Hilda Hilst

 

Alcohólicas


.

a

Goffredo da Silva Telles Júnior
Ignacio da Silva Telles
José Aristodemo Pinotti

por las aguas intensas de la amistad

.

Drink we till we prove more, not lesse, then men,
And turn not beasts, but Angels
____________________________…and forget to dy.
Richard Crashaw (poeta y santo)
.

I

___________________________________________a Jamil Snege

Es cruda la vida. Asa de tripa y metal.
En ella deshojo: piedra demora herida.
Es cruda y dura la vida. Cual mordisco de víbora.
Me la como en la lividez de la lengua.
Sucia, te lavo los antebrazos, Vida; me lavo
en el estrecho-poco
de mi cuerpo; lavo las vigas de los huesos, mi vida,
tu uña plúmbea, mi abrigo rosa,
y rondamos distinguidas por la calle,
rojas, góticas, altas de cuerpo y copas.
La vida es cruda. Hambrienta como el pico del cuervo.
Y puede ser tan generosa y mítica: arroyo, lágrima,
manantial, bebida. La vida es líquida.

II

También son crudas y duras las palabras y las caras
antes de sentarnos a la mesa, tú y yo, Vida,
delante del coruscante oro de la bebida. Poco a poco
van haciéndose remansos, lentejas de agua, diamantes,
sobre los insultos del pasado y del ahora. Poco a poco
somos dos señoras, empapadas de risa, rosadas,
de un color mora, uno que entreví en tu aliento, amigo,
cuando me permitiste el paraíso. Lo siniestro de las horas
va haciéndose tiempo de conquista. Languidez y sufrimiento
van haciéndose olvido. Después de acostadas, la muerte
es un rey que nos visita y nos cubre de mirra.
Susurras: Ah, la vida es líquida.

III

Alturas, tiras, las subo, las recorto
y nos cernimos las dos, yo y la Vida,
en el carmín de la borrasca. Embriagadas
nos zambullimos nítidas en un cenagal que croa.
Qué elegante broma. Qué desencorvados
serafines. Nosotras dos en los vapores,
lobotómicas líricas, y la cuneta
se transforma en cúspide, y es traslúcido
el fango y es ardorosa la Nada.
Descascaro lo desquiciado cotidiano
y su rito pastoso de parábolas.
Pacientes, canónicas, muy bien educadas,
aguardamos al tibio poniente, la copa, la casa.

IV

Ah, el todo se dignifica cuando la vida es líquida
y bebiendo, Vida, rechazamos lo sólido,
lo nudoso, el frior-artimaña
de algún rostro sobrio, cierta voz
que se amplía, cierta mirada que condena
nuestra mirada vaporosa: Así que, ¿bebiendo?
Y respondemos, lasas labias lúdicas,
lo lunar de las lagartijas, lo lustrado
de las quillas, barcas, gaviotas, drenajes,
y se aleja de nosotras lo sólido de fruncido ceño.
Se regocijan nuestras coronarias. Me regocijo
en la noche navegada, y río, río, y remiendo
mi abrigo rosa tejido de azucenas.
Si deductiva y líquida, la Vida es plena.

V

Te amo, Vida, líquida estera en la que me acuesto,
granada baba regaliz, tu trenzado rosado
salpicado de negro, de dulzuras y de iras.
Te amo, Líquida, desciendo escurriéndome
por la víscera, y así olvido

Hambres
País
La risa suelta
La dentadura etérea
Bollo
Miseria.

Bebiendo, Vida, invento casa, comida
y un Más que se agiganta, un Más
conquistando un fulcro poderoso en la garganta,
un látigo, una llama, un canto. Ámame.
Embriagada. Interdicta. Ámame. Soy menos
cuando no soy líquida.

VI

Ven, señora, estoy sola, me dice la Vida.
Mientras te demoras en los textos elocuentes,
aquellos donde meditas la carne, esa cosa
que gime sufre y muere, quedan vacías las copas,
queda en reposo la bebida, y tú sabes que ella es más viva
en tanto se vierte. Si te demoras, empiezas a pensar
en todo lo que se evapora, y cantarás: Cómo es de triste
el poniente. Y la casa, cómo es de antigua. Ya ves
que te haces banal en la rima y la medida.

Corre. El abrigo y las botas están en su sitio.
Encarminadas y altas, vamos a revisar las calles,
y como decía aquel: los ojos en las nonadas.
Como tú dices siempre: los ojos en lo absurdo.

Ven. Haz líquido el mundo.

VII

Mandíbulas. Hombros. Frente y anverso.
La Vida hace resonar las botas en la acera.
Estoy más que viva: embriagada.
Borrachos y locos son quienes meditan la carne y el cuerpo,
vastedad y cenizas. Conceptos y palabras.
Como conviene a los borrachos, grito lo inarticulado,
la garganta candente, invadida.
Algunos se ofenden. Las caras son paredes. Acuéstame.
La noche es un infinito que se aleja. Embudo. Galaxia.
Líquida y bienaventurada, sobrevuelo. Yo, y el abrigo rosa
que no tengo, pero que cada noche recreo
sobre los hombros.

VIII

El abrigo rosa me espía. La lana
deshecha por el mal trato
está gastada y rugosa en las axilas.
El frente revela manchas vivas,
irregulares, distintas,
porque cuando me quito las botas
en la alborada, o cuando me las pongo rápida
en el crespúsculo, siempre me caigo de bruces.
La Vida es lo que me pone en pie. Y la sed.
Y la saliva. La lengua busca aquel sabor,
aquel seco dorado, y acaricia los labios
babeando impúdica en el abrigo.

Es bueno y manso mi abrigo rosa.
A veces grita: Ay, si te acordaras de mí
cuando prolija. Lávame, Hilda.

IX

Si un día te alejaras de mí, Vida, —cosa que no creo,
porque algunas intensidades tienen la apariencia de la bebida—
bebe por mí pasión y turbulencia, camina
por donde haya uvas y amapolas negras (invéntalas).
Recuérdame, Vida: pasea mi abrigo, acuéstate
con aquel que sin mí ha de sentir un prolongado vacío.
Préstale mis botas y mi abrigo rosa: comprenderá
el porqué de buscar conocimiento en la embriaguez de la vía manifiesta.
Deambula. Acuéstate conmigo. Aprehende la experiencia lésbica:
El éxtasis de acostarte contigo. Bebe.
Despedaza tu propia medida.
.


Hilda Hilst. Alcoólicas
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Alcoólicas

a
Goffredo da Silva Telles Júnior
Ignacio da Silva Telles
José Aristodemo Pinotti
pelas águas intensas da amizade

Drink we till we prove more, not lesse, then men,
And turn not beasts, but Angels.
… and forget to dy.
Richard Crashaw (poet e saint)

I
a Jamil Snege

É crua a vida. Alça de tripa e metal.
Nela despenco: pedra mórula ferida.
É crua e dura a vida. Como um naco de víbora.
Como-a no livro da língua
Tinta, lavo-te os antebraços, Vida, lavo-me
No estreito-pouco
Do meu corpo, lavo as vigas dos ossos, minha vida
Tua unha púmblea, me casaco rosso
E perambulamos de coturno pela rua
Rubras, góticas, altas de corpo e copos.
A vida é crua. Faminta como o bico dos corvos.
E pode ser tão generosa e mítica: arroio, lágrima
Olho d’água, bebida. A vida é liquída.

II
Também são cruas e duras as palavras e as caras
Antes de nos sentarmos à mesa, tu e eu, Vida
Diante do coruscante ouro da bebida. Aos poucos
Vão se fazendo remansos, lentilhas d’água, diamantes
Sobre os insultos do passado e do agora. Aos poucos
Somos duas senhoras, encharcadas de riso, rosadas
De um amora, um que entrevi no teu hálito, amigo
Quando me permitiste o paraíso. O sinistro das horas
Vai se fazendo olvido. Depois deitadas, a morte
É um rei que nos visita e nos cobre de mirra.
Sussuras: ah, a vida é liquída.

III
Alturas, tiras, subo-as, recorto-as
E pairamos as duas, eu e a Vida
No carmim da borrasca. Embriagadas
Mergulhamos nítidas num borraçal que coaxa.
Que estiola galhofa. Que desempenados
Serafins. Nós duas nos vapores
Lobotômicas líricas, e a gaicagem
Se transforma em galarim, e é translúcida
A lama e é extremoso o Nada.
Descasco o dementado cotidiano
E seu rito pastoso de parábolas.
Pacientes, canonisas, muito bem-educadas
Aguardamos o tépido poente, o copo, a casa.

Ah, o todo se dignifica quando a vida é liquída.

IV
E bebendo, Vida, recusamos o sólido
O nodoso, a friez-armadilha
De algum rosto sóbrio, certa voz
Que se amplia, certo olhar que condena
O nosso olhar gasoso: então, bebendo?
E respondemos lassas lérias letícias
O lusco das lagartixas, o lustrino
Das quilhas, barcas, gaivotas, drenos
E afasta-se de nós o sólido de fechado cenho.
Rejubilam-se nossas coronárias. Rejubilo-me
Na noite navegada, e rio, rio, e remendo
Meu casaco rosso tecido de acuçena.
Se dedutiva e líquida, a Vida é plena.

V
Te amo, Vida, líquida esteira onde me deito
Romã baba alcaçuz, teu trançado rosado
Salpicado de negro, de doçuras e iras.
Te amo, Líquida, descendo escorrida
Pela víscera, e assim esquecendo
Fomes
País
O riso solto
A dentadura etérea
Bola
Miséria.
Bebendo, Vida, invento casa, comida
E um Mais que se agiganta, um Mais
Conquistando um fulcro potente na garganta
Um látego, uma chama, um canto. Ama-me.
Embriagada. Intedita. Ama-me. Sou menos
Quando não sou líquida.

VI
Vem, senhora, estou só, me diz a Vida.
Enquanto te demoras nos textos eloqüentes
Aqueles onde meditas a carne, essa coisa
Que geme sofre e morre, ficam vazios os copos
Fica em repouso a bebida, e tu sabes que ela é mais viva
Enquanto escorre. Se te demoras, começas a pensar
Em tudo que se evola, e cantarás: como é triste
O poente. E a casa como é antiga. Já vês
Que te fazes banal na rima e na medida.

Corre. O casaco e o coturno estão em seus lugares.
Carminadas e altas, vamos rever as ruas
E como dizia o Rosa: os olhos nas nonadas.
Como tu dizes sempre: os olhos no absurdo.

Vem. Liquidifica o mundo.

VII
Mandíbulas. Espáduas. Frente e avesso.
A Vida ressoa o coturno na calçada.
Estou mais do que viva: embriagada.
Bêbados e loucos é que repensam a carne o corpo
Vastidão e cinzas. Conceitos e palavras.
Como convém a bêbados grito o inarticulado
A garganta candente, devassada.
Alguns se ofendem. As caras são paredes. Deitam-me.
A noite é um infinito que se afasta. Funil. Galáxia.
Líquida e bemaventurada, sobrevôo. Eu, e o casaco rosso
Que nào tenho, mas que a cada noite recrio
Sobre a espádua.

VIII
O casaco rosso me espia. A lã
Desfazida por maus tratos
É gasta e rugosa nas axilas.
A frente revela nódoas vivas
Irregulares, distintas
Porque quando arranco os coturnos
Na alvorada, ou quando os coloco rápida
Ao crespúsculo, caio sempre de bruços.
A Vida é que me põe em pé. E a sede.
E a saliva. A língua procura aquele gosto
Aquele seco dourado, e acaricia os lábios
Babando impudente no casaco.

É bom e manso o meu casaco rosso.
Às vezes grita: ah, se te lembrasses de mim
Quando prolixa. Lava-me, Hilda.

IX
Se um dia te afastares de mim, Vida – o que não creio
Porque algumas intensidades têm a parecença da bebida –
Bebe por mim paixão e turbulência, caminha
Onde houver uvas e papoulas negras (inventa-as)
Recorda-me, Vida: passeia meu casaco, deita-te
Com aquele que sem mim há de sentir um prolongado vazio.
Empresta-lhe meu coturno e meu casaco rosso : compreenderá
O porquê de buscar conhecimento na embriaguês da via manifesta.
Pervaga. Deita-te comigo. Apreende a experiência lésbica:
Estilhaça a tua própria medida


Hilda Hilst

Vía vacía


I

Yo soy Miedo. Estertor.
Tú, mi Dios, un caballo de hierro
pegado a la futilidad de las alturas.

II

Me muevo en la poza. Entre el junco y el lagarto.
Y Tú, como Petrarca, debes cantar a tu Laura:
«Le stelle, il cielo, caldi sospiri».
Y no hay ni luna esta noche. Nacidas de este canto,
de las palabras, solo hay burbujas en el agua.

III

Ratón de agua, círculo en el remolino de la búsqueda.
Que soy tu hijo, Padre, me dicen. Husmeo.
Con la hociquez que me fue dada
encuentro algunos excrementos. Después, tendido
en la piedra (que dicen ser tu pecho), busco una señal.
Y de nuevo husmeo. Hace cuánto tiempo. Hace cuánto tiempo.

IV

A la carne, al pelo, a la garganta, a la lengua,
¿a todo eso te asemejas?
Pero, ¿y el después de la muerte, Padre?
Las chispas que nacen de la carne bajo tierra,
el estar allí cintilando de tiniebla. ¿Qué?
¿A la tiniebla te asemejas?

V

Dame la vía del exceso. El estupor.
Amputado de gestos, dame la elocuencia de la Nada,
los huesos cintilando
en el lloviznado frior de tu desierto.

VI

Que vértigo, Padre.
Pueril y disoluto,
en el furor de tu víscera
cada día trituras
mi exiguo espacio.

VII

¿Tú sabes que sierran caballos vivos
para que queden suaves
las carteras de los ricos?
¿Tú gozas o defecas
ante el acto sin nombre,
el rojo de esa orgía?

VIII

Descansa.
El Hombre ya se hizo,
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.

IX

Una mujer suspendida entre las líneas y los dientes.
Antiquísima ave, marioneta de plumas,
las alas que pensó le fueron arrancadas.
Lavado de luces, un dios me impulsa.
Indiferente. Bufo.

X

PIEDRA DE AGUA, ABISMO, PIEDRA-HIERRO,
¿cómo te llamas? Para que yo pueda al menos
deletrear tu nombre, agarrada a tu hondura.

XI

En las ciénagas, en el palo lacre,
aquel de nervaduras y hojas brillantes, transitas.
En el palo de voltear tripas, solo en este último, Padre,
yo sé que te demoras, meditando mi víscera.

XII

Aguas de gran sombra, agua de espinos:
El Tiempo no roerá el verso de mi boca.
Aguas manchadas de un sopor de vinos:
He de tragarlas todas. Y lúbrico, discontinuo,
EL TIEMPO NO VIVIRÍA SI TOCASE MI BOCA.
.


Nota.
Palo lacre (pau-de-lacre): Vismia brasiliensis, planta arbustiva de la familia de las gutíferas, nativa del Nordeste y Sudeste de Brasil, con propiedades medicinales y de cuyo tronco, y por medio de incisiones, se extrae la goma lacre. Palo de voltear tripas (pau-de-virar-tripa): Palo largo y estrecho usado para voltear las tripas de animales como cerdo, oveja o buey para limpiarlas antes de embutirlas.


Hilda Hilst. Via Vazia. Obra poética reunida (pdf)
Paula Cristina Dolenc Cabral Tacca. Imagens da poesia erótica de Hilda Hilst
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Via Vazia

I
Eu sou Medo. Estertor.
Tu, meu Deus, uma cavalo de ferro
Colado à futilidade das alturas.

II
Movo-me no charco. Entre o junco e o lagarto.
E Tu, como Petrarca, deves cantar tua Laura:
“Le Stelle, il cielo, caldi sospiri”
E nem há lua esta noite. Nascidas deste canto
Das palavras, só há borbulhas n’água.

III
Rato d’água, círculo no remoinho da busca.
Que sou teu filho, Pai, me dizem. Farejo.
Com a focinhez que me foi dada
encontro alguns dejetos. Depois, estendido
Na pedra (que dizem ser teu peito) , busco um sinal.
E de novo farejo. Há quanto tempo. Há quanto tempo.

IV
À carnem aos pêlos, à garganta, à língua
A tudo isso te assemelhas?
Mas e o depois da morte, Pai?
As centelhas que nascem da carne sob a terra
O estar ali cintilando de treva.
À treva te assemelhas?

V
Dá-me a via do excesso. O estupor.
Amputado de gestos, dá-me a eloqüência do Nada
Os ossos cintilando
Na orvalhada friez do teu deserto.

VI
Que vertigem, Pai.
Pueril e devasso
No furor da tua víscera
Trituras a cada dia
Meu exíguo espaço.

VII
Tu sabes que serram cavalos vivos
Para que fiquem macias
As sacolas dos ricos?
Tu gozas ou defecas
Diante do ato sem nome
O rubro dessa orgia?

VIII
Descansa.
O Homem já se fez
O escuro cego raivoso animal
Que pretendias.

IX
Uma mulher suspensa entre as linhas e os dentes.
Antiqüíssima ave, marionete de penas
As asas que pensou lhe foram arrancadas.
Lavado de luzes, um deus me movimenta.
Indiferente. Bufo.

X
PEDRA D’ÁGUA, ABISMO, PEDRA-FERRO
Como te chamas? Para que eu possa ao menos
Soletrar teu nome, grudada à tua fundura.

XI
Nos pauis, no pau-de-lacre,
Aquele de nervuras e de folhas brilhantes, transitas.
No pau-de-virar-tripa, só neste último, Pai
Eu sei que te demoras, meditando minha víscera.

XII
Águas de grande sombra, água de espinhos:
O Tempo não roerá o verso da minha boca.
Águas manchadas de um torpor de vinhos:
Hei de tragá-las todas. E lúbrico, descontínuo
O TEMPO NÃO VIVERÁ SE TOCAR A MINHA BOCA.


Hilda Hilst

Vía espesa


I

De cigarras y piedras, quieren nacer palabras.
Pero el poeta vive
a solas en un pasillo de lunas, una casa de aguas.
De mapamundis, de atajos, quieren nacer viajes.
Pero el poeta habita
el campo de posadas de la locura.

De la carne de mujeres quieren nacer los hombres.
Y el poeta preexiste, entre la luz y lo sin-nombre.

II

Si te pertenezco me separo de mí.
Pierdo mi paso en los caminos de tierra
y de Dioniso sigo la carne, la ebriedad.
Si te pertenezco pierdo la luz y el nombre
y la nitidez de la mirada de todos los comienzos:
Lo que me parecía un diseño en lo eterno,
si te pertenezco es un acorde ilusorio en el silencio.

Y por eso, por perder el mundo,
me separo de mí. Por lo Absurdo.

III

Observando mi paseo
hay un loco sobre el muro,
balanceando los pies.
Me muestra el pecho poblado de pelo
y tiene entre los muslos un revoltijo de papeles:
—¿Busca a Dios, señora? ¿Busca a Dios?

Y simétrico de celos, tambaleante,
te rodea de un salto enseñando el trasero.

IV

El loco se tendió sobre el puente
y atravesó el instante.
Me tendí al lado de la locura
porque quise oír el rojo del bronce

y pasar la lengua sobre la tintura espesa
de un azote.

Un loco permitió que yo uniera su luz
a mi dura noche.

V

El loco (mi sombra) abrió la boca:
—Lo que quedó de nosotros descifrado en los sueños,
los arrozales, tu nombre, tardes, juncos,
tus calles que en mi camino recorrí,
ah, sí, me acuerdo de un sentir de adornos,

pero hay una luz sin nombre que me quema
y de las cosas creadas me he olvidado.

VI

El loco saltimbanqui
atraviesa la calzada de tierra
de mi calle y grita ante mi puerta:
—Oh, señora Samsara, oh señora.
Le pregunto por qué me tiene a mí tan perseguida,
si esa de nombre excéntrico aquí no vive.

—Pues aquello que camina en círculos
es Samsara, señora.
Y henchido de risas murmura cosas indecibles
pegado a mi oído.

VII

¿Debo volver a la luz que me pensó
de polvo y comienzos?
¿Debo volver al barro y a las manos de vidrio
que ya frágiles me pensaron?
¿Debo pensar el loco (mi sombra)
a la luz de las emboscadas?
Ay, girasoles sobre la mesa de aguas.

—Estetizante —me dice el loco
agarrado a mi poético omóplato.

—¿Los girasoles? Ah, Samsara, tu olvidado sol.
¿Una mesa de aguas? Qué voluptuosidad, qué máscara
y qué ambiguo deleite
para la voracidad de tu alma.

VIII

Eran aguas marrones las que yo veía.
Caras de paja y cuerda en las barcazas blancas.
Velas de linos nuevos, relucientes.
Pero residuos. Sobras.

Se pegó mi sombra a mi espalda:
—Qué equipaje, señora.
La Nada navegando a tu puerta.

IX

El loco se cerró a la risa,
se retorció convulso de fingida agonía
y como si arrojara flores al hoyo de un muerto
me lanzó unos guijarros.
¿Por qué? Pregunté adusta y resentida.

—Oh, señora, porque vive en la muerte
aquel que busca a Dios en la austeridad.

X

—Es el ojo copioso de Dios. Es el ojo ciego
de quien quiere ver. ¿Ves? De tan abierto,
quemado de amarillo.
Así me dijo el loco (esbelto y rubio),
mirando al girasol que había nacido en mi techo.

XI

De canoas verdes, de amargos olivares,
de ríos pastosos, de grava y polvo,
de todo eso mi salmodia tejida, de hierbas negras.
Me grita el loco:
—De moras. De tintas rojas del instante
es de lo que se tiñe la vida. De embriaguez, Samsara.

Y atravesó en la risa la tarde ámbar.

XII

Temiendo desde agosto el fuego y el viento
camino junto a las cercas, precavida,
en la tarde de quemas, tarde ciega.
Hay un viejo madero ennegrecido de quemas antiguas.
Y allí reencuentro al loco:
—¿Temiendo tus límites, Samsara desvanecida?
¿Por qué no dejas al fuego omnividente
lamer el cuerpo y la escritura? ¿Y por qué no arder
casando lo omnisciente a tu vida?

XIII

—¿Quieres volar, Samsara? ¿Quieres cambiar lo moroso de tus piernas
por la magia de las plumas y planear fulgurante
sobre la demencia? Porque te veo en las tardes deseosa
de ser una de las aves retrasadas del huerto;
aquella de allí tal vez, rumbo a poniente.

Pues puede ser, le dije. Santos y lobos
deben haber tenido mi mismo pensamiento; ojos en el cielo,
orando, aullando a los cuervos.

Entonces se aproximó a mi cuello:
—Olvida texto y sabiduría, las cadenas del gozo,
y llamaradas de lo intenso harán tu vuelo.

XIV

Tejas, caños,
cuerdas de luz que se hicieron palabra.
Alguien sueña la carne de mi alma.

Ecos, pozo,
el olvido persiguiendo un cuerpo.
Aquí me tienes, entre la vigilia y el encanto,

cautiva de la locura,
persiguiendo al loco.

XV

Eran azules las paredes del prostíbulo.
Ella se tendió desnuda entre los arcos de la sala
y se mató invadida de ternura.
«Qué azul insoportable», antes gritó,
«como si adulta una cuna me habitara».

Fue esta la canción de Navidad cantada por el loco
cuando me dio a Hilde, la cerda que llevaba sobre el hombro.

XVI

—¿No te das cuenta, Samsara, de que Aquel que se esconde,
y que tú sueñas hombre, quiere oír tu grito?
¿Que hay una luz que nace de la blasfemia
y se atenúa en la pena? ¿Que es ceniza el color de tu lamento
y el grito tiene el color de la sangre de Aquel que se esconde?

Vive el carmín, Samsara. La herida.
Y tendrás un indicio del Hombre en tu camino.

XVII

Mi sombra en mi frente desdoblada,
¿sombra de su propia sombra? Sí. En sueños veía.
Plateado de guijarros
el loco susurraba un estribillo erudito:
—Ipseidad, Samsara. Ipseidad, señora.

Y acumulando energía, centelleante,
hizo de nosotros dos un único individuo.
.


Hilda Hilst. Via Espessa. Obra poética reunida (pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Via Espessa

I
De cigarras e pedras, querem nascer palavras.
Mas o poeta mora
A sós num corredor de luas, uma casa de águas.
De mapas-múndi, de atalhos, querem nascer viagens.
Mas o poeta habita
O campo de estalagens de loucura.
Da carne de mulheres, querem nascer os homens.
E o poeta preexiste, entre a luz e o sem-nome.

II
Se te pertenço, separo-me de mim.
Perco meu passo nos caminhos de terra
E de Dionísio sigo a carne, a ebriedade.
Se te pertenço perco a luz e o nome
E a nitidez do olhar de todos os começos:
O que me parecia um desenho no eterno
Se te pertenço é um acorde ilusório no silêncio.
E por isso, por perder o mundo
Separo-me de mim. Pelo Absurdo.

III
Olhando o meu passeio
Há um louco sobre o muro
Balançando os pés.
Mostra-me o peito estufado de pêlos
E tem entre entre as coxas um lixo de papéis:
– Procura Deus, senhora? Procura Deus?
E simétrico de zelos, balouçante
Dobra-te num salto desnuda o traseiro.

IV
O louco estendeu-se sobre a ponte
E atravessou o instante.
Estendi-me ao lado da loucura
Porque quis ouvir o vermelho do bronze
E passar a língua sobre a tintura espessa
De um açoite.
Um louco permitiu que eu juntasse a sua luz
À minha dura noite.

V
O louco (a minha sombra) escancarou a boca:
– O que restou de nós decifrado nos sonhos
Os arrozais, teu nome, tardes, juncos
Tuas ruas que no meu caminho percorri
Ai, sim, me lembro de um sentir de adornos
Mas há uma luz sem nome que me queima
E das coisas criadas me esqueci.

VI
O louco saltimbanco
Atravessa a estrada de terra
Da minha rua, e grita à minha porta:
– Ó senhora Samsara, ó senhora –
Pergunto-lhe por que me faz a mim tão perseguida
Se essa de nome esdrúxulo aqui não mora.
– Pois aquilo que caminha em círculos
É Samsara, senhora –
E recheado de risos, murmura uns indizíveis
Colado ao meu ouvido.

VII
Devo voltar à luz que me pensou
De poeira e começos?
Devo voltar ao barro e às mãos de vidro
Que fragilizadas me pensaram?
Devo pensar o louco (a minha sombra)
À luz das emboscadas?
Ai girassóis sobre a mesa de águas.
– Estetizante – disse-me o louco
Grudado à minha poética omoplata.
– Os girassóis? Ah, Samsara, teu esquecido sol.
Uma mesa de águas? Que volúpia, que máscara
E que ambíguo deleite
Para a voracidade de tua alma.

VIII
Eram águas castanhas as que eu via.
Caras de palha e cprda nas barcaças brancas.
Velas de linhos novos, luzidios
Mas resíduos. Sobras.
Colou-se minha sombra às minhas costas:
– Que bagagem, senhora.
O Nada navegando à tua porta.

IX
O louco se fechou ao riso
Se torceu convulso de fingida agonia
E como se lançasse flores à cova de um morto
Atirou-me os guizos.
Por quê? perguntei adusta e ressentida.
– Ó senhora, porque mora na morte
Aquele que procura Deus na austeridade.

X
– É o olho copioso de Deus. É o olho cego
De quem quer ver. Vês? De tão aberto
Queimado de amarelo –
Assim me disse o louco (esguio e loiro)
Olhando o girassol que nasceu no meu teto.

XI
De canoas verdes de amargas oliveiras
De rios pastosos de cascalho e poeira
De tudo isso meu cantochão e ervas negras.
Grita-me o louco:
– De amoras. De tintas rubras do instante
É que se tinge a vida. De embriaguez, Samsara.
E atravessou no riso a tarde fulva.

XII
Temendo desde agosto o fogo e o vento
Caminho junto às cercas, cuidadosa
Na tarde de queimadas, tarde cega.
Há um velho mourão enegrecido de queimadas antigas.
E ali reencontro o louco:
– Temendo os teus limites, Samsara esvaecida?
Por que não deixas o fogo onividente
Lamber o corpo e a escrita? E por que não arder
Casando o Onisciente à tua vida?

XIII
– Querer voar, Samsara? Queres trocar o moroso das pernas
Pela magia das penas. e planar coruscante
Acima da demência? Porque te vejo às tardes desejosa
De ser uma das aves retardatárias do pomar.
Aquela ali talvez, rumo ao poente.
Pois pode ser, lhe disse. Santos e lobos
Devem ter tido o meu mesmo pensar. Olhos no céu
Orando, uivando aos corvos.
Então aproximou-se rente ao meu pescoço:
– Esquece texto e sabença: as cadeias do gozo.
E labaredas do intenso te farão o vôo.

XIV
Telhas, calhas
Cordas de luz que se fizeram palavra
Alguém sonha a carne da minha alma.
Ecos, poço
O esquecimento perseguindo um corpo
Aqui me tens entre a vigília e o encanto
Cativa da loucura
Perseguindo o louco.

XV
Eram azuis as paredes do prostíbulo
Ela estendeu-se nua entre os arcos da sala
E matou-se devassada de ternura.
“Que azul insuportável”, antes gritou.
“Como se adulta um berço me habitasse”
Foi esta a canção de Natal cantada pelo louco
Quando me deu a Hilde: a porca que levava sobre o dorso.

XVI
– Não percebes, Samsara, que Aquele que se esconde
E que tu sonhas homem, quer ouvir teu grito?
Que há uma luz que nasce da blasfêmia
E amortece na pena? Que é o cinza a cor do teu queixume
E o grito tem a cor do sangue Daquele que se esconde?
Vive o carmim, Samsara. A ferida.
E terás um vestígio do Homem na tua estrada.

XVII
Minha sombra à minha frente desdobrada
Sombra de sua própria sombra? Sim. Em sonhos via.
Prateado de guizos
O louco sussurava um refrão erudito:
– Ipseidade, Samsara. Ipseidade, senhora. –
E enfeixando energia, cintilando
Fez de nós dois um único indivíduo.


Hilda Hilst

Filó, la Hadita lésbica


.
Ella era gorda y menuda,
tenía pechitos redondos
y su almeja era peluda
como la mano de un mono.
Muy alegre y vital
cual golondrina,
por las tardes se vestía
como un chaval
para engañar mocitas.
La llamaban “Filó, la lésbica hadita”.
En todo cuanto tocaba
dejaba su marca registrada:
una estrellita color de maravilla,
fucsia, rojo de flor,
nadie sabía el nombre de aquel color.
Metía el dedo en todos
los coñitos: negras, rubias con pecas,
incluso se decía…
que escarbaba en las muñecas.
Revolvía, pellizcaba,
como quien bien sabía
lo que un dedo hace
desde recién nacida.
Pero por la noche… cuando dormía…
se peía, rugía… y…
le nacía un palo grueso,
al principio igual que un hueso,
luego allí…
iba abultando, creciendo,
y se volvía un tronco
malva,
fucsia,
rojo de flor,
nadie sabía el color del tronco
de la Hadita Filó.
Hacían fila en la Villa,
conocida por “Villa del Tronco”,
y por toda la comarca
se extendió pronto la fama
y todo mundo cogía
de aquel árbol una rama.
Era un gozo gozoso,
tenebroso, sabroso,
¡un espasmo en el medio!
Muchachitas, mozarrones
y resecas viejecitas,
todo mundo gemía y lloraba
de pura alegría
en la Villa del Tronco.
Hasta que un buen día…
un tipo corpulentón,
con hocico de ardilla,
de boca roja, fucsia o maravilla,
(nadie sabía el nombre de aquel color)
raptó a la Hadita
y la llevó a vivir a su Isla.
Ni barco, ni puente,
el corpulentón nadando
como un bisonte impaciente
cargó con la Hadita.
De piernas abiertas
en la espalda del gigante,
por primera vez
en su corta vida
Filó se convulsionaba
revolviendo los ojillos
mientras, veloz veloz,
el corpulentón nadaba.
La Villa del Tronco
se quedó triste, vacía,
zurumbática, tétrica,
pues nunca más se vio
a Filó, la Hadita lésbica,
que por la noche se volvía fiera
y se peía y rugía,
y le nacía un tronco
fucsia,
malva,
maravilla,
rojo de flor,
hasta hoy nadie conoce
el nombre de aquel color.
Y nunca más se vio
a Alguien-Fantasía
que dejaba una estrella
en todo cuanto tocaba
y un agujero en el culo
de quien se apasionaba.

Moraleja del cuento, en relación a la Hadita:
Cuando menos se espera,
todo reverbera.

Moraleja del cuento, en relación a los vecinos
de la Villa del Tronco:
Nunca creas en haditas,
y mucho menos con tranca,
o se van cual golondrinas
o te dejan cara blanca.
.


Hilda Hilst. Filó, a Fadinha lésbica
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Filó, a Fadinha lésbica

Ela era gorda e miúda.
Tinha pezinhos redondos.
A cona era peluda
Igual à mão de um mono.
Alegrinha e vivaz
Feito andorinha
Às tardes vestia-se
Como um rapaz
Para enganar mocinhas.
Chamavam-lhe “Filó, a lésbica fadinha”.
Em tudo que tocava
Deixava sua marca registrada:
Uma estrelinha cor de maravilha
Fúcsia, bordô
Ninguém sabia o nome daquela cô.
Metia o dedo
Em todas as xerecas: loiras, pretas
Dizia-se até…
Que escarafunchava bonecas.
Bulia, beliscava
Como quem sabia
O que um dedo faz
Desde que nascia.
Mas à noite… quando dormia…
Peidava, rugia… e…
Nascia-lhe um bastão grosso
De início igual a um caroço
Depois…
Ia estufando, crescendo
E virava um troço
Lilás
Fúcsia
Bordô
Ninguém sabia a cô do troço
Da Fadinha Filô.
Faziam fila na Vila.
Falada “Vila do Troço”.
Famosa nas Oropa
Oiapoc ao Chuí
Todo mundo tomava
Um bastão no oiti.
Era um gozo gozoso
Trevoso, gostoso
Um arrepião nos meio!
Mocinhas, marmanjões
Ressecadas velhinhas
Todo mundo gemia e chorava
De pura alegria
Na Vila do Troço.
Até que um belo dia…
Um cara troncudão
Com focinho de tira
De beiço bordô, fúcsia ou maravilha
(ninguém sabia o nome daquela cô)
Seqüestrou Fadinha
E foi morar na Ilha.
Nem barco, nem ponte
O troncudão nadando feito rinoceronte
Carregava Fadinha.
De pernas abertas
Nas costas do gigante
Pela primeira vez
Na sua vidinha
Filó estrebuchava
Revirando os óinho
Enquanto veloz veloz
O troncudão nadava.
A Vila do Troço
Ficou triste, vazia
Sorumbática, tétrica
Pois nunca mais se viu
Filó, a Fadinha lésbica
Que à noite virava fera
E peidava e rugia
E nascia-lhe um troço
Fúcsia
Lilás
Maravilha
Bordô
Até hoje ninguém conhece
O nome daquela cô.
E nunca mais se viu
Alguém-Fantasia
Que deixava uma estrela
Em tudo que tocava
E um rombo na bunda
De quem se apaixonava.

Moral da estória, em relação à Fadinha:
Quando menos se espera, tudo reverbera.

Moral da estória, em relação ao morador
da Vila do Troço:
Não acredite em Fadinhas.
Muito menos com cacete.
Ou somem feito andorinhas
Ou te deixam cacoetes.


Hilda Hilst

Del deseo


¿Quién eres? Pregunté al deseo.
Respondió: Lava. Después polvo. Después nada.

.

I

Porque hay deseo en mí, es todo centelleo.
Antes, lo cotidiano era un pensar alturas
buscando a Aquel Otro decantado,
sordo a mi humano latido.
Viscosidad y sudor, pues nunca se hacían.
Hoy, de carne y hueso, laborioso, lascivo
tomas mi cuerpo. Y qué descanso me das
después de las luchas. Soñé peñascos
cuando tenía el jardín aquí al lado.
Pensé subidas donde no había rastros.
Extasiada, follo contigo
en vez de gemir ante la nada.

II

Verte. Tocarte. Qué fulgor de máscaras.
Qué dibujos y rictus en tu cara
como vehementes frisos en alfombras antiguas.
Que sombrío te vuelves si repito
el sinuoso camino que persigo: un deseo
sin dueño, un adorarte vívido pero libre.
Y qué oscura me hago cuando muerdes de mí
palabras y residuos. Me dan hambres,
agonías de grandes espesuras, empañadas lunas,
cuchillos, tempestad. Verte. Tocarte.
Cordura.
Crueldad.

III

Pegado a tu boca mi desorden.
Mi vasto querer.
Lo incomponible haciéndose orden.
Pegada a tu boca, pero descomedida,
ardua,
constructor de ilusiones te inspecciono ávida
como si fueras a morir pegado a mi boca.
Como si fuera a nacer
y tú fueras el día magnánimo,
yo te sorbo extremada a la luz del amanecer.

IV

Si yo dijese que he visto un pájaro
sobre tu sexo, ¿deberías creerlo?
Y si no fuese verdad, en nada cambiará el Universo.
Si yo dijese que el deseo es Eternidad
porque el instante arde interminable,
¿deberías creerlo? Y si no fuese verdad,
tantos lo han dicho que tal vez pueda ser.
En el deseo nos vienen pedanterías, adornos,
impudicia, rubor. Y ahora digo que hay un pájaro
volando sobre el Tajo. ¿Por qué no puedo
motear de inocencia y poesía,
huesos, sangre, carne, el ahora
y todo eso en nosotros que se hará disforme?

V

Existe la noche, y existe la brea.
Noche es el velado corazón de Dios,
ese que por pudor ya nunca busco.
Brea es cuando tú te alejas o dices
que viajas, y un sol de hielo
me petrifica la cara y me desobliga
de fidelidad y de conjura. El deseo
ese de la carne, a mí no me da miedo.
Así como me vino, tampoco me avasalla.
¿Sabes por qué? Luché con Aquel.
Y de Él tampoco fui lacaya.

VI

Aquel Otro no veía mi mucha amplitud.
Nada LE bastaba. Ni ígneas canciones.
Y ahora vana, te parezco soberbia, magnífica,
y follas como quien muere la última conquista
y ardes como deseé arder de santidad.
(Y hay luz en tu carne y tú palpitas).
Ay, ¿por qué me veo vasta e inflexible
deseando un deseo colindante
a un Hambre airada y obsesiva?

VII

Recuerda que hay un querer doloroso
y de hastío al que llaman amor.
Y otro de tulipas y de espejos,
licencioso, indigno, al que llaman deseo.
Tiene el caminar un descamino, un arrastrarse
en dirección a los vientos, a los azotes
y un único extraordinario torbellino.
¿Por qué me quieres siempre en los espejos,
en aquel descaminar, en el polvo de los imposibles
si solo me quiero viva en tus venas?

VIII

Si te ausentas hay paredes en mí.
Frialdad de calles duras
y un desvanecimiento trémulo de helechos.
Entonces ¿me amas? comienzas a preguntar.
Y yo repito que hay paredes, frialdad,
hay movimientos, y aun así no hay llama.
DESEO es un Todo lustroso de caricias,
una boca sin forma, en Caracol de Fuego.
DESEO es una palabra con la viveza de la sangre
y otra con la ferocidad de Un solo Amante.
DESEO es Otro. Vorágine que me habita.

IX

¿Y por qué habrías de querer mi alma
en tu cama?
Dije palabras líquidas, deleitosas, ásperas,
obscenas, porque era así como nos gustaba.
Pero no mentí gozo placer lascivia,
ni omití que el alma está más allá, buscando
a Aquel Otro. Y te repito: ¿por qué habrías
de querer mi alma en tu cama?
Retírate del recuerdo de coitos y aciertos.
O tiéntame de nuevo. Oblígame.

X

Lates como si fueran de carne las mariposas.
¿Y qué viene a ser eso? preguntas.
Digo que así tiene que empezar mi poema.
Entonces te quejas de que nunca estoy contigo,
que de improviso lanzo versos al aire
o hablo de los pinos escoceses, aquellos
que a Talleyrand le gustaba cuidar.
O incluso cuando grito o desfallezco
adivinas sonrisas, códigos, intrigas,
dices que debo tenerlos en mis reversos.
Pues puede ser.
Para pensar el Otro, yo deliro o verseo.
PensarLO es gozo. Entonces ¿no lo sabes? INCORPÓREO ES EL DESEO.
.


Hilda Hilst. Do desejo. Obra poética reunida (pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Do desejo

Quem és? Perguntei ao desejo.
Respondeu: lava. Depois pó. Depois nada.

I
Porque há desejo em mim, é tudo cintilância.
Antes, o cotidiano era um pensar alturas
Buscando Aquele Outro decantado
Surdo à minha humana ladradura.
Visgo e suor, pois nunca se faziam.
Hoje, de carne e osso, laborioso, lascivo
Tomas-me o corpo. E que descanso me dás
Depois das lidas. Sonhei penhascos
Quando havia o jardim aqui ao lado.
Pensei subidas onde não havia rastros.
Extasiada, fodo contigo
Ao invés de ganir diante do Nada.

II
Ver-te. Tocar-te. Que fulgor de máscaras.
Que desenhos e rictus na tua cara
Como os frisos veementes dos tapetes antigos.
Que sombrio te tornas se repito
O sinuoso caminho que persigo: um desejo
Sem dono, um adorar-te vívido mas livre.
E que escura me faço se abocanhas de mim
Palavras e resíduos. Me vêm fomes
Agonias de grandes espessuras, embaçadas luas
Facas, tempestade. Ver-te. Tocar-te.
Cordura.
Crueldade.

III
Colada à tua boca a minha desordem.
O meu vasto querer.
O incompossível se fazendo ordem.
Colada à tua boca, mas descomedida
Árdua
Construtor de ilusões examino-te sôfrega
Como se fosses morrer colado à minha boca.
Como se fosse nascer
E tu fosses o dia magnânimo
Eu te sorvo extremada à luz do amanhecer.

IV
Se eu disser que vi um pássaro
Sobre o teu sexo, deverias crer?
E se não for verdade, em nada mudará o Universo.
Se eu disser que o desejo é Eternidade
Porque o instante arde interminável
Deverias crer? E se não for verdade
Tantos o disseram que talvez possa ser.
No desejo nos vêm sofomanias, adornos
Impudência, pejo. E agora digo que há um pássaro
Voando sobre o Tejo. Por que não posso
Pontilhar de inocência e poesia
Ossos, sangue, carne, o agora
E tudo isso em nós que se fará disforme?

V
Existe a noite, e existe o breu.
Noite é o velado coração de Deus
Esse que por pudor não mais procuro.
Breu é quando tu te afastas ou dizes
Que viajas, e um sol de gelo
Petrifica-me a cara e desobriga-me
De fidelidade e de conjura. O desejo
Esse da carne, a mim não me faz medo.
Assim como me veio, também não me avassala.
Sabes por quê? Lutei com Aquele.
E dele também não fui lacaia.

VI
Aquele Outro não via minha muita amplidão.
Nada LHE bastava. Nem ígneas cantigas.
E agora vã, te pareço soberba, magnífica
E fodes como quem morre a última conquista
E ardes como desejei arder de santidade.
(E há luz na tua carne e tu palpitas.)
Ah, porque me vejo vasta e inflexível
Desejando um desejo vizinhante
De uma Fome irada e obsessiva?

VII
Lembra-te que há um querer doloroso
E de fastio a que chamam de amor.
E outro de tulipas e de espelhos
Licencioso, indigno, a que chamam desejo.
Há o caminhar um descaminho, um arrastar-se
Em direção aos ventos, aos açoites
E um único extraordinário turbilhão.
Porque me queres sempre nos espelhos
Naquele descaminhar, no pó dos impossíveis
Se só me quero viva nas tuas veias?

VIII
Se te ausentas há paredes em mim.
Friez de ruas duras
E um desvanecimento trêmulo de avencas.
Então me amas? te pões a perguntar.
E eu repito que há paredes, friez
Há ,olimentos, e nem por isso há chama.
DESEJO é um Todo lustroso de carícias
Uma boca sem forma, em Caracol de Fogo.
DESEJO é uma palavra com a vivez do sangue
E outra com a ferocidade de Um só Amante.
DESEJO é Outro. Voragem que me habita.

IX
E por que haverias de querer minha alma
Na tua cama?
Disse palavras líquidas, deleitosas, ásperas
Obscenas, porque era assim que gostávamos.
Mas não menti gozo prazer lascívia
Nem omiti que a alma está além, buscando
Aquele Outro. E te repito: por que haverias
De querer minha alma na tua cama?
Jubila-te da memória de coitos e acertos.
Ou tenta-me de novo. Obriga-me.

X
Pulsas como se fossem de carne as borboletas.
E o que vem a ser isso? perguntas.
Digo que assim há de começar o meu poema.
Então te queixas que nunca estou contigo
Que de improviso lanço versos ao ar
Ou falo de pinheiros escoceses, aqueles
Que apetecia a Talleyrand cuidar.
Ou ainda quando grito ou desfaleço
Advinhas sorrisos, códigos, conluios
Dizes que os devo ter nos meus avessos.
Pois pode ser.
Para pensar o Outro, eu deliro ou versejo.
Pensá-LO é gozo. Então não sabes? INCORPÓREO É O DESEJO.


Hilda Hilst

.
De la noche


I

Vi a las yeguas de la noche galopando entre las viñas
y buscando mis sueños. Eran soberbias, altas.
Algunas tenían manchas azuladas
y su lomo relucía igual que la noche,
y las mañanas morían
bajo sus patas encarnadas.
Las vi sorbiendo las uvas que colgaban
y sus belfos eran negros y orvallados.
Unísonas, resollaban.
Vi a las yeguas de la noche entre los escombros
del paisaje que fui. Vi sombras, elfos y celadas.
Lazos de piedra y paja entre las alfombras
y, vasto, un pozo engullendo mi nombre y mi retrato.
Las vi tumultuosas. Intensas.
Y en una de ellas, insomne, me vi.

II

¿Qué canto ha de cantar lo que perdura?
La sombra, el sueño, el laberinto, el caos,
el vértigo de ser, el ala, el grito.
Qué mitos, mi amor, entre las sábanas:
Lo que tú crees gozo es tan finito,
y lo que crees amor lo es mucho más.
Cómo cubrirte de pájaros y plumas
y al mismo tiempo decirte adiós,
porque imperfecto eres carne y perecedero,
y lo que yo deseo es luz e inmaterial.
¿Qué canto ha de cantar lo indefinible?
El tantear sin tocar, el mirar sin ver,
el alma, amor, entrelazada de indescriptibles.
¿Cómo amarte sin nunca merecerlo?

III

Viene de los valles la voz. Del pozo.
De los peñascos. Viene honda y fría,
reblandecida y tierna, anémonas que he visto:
Corfú. En el mar Egeo. En Creta.
Viene revestida a veces de aspereza,
viene con brillos de dolor y madreperla,
pero resuena cruel y abyecta
si me propongo oírla. Viene de la Nada.
De los vínculos disueltos. Viene de la Nada.
De los vínculos disueltos. Viene del resentimiento.
Y sibilante y lisa
se hace pasión, serpiente, y nos habita..

IV

¿Dirás que sueño el demencial sueño de un poeta
si digo que me he visto en otras vidas
entre claustros, pájaros de marfil, unos barcos?
¿Dirás que sueño una reina persa
si digo que me he visto doliente e inaudita
entre moras negras, nísperos, siemprevivas?
Pero no. Alguien gritaba: despierta, despierta Vida.
Y si te digo que estabas a mi lado,
y elocuente y amante y de palabras ávido,
¿dirás que mentí? Pero no. Alguien gritaba:
Palabras… apenas ecos y arena. Despierta.
Despierta Vida.

V

Aguas. En las que solo los tigres mitigan su sed.
También yo en ti, feroz, arrinconada,
atravesé las orladuras raras
y me hice máscara, mujer y conjetura.
Aguas que no bebí. Crespusculares. Hondas.
Códigos que descifré y donde me vi mil veces
inconexa, parca. Ah, tómame de nuevo,
antíquisima, nueva. Como si fueras el tigre
bebiendo aquellas aguas.

VI

¿Qué es la carne? Qué es ese Eso
que recubre el hueso,
este ovillo liso y convulso,
este desorden de placer y roce,
este caos de dolor doble y viscoso.
La carne. No sé este Eso.
¿Qué es el hueso? Este vigor luciente,
deseoso de envoltorio y tierra.
Lucido rostro.
Huesos. Carne. Dos Esos sin nombre.

VII

Dunas y cabras. Y mi alma vuelta
hacia el mate profundo de Tu Cara.
Recorro mi camino de piedra, leche y pelo.
Soy esto: un alguien-nada que te busca.
Una cáscara. Un olor. Vacíame de preguntas.
De itinerario. Que yo apenas suba.

VIII

Me coso el infinito sobre el pecho.
Y sin embargo soy agua huidiza y amarga.
Y soy creíble y antigua como aquello que ves:
Piedras, frontones en el Todo inamovible.
Terrena, me adivino montaña algunas veces.
Reciente, inhumana, inexpresable,
me coso el infinito sobre el pecho,
como aquellos que aman.

IX

Pienso vendas y ungüentos
para el corazón herido de Tiempo.
Pienso cántaros y patios
por la conmoción de contemplarlos.
(Y de verte allí,
a la luz de la geometría de tus actos).
Te pienso
pensándome en agonía. Y no estoy.
Estoy apenas densa,
recogiendo aroma, dejo
lo refulgente de ti que me ha quedado.

X

Que te demores, que me persigas,
como algunos persiguen los tulipanes
para proveer el olvido de sí mismos.
Que te demores
cubriéndome de jugos y de tintas
en mi noche de hambres.
Refléjame. Soy tu destino y poniente.
Duerme.
.


Hilda Hilst. Da noite. Obra poética reunida (pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Da noite

I
Vi as éguas da noite galopando entre as vinhas
E buscando meus sonhos. Eram soberbas, altas.
Algumas tinham manchas azuladas
E o dorso reluzia igual à noite
E as manhãs morriam
Debaixo de suas patas encarnadas.
Vi-as sorvendo as uvas que pendiam
E os beiços eram negros e orvalhados.
Uníssonas, resfolegavam.
Vi as éguas da noite entre os escombros
Da paisagem que fui. Vi sombras, elfos e ciladas.
Laços de pedra e palha entre as alfombras
E vasto, um poço engolindo meu nome e meu retrato.
Vi-as tumultuadas. Intensas.
E numa delas, insone, me vi.

II
Que canto há de cantar o que perdura?
A sombra, o sonho, o labirinto, o caos
A vertigem de ser, a asa, o grito.
Que mitos, meu amor, entre os lençóis:
O que tu pensas gozo é tão finito
E o que pensas amor é muito mais.
Como cobrir-te de pássaros e plumas
E ao mesmo tempo te dizer adeus
Porque imperfeito és carne e perecível
E o que eu desejo é luz e imaterial.
Que canto há de cantar o indefinível?
O toque sem tocar, o olhar sem ver
A alma, amor, entrelaçada dos indescritíveis.
Como te amar, sem nunca merecer?

III
Vem dos vales a voz. Do poço.
Dos penhascos. Vem funda e fria
Amolecida e terna, anêmonas que vi:
Corfu. No mar Egeu. Em Creta.
Vem revestida às vezes de aspereza
Vem com brilhos de dor e madrepérola
Mas ressoa cruel e abjeta
Se me proponho ouvir. Vem do Nada.
Dos vínculos desfeitos. Vem do Nada.
Dos vínculos desfeitos. Vem dos ressentimentos.
E sibilante e lisa
Se faz paixão, serpente, e nos habita.

IV
Dirás que sonho o dementado sonho de um poeta
Se digo que me vi em outras vidas
Entre claustros, pássaros, de marfim uns barcos?
Dirás que sonho uma rainha persa
Se digo que me vi dolente e inaudita
Entre amoras negras, nêsperas, sempre-vivas?
Mas não. Alguém gritava: acorda, acorda Vida.
E se te digo que estavas a meu lado
E eloqüente e amante e de palavras ávido
Dirás que menti? Mas não. Alguém gritava:
Palavras… apenas sons e areia. Acorda.
Acorda Vida.

V
Águas. Onde só os tigres mitigam a sua sede.
Também eu em ti, feroz, encantoada
Atravessei as cercaduras raras
E me fiz máscara, mulher e conjetura.
Águas que não bebi. Crespusculares. Cavas.
Códigos que decifrei e onde me vi mil vezes
Inconexa, parca. Ah, toma-me de novo
Antíquissima, nova. Como se fosses o tigre
A beber daquelas águas.

VI
O que é a carne? O que é esse Isso
Que recobre o osso
Este novelo liso e convulso
Esta desordem de prazer e atrito
Este caos de dor dobre o pastoso.
A carne. Não sei este Isso.
O que é o osso? Este viço luzente
Desejoso de envoltório e terra.
Luzidio rosto.
Ossos. Carne. Dois Issos sem nome.

VII
Dunas e cabras. E minha alma voltada
Para o fosco profundo da Tua Cara.
Passeio meu caminho de pedra, leite e pêlo.
Sou isto: um alguém-nada que te busca.
Um casco. Um cheiro. Esvazia-me de perguntas.
De roteiro. Que eu apenas suba.

VIII
Costuro o infinito sobre o peito.
E no entanto sou água fugidia e amarga.
e sou crível e antiga como aquilo que vês:
Pedras, frontões no Todo inamovível.
Terrena, me adivinho montanha algumas vezes.
Recente, inumana, inexprimível
Costuro o infinito sobre o peito
Como aqueles que amam.

IX
Penso linhos e ungüentos
Para o coração machucado de Tempo.
Penso bilhas e pátios
Pela comoção de contemplá-los.
(E de te ver ali
À luz da geometria de teus atos)
Penso-te
Pensando-me em agonia. E não estou.
Estou apenas densa
Recolhendo aroma, passo
O refulgente de ti que me restou.

X
Que te demores, que me persigas
Como alguns perseguem as tulipas
Para prover o esquecimento de si.
Que te demores
Cobrindo-me de sumos e de tintas
Na minha noite de fomes.
Reflete-me. Sou teu destino e poente.
Dorme.


Hilda Hilst

 

Amavisse


A la memoria de Ernest Becker
A la memoria de Vladimir Jankelevitch
.

…haber amado un día (amavisse)
Vladimir Jankelevitch

.

Puerco-poeta que me sé, en la ceguera, en la charca,
a la espera de Tu Hambre, permíteme la pregunta,
Señor de puercos y de hombres:
¿Has oído acaso, o te es familiar,
un verbo que en los bajíos de aquí mucho se oye,
el verbo amar?

Porque en la ceguera, en la charca,
en la trama de los vocablos,
en la decantada lámina enterrada,
en mi axila de pelo y de carne,
en la estera de paja que me envuelve el alma,

del verbo apenas he entrevisto el contorno breve:
es algo como morir y matar pero con sonido de sonrisa.
Sangra, despedaza, devora, y por eso
de entenderle el meollo no he encontrado la hora.

¿Es verbo?
¿O sobrenombre de un dios pleno de humor
en la ardua aventura de la conquista?

I

Llévame contigo, Pájaro-Poesía,
cuando cruces el Mañana, la luz, lo imposible,
porque de barro y paja va siendo este viaje
que hago a solas conmigo, exento de trazado
o de complicada geografía, sin equipaje alguno;
he de traer apenas el vértigo y la fe:
para tu cuerpo de luz, dos leves fardos.
Dejaré palabras y cánticos. Y movedizas,
engañosas rutas de Ilusión.
No he cantado lo cotidiano. Te he cantado solo a ti,
Pájaro-Poesía,
y al paisaje-límite: la fosa, el extremo,
la convulsión del Hombre.

Llévame contigo.
En el Mañana.

II

Como si te perdiera, así te quiero.
Como si no te viera (habas doradas
bajo el amarillo) así te aprehendo, brusco,
inamovible, y te respiro entero.

Un arcoíris de aire en aguas profundas.

Como si fuera todo lo que me permitieras,
a mí me fotografío en unos portones de hierro,
ocres, altos, y yo misma diluida y mínima
en lo disuelto de toda despedida.

Como si te perdiera en los trenes, en las estaciones,
o bordeando un círculo de agua,
removiente ave, así te sumo a mí:
de redes y de anhelos inundada.

III

Desde un hambre de caricias, tigres pálidos
vienen a unirse a mí en la noche hueca.
Y yo misma despedazada, plena de soledades,
intento regresar a la luz que me fue dada
y poso las manos en las aterciopeladas patas.

Desde un hambre de sueños
intento regresar a aquellas geografías
de un Hacedor de versos y su permanencia.
memorizo este ser que me soy,

y sobre los fulcros dentados, allí
es donde paseo y deslizo mi hambre.

Entonces se aquietan de pura madrugada
mis tigres de herrumbre. Recogidas las garras
como si incluso la muerte los excluyera.

IV

Si viniera alguien, di que vivo mi anverso.
Que hay un vivaz escarlata
sobre el pecho donde antes palidez, y linos chispeantes
sobre las flacas caderas, e inquietantes cardúmenes
sobre los pies. Que la boca no se ve, ni se oye la palabra,

pero hay fonemas sílabas sufijos diagramas,
rodeando mi cuarto de atrás sin comienzo.
Que la mujer parecía correcta la noche anterior
y amaneció como si viviera bajo las aguas. Crispada.
Fluctisonante.

Diles especialmente
que hay un hueco fulgente en un todo muy abierto.
Y una negrura de trazo en las paredes de cal
donde la mujer-anverso se ha metido.
Que ella no está la tarde de este domingo, correcta.

Y que tomó algalia,
y les gritó a las gallinas que hablaba con Dios.

V

Las manzanas al relente. Dos. Y lo viscoso
del Tiempo sobre la boca y la hora. Las manzanas
déjaselas a quien devora esta cruda agonía:
mi instante de penumbra salivosa.

Las manzanas las comí como quien seduce. Tocando
largamente la piel desnuda. Después mordí la carne
de manzanas y sueños: su albura porosa.

Y me acosté como quien sabe el Tiempo y lo rojo:
brevedad de un paso en el paseo.

VI

Que las barcazas del Tiempo me devuelvan
la primitiva urna de palabras.
Que me devuelvan a ti y tu rostro
como desde siempre lo he conocido: punzante
pero centelleando de vida, renovado
como si el sol y el rostro caminaran
porque de uno venía la luz del otro.

Que me devuelvan la noche, el espacio
donde sentirme tan vasta y pertenecida
como si las aguas y maderas de todas las barcazas
se hicieran materia rediviva, adolescencia y mito.

Que yo te devuelva el hambre de mi primer grito.

VII

Aquel fino trazo de colina
quiero atrancar en la cancela
del alma. Alimento y medida
para las muchas vidas del después.

Curva de un devaneo inalcanzado,
un todo extendido, adolescente,
aquel fino trazo de la colina
ha de vivir en el paisaje de la mente,

como la distancia habita en ciertos pájaros,
como el poeta habita en los ardores.

VIII

Os guardo, mañanas de terracota y azul,
cuando mi pecho teñido de encarnado
vivía disolviéndose en pasión.
La grama calcinada por las quemas
tenía el olor de la vida, y los estrechos
atajos tenían mucho que ver con lo desmedido
y las aguas del universo se quedaban escasas
para ahogar mi verso. Os guardo, iluminadas,
fragantes mañanas tan irreales en el hoy
como hacer brotar girasoles en el topacio
y de los rubíes, granadas.

IX

Amor llagado, de púrpura, de deseo
moteado. Regreso a la savia de cuerdas
de guitarra y relleno de sonidos tu yacija.
Regreso empolvorada de vestigios, arboleda de oro
de lo que fuimos, gotas de sal en la llanura del olvido
para husmear tu hambre.
Amor de sombras, de ocasos y de ovejas.
Regreso como quien suma la vida entera
a todos los otoños. Regreso novísima, incoherente,
conocida,
como quien ve y escucha el núcleo de la semilla
y desde la altura de dentro ya sabe su nombre.

Y reverdezco
en el rosa de unas mandarinas
y en los azules de todos los comienzos.

X

Hay un incendio de angustia y de sonidos
sobre los instintos. Y en el cuerpo de la tarde
se ha abierto una herida. La mujer ha emergido
desacompasada en lo de dentro de la otra:
Una mujer de mí en los incendios de la Nada.
Tenía la espalda de algunos ríos: quebradiza
y terrosa. El pecho cargado de amatistas.
Una mujer me vio en el rojo de las celadas:
esculpiendo de nuevo tu rostro en el vacío.

XI

Los punteros de añil en lo delgado de las aguas.
Tu sombra azulada repensando los ríos
y agudísimas horas atravesando el lecho
de las barcazas.
Ha sido noche extrema. Finos hilos
surcando de sangre las esperanzas.

Los punteros de añil. Nuestras dos vidas
devastadas, en un lago de eneros.

XII

Si tuviese madera e ilusiones
haría un barco y pensaría el arcoíris.
Si te pensase, amigo, la Tierra toda
sería de saliva y de llegadas.
Te moldearía en una carne anterior,
sin nombre o Paraíso.

Si me pensases, Vida, ¿qué materia,
qué colores para mi posible supervivencia?

XIII

Extrema, toco tu rostro. De ti me viene
a la punta de los dedos el oro voluptuoso
y el encantado glabro de los helechos. De ti me viene
la noche teñida de matices, fluctuante
de mitos y de aguas. Inaudita.
Extrema, toco tu boca como quien precisa
mantener el fuego para la propia vida.
Y húmedo de celo, de inocencia,
es a la nostalgia de mí a lo que me condenas.

Extrema, innominada, me toco a mí.
Antes, tan memoria. Y tan joven ahora.

XIV

Oteros, atrios, palomas y vendimias.
En otro tiempo
viví la eternidad de esas rimas.
Pastora, entre animales fue como crecí. Y les pensaba
el pelo y la hermosura. Señora, tuve la casa
de los de mi estirpe. Agrandados vestíbulos
y aves y frutales, y por fidelidad perecí.
De humildes aldeas y de casas grandes
transité entre las vidas. Después amé,
extremante y taciturna. A quien me amaba maté.
Por eso en esta vida temo amor y cuchillos.
Por eso en esta vida

canto canciones así de compasivas,
en la lengua olvidada.

XV

Juncos y empalizadas
y agudos gritos de un pájaro en los humedales.
Ha sido este un tiempo de presagios.

Tejida de carmín en el trazado de las horas
la vida se rehace:
Un rastro de sonrisa en los ojos luminosos,
un haber visto
el trazado de lo extenso en el inalcanzable Paraíso.

Y de nuevo, en el instante,
juncos y empalizadas.
Y agudos gritos de un pájaro en los humedales.

XVI

¿Debo vivir entre los hombres
si soy más pelo, más dolor,
menos garra y menos carne humana?
Y no teniendo armadura,
y teniendo casi mucho de cordero
y casi nada de mano que empuña el cuchillo,
¿debo continuar la caminata?

¿Debo continuar diciéndote palabras
si la poesía se pudre
entre las ruinas de la Casa que es tu alma?
Ay, Luz que permanece en mi cuerpo y cara:
¿cómo ha sido que desaprendí de ser humana?

XVII

Las barcas hundidas. Centelleantes
bajo el río. Y es así el poema. Centelleante
y oscura barca ardiendo bajo el agua.
Palabras, yo las he hecho nacer
dentro de tu garganta.
Húmedas algunas, de transparente raíz:
un encharcado de lenguas y dientes.
Otras de geometría. Finas, angulosas,
como son las tuyas
cuando hablan de poetas, de poesía.

Las barcas hundidas. Mis palabras.
Pero podrán arder lunas de eternidad.
Y doctas, de ironía las tuyas,
solo a través de mi vida van a vivir.

XVIII

¿Será que aprehendo la muerte
perdiéndome cada día
en el rellano sin fin del sentimiento?
O, quién sabe, aprehendo la vida
oscureciéndome anárquica en la tarde,
o si pudiera,
tomara en mi pecho la vastedad,
el camino de los vientos,
el descomedimiento del cántico.

¿Será que aprehendo la suerte
entrelazando la ceniza del morir
al semen de tu vida?

XIX

Empozada de instantes, crece la noche
descosiendo las hablas. Un poema entre-muros
quiere nacer, de carne jubilosa
y largo cuerpo oscuro. Me pregunto
si la perfección no sería el no decir
y dejar sosegadas las palabras
en los nocturnos desvanes. Un poema pulsante

aunque imperfecto quiere nacer.

Estando sobre la mesa el gran cuerpo
envuelto en su bruma. Espiro amor y aire
sobre su nariz. Nace intensa
y luciente mi cría
en el azulear de la tinta y a la luz del día.

XX

De gruesos muros, de hojas aplastadas
es como caminan las gentes por las calles.
De dolorido jugo y de duras frentes
es como están hechas las caras. Ay, Tiempo,

atardecido de sonidos que no entiendo,
miradas que se vuelven bofetadas, pasos
cóncavos, hondos, venidos de un alto pozo,
de una siniestra Nada. Y bocas tortuosas,

sin palabras.
¿Y qué va a ser de mi boca de inventos
en este atardecer? ¿Y del oro que sale
de la garganta de los locos, qué va a ser?
.


Nota
Fluctisonante: (del latín fluctus, –us, ola, onda) ‘que suena como una ola’. No existe en español (sí ondisonante), pero es una bonita palabra. En portugués puede escribirse fluctissonante o flutissonante.


Hilda Hilst. Amavisse. Obra poética reunida (pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Amavisse

À memória de Ernest Becker
À memória de Vladimir Jankelevitch

…ter um dia amado (amavisse)
Vladimir Jankelevitch

Porco-poeta que me sei, na cegueira, no charco
À espera da Tua Fome, permita-me a pergunta
Senhor dos porcos e de homens:
Ouviste acaso, ou te foi familiar
Um verbo que nos baixios daqui muito se ouve
O verbo amar?

Porque na cegueira, no charco
Na trama dos vocábulos
Na decantada lâmina enterrada
Na minha axila de pêlos e de carne
Na esteira de palha que me envolve a alma

Do verbo apenas entrevi o contorno breve:
É coisa de morrer e de matar mas tem som de sorriso.
Sangra, estilhaça, devora, e por isso
De entender-lhe o cerne não me foi dada a hora.

É verbo?
Ou sobrenome de um deus prenhe de humor
Na péripla aventura da conquista?

I
Carrega-me contigo, Pássaro-Poesia
Quando cruzares o Amanhã, a luz, o impossível
Porque de barro e palha tem sido esta viagem
Que faço a sós comigo. Isenta de traçado
Ou de complicada geografia, sem nenhuma bagagem
Hei de levar apenas a vertigem e a fé:
Para teu corpo de luz, dois fardos breves.
Deixarei palavras e cantigas. E movediças
Embaçadas vias de Ilusão.
Não cantei cotidianos. Só cantei a ti
Pássaro-Poesia
E a paisagem-limite: o fosso, o extremo
A convulsão do Homem.

Carrega-me contigo.
No Amanhã.

II
Como se perdesse, assim te quero.
Como se não te visse (favas douradas
Sob um amarelo) assim te apreendo brusco
Inamovível, e te respiro inteiro

Um arco-íris de ar em águas profundas.

Como se fosse tudo o mais me permitisses,
A mim me fotografo nuns portões de ferro
Ocres, altos, e eu mesma diluída e mínima
No dissoluto de toda desespedida.

Como se te perdesse nos trens, nas estações
Ou contornando um círculo de águas
Removente ave, assim te somo a mim:
De redes e de anseios inundada.

III
De uma fome de afagos, tigres baços
Vêm se juntar a mim na noite oca.
E eu mesma estilhaçada, prenhe de solidões
Tento voltar à luz que me foi dada
E sobreponho as mãos nas veludosas patas.

De uma fome de sonhos
Tento voltar àquelas geografias
De um Fazedor de versos e sua estada.
Memorizo este ser que me sou

E sobre os fulcros dentes, ali
É que passeio e deslizo a minha fome.

Então se aquietam de pura madrugada
Meus tigres de ferrugem. As garras recolhidas
Como se mesmo amorte os excluísse.

IV
Se chegarem as gentes, diga que vivo o meu avesso.
Que há um vivaz escarlate
Sobre o peito de antes palidez, e linhos faiscantes
Sobre as magras ancas, e inquietantes cardumes
Sobre os pés. Que a boca não se vê, nem se ouve a palavra

Mas há fonemas sílabas sufixos diagramas
Contornando o meu quarto de fundo sem começo.
Que a mulher parecia adequada numa noite de antes
E amanheceu como se vivesse sob as águas. Crispada.
Fluctissonante.

Diga-lhes principalmente
Que há um oco fulgente num todo escancarado.
E um negrume de traço nas paredes de cal
Onde a mulher-avesso se meteu.
Que ela não está neste domingo à tarde, apropiada.
E que tomou algália
E gritou às galinhas que falou com Deus.

V
As maçãs ao relento. Duas. E o viscoso
Do Tempo sobre a boca e a hora. As maçãs
Deixa-as para quem devora esta agonia crua:
Meu instante de penumbra salivosa.

As maçãs comi-as como quem namora. Tocando
Longamente a pele nua. Depois mordi a carne
De maçãs e sonhos: sua alvura porosa.

E deitei-me como quem sabe o Tempo e o vermelho:
Brevidade de um passo no passeio.

VI
Que as barcaças do Tempo me devolvam
A primitiva urna de palavras.
Que me devolvam a ti e o teu rosto
Como desde sempre o conheci: pungente
Mas cintilando de vida, renovado
Como se o sol e o rosto caminhassem
Porque vinha de um a luz do outro.

Que me devolvam a noite, o espaço
De me sentir tão vasta e pertencida
Como se as águas e madeiras de todas as barcaças
Se fizessem matéria rediviva, adolescência e mito.

Que eu te devolva a fome do meu primeiro grito.

VII
Aquele fino traço de colina
Quero trancar na cancela
Da alma. Alimento e medida
Para as muitas vidas do depois.

Curva de um devaneio inantigido
Um todo estendido adolescente
Aquele fino traço da colina
Há de viver na paisagem da mente

Como a distância habita em certos pássaros
Como o poeta habita nas ardências.

VIII
Guardo-vos manhãs de terracota e azul
Quando o meu peito tingido de vermelho
Vivia a dissolvência da paixão.
O capim calcinado das queimadas
Tinha o cheiro da vida, e os atalhos
Estreitos tinham tudo a ver com o desmedido
E as águas do universo se faziam parcas
Para afogar meu verso. Guardo-vos, iluminadas
Recedentes manhãs tão irreais no hoje
Como fazer nascer girassóis no topázio
E dos rubis, romãs.

IX
Amor chagado, de púrpura, de desejo
Pontilhado. Volto à seiva de cordas
Da guitarra, e recheio de sons o teu jazigo.
Volto empoeirada de vestígios, arvoredo de ouro
Do que fomos, gotas de sal na planície do olvido
Para recender a tua fome.
Amor de sombras de ocasos e de ovelhas.
Volto como quem soma a vida inteira
A todos os outonos. Volto novíssima, incoerente
Cógnita
Como quem vê e escuta o cerne da semente
E da altura de dentro já lhe sabe o nome.

E reverdeço
No rosa de umas tangerinas
E nos azuis de todos os começos.

X
Há um incêndio de angústia e de sons
Sobre os instentos. E no corpo da tarde
Se fez uma ferida. A mulher emergiu
Descompassada no de dentro da outra:
Uma mulher de mim nos incêndios do Nada.
Tinha o dorso de uns rios: quebradiço
E terroso. O peito carregado de ametistas.
Uma mulher me viu no roxo das ciladas:
Esculpindo de novo teu rosto no vazio.

XI
Os ponteiros de anil no esguio das águas.
Tua sombra azulada repensando os rios
E agudíssimas horas atravessando o leito
Das barcaças.
Tem sido noite extrema. Finos fios
Sulcando de sangue as esperanças.

Os ponteiros de anil. Nossas duas vidas
Devastadas, num lago de janeiros.

XII
Se tivesse madeira e ilusões
Faria um barco e pensaria o arco-íris.
Se te pensasse, amigo, a Terra toda
Seria de saliva e de chegança.
Te moldaria numa carne de antes
Sem nome ou Paraíso.

Se me pensasses, Vida, que matéria
Que cores para minha possível sobrevida?

XIII
Extrema, toco-te o rosto. De ti me vem
À ponta dos meus dedos o ouro da volúpia
E o encantado glabro das avencas. De ti me vem
A noite tingida de matizes, flutuante
De mitos e de águas. Inaudita.
Extrema, toco-te a boca como quem precisa
Sustentar o fogo para a própria vida.
E úmido de cio, de inocência,
É à saudade de mim que me condenas.

Extrema, inomeada, toco-me a mim.
Antes, tão memória. E tão jovem agora.

XIV

Outeiros, átrios, pombas e vindimas.
Em algum tempo
Vivi a eternidade dessas rimas.
Pastora, entre os animais é que cresci. E lhes pensava
O pêlo e a formosura. Senhora, tive a casa
Daqueles da minha raça. Agrandados vestíbulos
E aves e pomares, e por fidelidade pereci.
De humildes aldeias e de casas grandes
Translitei entre as vidas. Depois amei
Extremante e soturna. A quem me amava matei.
Porisso nesta vida temo o amor e facas.
Porisso nesta vida

Canto canções assim tão compassivas
Na língua esquecida.

XV
Paliçadas e juncos
E agudos gritos de um pássaro nos alagadiços.
Tem sido este o tempo de prenúncios.

Tecida de carmim no traçado das horas
A vida se refaz:
Um risco de sorriso nos olhos luminosos
Um ter visto
O traçado do extenso no inatingível Paraíso.

E de novo, no instante
Paliçadas e juncos.
E agudos gritos de um pássaro nos alagadiços.

XVI
Devo viver entre os homens
Se sou mais pêlo, mais dor
Menos garra e menos carne humana?
e não tendo armadura
E tendo quase muito de cordeiro
E quase nada de mão que empunha a faca
Devo continuar a caminhada?

Devo continuar a te dizer palavras
Se a poesia apodrece
Entre as ruínas da Casa que é a tua alma?
Ai, Luz que permanece no meu corpo e cara:
Como foi que desaprendi de ser humana?

XVII
As barcas afundadas. Cintilantes
Sob o rio. E é assim o poema. Cintilante
E obscura barca ardendo sob as águas.
Palavras eu as fiz nascer
Dentro da tua garganta.
Úmidas algumas, de transparente raiz:
Um molhado de línguas e de dentes.
Outras de geometria. Finas, angulosas
Como são as tuas
Quando falam de poetas, de poesia.

As barcas afundadas. Minhas palavras.
Mas poderão arder luas de eternidade.
E doutas, de ironia as tuas
Só através da minha vida vão viver.

XVIII
Será que apreendo a morte
Perdendo-me a cada dia
No patamar sem fim do sentimento?
Ou quem sabe apreendo a vida
Escurecendo anárquica na tarde
Ou se pudesse
Tomar para o meu peito a vastidão
O caminho dos ventos
O descomedimento da cantiga.

Será que apreendo a sorte
Entrelaçando a cinza do morrer
Ao sêmen da tua vida?

XIX
Empoçada de instantes, cresce a noite
Descosendo as falas. Um poema entre-muros
Quer nascer, de carne jubilosa
E longo corpo escuro. Pergunro-me
Se a perfeição não seria o não dizer
E deixar aquietadas as palavras
Nos noturnos desvãos. Um poema pulsante

Ainda que imperfeito quer nascer.

Estando sobre a mesa o grande corpo
Envolto na sua bruma. Expiro amor e ar
Sobre as suas ventas. Nasce intensa
E luzente a minha cria
No azulecer da tinta e à luz do dia.

XX
De grossos muros, de folhas machucadas
É que caminham as gentes pelas ruas.
De dolorido sumo e de duras frentes
É que são feitas as caras. Ai, Tempo

Entardecido de sons que não compreendo
Olhares que se fazem bofetadas, passos
Cavados, fundos, vindos de um alto poço
De um sinistro Nada. E bocas tortuosas
Sem palavras.

E o que há de ser da minha boca de inventos
Neste entandercer. E o do ouro que sai
Da garganta dos loucos, o que há de ser?