Aves fatuas


La mayor parte de los problemas del mundo
se debe a la gente que quiere ser importante
.
T. S. Eliot
 

Envidiosos de una historia sombría
de la que poder renegar,
empequeñecidos por un gran complejo
de boba inferioridad,
temerosos de no ser grandes
si no desprecian a los demás,
obsesionados por lo que el prójimo
hace, deshizo o no hará,
ensoberbecidos de mirar tan solo
su minúsculo trozo de realidad,
envenenados de un caldo rancio
de medias mentiras e incierta verdad,
ebrios, delirantes, fatuos, claman
por un reconocimiento universal:
«¡No somos necios, pero podremos
llegar a serlo si nos dejáis!».

Ya el tiempo le arrancará su arrogancia
y las plumas al pavo real.

egm.2015



V. Jardín bajo la nieve

—Las habitaciones polares—


Aquí, entre una y otra orilla, mientras
el tiempo se retira, considerad el futuro
y el pasado con ecuanimidad.
T. S. Eliot
 

Camíname despacio
y sea como la serpiente ordena,
en el amplio vacío astral
donde el tiempo danza, fundido
con la espuma del espacio,

después de intensos millones de años
llovía sobre la lluvia,
y los bosones bailan,
de aquella Tierra humefacta
en la profundidad del tiempo,

tan breves,
nuevos mundos nacen continuamente
para que puedan ir otros muriendo,
hasta que un día escampó,
lo siento en el aliento,

en los andenes del presente
el futuro ya no existe
y la nostalgia es solo al fin
un lánguido esfuerzo inútil,
a los nenúfares desvío

luz blanca y dolor,
la mariposa vibra persiguiendo
el arabesco del pez
contra el glaucor de las algas,
ralentizado, el fluido oscuro

vuelca la niebla en la orilla
y el río dobla hacia la penumbra
entre grises azulados
y crudos violetas sombríos,
y quemar alguna esperanza

de que nada vuelva a ser lo que fue
deviene un vano ejercicio de angustia
sin razón ni redención,
abril, este mes tan vil,
azuleante electricidad,

recuerdos mezcla al ansia febril,
equívoca ecuación,
rubia coleta, confusas pecas,
vete a jugar con tus muñecas
a tu mustia habitación,

el torvo pensamiento,
tanga azul, azul biquini,
germina lilas en tierras yertas,
revive rancias raíces muertas,
adorando a la diosa prostituta,

abril, con sus penas mil,
escucha a tu cerebro de reptil,
lo noto en el escroto,
luz blanca y dolor, es como nacer,
y con esquivo movimiento

la palomilla no vuela
dos veces la misma brisa,
ves el mar en tu ventana
sin gozar las rosas ni el tetraclinis,
ni el lucio roza dos veces

las mismas raíces ciegas
del sauce en el azogue fugitivo,
yertas nostalgias muertas,
calculas mal los días, y es por eso,
rubia garza en tanga azul,

que sueles llegar tarde al vado,
tres piedras resbaladizas,
que cruza el río del presente,
ya sabes, de lo ido hacia lo incógnito,
lo vivo en el lascivo

abril, el mes más gil,
infausto afán febril,
cuando comienza a escampar,
fumareles en la boya,
charranes y pagazas en las rocas,

regreso al frágil río
de los nebulosos días,
desterrado del paraíso
y expulsado también de los infiernos,
gran ganga, Maa Ganga,

a los nenúfares desvío
el turbio pensamiento
y con errátil movimiento
regreso al blando río
de denso lecho mineral,

viviendo un jubiloso e
inacabable enero de rebajas,
yo soy de Aldán
y ya me suicidé hace décadas,
sin ceremonia y sin escándalos,

si lo miras, oh Suzie Q,
ahora no sé morir,
¿podré comer un melocotón? ¿puedo
modificar mis recuerdos?
si el Universo observas desde fuera

verás que brilla como una luciérnaga
en el tupido zarzal infinito,
Susi, lo que la bicha ordena,
eflorecescentes ardentías
en tu biquini azul eléctrico

y ni intento del mástil desatarme,
silencios que por nadie fueron vistos,
cuántica gravitación
y fiebre de la noche a la mañana,
partículas supersimétricas,

flácida fluctuación, uh Susy,
de la estructura del espaciotiempo,
abismos de fría energía oscura
donde retumba el tiempo
y choques entre hatos de galaxias

con la única intención,
que mis bosones bailen,
de devorarte el corazón,
me fui muy lejos, muy lejos,
y ya no he vuelto, tan lejos,

olvida todo el tiempo sobre el aire,
recuerda nada más donde estás hoy,
tan solo eres otro replicante
y no podrás matar a dios,
no hay nadie en la estación del aeropuerto,

la calle está vacía,
no hay nadie en el vagón ni en todo el tren
y la ciudad murió,
pocos saben quien fue Hank Woothreed
perdido en el jardín bajo la nieve

ni qué libélulas amaba
en el vado de las tres piedras,
entre los chopos, las mimbreras
y los verdeazules maizales
tras la llovizna, en Gonderande,

mientras nuevos mundos nacían
y morían otros en la corriente
del tibio río de Islajamás,
torrente de conciencia mineral,
nublosa garza de las peñas,

en la noche tan feroz
el silencio más oscuro
era el muro de tu voz,
pero sigues corriendo, ¿verdad, nena?
ni en este ni en otro infierno,

mas tantos evos estuvo lloviendo
que la humedad fosilizó,
pero yo sigo sin saber,
después de que miss conejo
se afeitara el bigote ante el espejo,

qué lado de la seta he de morder,
aunque ya empieza a escampar
en las dunas de la playa,
en las simas del presente,
detrás de los carrizos del futuro,

sí, fiebre, cuelga un poco más de fiebre
en tu perfil personal,
algún eco quedará resonando
en los mimbrerales del río
donde traza el pez su su arabesco

de vaporosos violetas
y verdeazules violentos,
donde el tiempo danzó
con el tordo en la rosaleda,
y el futuro determina el presente

junto al vado del hoy,
ningún profeta predicó
sobre la fugacidad de la roca,
la brevedad del semen en la arena
o la levedad del mar,

ma’ Ganga, buen tanga,
tan breve,
olvida todo el tiempo bajo el agua
en las peñas de la ría de Aldán,
acuérdate de ser quien eres hoy,

tan bellas,
igual que la gacela en el zoológico
añora la sabana, libre y plena
de azares y peligros,
así el hombre contempla las doncellas,

uy, digo, perdón, las estrellas,
olvida que el recuerdo es muy cabrón,
tan ellas,
¿verdad, nena?
garza blanca en tanga azul,

no cambia su color la mariposa
ni ha de volver a volar
en el aura que ya coloreó,
por los farallones la luz
reconfigura su fulgor, el verde

vira a añil vidrioso y luego el violeta
a un hostil rojo de labios,
no muda su laberinto de escamas
nunca el pez, ni jamás sabe encontrar
la ola que antes besó,

olvida el porvenir que no ha venido,
recuerda que olvidaste tu ambición,
la playa desde la ventana,
olvida los recuerdos imborrables,
cancela el porvenir que no vendrá

en abril, el mes febril
que la lila eyaculó,
oscila el agua en la ninfa,
y fue como la serpiente ordenaba,
pero corres contra corriente, niña,

las lunas del desierto arrastran
jaurías, escorpiones y agujeros
negros, ¿puedo?
la Humanidad aún se pierde en preguntas
que ya obtuvieron respuesta hace mucho,

el vencejo cazó al mosquito
que acababa de picarme en el prado,
y los fermiones bailan
entre Centauro y Perseo,
huye el blanco Sol por el brazo izquierdo

de aquella otra galaxia
hacia la eterna implosión
de la espuma del espacio,
escupe el infinito en la otra orilla,
redes, algas,

mientras otros van muriendo, a la par
nuevos mundos van brotando
en los meandros del río de ahora,
sobre los vastos nuevos océanos,
tan leves,

sobre la Tierra encharcada,
sobre la lluvia llovió
cientos de millones de años
y, ese olor de petricor,
no sé qué día, por fin escampó.

egm.2015



Hipertexto
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Camíname despacio
y sea como la serpiente ordena,
en el amplio vacío astral
donde el tiempo danza, fundido
con la espuma del espacio,
después de intensos millones de años
llovía sobre la lluvia,
y los bosones bailan,
de aquella Tierra humefacta
en la profundidad del tiempo,
tan breves,
nuevos mundos nacen continuamente
para que puedan ir otros muriendo,
hasta que un día escampó,
lo siento en el aliento,
en los andenes del presente
el futuro ya no existe
y la nostalgia es solo al fin
un lánguido esfuerzo inútil,
a los nenúfares desvío
luz blanca y dolor,
la mariposa vibra persiguiendo
el arabesco del pez
contra el glaucor de las algas,
ralentizado, el fluido oscuro
vuelca la niebla en la orilla
y el río dobla hacia la penumbra
entre grises azulados
y crudos violetas sombríos,
y quemar alguna esperanza
de que nada vuelva a ser lo que fue
deviene un vano ejercicio de angustia
sin razón ni redención,
abril, este mes tan vil,
azuleante electricidad,
recuerdos mezcla al ansia febril
equívoca ecuación,
rubia coleta, confusas pecas,
vete a jugar con tus muñecas
a tu mustia habitación,
un torvo pensamiento,
tanga azul, azul biquini,
germina lilas en tierras yertas,
revive rancias raíces muertas,
y mis fermiones danzan,
abril, con sus lluvias mil,
adorando a la diosa prostituta,
lo noto en el escroto,
luz blanca y dolor, es como nacer,
y con esquivo movimiento
la palomilla no vuela
dos veces la misma brisa,
ves el mar en tu ventana
sin gozar las rosas ni el tetraclinis,
ni el lucio roza dos veces
las mismas raíces ciegas
del sauce en el azogue fugitivo,
yertas nostalgias muertas,
calculas mal los días, y es por eso,
rubia garza en tanga azul,
que sueles llegar tarde al vado,
tres piedras resbaladizas,
que cruza el río del presente,
ya sabes, de lo ido hacia lo incógnito,
lo vivo en el lascivo
abril, el mes más gil,
infausto afán febril,
cuando comienza a escampar,
fumareles en la boya,
charranes y pagazas en las rocas,
regreso al frágil río
de los nebulosos días,
desterrado del paraíso
y expulsado también de los infiernos,
gran ganga, Maa Ganga,
a los nenúfares desvío
el turbio pensamiento
y con errátil movimiento
regreso al blando río
de denso lecho mineral,
viviendo un jubiloso e
inacabable enero de rebajas,
yo soy de Aldán
y ya me suicidé hace décadas,
sin ceremonia y sin escándalos,
si lo miras, oh Suzie Q,
ahora no sé morir,
¿podré comer un melocotón? ¿puedo
modificar mis recuerdos?
si el Universo miras desde fuera
verás que brilla como una luciérnaga
en el tupido zarzal infinito,
Susi, lo que la bicha ordena,
eflorecescentes ardentías
en tu biquini azul eléctrico
y ni intento del mástil desatarme,
silencios que por nadie fueron vistos,
cuántica gravitación
y fiebre de la noche a la mañana,
partículas supersimétricas,
flácida fluctuación, uh Susy,
de la estructura del espaciotiempo,
abismos de fría energía oscura
donde retumba el tiempo
y choques entre hatos de galaxias
con la única intención,
que mis bosones bailen,
de devorarte el corazón,
me fui muy lejos, muy lejos,
y ya no he vuelto, tan lejos,
olvida todo el tiempo sobre el aire,
recuerda nada más donde estás hoy,
tan solo eres otro replicante
y no podrás matar a dios,
no hay nadie en la estación del aeropuerto,
la calle está vacía,
no hay nadie en el vagón ni en todo el tren
y la ciudad murió,
pocos saben quien fue Hank Woothreed
perdido en el jardín bajo la nieve
ni qué libélulas amaba
en el vado de las tres piedras,
entre los chopos, las mimbreras
y los verdeazules maizales
tras la llovizna, en Gonderande,
mientras nuevos mundos nacían
y morían otros en la corriente
del tibio río de Islajamás,
torrente de conciencia mineral,
nublosa garza de las peñas,
en la noche tan feroz
el silencio más oscuro
era el muro de tu voz,
pero sigues corriendo, ¿verdad, nena?
ni en este ni en otro infierno,
mas tantos evos estuvo lloviendo
que la humedad fosilizó,
pero yo sigo sin saber,
después de que miss conejo
se afeitara el bigote ante el espejo,
qué lado de la seta he de morder,
aunque ya empieza a escampar
en las dunas de la playa,
en las simas del presente,
detrás de los carrizos del futuro,
sí, fiebre, cuelga un poco más de fiebre
en tu perfil personal,
algún eco quedará resonando
en los mimbrerales del río
donde traza el pez su arabesco
de vaporosos violetas
y verdeazules violentos,
donde el tiempo danzó
con el tordo en la rosaleda,
y el futuro determina el presente
junto al vado del hoy,
ningún profeta predicó
sobre la fugacidad de la roca,
la brevedad del semen en la arena
o la levedad del mar,
ma’ Ganga, buen tanga,
tan breve,
olvida todo el tiempo bajo el agua
en las peñas de la ría de Aldán,
acuérdate de ser quien eres hoy,
tan bellas,
igual que la gacela en el zoológico
añora la sabana, libre y plena
de azares y peligros,
así el hombre contempla las doncellas,
uy, digo, perdón, las estrellas,
olvida que el recuerdo es muy cabrón,
tan ellas,
¿verdad, nena?
garza blanca en tanga azul,
no cambia su color la mariposa
ni ha de volver a volar
en el aura que ya coloreó,
por los farallones la luz
reconfigura su fulgor, el verde
vira a añil vidrioso y luego el violeta
a un hostil rojo de labios,
no muda su laberinto de escamas
nunca el pez, ni jamás sabe encontrar
la ola que antes besó,
olvida el porvenir que no ha venido,
recuerda que olvidaste tu ambición,
la playa desde la ventana,
olvida los recuerdos imborrables,
cancela el porvenir que no vendrá
en abril, el mes febril
que la lila eyaculó,
vibra el agua en la ninfa,
y fue como la serpiente ordenaba,
pero corres contra corriente, niña,
las lunas del desierto arrastran
jaurías, escorpiones y agujeros
negros, ¿puedo?
la Humanidad aún se pierde en preguntas
que ya obtuvieron respuesta hace mucho,
el vencejo cazó al mosquito
que acababa de picarme en el prado
y los fermiones bailan
entre Centauro y Perseo,
huye el blanco Sol por el brazo izquierdo
de aquella otra galaxia
hacia la eterna implosión
de la espuma del espacio,
escupe el infinito en la otra orilla,
redes, algas,
mientras otros van muriendo, a la par
nuevos mundos van brotando
en los meandros del río de ahora,
sobre los vastos nuevos océanos,
tan leves,
sobre la Tierra encharcada,
sobre la lluvia llovió
cientos de millones de años
y, ese olor del petricor,
no sé qué día, por fin escampó.



El viento en el faro


Ven a volar,
podrás seguir preguntándotelo
hasta el final de las algas,
pero no te quedará más remedio
que joderte y flotar los días
en la convexidad del mar,
en la humedad del río,
allí donde el orden regresa al caos,
el mapa no está equivocado
aunque le falten pequeños detalles,
tampoco para mí,

el arroyo bajo los tojos,
la hosca y helada belleza
de las yermas islas del norte,
los pájaros sobrevuelan la duna,
la orilla y los arrecifes,
cuando el conejo perdió su abanico,
no sabes quién eres a mediodía
y esa misma madrugada
crees que ya puedes entenderlo todo,
vuelven las aves al negro oleaje
desde el principio del frío,

agua de muerte en vida,
dibuja el pez arabescos
en la honda humedad del río,
donde se oculta el frío,
saliva sudor y semen,
polvo en la arena,
huelo el humo, avento el viento,
subiendo voy, bajando vengo,
jusqu’ à la fin, en pleine soleil,
y en los meandros yo me entretengo,
ahuyento el viento,
por las mimbreras desgasto el tiempo,
en la fría profundidad del río,

después de la noche de fin de año
el faro alumbra sobre la peña,
pájaros vuelan,
el viento revuelve
el pelo blanco de las negras olas
que las sirenas cabalgan,
tampoco creo
que nunca susurraran para mí,

quizá podrías probar
a dejarlo todo tal como está
en el envés del azogue,
espejos y espejos, nuevos espejos
lanzando a lo lejos viejos reflejos,
esta es la mentira en la que creemos,
arena lluvia sal,
venid y oíd,
cervezas enlazadas en canciones,
sabida oscura duda:
corazón de saliva en el cristal,
ven a bailar
al cíclico círculo intemporal,
dame spritz y sexo astral,

puedes seguir preguntándote
cuál es la esquiva pregunta
y recontando en la pared
los azulejos del cuarto de baño,
el viento es fugaz testigo
de la fugacidad de la roca,
de la eternidad del silencio
y de la vanidad de las promesas
que se hace el hombre a sí mismo,
ponme otro spritz

mientras los pájaros marinos
vuelan hacia el interior del océano,
mar afuera,
donde habita la realidad,
aceleras un poco más,
el faro sobre el peñasco
ya no vigila el mar,
acaso los ocasos
son trozos de pedazos,
la solución origina el problema
y la pregunta resuelve el enigma,
acaso los acasos
son subterfugios del caos,

se desmenuza la arena en la playa
rodando en la arena
y chillan volando los pájaros
como las niñas mujeres,
hacia la densidad de la neblina
donde el conejo perdió su abanico,
sin saber de los embustes
que el niño le cuenta al mar,
sujetas firme el volante,
el faro sobre la peña,
acero en la piedra, sangre en la roca,
las olas constantes como el silencio
son un rumor allá abajo,
entre la espuma y las algas,
tal vez aún podrá amanecer,

solo tendrás la respuesta
cuando conozcas cuál es la pregunta,
la bruma en la línea del horizonte
mira pasar a los pájaros,
charranes, fumareles y pagazas,
hacia el final del mar,
mueren las revoluciones,
tsunamis, terremotos y ciclones,
si se pueden televisar,
se ha detenido el motor
contra el gastado granito del faro,
olas, viento, voces,
y cuando sepas cuál es la pregunta
entenderás la respuesta,
suave en las algas mojadas
ahora empieza a llover

egm.2015



Puertas cerradas


10

Me olvidé de mi lengua
y de mi nombre,
y de eso que suelen llamar raíces;
cuando llegué
tuve que olvidar el tronco y las ramas,
y las hojas también.

9

No, no volver,
ni pensar en volver;
no dar razones,
no dejar huellas
ni recuerdos en nadie.

8

Me habla el vendaval en los roquedos;
canta la lluvia en las algas del muelle.

7

Al regresar,
nuevas gaviotas seguían chillando,
aunque, ya viejo, yo
tuve que aprender de nuevo a escuchar
mi propio nombre,
mi propio viejo nombre.

6

Oculto el cigarrillo
dentro del puño;
me echo en la cuneta
al distinguir
una luz a lo lejos
o al escuchar
un motor tras la curva,
expectante, inmóvil.

5

No explicar; no despedirse de nadie
más que con un hastamañana,
como todos los días;
borrar los números
de la agenda; borrar
la misma agenda,
y cambiar de teléfono;
lograr por fin
no ser. No ser.

4

Quedan cerradas las puertas cerradas;
sigue la lluvia al vendaval.

3

Ahora he olvidado los nombres
de aquellas calles,
de las estaciones de metro
—luces y rótulos—
y de las chicas de los bares:
desmemoriando.

2

No dejar dirección;
desvanecerse
en el humear de los autobuses,
a la primera luz
de las farolas;
irse en silencio en la última fila
de la clase turista.

1

Dejo cerradas las puertas cerradas
que dan al infinito.

0

Y ser un otro
con otro nombre
—mi viejo nombre—
en este (cualquier) universo
al que pertenecí.

egm.2014



El trozo de gris

Lobo en el antro, araña en la grieta,
y yo piso con pies de fuego,
la zorra blanca asustada perdió
su tarjeta de memoria,
crece, lunita, medra,
cuando los ordenadores
ya cabían encima de las mesas,
de aquellos lodos vienen estos píxeles,
quién tú eres?
ah, este es el revirihondo enigma,

los cormoranes en el muelle
confirman la liquidez del océano,
vuelve a posarse el sol en la otra orilla,
el tiempo se va hundiendo
en cualquier planeta de la galaxia,
dicen guti, tutti frutti,
baja el río hacia la ría,
e íbamos los dos y el perro
por el camino viejo de la sierra,
un lóbrego resplandor
contra las evanescentes estrellas,
acechan fresnos y abedules
de silenciosas ramas deshojadas,
tutti frutti, a-wop-bom-a-loo-mop,

el tiempo se extasía
en la inexactitud de las olas,
brota, entre un recuerdo nunca olvidado
y el deseo jamás cumplido,
la baba de la zorra albar,
no todo bosque es frondoso
ni estéril todo desierto,
hay vientos sin nombre
y urracas, cuervos cautelosos,
la sonrisa, tímidamente obscena,
de una foto desencuadrada
y el dedo corazón alzado,
entonces un teléfono
ya no era un chisme en la punta de un cable,

huele a aliento de dragón,
tramperos ebrios en el bosque
resbalando sobre la nieve,
rastrean una puesta de sol,
un gris preciso en el crepúsculo
que no late en ningún otro lugar,
a-wop-bom-a-loo-mop-a-lomp-bom-bom,
se abre la flor del baobab
oh, en mis habitaciones polares,
el tiempo flota, el tiempo
viaja en la inexactitud de las olas,

aún en el son bailando voy
del agua fría
pensando en que me gustaría
no ser quien soy,
la bestia aterradora en la cellisca,

té y coñac en el albergue
donde los urogallos disecados
atestiguan que entonces la crueldad
era tan primitiva como siempre,
el alto sendero del puerto
y la profunda umbría misteriosa,
lobo rojo en la marisma,
bestia descorazonada,
arrepiéntete de ser como eres,

araña en la argaña, lobo en el pobo,
el señor de Gingiz huyó a Harar,
la brisa del verano
lleva hasta el otoño sobre las olas
inexactas del océano
fotones del final del Universo,
pertenezco a la oscuridad y solo
la oscuridad me pertenece:
v = Hₒ D,
todo universo mengua
antes de llegar a medrar,

y no me reconozco en los cristales
ni en la birrefringencia de estos plásticos,
hoy es solo otro día extraño
en otro invierno sin tiempo,
quizá algún esquivo ruido en la niebla,
y en las dudas de la luz
gira el teleidoscopio del astrónomo,
pero en la jungla aún juega el jaguar
que no podrá nunca cambiar sus manchas
ni arrepentirse de tenerlas,
a-lomp-bom-bom, hey ho, hey ho,
el chamán habla a la serpiente cósmica,
entonces los caleidoscopios
tenían tanta magia como ahora,
se posa el sol,
rebrilla en la otra orilla
el fracaso y la perenne derrota,

milanos, cuervos evasivos,
aquel viento sin brújula ni nombre,
con el agrio graznido
en el claro surgió el gris,
era un juego enfermizo y pernicioso,
circundando una montaña azulada,
el gris crepuscular buscado,
cazado en la trampa de la retina,
incierto futuro en tiempos cambiantes,
el cormorán no recuerda el verano,
al repuntar la marea
te contaré mi historia en la otra orilla,
alguna de esas cuestionables
experiencias que solo sabe el río,
de la saliva de la zorra
y la garganta del dragón,
arrepiéntete de ser lo que eres,
hijo de un viento desnortado,

el cormorán ignora
quién se bañaba en las rocas desnuda,
hey ho, lets go, blitzkrieg bop,
quedan las conchas
junto a las algas dudando en la orilla,
en la autodestrucción del superhéroe
resulta el mundo destruido también,
el faro extraviado
cuenta romances nuevos a la espuma,
blancos, lilas, añiles, y ese gris,
el gris fundente,
bajo la arena de la playa
se escurre el semen rechazado,
el gris licuante
único del crepúsculo de invierno,
fijado eternamente en la memoria
sin píxeles ni negativo,

bébeme, trágame entero,
nebulosa luz de otro mundo,
la brisa de otoño,
nacida en los vapores del verano,
ora a la diosa prostituta,
tutti frutti, oh guti,
quién tú eres, cabeza de can?
yo no te reconozco en las baldosas
de los pasillos del tiempo,
la brisa de otoño anticipa
que el invierno no se olvida
de ejecutar su rito en el tablero,
oh, hey!, peón de dama a rey,
Gorlois derrotó al señor de Gingiz,

rock al este y al oeste,
aquel trozo de océano será
todo mi legado a la humanidad,
noche cerrada,
indeleble como un beso
bajo los pinares nevados,
y también entonces,
zorra blanca en tanga azul,
entonces las cámaras fotográficas
eran tan prescindibles como ahora

egm.2013
→Las habitaciones polares (versión con hipertexto)

Lenguagonía


La noche que la mataron
Rosita estaba de suerte:
de tres tiros que le dieron
nomás uno era de muerte.
Corrido de Rosita Alvírez
 

El poder centralizalista
con su muy antiguo vasallaje,

los politiquetes aborígenes
con su sempiterna languidez,

la iglesia anticristiana
con su plurisecular cobardía,

la irreal inacademia
con su enfermiza pusilanimidad,

la burguesía populista
con su tradicional automenosprecio,

el pueblo aburguesado
con su inmemorial estupefacción…
 

Y así, a la lengua gallega,
que tantos siglos yació,
entre todos la mataron
y ella sola se murió.

egm.2013



Algún alguien

Nadie te ha de salvar,
todas las cosas que debo saber,
alguien que se parece a mí,
todas las noches voy,
todas las cosas que hay que entender,
alguien como una imagen
en un espejo empañado,
un extraño en un asteroide extraño,
tan aburrido en la orilla del río,
no digas mi nombre,
no grites en la oscuridad,
o una caricatura, o un dibujo
de una artista callejera,
pagazas, fumareles y charranes
van chillando hacia el final del mar,

bastante parecido
pero ligeramente deformado,
todas las noches vengo,
vuelvo a mentir un poco más,
una gota de semen sobre
el brazo izquierdo de esta otra galaxia,
algún alguien con mis gestos
o un remedo de ellos,
todo lo dijo la bruja en la cueva
y la zorra en su madriguera,
alguien que imita mi acento
como un humorista televisivo,
no demasiado bien pero con éxito,
risas, ja ja ja!
carcajadas del público
que asiste en directo al plató,

qué hora es
en el brazo izquierdo de mi galaxia?
estos son días muy extraños
en la fría cosmología,
y en los evos, raras horas,
alguien que usa ropa como la mía,
vaqueros y cazadoras
pero no de las mismas marcas,
cuando era niño ya solía
jugar con hielo turbio en la mirada
y cambiar de amigos como de novias,
puertas, puertecillas, puertas,
continentes en colisión,
al fúlgido crepúsculo del río,
puertas que tú nunca abrirás,

alguien que pretende saber
lo mismo que yo sé
pero que no sabe ni apenas briznas,
e non si, Perceval?
mal le pesara saber,
sucio río que no navegarás,
todas las noches creo
que ya jamás volverá a amanecer,

quién tú eres?
valor para enfrentarse a las tinieblas
en la fatal fascinación
de la más abyecta abominación,
mecago en la sombra de mis cojones,
alguien que dice lo contrario
de lo que él cree que está diciendo
pero que piensa aquello
que se supone que debe pensar,
durante tanto tiempo que no puede
ser verdad, chica,
qué hora es?
eso depende de donde tú estés
y de lo que tengas bajo los pies,
más risas en directo, ja ja ja,
todas las cosas que debo olvidar
perdido en la lobreguez del eclipse
de mis cojones, chica,
y nadie me salvará,

Enrique, te has pasado una vez más,
un alguien que sí que parece
que quizá se parezca a mí
sin ser en realidad
más que una caricatura en la acera
cuando está empezando a llover,
un trozo de cartón mojado
donde el desierto se convierte en mar,
sobre la cúspide de la marea
con que sueñan las hadas afeitadas,
parece que recrece
la masa del universo irreal,
alguien que ya ha tomado mi lugar,
no con mi consentimiento
pero sí con mi distante aquiescencia,
solo por la pura pereza
de no decirle: oye, ya te vale,

mas nadie te salvará,
ay, Perceval,
y Úther sobre el aliento del dragón
―corre, jinete, cabalga!―
va hacia la gruta del cañaveral,

confuso y aturdido tanto tiempo,
chica, todas las noches veo
un fusil que apunta al vacío,
alguien que con su mala imitación,
crees que aún puede amanecer?
risotadas, ja ja ja,
ha convencido a unos cuantos
torpes y desorientados
de que es lo que no es,
cómeme, bébeme, escúpeme,
algo que empieza con una erección
y en el bosque del crepúsculo gris
solo mi subrazón subsiste,
y está ya convenciéndose a sí mismo,
igualmente torpe y desorientado,
más risas en el plató, ja ja ja,
Enrique, eres genial,
de que es quien realmente no es,

todas las cosas que yo sé ignorar,
el tiempo y su gravedad,
todo lo dijo la bruja en su cueva,
y el reptil en su cubil,
mengua la luna antes de medrar,
muérdeme, cómeme, trágame,
muévelo para mí, nena,
nada es tan violento como el amor,
camelia obriza, ñipe opalescente,
nadie escucha, nadie oirá
al viejo perro traidor,
mueve la bicha, miente, monta y ficha,
azul la vela en los ojos del hada
trasquilada,
jugando al más perverso de los juegos
que se han podido llegar a jugar,
fatal fascinación de la abyección,

sí, Perceval,
la sirena del arrecife
susurra su suave canto a la sal
mientras la bruja en la gruta
recita el conjuro abisal,

alguien que camina absorto
y en fila por los pasillos del tiempo,
llaves equivocadas,
puertas que nunca se abrirán,
río de oscuridad, quién es
un exiliado de otro universo
cautivo en la densidad mineral,
por el sur la luz ya vuelve a cambiar
y con lúgubre resplandor
sella un misterio sin revelación,
―corre, jinete, sin descabalgar!―
aunque no te salvará nadie
cuando el mundo comience a arder
y tus huesos a crepitar,
mon Perceval

egm.2013
→Las habitaciones polares (versión con hipertexto)

La leyenda de Gilgamesh. Canto primero (1)


Aquel, el que vio lo profundo,
los fundamentos del País,
que las costumbres conocía
y era sabio en todas las cosas:
Gilgamesh que vio lo profundo,
los fundamentos del País,
y las costumbres conocía,
era sabio en todas las cosas.

El que visitó los santuarios
y contemplando los misterios
adquirió gran sabiduría
y comprendió todas las cosas.
Vio aquello que era secreto,
descubrió lo que estaba oculto;
regresó trayendo noticias
de antes aun del Diluvio.

Al cabo de un largo viaje,
tras la fatiga halló el descanso
y sobre una estela de piedra
escribió sus grandes esfuerzos.
Mandó edificar los baluartes
de Úruk, bien amurallada,
y también el santo tesoro,
el sagrado templo Eanna.

Admirad su muro exterior,
de bronce parece construido;
sus columnas, inimitables.
Subid la antigua escalinata
y aproximaos al Eanna,
morada de Íshtar la diosa,
tal que hombre alguno ni rey
logrará igualarlo jamás.

Ascended luego a las murallas
de Úruk y allí recorredlas.
Examinad bien sus ladrillos
y fijaos en los cimientos.
¿No fueron acaso cocidos
en horno aquellos ladrillos?
¿Y no fueron los Siete Sabios
los que sus cimientos pusieron?

Mirad desde estas murallas
a Úruk la bien cercada:
trescientas hectáreas de casas,
trescientas hectáreas los huertos,
trescientas hectáreas el templo
de Íshtar la diosa, sagrado;
casi mil hectáreas abarca,
con casas y huertos y el templo.

El cofre ahora buscad
de cobre con cierre de bronce.
Soltad el cerrojo que abre
la puerta de tantos secretos.
La tablilla de lapislázuli
leed, y que todos escuchen
de cómo fue el rey Gilgamesh,
de las pruebas que superó.

Supremo entre todos los reyes,
el héroe de magna estatura.
El ínclito hijo de Úruk,
como un toro bravo acornea.
Avanza en vanguardia en la lucha,
cual deben ir siempre los jefes,
y cuando va a retaguardia
es para auxiliar a los suyos.

Tupida, la red de combate
que escuda y defiende a sus huestes,
torrente impetuoso y violento
que el muro de piedra destruye.
Toro, hijo de Lugalbanda,
Gilgamesh perfecto en su fuerza;
amamantado por la excelsa,
por Ninsun la Vaca Salvaje.

Tal es Gilgamesh el altivo,
el magnífico, el deslumbrante.
El que por los desfiladeros
abrió pasos en las montañas,
aquel que excavó hondos pozos
en las faldas de las colinas
y cruzó el mar, el vasto océano,
hasta donde Shamash se alza.

Exploró el confín de la tierra
buscando incansable la Vida
y llegó por sus propias fuerzas
hasta Utnapíshtim el Lejano,
quien restauró los santuarios
destruidos por el Diluvio
y reestableció los ritos
para toda la humanidad.

¡Quién podrá, entre todos los pueblos,
comparársele en realeza!
¿Quién, como Gilgamesh, decir
y proclamar: «¡Yo soy el Rey!»?
Fue con el nombre de Gilgamesh
llamado desde que nació,
el que es en dos tercios dios
y tan solo en uno es humano.

La Gran Diosa Madre, ella misma,
fue quien le otorgó la belleza;
Nudímmud, el que hizo a los hombres,
le dio su apariencia y su forma.
Ádad, dios de la Tempestad,
le concedió el heroísmo;
Énlil, la estatura perfecta;
Shamash le dio virilidad.

Fue así que al divino Gilgamesh
después de haber sido creado
lo formaron los Grandes Dioses
a su imagen y semejanza.
Ádad, dios de la Tempestad,
le concedió el heroísmo;
Énlil, la estatura perfecta;
Shamash le dio virilidad.

Fue así que al divino Gilgamesh
después de haber sido creado
lo formaron los Grandes Dioses
a su imagen y semejanza.
Portentoso era en altura,
enorme el vigor de su pecho;
sus miembros tan desmesurados
cual pleno de fuerza y soberbia.
 


Nota
Diluvio: El mito del diluvio es común a muchas culturas primitivas, consecuencia de grandes inundaciones o maremotos que cubrieron países enteros.
Eanna: Gran templo en Úruk, sede de los dioses Anu e Inanna (Íshtar).
Énlil: Dios de la tierra y del viento.
Gilgamesh: El personaje histórico de este nombre reinó en Úruk, Súmer (Mesopotamia), hacia 2650 a.c. Después de muerto fue divinizado y su vida y figura mitificadas hasta llegar a convertirse, a lo largo de dos milenios, en la Epopeya, la Leyenda de Gilgamesh.
Hectáreas: La medida que aparece en el texto acadio es el sar, equivalente a unas 350 hectáreas.
Íshtar: Diosa acadia del amor y de la guerra, hija de Anu; la diosa más importante de la mitología asirio-babilónica.
Ladrillos cocidos en horno: Eran más valiosos que los simplemente secados al sol.
Lapislázuli: Piedra semipreciosa muy apreciada en la antigua Mesopotamia; se colocaban tablillas de lapislázuli con textos grabados dentro de cofres, a modo de “primera piedra”, en los cimientos de los templos.
Lugalbanda: Padre de Gilgamesh, segundo rey mítico de Úruk despues del Diluvio.
Ninsum: Madre de Gilgamesh, diosa de los bóbidos salvajes.
Nudímmud: “Hacedor de hombres”, nombre del dios Ea.
Shamash: El dios sol; dios también de la justicia y los oráculos.
Siete Sabios: Antiquísimos sabios que se suponía que habían enseñado a los hombres sus conocimientos técnicos y de civilización.
Úruk: Una de las principales ciudades de Súmer, en la orilla derecha del Éufrates; actualmente Warka.

Bibliografía
Gilgamesh. Traducción del acadio por J. Silva Castillo. Kairós, Barcelona 2006.**
Poema de Gilgamesh. Traducción del acadio por F. Lara Peinado. Tecnos, Madrid 2007.***
El poema de Gilgamesh. Traducción del acadio al catalán por L. Feliu Mateu y A. Millet Albà. Universitat Autònoma de Barcelona, 2007.***
La epopeya de Gilgamesh. Traducción del acadio al francés por J. Bottéro, traducción del francés por P. López. Akal, Madrid 2007.*
Gilgameš o La conquista de la inmortalidad. Comentario y traducción incompleta del acadio al itaiano por F. D’Agostino, traducción del italiano, quizá a través del inglés, de F. del Río. Madrid, Trotta 2007.*
La epopeya de Gilgamesh. Traducción del acadio al inglés por A. George, traducción del inglés por F. Chueca. Mondadori, Barcelona 2008.*
*** Buena. ** Aceptable. * Triste que aún se hagan estas cosas.
 


Copiado por el escriba En-Gumi sobre pantalla de ordenador, brillante y luminosa como tablilla de lapislázuli. Santa Rosa, Barcelona, septiembre de 2009.



Sorda claridad

Las cosas que no quieren suceder
son las que ves en los sueños,
los fantasmas de la villa encantada
disfrutan de sus vacaciones,
y una máscara de negros colmillos

recorre los fríos pasillos,
nos atraviesa con la aurora
la luz que aguardaba en los cementerios
a la huida de los espíritus,
declina la respuesta de los dioses,

y el amanecer nos anuncia
que el mar volverá a ser azul
y blanco el arañazo de las olas,
la vuelta a la realidad es siempre
un mecanismo desgastado,

ignora a quien ignora
las leyes de la gravedad,
desnúdate, ven, vamos a nadar,
en el lejano abismo de los días
aún mi subrazón subsiste,

no se lo cuentes a papá
o nos encerrará en su medio miedo,
tierna tórtola turca,
no se lo digas a tu mami
o querrá bailar con nosotros,

si alguien cae a un terreno fragoso
y se queda a vivir en él,
tendrá que aceptar cada arroyo y risco,
o cada fugaz victoria o fracaso,
con la misma cara de memo,

inmenso, el cielo brilla intenso
de horizonte en horizonte,
y los sordos lo ven aún más oscuro,
mientras la luz arde ahí,
refulgiendo ante su ciega nariz,

ha dicho otro oráculo que
la realidad no es un orbe perverso
sino el lapso en el que eres
y deberás intentar entender,
en lugar de encender inciensos

y recitar vanas plegarias
en las mansiones encantadas,
los espectros no escuchan tus susurros
y se ríen furtivamente, atiende,
de los humos perfumados,

de los rezos aturdidos,
mientras la nova fulgura aún ahí,
liberando luz y energía,
nademos, ven, un poco más,
mi tierna tórtola turca,

un instante o una breve eternidad,
oh, la insondable niebla de los días,
la penumbra causa ceguera
y el alba solo defrauda a los ciegos
que nada esperaban ver,

desnudos, el sol entibia las peñas
sobre las cimas de la realidad,
bailemos algunas canciones más,
podrán correr y gritar
pero no podrán encontrarnos,

suele durar un rescoldo en la hoguera,
una mancha en las nubes,
una pausa en el flujo del discurso
que pueden ser interpretados
a su gusto por el chamán,

si el tiempo tampoco existe
no te entretengas dudando en la noche,
que ya no hay más, y es mucho
lo que nos queda por nadar,
nadie sabe ni sabrá, como viento

viene y en viento vuelve,
aunque corra, no nos alcanzará,
si ciertos líquenes en la profunda
umbría de la vida
prefieren ignorar la claridad,

otros, flemáticamente, persisten
aferrados a las rocas
sobre las cumbres de la realidad,
el mar se esmalta en cobalto
por la extendida alborada y las olas

calmadas arañan la arena
y se satura de luz la mañana
deslumbrando solo a los ciegos,
sí, suave tórtola turca,
sumidos en su sorda oscuridad,

mientras la luz está brillando ahí
y cuantos quieren verlos
ven cielos siempre sombríos
y, tenebrosa, la bruma los cerca
y el horror se abre bajo sus pies.

egm.2012

La chispa obtenida


Del frío de los sueños somos
espíritus fugaces
vagando confundidos por la tierra,
hormiga o escarabajo,
el viento solo sopla en un sentido

y barre los recuerdos al pasado
guardándolos en cercos infranqueables,
observa los relojes, muros
de sol, de mecanismos o de arena,
inútil proseguir

ni aun retroceder,
atiende a la emisión del cesio,
o grillo o saltamontes,
distancia que se aleja hacia el futuro
ligando con enlaces quebradizos

el ciclo de arrebatos o derrotas,
momentos inusuales,
privados de palabras los rituales
de lógicas ignotas,
observa los cristales,

comprende que los ritmos son eternos,
contempla el movimiento del granito,
recibe como un don
tu exigua asignación de sexo,
la chispa que, obtenida, fluye

inmune a los impulsos del insomnio,
soñando el relojero puede
mudar la luz en sombras,
luciérnaga o libélula,
los negros convertir en melodías

de gris y evanescencia,
planetas que basculan el vacío
fortuito de los cosmos divergentes,
amor, genialidad, azar,
expulsa tu egagrópila indigesta,

moscarda o mariposa,
en evos no explorados ni medidos,
sin gafas la vidente en la baraja
escruta el universo,
no pienses en lascivas pesadillas,

contempla como cristaliza
el cuarzo en los abismos de la roca,
avispa o quizá abeja,
no sigas descifrando en los cometas
futuros que jamás llegaron,

rendida de cansancios incansables
durando desde edades desgastadas,
repara en que el recuerdo es
el cebo de la trampa de los días,
mi mano no la guía dios alguno,

mis armas se afilaron en la lluvia
de inviernos remordidos,
de lacias primaveras,
en nieblas de inexactas latitudes,
insecto, cual tú seas,

espíritus errantes,
dirige tus antenas a la bestia,
sitúa tu aguijón entre sus ojos,
ya seas el que fueres, muerde,
descarna hasta los huesos su cabeza,

escarba en sus entrañas y devóralas,
ya seas el que seas,
o tú serás la víctima
del culto a la rapiña y la avaricia,
a dioses que no creen en los hombres,

inútil regresar ni proseguir,
no hay vida en que no olvide que el olvido
debiera ser el limbo en el que viva,
sentados en la piedra,
cogidos de los hombros frente al cielo,

entonces las estrellas eran
muy blancas, muy pequeñas y distantes,
ignora los relojes,
el tiempo es ese río en que, desnuda,
no nadas en el agua que te baña,

ya fueres tú cual seas, cae
el puente que lo cruza, se derrumba
y arrastra la corriente sus arcadas
al fango sin memoria,
fricciona tus maxilas,

mi brazo no lo empuja augur alguno,
y clava tus mandíbulas,
no hay mar que no devuelva a sus orillas
las algas que arrancó, tras la tormenta,
inútil proseguir ni regresar,

adéntrate en sus vísceras,
los amos de la gleba en sus castillos
recuentan las monedas del saqueo,
impuestos comisiones y gravámenes,
el corazón devórales,

creían las sirenas que las algas
prestaban a los peces sus aletas,
las hadas no sabían
que un pene pesa igual que una sardina
o acaso un jurelillo,

si algo somos, mosca o mantis,
la anchoa y los testículos devórales
y escupe de tu labro ensangrentado
los pelos en el charco, somos
espíritus del hambre de los sueños,

los débiles inquietos animales
que en horas inusuales
su simple chispa obtienen,
estrellas diminutas, blancas,
brotando en el orgasmo deslumbrado,

la luz trozada en sombras, fluyen
quizá cuasicristales
de lógicas rituales y asimétricas,
espíritus errantes en la noche,
si somos, es el frío de los sueños.

egm.2012