Michael Meyerhofer

Perséfone y Edipo


.
Cansados de discutir sobre quién carga con el destino
más triste, Perséfone y Edipo deciden emborracharse.

Edipo conoce un pequeño pub irlandés calle abajo,
un sótano con espadas oxidadas en la pared.

Él paga la primera ronda, bebe su Johnny Walker Black
y espera que ella no capte su mueca de dolor. Pero Perséfone

está muy ocupada preguntándose si su vestido transparente
no es un atuendo inadecuado para este lugar, sus pezones

balanceándose como higos bajo la mirada del camarero.
Estoy cansado de ser una metáfora, refunfuña Edipo

apretando sus magullados nudillos en torno al vaso.
Perséfone asiente, su espalda se arquea como una cimitarra.

Él la mira y le pregunta: ¿Te apetece una raya?
Ella dice que sí, pero solo si van al lavabo de señoras.

Está más limpio allí, añade. Edipo frunce el ceño.
¡Me pareció que dijiste que nunca habías estado aquí!

Perséfone se reacomoda el vestido. Y no he estado, dice,
pero allá donde vayas siempre es la misma puta historia.
.


Michael Meyerhofer. Persephone and Oedipus
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Michael Meyerhofer

Mi madre me envió


.
un mensaje de texto
desde su ataúd.
Decía: Contenta
no estés aquí.
Ella siempre hace
cosas así. Dice
que es para ayudarme
a saborear el resto de
mis días. Pero yo sé
que es porque soy
el único que le queda
que no ha cambiado
de número.
.


Michael Meyerhofer. My Mother Sent Me
troublewithhammers.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Michael Meyerhofer

El problema con los martillos


.
El problema de tener martillos es
que hay que ponerlos en algún lugar,
en clavijas o en un cajón, o haciéndoles
sitio en la caja de herramientas,
mucho después de construida la casa
y que el circo se plegara como un envoltorio
en la trasera de extraños camiones,
toda la noche de Maine a Hollywood.
Yo querría tener tres nombres como
un niño actor o un asesino en serie.
Mi padre guardaba los martillos
en una caja y un día que vino
por aquí cuando yo estaba fuera,
clavó un listón robado de una obra
bajo los cojines de mi sofá.
Yo guardo mis martillos en el armario,
pero él logró encontrarlos. Creo que
a mí me gustaría ser martillo
y golpear todo el día las cabezas
de los incautos y delgados clavos,
aunque no soy demasiado violento
ni estoy sin medicación, si eso importa.
Cierto que nunca se me dieron bien
las mates, desde aquel tercer premio
en quinto curso, y sé que no se debe
comenzar un discurso diciendo,
ni tampoco escribirlo en un poema,
lo nervioso que uno está, pero creo
que hay más clavos y hay más martillos
que personas, y estoy harto de esos
continuos recordatorios de que nada
construido después de las pirámides
puede seguir en pie mucho tiempo,
no solo las relaciones, sino otras cosas
como las estanterías, los gobiernos
o el nuevo acuerdo sobre la circuncisión.
Dicen que la primera herramienta
del ser humano fue el martillo, lo que tiene
sentido ya que no puedo imaginarme
a los monos usando el goniómetro,
ni el sextante bajo las húmedas estrellas.
Pero cada vez que golpeo puedo
sentir mi cabeza aflojándose en su eje
de hueso pulido, y sé bien que cuando
salte, nunca más volverá a encajar.
.

 


 

Michael Meyerhofer. The Trouble With Hammers
troublewithhammers.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda