Jim Harrison

Muerte otra vez


No nos pongamos románticos ni tristes con la muerte.
De hecho es nuestro acto más singular, junto con
el nacimiento. Pensemos que es como preparar
el desayuno, así de ordinario. Romper dos huevos
en un tazón, o un tazón en dos huevos. Deslizarse
en un ataúd después de drenar los líquidos, o mejor,
deslizarse en el fuego. Claro que es un poco difícil
aceptar tu último beso, tu último trago, tu última
comida, sobre la cual los condenados pueden ser
muy suyos, como si pudiera haber una hamburguesa
con queso enviada por Dios. Algunos amantes indagan
con su ojo interior, pero es sobre todo un plácido
lago al amanecer, niebla creciente, la solitaria llamada
de un somormujo, y mirar el agua inmóvil y opaca.
Como niños, sabremos otra vez todo lo que estamos
destinados a saber: que el agua es fría y profunda,
y el sol penetra tan solo hasta cierto punto.


Jim Harrison. Death Again (lunchboxpoems)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Death Again

Let’s not get romantic or dismal about death.
Indeed it’s our most unique act along with birth.
We must think of it as cooking breakfast,
it’s that ordinary. Break two eggs into a bowl
or break a bowl into two eggs. Slip into a coffin
after the fluids have been drained, or better yet,
slide into the fire. Of course it’s a little hard
to accept your last kiss, your last drink,
your last meal about which the condemned
can be quite particular as if there could be
a cheeseburger sent by God. A few lovers
sweep by the inner eye, but it’s mostly a placid
lake at dawn, mist rising, a solitary loon
call, and staring into the still, opaque water.
We’ll know as children again all that we are
destined to know, that the water is cold
and deep, and the sun penetrates only so far.