Resumen

Estultia, martes 4 de diciembre de 2018

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La ultraderecha se ha apoderado de la USA, lo que contagiará al resto de América, y avanza infecciosa en Europa, a medida que esta es ocupada por África. Con China y Rusia al acecho. Y Francia en llamas. Y los ingleses en su isla, mental.

Las gentes votan felizmente a quienes les hacen más pobres y menos libres. La izquierda está lela, a los antisistema se les atraganta el sistema y los independentistas diversos se vuelven dependientes del independentismo (indepodependientes).

Tumblr (¿a quién le importa eso de Tumblr?) comienza a censurar los desnudos con algoritmo, como antes hizo Facebook, y el Papa en su limbo afirma, pontifica, que la homosexualidad es una moda y que lo que pasa es que está de moda. Tela.

El mundo se va quedando cada vez más giliñoñas. Y para colmo del recolmo le dan el Balón de Oro a un jugador enclenque que nunca ha ganado un Mundial. No, a Messi no. A un tal Modrić, croata, que solo sabe ganar Champions.

Que, o sea: el mundo se precipita
en la absoluta estulticia global.
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©EGM News

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ēgm. 2018

Así no tengo opción ni idea alguna

1

I
Así los vértigos
     vierten distancia.

II
No colma el alcance
     del coma si…

III
Tengo que convertir
     un tiempo afín.

IV
Opción o transustancia
     del espacio.

V
Ni miedo donde
     se sublima el zenit.

VI
Idea y materia
     se precipitan.

VII
Algún alud de esta
     impura tiniebla.
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2

Así los vértigos de la distancia
no alcanzan a colmar el coma si
tengo que revertir el tiempo sin
opción de transustanciar el espacio
ni medio de sublimar desde el cenit
idea o materia que precipiten
alguna luz a esta espuria tinieblA
.

3

Así no tengo opción ni idea alguna.
No tengo opción ni idea alguna.
Tengo opción ni idea alguna.
Opción ni idea alguna.
Ni idea alguna.
Idea alguna.
Alguna.
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4

¿Y dejaré que el día
destruya cada noche
y la noche divida
los trazos de este nombre?
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5

Idea y materia precipitándose
contra cualquier idea de materia.
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6

Transustanciación del espacio en signo,
sublimación de la materia en nombre.
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7

Alguna
idea… Alguna…
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ēgm. 2018

Últimos desjirones del verano

Hubo diversas y claras señales
mucho antes de que al fin sucediera
lo que sucedió —estaba la luna

en calma, la mar estaba mordida—,
las chicas listas siempre dejan pistas,
así que ahora no te inmoles, víctima,

a ningún insaciable dios del fuego
ni diosa de las lluvias, el verano
se ha escurrido ya por entre la arena

de todas las playas del horizonte,
aunque a veces se va nunca me deja
este temblor de ceja, imprevisible,

si comienzas a llamarlo ansiedad
se convertirá en ansiedad, tan solo
mira al cangrejo huyendo hacia las algas

de entre las rocas, llámalo, pongamos,
rara imprevisibilidad del clima,
y no será más que un jirón de bruma

desgajado de alguna tempestad
desvaída, musgo eres —y en musgo
te convertirás— sobre las paredes

del más antiguo de los laberintos,
a pesar del tiempo, a pesar de todos
los versos, el primer día de otoño

es tan caluroso como el verano
y las golondrinas trisan, chismosas,
nuestros secretos en los callejones,

mármol granito o pizarra, ya entonces
hubo evidentes y tontas señales,
las chicas listas siempre dejan pistas

falsas, y me pregunto desde cuándo
hay un completo imbécil habitando
mi cerebro, aceitunas en ayunas,

probablemente siempre ha estado en él
y solo era yo quien no lo veía,
el barco es la costa y la tierra el barco,

pero tú eres el árbol, cercando
la noche me invade tu nombre —acá
no tarda o nunca irá allí—, las orugas,

que más adelante serán airosas
mariposas, devoran los geranios
inertes e indefensos del balcón,

¿no visteis ayer el fulgor del sol
doblando la esquina, de vuelta a casa,
entre un magnolio y rojas azaleas?

me pregunto, en mis momentos abyectos,
desde cuándo las flores, con sus vivos
colores, emboban a los insectos,

hoy gustan los periodos prolongados
pero yo prefiero los ritmos rápidos,
y el oscuro destello de esperanza

—lo último que te pierde— detrás
de azules gafas de sol, pero siempre
hay un nunca que no se acaba nunca,

sobre todo en verano, no lo olvides,
la calima del tiempo distorsiona
los fugaces contornos del recuerdo,

sí, recuerdo cuando estaba reloco,
las chicas listas nunca dejan pistas
ciertas, tantas y tan tontas señales,

arena, lluvia, cristales, y entonces
los unos eran onces, ritmos rotos,
acércate a mi perspectiva, observa

los jirones de neblina que fluyen
por entre los pinos hacia la orilla
confundiendo el pasado y el recuerdo,

recuerdo, reloco, por ningún dios
ni diosa del sexo ni de la furia,
ahora no pretendas inmolarte,

víctima, el verano se diluyó
como los otros veranos, dejando
vestigios, huellas, rastros engañosos

—los analistas ya no encuentran pistas—
que, inciertos, en sí mismos no son sino
el quebrado dintel del laberinto,

ven, luz del universo, paulatina,
no sabes quién soy pero yo tampoco,
alumbra la penumbra que me herrumbra,

recuerda, reloca, musgo serás
en la piedra de un muro desgastado
por las lluvias de remotos inviernos,

árbol de flor perenne, gema líquida,
lava lívida elevada a los labios
—come chocolate, pequeña, come—,

ven a la niebla, luz del universo,
con la risa de una niña, las lágrimas
de un viejo, la maldición de un mendigo,

el vértigo de un hombre ajironado,
con los saludos del so gilipollas
que todavía okupa mi cerebro,

así no tengo opción ni idea alguna
—destruyendo la noche me divide
tu nombre—, los analistas registran

mi armario —no hay pistas—, entre ironía
y fantasía, me pregunto si
no debiera dejar que las orugas,

al final mariposas, se merienden
—estaba la luna en cáncer, la mar
estaba dormida— este geranio,

y unos cuantos cactus de cuando en vez.
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ēgm. 2018

Niemals

Hope that I’m talkin’ allegorically
Edwyn Collins

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En algún incendiado paraíso
noviembre huele a flor de saptaparna
y en este frío infierno

la noche te expulsa al vacío; sobre
el Limago ahora fluye la nieve
—se adormilan los lémures

bajo la tibia cúpula metálica—
mientras los magnolios aquí liberan
tan solo algunas hojas

marrones. Tú piensas: «ich und du», pero
el viento dice: «weder du noch sie»,
el viento escupe: «nunca».
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ēgm. 2018

—Oh Enri,

has ido a llevar flores nuevas
al jardín de los mármoles transidos.
—Son jinetes yamnayas cabalgando
en crisantemos amarillos.

—Oh, Enri, alguien
ha escrito el poema que tú
ni has llegado a intentar escribir.
—No soy gaviota ni océano —el agua
dice: «de nuevo»—, no aquí.

—Oh Enri, tu sorna trasluce
un peñascal inundado de astucias.
—Escupo semen de mis ojos
cuando me dejo embromar
por el pérfido viento del otoño.

—Oh, Enri, repara:
las últimas nubes de la ventisca
apenas velan el crepúsculo.
—A la velocidad del infinito
se expande el vacío del mundo.

—Oh Enri, Enri,
¿dónde has olvidado tu tiempo?
—No me inquieta mucho, en verdad;
pero reza tú por ella
si es que crees en mi alma inmortal.

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ēgm. 2018

Convolvulus sabatius

Con el amanecer
—y la brisa salada—

como espectro o fantasma
de sí misma se aleja

en el aire, y se incendia,
y se abre de golpe…

pero aspira a otros soles
que no extingan su halo

y a avanzar hacia astros
que alimenten sus poros,

—no esta luz de sol mórbido—
elevándose al éter

insondable, fulgente
con un ansia más nítida

que la oscura avaricia,
hasta —con el crepúsculo,

que desnuda los mundos
y a los hombres demuda—

que por fin la extenúa
otra huera jornada;

se detiene, se apaga,
merma su flama efímera,

y ella, azul campanilla,
ya se cierra —se encierra—

en un cosmos de piedra
y deseo furtivo:

tras los blancos postigos
sosegada se vence

en un sueño de duendes
y murmullos del aire…

mas no es ella juzgable;
nadie —nunca— lo es.

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ēgm. 2018