Kristy Bowen

Extraños animales


En el otoño los animales comienzan a apoderarse de la casa. Ratones debajo de la estufa, ardillas listadas en el sótano. Al llegar a casa, ya de noche, mi padre encuentra una mofeta sentada osadamente en el patio, sobre un agujero que apareció hace solamente unos días. Los ciervos dejan huellas en la escarcha del suelo y permanecen en el patio al amanecer mordisqueando las hojas del árbol caído. Es natural, dice, no hay alguien siempre en casa.

En el hospital mi madre casi ha dejado de ver cosas. Tan solo el ocasional escarabajo que se arrastra sobre las tablas del piso, la ocasional mariposa que revolotea por el techo. La infección abandona su cuerpo lentamente, como un jarabe a través de los sangrientos drenajes intravenosos. Cuando la visito cada domingo, durante toda la noche, la pequeña araña en la esquina de la ducha de mi casa mantiene su promesa de permanecer en su lado del agua mientras las chinches se reúnen en los pliegues de las cortinas.

En la ciudad han talado tres árboles de mi calle, y de repente hay grandes pájaros que nunca había visto antes mendigando migajas en la acera. Las polillas que comieron todo el verano dentro de mi armario han crecido lentamente con el otoño y apenas revolotean esporádicamente en la lámpara de mi escritorio. Mis gatos se vuelven salvajes cada vez que los dejo durante unos días, y cagan en la bañera y vomitan en la cama, dejando grandes mechones de pelo que vagan por el apartamento vacío.

En la rehabilitación, la logopeda le pide a mi madre que nombre diez animales: caballo, perro, cerdo. Las respuestas le llegan lentamente, sus manos colocan bloques multicolores en huecos multicolores. ¿Cómo se llama? ¿Quién es su esposo? ¿Qué día es hoy? Ella le susurra impaciente a la mujer que la estimula: cabra, ratón, zorro.

En el otoño todos estamos conociendo nuevos animales: este pánico que rasca mi puerta como una rata cada semana y no se va, el pinzón atrapado en mi garganta y que me ahoga con sus huesos huecos. Cerdo, león, cocodrilo. Hay un corazón de conejo dentro de mí que corre cada vez que suena el teléfono. ¿Uno más? Unicornio.


Kristy Bowen. Strange animals
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Kristy Bowen

Casa hecha de fantasmas y pequeños animales


Por cada canción de amor hay un destrozado esqueleto
de paloma pudriéndose en el alero. Una partida que requiere
nada más que abrir y cerrar la puerta una sola vez.
Una pesadumbre de maletas y lámparas de pie y
álbumes de discos torpemente apilados en el maletero.
Ya ves, mis motivos son barro oscuro, hecho de violetas
y nostalgia. Pronto me hallarás reemplazando cada plato
y cepillo del pelo en la casa de otra persona, reemplazando
p con q, y arruinando la salida repentina. Me hallarás
hambrienta y sangrando bajo la escuálida maleza.
Por cada promesa incumplida te doy un anillo de rosas.
Una prolífica multitud de ratoncitos habitando los zócalos.
Animal, vegetal, mineral.

El terrible corazón duende de mi adiós.


Kristy Bowen. House made of ghosts and small animals (versedaily.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

House made of ghosts and small animals

For every love song, there is a broken dove skeleton
rotting in the eaves. A leaving, that requires
nothing but the door opening and closing just once.
A heaviness of suitcases and floor lamps and
record albums piled awkwardly in the trunk.
You see, my motives are mud dark, made oflarkspur
and longing. Soon you will find me replacing each dish
and hairbrush in someone else’s house, replacing
p with q and mucking up the quick exit. Will find me
ravenous and bleeding beneath the weedy undergrowth.
For every broken promise, I give you a ring of roses.
A prolific number of tiny mice inhabiting the baseboards.
Animal, vegetable, mineral.

The terrible goblin heart of my goodbye.