Nuno Júdice

El poeta


.
Trabaja ahora en la importación
y exportación. Importa
metáforas, exporta alegorías.
Podría ser un trabajador
por cuenta propia,
uno de esos que rellenan
cuadernos de hoja azul con
números
de debe y haber. De hecho lo que
debe son palabras, y lo que tiene
es ese vacío de frases que le
sobreviene cuando se acerca
al cristal, en invierno, y la lluvia cae
del otro lado. Entonces piensa
que podría importar el sol
y exportar las nubes.
Podría ser
un trabajador del tiempo. Pero,
en cierto modo, su
práctica se confunde con la de un
escultor del movimiento. Hiere,
con la piedra del instante, lo que
pasa de camino
a la eternidad,
suspende el gesto que sueña el cielo
y fija, en la dureza de la noche,
el batir de alas, el azul, la sabia
interrupción de la muerte.
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Nuno Júdice. O poeta
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

O poeta

Trabalha agora na importação
e exportação. Importa
metáforas, exporta alegorias.
Podia ser um trabalhador
por conta própria,
um desses que preenche
cadernos de folha azul com
números
de deve e haver. De facto, o que
deve são palavras; e o que tem
é esse vazio de frases que lhe
acontece quando se encosta
ao vidro, no inverno, e a chuva cai
do outro lado. Então, pensa
que poderia importar o sol
e exportar as nuvens.
Poderia ser
um trabalhador do tempo. Mas,
de certo modo, a sua
prática confunde-se com a de um
escultor do movimento. Fere,
com a pedra do instante, o que
passa a caminho
da eternidade;
suspende o gesto que sonha o céu;
e fixa, na dureza da noite,
o bater de asas, o azul, a sábia
interrupção da morte.


Nuno Júdice

Soledad


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Un mar rodea el mundo de quien está solo. Es
el mar sin olas del fin del mundo. Su agua
es negra; su horizonte no existe. Dibujo
los contornos de ese mar con un lápiz de
niebla. Borro, sobre su superficie, todos los
pájaros. Los veo abrigarse de la goma de borrar
en las grutas del litoral: las aves asustadas de
la soledad. «Es un mundo impenetrable» dice
quien está solo. Se sienta en la orilla, considerando
su caso. No existe nada más allá de él, hasta
ese blanco amanecer que le obliga a recordarse
que está vivo. Entonces espera a que la marea suba,
en ese mar sin mareas, para tomar una decisión.
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Nuno Júdice. Solidão
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Solidão

Um mar rodeia o mundo de quem está só. É
o mar sem ondas do fim do mundo. A sua água
é negra; o seu horizonte não existe. Desenho
os contornos desse mar com um lápis de
névoa. Apago, sobre a sua superfície, todos
os pássaros. Vejo-os abrigarem-se da borracha
nas grutas do litoral: as aves assustadas da
solidão. «É um mundo impenetrável», diz
quem está só. Senta-se na margem, olhando
o seu caso. Nada mais existe para além dele, até
esse branco amanhecer que o obriga a lembrar-se
que está vivo. Então, espera que a maré suba,
nesse mar sem marés, para tomar uma decisão.


Nuno Júdice

Carpe diem


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¿Confías en el incierto mañana? ¿Entregas
a las sombras del azar la respuesta inaplazable?
¿Aceptas que la diurna inquietud del alma
sustituya a la risa clara de un cuerpo
que te exige placer? Te huyen, por entre los dedos,
los instantes; y en los labios de la que amaste
muere un fin de frase, dejando la duda
definitiva. Un nombre inútil persigue tu memoria,
para que lo robes al sueño de los sentidos. Aun así
ningún rostro le da la forma que desearías;
y abrazas la propia figura del vacío. Entonces,
¿por qué esperas para salir al encuentro de la vida,
del soplo cálido de la primavera, de los márgenes
visibles de lo humano? «No —dices—, nada me obligará
a la renuncia de mí mismo; ¡ni esa mirada
que me ofrece el lecho profundo de su imagen!»
Loco, ignora que el destino, a veces,
se confunde con la brevedad del verso.
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Nuno Júdice. Carpe diem
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Carpe diem

Confias no incerto amanhã? Entregas
às sombras do acaso a resposta inadiável?
Aceitas que a diurna inquietação da alma
substitua o riso claro de um corpo
que te exige o prazer? Fogem-te, por entre os dedos,
os instantes; e nos lábios dessa que amaste
morre um fim de frase, deixando a dúvida
definitiva. Um nome inútil persegue a tua memória,
para que o roubes ao sono dos sentidos. Porém,
nenhum rosto lhe dá a forma que desejarias;
e abraças a própria figura do vazio. Então,
por que esperas para sair ao encontro da vida,
do sopro quente da primavera, das margens
visíveis do humano? “Não”, dizes, “nada me obrigará
à renúncia de mim próprio — nem esse olhar
que me oferece o leito profundo da sua imagem!”
Louco, ignora que o destino, por vezes,
se confunde com a brevidade do verso.


Nuno Júdice

¿Quién eres tú?


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¿Quién eres tú, extraña, que moras
en un poema que se estudia en las escuelas
y se lee en recitales,
tú que te limitaste a ser amada
por un poeta que, quizá, nada
más te dio a cambio de amor
que el poema que tú, quizá,
nunca llegaste a oír? ¿Quién eres,
oh mujer más real que ese
poeta que te cantó, y de cuya vida
nadie sabe nada —a no ser
que él te amó, y te vertió en ese
poema en el que aún vives, y respiras,
como el día en que él lo escribió
acordándose de tu cuerpo, y de
tus labios, y de los días, o noches,
que contigo pasaron? ¿Quién eres,
mujer real y soñada que habitas
todos los poemas que ese poema
inspiró, y todos los sueños que
en esa extraña encontraron una imagen
precisa y definitiva? Vuélvete
en esos versos, para que te veamos
la cara, y dinos tu nombre —el nombre
auténtico, y no ese que el poeta
inventó para llamarte en un poema
que de ti solo guarda el secreto—;
y duérmete, después, olvidando
lo que de ti se dijo, y los comentarios
de que fuiste pretexto, y las imágenes
en que, cada vez más, fuiste perdiendo
esa tu, la única, imagen.
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Nuno Júdice. Quem és tu?
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Quem és tu?

Quem és tu, bárbara, que moras
num poema que se estuda nas escolas
e se lê em recitais,
tu que te limitaste a ser amada
por um poeta que, se calhar, mais
não te deu em troca do amor
do que esse poema que tu, se calhar,
nunca chegaste a ouvir? Quem és,
ó mulher mais real do que esse
poeta que te cantou, e de cuja vida
ninguém sabe nada – a não ser
que te amou, e te deitou nesse
poema em que ainda vives, e respiras,
como no dia em que ele o escreveu
lembrando-se do teu corpo, e dos
teus lábios, e dos dias, ou noites,
que contigo se passaram? Quem és,
mulher real e sonhada que habitas
todos os poemas que esse poema
inspirou, e todos os sonhos que
nessa bárbara encontraram uma imagem
precisa e definitiva? Volta-te
nesses versos, para que te vejamos
o rosto, e diz-nos o teu nome – o nome
autêntico, e não esse que o poeta
inventou para te chamar num poema
que de ti só guarda o segredo;
e adormece, depois, esquecendo
o que de ti disseram, e os comentários
de que foste o pretexto, e as imagens
em que, cada vez mais, foste perdendo
a tua, e única, imagem.


Nuno Júdice

Forma


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Buscaba un estilo —algo que se le pudiera poner al
poema como un sombrero para la lluvia o para el
sol—. Quería vestir el lenguaje, la estrofa, el verso,
de la insólita elegancia del equilibrista. Leía
en voz alta los poemas de otros como si fueran
suyos y, aun así, no conseguía salir de la
“aurea mediocritas”, del tono bajo que caracteriza
a los simples imitadores. Una noche aprovechó
la soledad de la calle para observarse a sí
mismo en el reflejo de una puerta de cristal. «¿Quién
eres?», le preguntó a su imagen; y no se espantó
del silencio de la respuesta. ¿No era él,
al fin y al cabo, incapaz de explicar cosa alguna
de la vida? Construía ilusiones y las dejaba que
se desvanecieran, sin preocuparse de fijar
su imagen —finalmente, aquello de lo que están hechos
los poemas—. Y el invierno pasó, con el fuego de sus
aguas; una primavera le trajo el nombre al que hacía
mucho había dejado de llamar; julio y agosto
lo postraron en la indecisión de las tardes. ¿Para qué
escribir? Sin embargo las nubes de otoño descendieron al
nivel de los tejados; los días se volvían más cortos;
el viento del norte llegaba con una dicción de
antiguas hojas. Piensa que los muertos te visitan;
ábreles la página, y descubre que eres uno de ellos,
envuelto en un sudario de niebla y retórica.
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Nuno Júdice. Forma
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Forma

Procurava um estilo – algo que se pusesse no
poema como um chapéu para a chuva ou para o
sol. Queria vestir a linguagem, a estrofe, o verso,
com a insólita elegância equilibrista. Lia
em voz alta os poemas dos outros como se fossem
seus; e, no entanto, não conseguia sair da
“áurea mediocritas”, do tom baixo que caracteriza
os simples imitadores. Uma noite, aproveitou
o isolamento da rua para se observar a si
próprio no reflexo de uma porta de vidro. “Quem
és?” perguntou à imagem; e não se espantou
como o silêncio que lhe respondeu. Não era ele,
afinal, incapaz de explicar fosse o que fosse
da vida? Construía ilusões; e deixava que elas
se esfumassem sem se preocupar em fixar a
sua imagem – afinal, aquilo de que os poemas são
feitos. E o inverno passou, com o fogo das suas
águas; uma primavera trouxe-lhe o nome que há
muito se desabituara de chamar; julho e agosto
prostraram-no na hesitação das tardes. Para quê
escrever? Porém, as nuvens do outono desceram ao
nível dos telhados; os dias ficavam mais curtos;
o vento do norte chegava com uma dicção de
antigas folhas. Pensa que os mortos te visitam;
abre-lhes a página; e descobre que és um deles,
envolto num lençol de névoa e de retórica.