Ana Luísa Amaral

Entre las dos y las tres


_

Quiero hablar de lo que no tiene arreglo:
las letras dibujadas y compuestas
en que confundo espacio con papel,
la angustia cadenciosa en el contar,
la súbita alegría de ser yo
penosamente, a las dos de la mañana

Quizá escribir lo que no tiene sitio:
la blanca, dulce y somnolienta senda
donde espaciadas las palabras crecen,
suavizadas por el pausado sueño
que lento recorre las cosas todas
penosamente, a las dos de la mañana

Quizá decir lo que no tiene arreglo:
o sea, yo; o sea, el papel blanco
sombrío ahora por ser ya excesivas
las letras desmedidas y sonoras
tajando el silencio y la noche toda
penosamente, a las dos de la mañana

Y entonces hablaré de lo que queda:
cadenciosa alegría dibujada
en la angustia de decir sin contar,
el papel confundido de impotencia
y sin embargo listas las palabras.
Casi a las tres de la mañana. Penosamente.

_


Ana Luísa Amaral. Entre as duas e as três (feq.pt, pdf p. 8)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Entre as duas e as três

Queria falar do que não tem concerto:
as letras desenhadas e compostas
com que confundo o espaço do papel,
a angústia compassada no contar
e a súbita alegria de ser eu
penosamente, às duas da manhã

Queria escrever do que não tem lugar:
a branca, doce e sonolenta estrada
onde espaçadas as palavras crescem,
suavizadas pelo lento sono
que devagar percorre as coisas todas
penosamente, às duas da manhã

Queria dizer do que não tem conserto:
ou seja, eu; ou seja, o papel branco
sombrio agora por já ser demais,
as letras excedentes e sonoras
desmembrando o silêncio e a noite toda
penosamente, às duas da manhã

Só então falarei do que ficou:
compassada alegria desenhada
na angústia de dizer sem me contar,
o papel confundido de impotente
e todavia prontas as palavras.
Quase às três da manhã. Penosamente.


Ana Luísa Amaral

Galileo, su torre y otras rotaciones


_

compás 1

Mirando ahora a la misma torre
a la que él subió hace trescientos y pico años,
estaría un poco más en la vertical,
y el sueño en hilo
de plomada…

Lo que de él dijeron
fue que había contemplado
estrellas y más estrellas,
incomodando togas, no de fuego
sino de una
obliterada fe en el humo

Los siglos habrían de contar
de la celeste estructura,
más azul que los vestidos
de la Virgen niña,
habrían de mostrar
como esta otra estructura
cede a otras miradas:

las del destello rompiendo movimientos,
intentando aprisionar… ¿un
sentimiento? ¿el registro de un día
o de una hora?

Lo que de él contaron
se perdió en el brillo de las estrellas,
y así lo protegieron
en poemas, museos, guías turísticas,
nombres de calles y de hoteles sin nombre,
su nombre rodando
casi en repetición

Sobre muertos vagamos,
como la Tierra, en un atuendo diferente
aunque igual,
y en ella nos movemos, como ella,
como él y otras alturas

Cuesta más que un salario
en tierras que están casi a nuestros pies,
divididas por la súbita península
y un mar tan tibio,
cuesta más que un salario
subir a esta torre donde él estuvo
y se perdió de amores
por inercias y cuerpos

En esas tierras tan próximas
—remotas—
ella, sin embargo, se mueve:
tan bella, su traslación
en torno a una
estrella

tan bella y más cruel
que aquí…

compás 2

Pero como nosotros:
tan conmovedoramente
relativa y frágil,
sumergida en helio y los otros gases
que le han dado vida:

joven mujer de un siglo pasado,
educada, compuesta, semi-obediente:
ebullición de magmas
en los paisajes interiores
y un leve trazo de rojo
encendido
espiándola entre encajes

Varios milenios antes,
pocos para las estrellas que él vio,
la disonancia
al lado de la cueva
en protección y asombro

Y mucho antes
de esa lenta fusión de densos gases,
ni rotación de luz…
lo que sería de ella:
un indecible signo de interrogación

Frágil como nosotros,
se movió, así,
en un cualquier momento desconocido,
vacío de tiempo,
hasta que en mitad de los tiempos,
tras innumerable paciencia:

fisura humana:

los ojos alzados,
y en lugar de suelo:
el mar y el horizonte,
y más arriba:
la blanca compañera
de las noches y los miedos

O cuando en ella
se hizo en vez del toque: un sonido,
y en lugar del sonido, mil sonidos,
la garganta lanzando tempos de música
y no voces de alarma.

Se movió, entonces,
y frágil, relativa,
las comitivas de reyes, las multitudes de gentes,
monumentos a la gloria
y al deseo
demorándose siglos

Un guiño de ojos
hacia la estrella
nueva

compás 3

El muro color de fuego
al lado de esta torre:
cargado de átomos de muertos,
el polvo de otras
estrellas

¿Dónde el lugar
para hablar de la súbita península
en que se nace junto a paredes contiguas
a la muerte?

¿Inútil todo?
¿El destello, el sentimiento,
manchas solares?
¿Un argumento nómada
será?

Allí, junto
a la tierra, el terremoto,
eppur si muove

este, el tiempo mío,
en súbito errar

compás 4

Se estima que dentro de
cinco mil millones de años
se mustiará: como la manzana
en un desván a oscuras,
la luz rompiendo entre las vigas largas:
un fresquísimo brillo

¿Cuántos vitrales soplados por el tiempo,
consagrados por las lluvias
para capturar el tiempo?
¿Cuántos vitrales
han de faltar aún?

Hace casi cuatro siglos
él subió aquí

En la ventana del tiempo
las civilizaciones brotan y mueren,
se desmoronan lentamente,
y otros vértigos
han de romper aún,
expandidos en luz

Lo que de nosotros quedará:
solo polvo de estrellas

En un feliz azar:
tal vez mota de polvo de esta torre,
tal vez un átomo
de su cuello blanco (el del retrato)
simulando una curva sinusoidal,
su mirada
girando alrededor
de un nuevo planeta

Bordado en hilo de estrellas
colapsará el sonido
en otras rotaciones

Tal vez entonces el joven átomo
que prueba el tiempo
sea también semi-obediente,
marco de gas y luz
del siguiente compás:
el quinto
movimiento.

_


Ana Luísa Amaral. Galileu, a sua torre e outras rotações (feq.pt, pdf p. 22)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Galileu, a sua torre e outras rotações

andamento 1

Olhando agora a mesma torre
onde há trezentos e tal anos ele subiu,
estaria um pouco mais na vertical,
e o sonho em fio
de prumo —

O que dele disseram
foi o ter contemplado
estrelas e mais estrelas,
incomodando togas não de lume,
mas de uma
obliterada fé em fumo

Os séculos haviam de contar
da celeste estrutura,
mais azul que os vestidos
da Virgem em menina,
haviam de mostrar
como esta outra estrutura
cede a outros olhares:

os do flash rompendo movimentos,
tentando aprisionar — um
sentimento? o registo de um dia
ou de uma hora?

O que dele contaram
perdeu-se pelo brilho das estrelas,
e assim o resguardaram
em poemas, museus, guias turísticos,
nomes de ruas e de hotéis sem nome,
o seu nome rodando
quase a repetição

Sobre mortos vagamos,
como a Terra, numa veste diferente
e ainda igual,
e nela nos movemos, como ela,
como ele e outras alturas

Custa mais que um salário
em terras que são quase ao pé de nós,
divididas por súbita península
e um mar tão morno,
custa mais que um salário
subir a esta torre onde ele foi
e se perdeu de amores
por inércias e corpos

Nessas terras tão próximas —
remotas —
ela, contudo, move-se:
tão bela, a sua translação
em torno de uma
estrela

tão bela e mais cruel
que aqui —

andamento 2

Mas como nós:
tão comoventemente
relativa e frágil,
imersa em hélio e os outros gases
que lhe deram vida:

jovem mulher de um século passado,
educada, composta, semi-obediente:
ebulição e magmas
nas paisagens de dentro
e um leve traço de vermelho
aceso
a espreitar-lhe entre-rendas

Alguns milénios antes,
poucos para as estrelas que ele viu,
a dissonância
ao lado da caverna
em protecção e espanto

E muito antes
dessa lenta fusão de gases densos,
nem rotação de luz —
o que seria dela:
inenarrável ponto de interrogação

Tão frágil como nós,
moveu-se, assim,
num momento qualquer desconhecido,
vazio de tempo,
até que a meio dos tempos,
após inumerável paciência:

fissura humana:

os olhos levantados,
e em vez do chão:
o mar e o horizonte,
e mais no alto:
a branca companheira
das noites e dos medos

Ou quando nela
se fez em vez do toque: um som,
e em vez do som, mil sons,
a garganta a servir tempos de música
e não gritos de alarme

Moveu-se, então,
e frágil, relativa,
as procissões de reis, as multidões de gentes,
monumentos à glória
e ao desejo
a demorarem séculos

— um piscar de olhos
para estrela
nova

andamento 3

O muro cor de fogo
ao lado desta torre:
carregado com átomos de mortos,
o pó de outras
estrelas

Onde o lugar
para falar da súbita península
onde se nasce junto a paredes meias
com a morte?

Inútil tudo?
O flash, o sentimento,
manchas solares?
Um argumento nómada
será?

Ali, junto
da terra, o terramoto,
eppur si muove

este, o meu tempo,
em súbito vagar

andamento 4

Calcula-se que dentro de
cinco biliões de anos,
murchará: como maçã
num sótão às escuras,
a luz rompendo pelas vigas largas:
um brilho muito fresco

Quantos vitrais soprados pelo tempo,
sagrados pelas chuvas
para agarrar o tempo?
Quantos vitrais
hão-de faltar ainda?

Há quase quatro séculos
ele subiu aqui

À janela do tempo,
as civilizações brotam e morrem,
desabam devagar,
e outras vertigens
hão-de romper ainda,
expandidas em luz

O que sobrar de nós:
só pó de estrelas

Num acaso feliz:
talvez grão de poeira desta torre,
talvez um átomo
da sua gola branca (a do retrato),
a simular curva sinusoidal,
o seu olhar
girando em torno
de um planeta novo

Bordado a fio de estrelas,
desabará o som
em outras rotações

Então, talvez o jovem átomo
a testar o tempo
seja também semi-obediente,
moldura em gás e luz
do andamento próximo:
o quinto
movimento —


Ana Luísa Amaral

La Victoria de Samotracia


_

Si yo dejara de escribir poemas en
tono condicional y el tono de conclusión
pasara a ser solución más que perfecta,
sería casi igual que la Samotracia.

Cabeza ausente pero curva bien lanzada
del cuerpo de la prosodia en dirección sur,
mediterránea, jubilosa, ardiente, leopardo
musical y geometría contaminada
por algún navío. La línea del horizonte:

cualquier línea por donde los astros muriesen
y naciesen, otra hecha de hilo de fino acero
y otra más en la que tu cara me contemplase
a lo lejos y me sonriera sin condición alguna.

Tengan variadas formas las líneas del amor:
no vivir solo de mar o de llanura, ni envuelta
en llamas. ¿Qué dirían entonces, o qué dirías?

El cuerpo de la prosodia transformado en
cuerpo de verdad; los pliegues del poema,
ahora pliegues de un vestido largo, cubriendo
ligeramente la rodilla y el tobillo. Y no de piedra,
ya nunca más de piedra, sino de carne y con
alas.

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Ana Luísa Amaral. A Vitória de Samotrácia (escamandro.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

A Vitória de Samotrácia

Se eu deixasse de escrever poemas em
tom condicional, e o tom de conclusão
passasse a solução mais que perfeita,
seria quase igual à Samotrácia.

Cabeça ausente, mas curva bem lançada
do corpo da prosódia em direção ao sul,
mediterrânica, jubilosa, ardente, leopardo
musical e geometria contaminada
por algum navio. A linha de horizonte:

qualquer linha, por onde os astros morressem
e nascessem, outra feita de fio de fino aço,
e outra ainda onde o teu rosto me contemplasse
ao longe, e me sorrisse sem condição que fosse.

Ter várias formas as linhas do amor: não viver
só de mar ou de planície, nem embalada
em fogo. Que diriam então ou que dirias?

O corpo da prosódia transformado em
corpo de verdade, as pregas do poema,
agora pregas de um vestido longo, tapando
levemente o joelho e tornozelo. E não de pedra,
nunca já de pedra. Mas de carne e com
asas —


Ana Luísa Amaral

En Creta, con el Dinosaurio


_

Nunca estuve allí,
pero me gustaba.

También sentarme a la mesa de café
despreocupada (la mesa y yo)
y tener frente a mí
al dinosaurio.

Pata trazada sobre la roca,
aquella en la que Teseo
no descubrió la entrada a una caverna.
Conversaríamos los dos, yo
en la silla, él
altamente herbívoro y escamoso,
ojo suave y muy social.

¡Después, el hilo!

Que Ariadna traería, no muy solemne
y debajo del brazo.
Un hilo de seda o plomo o acero.
Y el dinosaurio,
muy poco habituado (aun así)
a un tiempo tan nuestro,
preguntaría para qué era.

«Para guiar a Teseo», sería
la respuesta de Ariadna. Y después,
guiñando un ojo, más suave aún
que el del monstruo escamado:
«O para confundirlo»

Cabe señalar en este punto que
Teseo, entretenido en el palacio
estudiando laberintos con el Rey,
lo ignoraba todo.

En la roca, llena de suaves algas
de terciopelo,
abría el dinosaurio en gesto amplio
las patas delanteras, aprobando
la idea.

Estábamos bien, los tres,
sorbiendo con calma el café
servido por un meteco —muy aromático—.
Mientras, en el palacio, el laberinto crecía
y Teseo, ansioso de complacer al Rey,
quemaba, de frenético, nobles pestañas
griegas.

En el aire minoico se olía
el perfume de las naranjas,
y, entre varios cafés y tragos de retsina,
el dinosaurio masticaba tranquilo
cuatro kilos (a la vez) de
ciruelas pasas y dulces
mandarinas,

narrando la insigne paz
que había seguido al caos:
ignoraba si estrellas en cósmico viaje
de lluvia de brillantes,
si glaciar horrendo
reajustando el ritmo de la Tierra,
si solo su tamaño —inmenso
e inhumano—
dando lugar al mito.

En laberinto
de muchos millones de años
había llegado a allí. Sin saber cómo.
«Es igual que el hilo que yo traigo
aquí, para Teseo», Ariadna
diría, «El de acero, seda o plomo,
que conduce o confunde, conforme
a la ocasión».

—¡A traición!

Se desviaría Ariadna, entonces,
hablando de Teseo: de la traición que,
juzgaba ella,
lo llevaría a abandonarla en Naxos
y del compás incierto de lo que había sido
anterior a la traición.
Poseidón en las aguas relucía,
el destino de Minos y Cnosos
aún por marcar;
solo el monstruo sabía cuanto dioses y hombres,
comunes en odiar.

Sabía, pero callaba. Qué silencio:
la mayor virtud
de un saurio que se precie.
Y la conversación sería tan tranquila, tan amena,
que olvidaba Ariadna las desviaciones
del mito,
uniéndose a la retsina.

«Un brindis», propondría el dinosaurio,
en gesto social.
«Un brindis», repetíamos nosotras (la princesa
y yo).

Y el hilo de fino encaje volaría,
cual pájaro prehistórico,
hasta el mar Egeo.

Pata cubriendo la boca de flecos
inocentes,
se escarbaría entonces los dientes el Dinosaurio…

(Y del palacio salía ya Teseo.
Mapa y espada en mano.
Pero sin el hilo).

_


Ana Luísa Amaral. Em Creta, com o Dinossauro (blogspot.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Em Creta, com o Dinossauro

Nunca lá estive,
mas gostava.

Também de me sentar a mesa de café
descontraída (mesa e eu)
e ter à minha frente
o dinossauro.

Pata traçada sobre a rocha,
aquela onde Teseu
não descobrira entrada de caverna.
Conversaríamos os dois, eu
na cadeira, ele
altamente herbívoro e escamoso,
olho macio e muito social.

Depois, o fio!

Que Ariadne traria, pouco solene
e debaixo do braço.
Um fio de seda ou prumo ou aço.
E o dinossauro,
de pouco habituado (ainda assim)
a um tempo tão nosso,
perguntaria para que era aquilo.

“Para guiar Teseu”, era
a resposta de Ariadne. E depois,
piscando o olho, ainda mais macio
que o do monstro escamado,
“Ou para o confundir”

Convirá referir neste momento
que Teseu: entretido no palácio
a estudar labirintos com o rei,
ignorante de tudo.

Na rocha, cheia de algas macias
de veludo,
abriria o dinossauro em gesto largo
as patas dianteiras, aprovando
a ideia.

Estávamos bem, os três,
beberricando calmos o café
servido por meteco — bem cheiroso.
Enquanto no palácio, o labirinto inchava
e Teseu, ansioso por agradar ao Rei,
queimava, de frenético, nobres pestanas
gregas.

No ar minóico, rescendia
o perfume a laranjas,
e, entre vários cafés e golos de retsina,
o dinossauro mastigava calmo
quatro quilos (à vez) de
ameixas secas e doces
tangerinas,

narrando a nobre paz
que se seguira ao caos:
não sabia se estrelas em cósmica viagem
de chuva de brilhantes,
se glaciar medonho
reconcertando o ritmo da Terra,
se só o seu tamanho — imenso
e desumano —
a dar lugar ao mito.

Em labirinto
de muitos milhões de anos,
tinha chegado ali. Sem saber como.
“É como o fio que eu trago
aqui, para Teseu”, Ariadne
diria, “O de aço, seda, ou prumo,
que conduz ou confunde, conforme
ocasião.”

— A traição!

Derivaria Ariadne, então,
falando de Teseu: da traição que,
julgava ela,
o levaria a abandoná-la em Naxos
e do compasso incerto do que fora
anterior à traição.
Poseidon pelas águas reluzia,
o destino de Minos e de Cnossos
ainda por marcar;
só o monstro sabia como deuses e homens:
comuns a odiar.

Sabia, mas calava. Que silêncio:
a virtude maior
de sáurio que se preza.
E a conversa seria tão calma, tão amena,
que esquecia Ariadne derivações
de mito,
juntando-se à retsina.

“Um brinde”, proporia o dinossauro,
em gesto social.
“Um brinde”, repetiríamos nós (princesa
e eu).

E o fio de renda fina voaria
qual pássaro pré-histórico,
até ao mar Egeu.

Pata a tapar a boca de franjas
inocentes,
palitaria então o Dinossauro os dentes…

(E do palácio já saiu Teseu.
Mapa e espada na mão.
Mas sem o fio.)


Ana Luísa Amaral

Oda a la diferencia


_

Felizmente.
Todos somos diferentes. Tenemos todos
nuestro espacio propio de cosillas
propias, como narices y manías,
bocas, sueños, ojos que ven cielos
en daltonismos propios. Felizmente.
Si no el mundo sería una enorme pompa
de jabón con todos nosotros allí dentro
burbujeando, todos iguales en soplo:
pequeñas erupciones de cráteres iguales.
Así pues y felizmente todos somos
diferentes. Si no la terapia
de grupo sería un éxito y lo que es cierto
es que somos más felices explorando
en solitario nuestro propio espacio
de manías, de traumas, de uñas de los pies
infravaloradas por nuestra cultura
(que allá en Oriente el pie es algo serio,
motivo sensual y exploratorio).
Empieza así: el mundo di-
vidido por ritmos atávicos
—y otras cosas nimias como guerras
o hambrunas (Nótese: la criatura
es escéptica y tiene un gusto pésimo,
pero véanse otros textos que redimen
en serio lo que dice aquí. Cfr. p. ej.
lo que se quiera, pero dejen que la criatura
se dé un capricho por si pensase —pobrecita—
incómoda y ruidosa). Prueba evidente
de que somos diferentes, felizmente.
Empieza así: en el mundo divi-
dido; y continúa en razas y
raíces. Nosotros somos portugueses,
tan felices, con tanta historia detrás
y tantos hechos, tantas cosillas propias
para el deleite: el mar que nos engendró,
y todo lo demás, son pompas pequeñitas
de jabón atestiguando la diferencia
con nuestro hermano de al lado, ese infeliz
lleno de represiones de tradiciones y lenguas,
paella y calamares. Tiene boca como
nosotros: no canta el fado. Tiene piernas como
nosotros: no baila el vira. Se contenta
—pobrecito— con flamencos llorados
y palmas doloridas. Todos somos
diferentes, felizmente (Nótese:
[si su paciencia todavía no
ha huido despavorida —es sin de,
pero ella insiste en respetar
el ritmo—]: esto que la criatura
repite y reafirma, de vez en cuando,
no debe ser tomado a la ligera
como señal senil [¡ha aliterado!],
sino como tentativa suicida
de ofrecer unidad a lo que no la tiene,
moralizar el texto poco a poco,
darle una idea igual, ser un lema
formal que contrarreste la prueba
evidente esa. Que de diferencias
estamos todos llenos y esto
pretendía ser una oda y no lo ha sido).
Felizmente.

_


Ana Luísa Amaral. Ode à diferença (blogspot.com)
La portuguesa Ana Luísa Amaral gana el XXX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (elcultural.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Ode à diferença

Felizmente.
Somos todos diferentes. Temos todos
o nosso espaço próprio de coisinhas
próprias, como narizes e manias,
bocas, sonhos, olhos que vêem céus
em daltonismos próprios. Felizmente.
Se não o mundo era uma bola enorme
de sabão e nós todos lá dentro
a borbulhar, todos iguais em sopro:
pequenas explosões de crateras iguais.
Assim e felizmente somos todos
diferentes. Se não a terapia
em grupo era um sucesso e o que é certo
é sermos mais felizes a explorar
solitários o nosso próprio espaço
de manias, de traumas, de unhas dos pés
invaloradas pela nossa cultura
(que lá no Oriente o pé é o caso sério,
motivo sensual e explorativo).
Começa por aí: o mundo di-
vidido por atávicos ritmos
— e outras coisas somenos como guerras
ou fomes (Note Bem: a criatura
é céptica e tem um gosto péssimo,
mas veja-se outros textos que redimem
em sério o que aqui diz. Cf. por ex.
o que quiser, mas deixe a criatura
regalar-se por se pensar — coitada —
incómoda e sonora). Prova evidente
de que somos diferentes, felizmente.
Começa por aí: no mundo divi-
dido — e continua em raças e
raízes. Nós somos portugueses,
tão felizes, com tanta história atrás
e tantos feitos, tantas coisinhas próprias
de delícia: o mar que nos gerou,
e o resto tudo, são bolas pequeninas
de sabão a atestar da diferença
do nosso irmão do lado, esse infeliz
cheio de recalques de tradições e línguas,
paella e calamares. Tem boca como
nós: não canta o fado. Tem pernas como
nós: não dança o vira. Contenta-se
— coitado — com flamencos chorados
e falanges doridas. Somos todos
diferentes, felizmente (Note Bem:
[se a sua paciência ainda não
fugiu despavorida — é sem dê,
mas ela insiste em respeitar
o ritmo —]: isto que a criatura
repete e reafirma, quando em quando,
não deve ser tomado em ligeireza
como sinal senil [aliterou!],
mas como tentativa suicida
de oferecer unidade ao que o não tem,
moralizar o texto a pouco e pouco,
dar-lhe uma ideia igual, ser um mote
formal a contrabalançar a tal
prova evidente. Que de diferenças
estamos todos cheios e isto
pretendia-se uma ode e não foi).
Felizmente.