas mi ventura tal fue y tal es:
cuando yo le podría hacer bien ya,
no viene, y cuando no pueda, vendrá.

Y en verdad que no quedara por mí,
cuanto yo le pueda, amiga, arreglar
ni por él tampoco de demandar,
mas la ventura nos lo quiere así:
cuando yo le podría hacer bien ya,
no viene, y cuando no pueda, vendrá.

Y tal ventura acaso bien está
para quien por su amigo nada da.

VIII. Quero vos ora mui ben conselhar

Os quiero ahora bien aconsejar,
ay, mi amigo, así me traiga bien:
si veis que con vos me quiero enojar,
este enojo no tengáis en desdén,
pues si no, muy bien sé que ocurrirá:
si me enojo, alguien se quejará.

Si me enojo, no penséis que es banal
y sufrid mi enojo en el corazón
pues yo puedo haceros bien o mal,
y de sufrirlo, lo haréis con razón,
pues si no, muy bien sé que ocurrirá:
si me enojo, alguien se quejará.

Y, pues en vos tengo tan gran poder,
y lo tendré mientras pueda vivir,
no podréis ningún bien mío tener
si no supierais mi enojo sufrir,
pues si no, muy bien sé que ocurrirá:
si me enojo, alguien se quejará.
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Paráfrasis
I. Me dijeron que tenía de mí/ mi amigo queja y pesar,/ y es tal que no sé aconsejarme,/ y, amiga, si yo merecí mal de él,/ yo le ruego a Dios que el bien que él me quiere/ que se lo quiera pronto a otra mujer.// Y si él quisiera dejar la queja/ que injustamente tiene de mí, os lo agradeceré,/ y amiga, os diré la verdad:/ si yo fuera hoy a merecer su mal,/ yo le ruego a Dios que el bien que él me quiere/ que se lo quiera pronto a otra mujer.// Y mi amigo hará mucho mejor/ en dejar la queja que tiene de mí,/ y, por Dios, amiga, bien le estará,/ pues, si yo fui merecedora de su mal,/ yo le ruego a Dios que el bien que él me quiere/ que se lo quiera pronto a otra mujer.// Y si, por ventura, él quisiera eso,/ en mal día nací si yo lo supiera.
II. Mi amigo, al que yo siempre amé/ desde el primer día que lo vi,/ un día él tuvo queja de mí,/ no sé por qué, pero yo se lo arreglé pronto,/ que le hice dejar su queja de mí;/ yo sé cómo y no lo quiero decir.// Porque él tuvo queja de mí, mis/ ojos lloraron mucho del pesar/ que yo tuve por eso, pues le vi enojarse/ contra mí, pero yo lo arreglé, por Dios,/ que le hice dejar su queja de mí;/ yo sé cómo y no lo quiero decir.// Él tuvo queja de mí, y una cosa/ os diré qué me ocurrió desde entonces:/ tuve por eso tal pena en mi corazón/ que nunca dormí, y por ello lo arreglé,/ que le hice dejar su queja de mí;/ yo sé cómo y no lo quiero decir.// Y quien no supiera entender esto/ de ello nada más podrá saber por mí.
III. Cuando mi amigo se fue de aquí,/ os diré cuanto yo pude conocer de él:/ le pesó mucho apartarse de mí,/ y ahora, amiga, muero por saber/ si está muerto o si sanó del pesar/ grande que tuvo al alejarse de mí.// Yo sé que le pesó de corazón/ al irse, pero allí no pudo hacer/ otra cosa, si Nuestro Señor me perdona,/ y muero, amiga, por saber de alguien/ si está muerto o si sanó del pesar/ grande que tuvo al alejarse de mí.// Yo veo muy bien cuanto le pesó/ a mi amigo el alejarse de aquí,/ y todo ello fue por apartarse/ de mí, y muero, amiga, por oír/ si está muerto o si sanó del pesar/ grande que tuvo al alejarse de mí.// Y, amiga, quien sepa amar a alguien,/ desdichado, siempre en ello tiene pesar.
IV. Me aconsejó una amiga mía/ que yo quisiera mal a mi amigo,/ y también dije yo, después de que me aparté de allí, tal:/ yo ruego a Dios que Él me maldiga/ si yo nunca tuviera por amiga/ a la que me diera tal consejo // como el que me dio aquella que a mis/ ojos pronto los hizo llorar entonces/ por aquel consejo que me fue a dar;/ yo os juro que nunca me valga Dios/ si yo nunca tuviera por amiga/ a la que me diera tal consejo// como el que me dio aquella que no tiene/ poder de aconsejar a sí ni a otra;/ y Dios la deje hallar mal por esto/ y a mí nunca me muestre placer/ si yo nunca tuviera por amiga/ a la que me diera tal consejo.// La que a mí me diera tal consejo / que ya lo tome para sí, si lo quisiera.
V. De mi amigo, al que yo prohibí/ que por ninguna causa se fuera de aquí/ a vivir a otro lugar, pues ello me pesaba,/ veis, amiga, lo que conocí:/ que está aquí y quiere hablar conmigo,/ pero antes puede vivir mucho tiempo aquí.// Del que vos visteis que me preguntó,/ cuando él tuvo que partir de aquí,/ si me parecería bien o si mal que se fuera,/ ay amiga, me llegó la noticia/ que está aquí y quiere hablar conmigo,/ pero antes puede vivir mucho tiempo aquí.// Del que vos visteis muy sin mi placer/ partir de aquí, cuando él partió,/ y entonces no me habló ni me vio,/ ay amiga, vinieron a decirme/ que está aquí y quiere hablar conmigo,/ pero antes puede vivir mucho tiempo aquí.// Que conmigo hable, y tendrá el pesar/ que él me hizo, que bien yo puedo vengarme.
VI. Visteis vos, amiga, a mi amigo,/ que juraba que siempre haría/ por mí todo cuanto yo le dijera:/ se fue de aquí y no habló conmigo,/ y, aunque yo le dije, cuando se iba,/ que no se fuera nunca, hizo su camino.// Y a donde fue, irá perjuro,/ amiga, de cuanto él me dijo,/ pues me juró que no partiría/ de aquí, y se fue sin mi consentimiento,/ y, aunque yo le dije, cuando se iba,/ que no se fuera nunca, hizo su camino.// Y yo no puedo quedarme sin decir/ el agravio muy grande que él me ha hecho,/ pues, aunque me había hecho gran promesa,/ se fue de aquí sin mi gusto, amiga,/ y, aunque yo le dije, cuando se iba,/ que no se fuera nunca, hizo su camino.// Y, si él me hacía muy gran agravio,/ que me lo juzgue con él santa María.
VII. Mi amigo, que gran bien me quiere,/ intenta siempre, amiga, verme/ y yo intento después hacerle bien,/ pero veis qué ventura de mujer:/ cuando yo podría hacerle bien,/ él no viene allí, y cuando yo no puedo, viene.// Y no queda por mí, a buena fe,/ de tener mi bien y el arreglárselo yo;/ ya no sé si es mi pecado o si el suyo,/ pero mi ventura tal fue y tal es:/ cuando yo podría hacerle bien,/ él no viene allí, y cuando yo no puedo, viene.// Y a buena fe, no queda por mí/ en lo que yo puedo, amiga, el arreglárselo/ ni por él siempre el demandármelo,/ pero la ventura nos lo reparte así:/ cuando yo podría hacerle bien,/ él no viene allí, y cuando yo no puedo, viene.// Y tal ventura es la de quien/ no quiere tener amigo ni da nada por él.
VIII. Quiero ahora aconsejaros muy bien,/ ay, mi amigo, así me venga bien:/ si vierais que quiero enojarme con vos,/ no tengáis en desdén mi enojo,/ pues si no fuera, sé muy bien que será:/ si me enojara, alguien se quejará.// Si me enojara, no hagáis ahí nada más,/ y sufrid el enojo en el corazón;/ pues yo puedo haceros bien y mal,/ haréis bien en sufrirlo,/ pues si no fuera, sé muy bien que será:/ si me enojara, alguien se quejará.// Y, pues yo tengo tan gran poder en vos,/ y lo tendré mientras yo esté viva,/ ya no podréis por nada tener bien/ si no supierais sufrir mi enojo,/ pues si no fuera, sé muy bien que será:/ si me enojara, alguien se quejará.

Joan Vázquez de Talavera. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Afonso Sánchez

Trovador portugués, hijo bastardo de don Dinis I de Portugal, nacido en 1289 en Cerva, Portugal, y muerto en 1329 en el cerco de Escalona, Castilla, donde estaba exiliado debido al conflicto con el legítimo heredero, el infante Afonso; está sepultado, junto a su  esposa, en el monasterio de Santa Clara de Vila do Conde, que él mismo fundó. En los manuscritos Don Affonso Sanchez, en portugués Afonso Sanches.
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Cantigas de amigo


I. Quand’, amiga, meu amigo venher

En cuanto, amiga, mi amigo viniera,
cuando le pregunte donde tardó,
hablad de doncellas a la sazón,
y en el semblante, amiga, que él pusiera
veremos si tiene en el corazón
la doncella por quien siempre trovó.

II. Dizía la fremosinha

Decía la hermosa niña:
«Dios me valga,
cómo estoy de amor herida,
Dios me valga».

Decía la agraciada:
«Dios me valga,
cómo estoy de amor penada,
Dios me valga.

Cómo estoy de amor herida,
Dios me valga;
no viene el que bien quería,
Dios me valga.

Cómo estoy de amor penada,
Dios me valga;
no viene el que tanto amaba,
Dios me valga».
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Paráfrasis
I. Cuando venga, amiga, mi amigo,/ en cuanto yo le pregunte por qué ha tardado,/ vos entonces hablad de las doncellas,/ y en el semblante, amiga, que ponga/ veremos bien si tiene en el corazón/ a la doncella por la que siempre trovó.
II. Decía la hermosita:/ «Ay, Dios valga,/ cómo estoy herida de amor,/ Ay, Dios valga ».// Decía la bien formada:/ «Ay, Dios valga,/ cómo estoy infeliz por amor,/ ay, Dios valga.// Como estoy herida de amor,/ ay, Dios valga;/ no viene el que quería bien,/ ay, Dios valga.// Como estoy infeliz de amor,/ ay, Dios valga;/ no viene el que amaba mucho,/ ay, Dios valga».

Afonso Sánchez. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Luis Cernuda

Diré como nacisteis


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Diré como nacisteis, placeres prohibidos,
como nace un deseo sobre torres de espanto,
amenazadores barrotes, hiel descolorida,
noche petrificada a fuerza de puños,
ante todos, incluso el más rebelde,
apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
todo es bueno si deforma un cuerpo;
tu deseo es beber esas hojas lascivas
o dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
levantó hacia las aves con manos imperecederas;
no importa la juventud, sueño más que hombre,
la sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
de un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
miembros de mármol con sabor de estío,
jugo de esponjas abandonadas por el mar,
flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
libertades memorables, mantos de juventudes;
quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
es vil como un rey, como sombra de rey
arrastrándose a los pies de la tierra
para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
límites de metal o papel,
ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
adonde no llegan realidades vacías,
leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Entonces extender la mano
es hallar una montaña que prohíbe,
un bosque impenetrable que niega,
un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
ávidos dientes sin carne todavía,
amenazan abriendo sus torrentes,
de otro lado vosotros, placeres prohibidos,
bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
tendéis en una mano el misterio,
sabor que ninguna amargura corrompe,
cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.

Abajo, estatuas anónimas,
sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
una chispa de aquellos placeres
brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo

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Pero Dornelas

Trovador portugués, originario de Dornelas, en Amares, Braga, activo a finales del siglo XIII y principios del XIV. En los manuscritos Pero Dornelas, en portugués Pero de Ornelas.
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Cantiga de amigo


Avedes vós, amiga, guisado

Vos, amiga, ya habéis arreglado
que hoy con vos hable mi amigo,
que viene aquí, y bien os lo digo,
para hablaros, y os trae recado
y ruego, amiga, de vuestro amigo
de que hagáis que el mío hable conmigo.

Y donde yo moro él ya no mora,
pues yo le prohibí que aquí morase,
y buscó entonces quien me rogase,
y recado sé que él trae ahora
y ruego, amiga, de vuestro amigo
de que hagáis que el mío hable conmigo.

Mucho tiempo hace que me demanda
mi bien y nunca me puede hablar,
y ahora, amiga, os viene a rogar
y con recado yo sé que él anda
y ruego, amiga, de vuestro amigo
de que hagáis que el mío hable conmigo.
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Paráfrasis
Vos habéis, amiga, arreglado/ que hable con vos hoy mi amigo,/ que viene aquí, y bien os lo digo,/ para hablar con vos, y os trae el recado/ de rogaros, amiga, por vuestro amigo/ de que hagáis que el mío hable conmigo.// Y donde yo vivo él ya no vive,/ pues le prohibí que viviera/ allí, y por eso buscó a quien rogara,/ y sé que ahora os trae el recado/ de rogaros, amiga, por vuestro amigo/ de que hagáis que el mío hable conmigo.// Hace mucho tiempo que pide mi bien/ y nunca puede hablar conmigo,/ y ahora viene, amiga, a rogaros/ y sé que os trae el recado/ de rogaros, amiga, por vuestro amigo/ de que hagáis que el mío hable conmigo.

Pero Dornelas. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Estevan da Guarda

Trovador portugués, probablemente nacido en Guarda, Beiras, Serra da Estrela, hacia 1280 y muerto en 1364; desempeñó importantes cargos en la corte de Don Dinis I y en la de su hijo Afonso IV. En los manuscritos Estevan da Guarda, en portugués Estêvão da Guarda.
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Cantiga de amigo


A voss’ amig’, amiga, que prol ten

─¿Qué pro le tiene a vuestro amigo fiel
serviros, amiga, de corazón
sin que obtenga bien de vos sin razón?
─¿Y cómo, amiga, por bien no tiene él
lograr que yo le llegue a consentir
llamarse mío y poderme servir?

─¿Que pro tiene él o que placer le da
serviros y amaros más que a otra igual
sin que obtenga de vos bien, sino mal?
─¿Y no cree él, amiga, que bien será
lograr que yo le llegue a consentir
llamarse mío y poderme servir?

─Amiga, a Dios, que está en los cielos, pues,
aunque sé bien que estoy en su poder,
¿no lo sirvo por algún bien tener?
─¿Y cómo, amiga, cree él que poco es
lograr que yo le llegue a consentir
llamarse mío y poderme servir?
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Paráfrasis
─Vuestro amigo, amiga, ¿qué provecho tiene/ en serviros siempre muy de corazón/ sin que tenga bien de vos, sino mal?/ ─¿Y cómo, amiga, no cree él que es un bien/ entender de mí que yo le consiento/ servirme y llamarse mío?// ─¿Qué provecho tiene él o que voluntad le da/ de serviros y amaros más que a otra cosa/ sin que tenga bien de vos, sino mal?/ ─¿Y no cree él, amiga, que tiene bien en/ entender de mí que yo le consiento/ servirme y llamarse mío?// ─¿A Dios, amiga, que está en los cielos,/ aunque sé bien que me tiene en su poder,/ no lo serviré sino por hacer bien?/ ─¿Y cómo, amiga, cree él que es poco/ entender de mí que yo le consiento/ servirme y llamarse mío?

Estevan da Guarda. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Enri By The City Blues

Oh, mamá,
debo ir a la ciudad.

Cuando llegué a Madrid
era joven y llegué a creer
que esa era mi puta ciudad,
oh, mamá,
debo ir a la ciudad
a jugar
a lo que no debo jugar,
y lo creí durante un tiempo,
hasta que el viento me arrastró
a las orillas del miedo ancestral.

Oh, mamá.
Cuando llegué a Barcelona
sabía muchas más cosas,
oh, mamá,
yo sé que tú sabrás,
trucos y mentiras,
que jamás
entenderé la realidad,
no me engañan los farsantes,
oh, mamá,
y supe desde el principio
que esa jamás sería mi ciudad.

Oh, mamá,
debo dejar la ciudad.

Y en la hora de irme sé
que ninguna ciudad es tu ciudad.
Créeme,
oh, mamá.
Todas las ciudades del mundo
cuando las conoces parecen
la mejor amante del mundo, pero
oh, mamá,
créeme,
en la hora de irte aprendes
que ninguna ciudad es tu ciudad.

Oh, mamá,
debo ir a la ciudad
a buscar
a quien no debo encontrar
y a jugar
a ese juego al que jamás
acabarás de aprender a jugar.

Oh, mamá,
debo dejar la ciudad.

Oh, mamá,
tú sabías en realidad
que ninguna ciudad es tu ciudad.
Oh, mamá,
he visto los ojos del tiempo
y el juego de la falsa realidad.
Ay mamá,
lo que sufrí nadie sabrá,
yo me vi rodeando el mundo,
oh mamá.

Oh, mamá,
tuve que ir a la ciudad
y aprender
a jugar
al juego al que jamás
nadie acaba de aprender a ganar.

Oh, mamá,
ya no me sirve de nada rezar;
oh, mamá,
cuando llegué a Madrid
nadie me enseñó a bailar,
oh, mamá,
en Barcelona quizá
le enseñé a más de dos a bailar.
Oh, mamá.
Y no me sirve de nada rezar.

Oh, mamá,
era joven y llegué a creer
que un hombre puede vivir la ciudad,
oh, mamá.
Oh, mamá,
era joven y llegué a pensar
que navegaba los mares del mundo
en mi paleta ciudad;
oh, mamá,
solo un hombre de pueblo sabe
que paleta es la gente de ciudad.

Ay, mamá,
debo dejar la ciudad.

Sabes, mamá,
puedo ver la realidad;
oh mamá,
no es mi culpa
si soy capaz de ver la realidad.
Oh, mamá,
he hallado los ojos del miedo
y el fuego de la falsa realidad.

Oh, mamá,
debo dejar la ciudad.

Oh, oh mamá,
tú no puedes ayudarme a cantar
the fucking Enri by the city blues,
nadie sabe ni sabrá
el puto blues de Enrique en la ciudad.

Oh, oh mamá,
debo dejar la ciudad.
.


ēgm. 2012