El camino

Albores, amores, ardores
que en los flujos residuales fluctúan
con heces y palabras,
sombras a la luz del huevo isotrópico

y mohos, algas y nematelmintos,
del átomo hasta el vómito,
la deflagración del infierno
en ácidas llamaradas que excretan

deidades —y otros mitos—
hinchándose cual calabazas
repletas de gusanos
donde la verdad se miente a sí misma,

es eso lo que somos,
con todo esto, todo cuanto
era nada, pero también la psique,
aunque solo un destello

en el cénit del laberinto,
la psique embaucada por el deseo,
galaxias, cosmos y universos,
con todo cuanto era,

todo lo que hemos visto,
o todo lo que hemos temido
o amado, recomido por la lluvia,
desbaratado por el viento

de cada infinito momento,
flores en los montículos
—falsos reflejos en nuestras pupilas—
de la escoria del tiempo,

jadeos y silencios
nos traerán a la oscuridad
y, perdidos, seremos solo olvido,
caminaremos solos

y encontraremos solo
—no hay otro— el camino hacia el olvido
mientras abandonamos
también nuestras almas perecederas.
.

Detritus del gran huevo subatómico
con heces y palabras
que al flujo residual confluyen
somos; y ardores, y albores, y amores.

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ēgm. 2019

En su casa las tres brujas pelujas,

la viejuja madre con sus dos hijas
—la una guapilla y la otra astuta—,
colgaron un día de la ventana
un amuleto contra los hechizos
de las brujas pelujas repelujas
para así hacer pensar a quien pasara
ante su cuevicasa que temían
a las brujas perujas
y, por tanto, no eran ellas brujas.

El hijo repijo de la maestra,
el que tonteaba a la más guapuja
de las brujas pelujas reperujas,
se quedó contemplando el amuleto
y decidió hacerse inmediatamente
con otro igualito para ahuyentar
a las rebrujas perujas pelujas
y evitar sus hechizos,
por lo que mal pudiera suceder.

Allí en su casicueva las tres brujas,
la madre viejija con las dos hijas,
la una guapita y la otra astuta
—pero ninguna puta—,
se recosen las bragas sin agujas.
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ēgm. 2019

 

El horizonte

El tiempo ha pasado por nuestro lado
a esa rara velocidad
que tan solo él sabe mantener,
ni pausada ni presurosa,
se ha dado la vuelta sin detenerse
y nos ha mirado un instante,
desde la lejanía,
con una etérea sonrisa
—quizá algo burlona—
mientras nosotros nos quedábamos,
ay, con cara de soledad.

Yo era más consciente
de que aún teníamos que avanzar
—los atardeceres se sucedían
con su habitual fingida parsimonia—,
pero tú te extasiabas
contemplando las algas y el infinito,
cual si pudieras desgreñar
el trenzado hilo de tu destino,
verificando que todo estuviera
y fuera tan perfecto
como debería de estar y ser.

Ahora avisto desde aquí
la sombra del tiempo en el horizonte
y su clara sonrisa
—sí, rotundamente burlona—
en la inmediata lejanía,
cargada de arcanos inescrutables,
y muchas veces desde el bar
del paseo marítimo
contemplo las algas y la azulada
bruma del infinito,
ay, con esta cara de soledad.
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ēgm. 2019

Resumen

Estultia, martes 4 de diciembre de 2018

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La ultraderecha se ha apoderado de la USA, lo que contagiará al resto de América, y avanza infecciosa en Europa, a medida que esta es ocupada por África. Con China y Rusia al acecho. Y Francia en llamas. Y los ingleses en su isla, mental.

Las gentes votan felizmente a quienes les hacen más pobres y menos libres. La izquierda está lela, a los antisistema se les atraganta el sistema y los independentistas diversos se vuelven dependientes del independentismo (indepodependientes).

Tumblr (¿a quién le importa eso de Tumblr?) comienza a censurar los desnudos con algoritmo, como antes hizo Facebook, y el Papa en su limbo afirma, pontifica, que la homosexualidad es una moda y que lo que pasa es que está de moda. Tela.

El mundo se va quedando cada vez más giliñoñas. Y para colmo del recolmo le dan el Balón de Oro a un jugador enclenque que nunca ha ganado un Mundial. No, a Messi no. A un tal Modrić, croata, que solo sabe ganar Champions.

Que, o sea: el mundo se precipita
en la absoluta estulticia global.
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©EGM News

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ēgm. 2018

Así no tengo opción ni idea alguna

1

I
Así los vértigos
     vierten distancia.

II
No colma el alcance
     del coma si…

III
Tengo que convertir
     un tiempo afín.

IV
Opción o transustancia
     del espacio.

V
Ni miedo donde
     se sublima el zenit.

VI
Idea y materia
     se precipitan.

VII
Algún alud de esta
     impura tiniebla.
.

2

Así los vértigos de la distancia
no alcanzan a colmar el coma si
tengo que revertir el tiempo sin
opción de transustanciar el espacio
ni medio de sublimar desde el cenit
idea o materia que precipiten
alguna luz a esta espuria tinieblA
.

3

Así no tengo opción ni idea alguna.
No tengo opción ni idea alguna.
Tengo opción ni idea alguna.
Opción ni idea alguna.
Ni idea alguna.
Idea alguna.
Alguna.
.

4

¿Y dejaré que el día
destruya cada noche
y la noche divida
los trazos de este nombre?
.

5

Idea y materia precipitándose
contra cualquier idea de materia.
.

6

Transustanciación del espacio en signo,
sublimación de la materia en nombre.
.

7

Alguna
idea… Alguna…
.


ēgm. 2018

Últimos desjirones del verano

Hubo diversas y claras señales
mucho antes de que al fin sucediera
lo que sucedió —estaba la luna

en calma, la mar estaba mordida—,
las chicas listas siempre dejan pistas,
así que ahora no te inmoles, víctima,

a ningún insaciable dios del fuego
ni diosa de las lluvias, el verano
se ha escurrido ya por entre la arena

de todas las playas del horizonte,
aunque a veces se va nunca me deja
este temblor de ceja, imprevisible,

si comienzas a llamarlo ansiedad
se convertirá en ansiedad, tan solo
mira al cangrejo huyendo hacia las algas

de entre las rocas, llámalo, pongamos,
rara imprevisibilidad del clima,
y no será más que un jirón de bruma

desgajado de alguna tempestad
desvaída, musgo eres —y en musgo
te convertirás— sobre las paredes

del más antiguo de los laberintos,
a pesar del tiempo, a pesar de todos
los versos, el primer día de otoño

es tan caluroso como el verano
y las golondrinas trisan, chismosas,
nuestros secretos en los callejones,

mármol granito o pizarra, ya entonces
hubo evidentes y tontas señales,
las chicas listas siempre dejan pistas

falsas, y me pregunto desde cuándo
hay un completo imbécil habitando
mi cerebro, aceitunas en ayunas,

probablemente siempre ha estado en él
y solo era yo quien no lo veía,
el barco es la costa y la tierra el barco,

pero tú eres el árbol, cercando
la noche me invade tu nombre —acá
no tarda o nunca irá allí—, las orugas,

que más adelante serán airosas
mariposas, devoran los geranios
inertes e indefensos del balcón,

¿no visteis ayer el fulgor del sol
doblando la esquina, de vuelta a casa,
entre un magnolio y rojas azaleas?

me pregunto, en mis momentos abyectos,
desde cuándo las flores, con sus vivos
colores, emboban a los insectos,

hoy gustan los periodos prolongados
pero yo prefiero los ritmos rápidos,
y el oscuro destello de esperanza

—lo último que te pierde— detrás
de azules gafas de sol, pero siempre
hay un nunca que no se acaba nunca,

sobre todo en verano, no lo olvides,
la calima del tiempo distorsiona
los fugaces contornos del recuerdo,

sí, recuerdo cuando estaba reloco,
las chicas listas nunca dejan pistas
ciertas, tantas y tan tontas señales,

arena, lluvia, cristales, y entonces
los unos eran onces, ritmos rotos,
acércate a mi perspectiva, observa

los jirones de neblina que fluyen
por entre los pinos hacia la orilla
confundiendo el pasado y el recuerdo,

recuerdo, reloco, por ningún dios
ni diosa del sexo ni de la furia,
ahora no pretendas inmolarte,

víctima, el verano se diluyó
como los otros veranos, dejando
vestigios, huellas, rastros engañosos

—los analistas ya no encuentran pistas—
que, inciertos, en sí mismos no son sino
el quebrado dintel del laberinto,

ven, luz del universo, paulatina,
no sabes quién soy pero yo tampoco,
alumbra la penumbra que me herrumbra,

recuerda, reloca, musgo serás
en la piedra de un muro desgastado
por las lluvias de remotos inviernos,

árbol de flor perenne, gema líquida,
lava lívida elevada a los labios
—come chocolate, pequeña, come—,

ven a la niebla, luz del universo,
con la risa de una niña, las lágrimas
de un viejo, la maldición de un mendigo,

el vértigo de un hombre ajironado,
con los saludos del so gilipollas
que todavía okupa mi cerebro,

así no tengo opción ni idea alguna
—destruyendo la noche me divide
tu nombre—, los analistas registran

mi armario —no hay pistas—, entre ironía
y fantasía, me pregunto si
no debiera dejar que las orugas,

al final mariposas, se merienden
—estaba la luna en cáncer, la mar
estaba dormida— este geranio,

y unos cuantos cactus de cuando en vez.
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ēgm. 2018

Niemals

Hope that I’m talkin’ allegorically
Edwyn Collins

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En algún incendiado paraíso
noviembre huele a flor de saptaparna
y en este frío infierno

la noche te expulsa al vacío; sobre
el Limago ahora fluye la nieve
—se adormilan los lémures

bajo la tibia cúpula metálica—
mientras los magnolios aquí liberan
tan solo algunas hojas

marrones. Tú piensas: «ich und du», pero
el viento dice: «weder du noch sie»,
el viento escupe: «nunca».
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ēgm. 2018