Richard Siken

Letanía en la que ciertas cosas están tachadas


Cada mañana el arce se va.
Cada mañana otro capítulo en el que el héroe se balancea
sobre sus pies. Cada mañana las mismas palabras grandes
y pequeñas solo deletreando deseo, solo deletreando
Estarás siempre solo y después morirás.
Así que tal vez querría darte algo más que un catálogo
de actos no-definitivos,
algo que no sea la desesperación.
Querida Tal y Tal, siento no haber ido a tu fiesta.
Querida Tal y Tal, siento haber ido a tu fiesta
y seducirte
y dejarte herida y destrozada, pobre cosita triste.
Tú quieres una historia mejor. ¿Y quién no?
Un bosque, entonces. Hermosos árboles. Y una dama que canta.
Amor sobre el agua, amor bajo el agua, amor, amor y todo eso.
Qué dama tan dulce. ¡Canta, dama, canta!
Por supuesto, ella despierta al dragón.
El amor siempre despierta al dragón y de repente
hay llamas por todas partes.
Puedo decir ya que tú crees que yo soy el dragón,
que sería como yo, pero yo no lo soy. No soy el dragón.
Y tampoco la princesa.
¿Quién soy yo? Solo soy un escritor. Escribo cosas.
Camino a través de tus sueños e invento el futuro. Cierto,
yo hundo el barco del amor, pero eso viene después. Y sí, trago
cristales, pero eso viene después. Y la parte donde te empujo
entera contra la pared y cada parte de tu cuerpo
se restriega contra los ladrillos,
calla,
estoy llegando a eso.
Durante un tiempo pensé que yo era el dragón.
Creo que ahora puedo decírtelo.
Y, por un tiempo, pensé que era la princesa,
algodón de azúcar rosa, sentada allí en mi habitación,
en la torre del castillo, joven y hermosa y enamorada
y esperándote confiada
pero la princesa se mira en su espejo y solo ve a la princesa,
mientras yo estoy aquí, arrastrándome por el barro,
respirando fuego, y siendo apuñalado hasta la muerte.
Bien, así que yo soy el dragón. Gran cosa.
Tú sigues siendo el héroe.
¡Tienes los guantes mágicos! ¡Un pez que habla! ¡Tienes
ojos como linternas! ¿Qué más quieres?
Te hago tortitas, te llevo de caza, te hablo como
si estuvieras realmente ahí.
¿Estás ahí, cariño? ¿Me conoces? ¿Está abierto este micrófono?
Déjame hacerlo bien por una vez,
para que conste, déjame hacer algo de crema y estrellas
que se convierte, ya sabes la historia, simplemente en el cielo.
Dentro de tu cabeza oyes un teléfono que suena
y cuando abres los ojos
solo un claro en el que hay ciervos. Hola ciervos.
Dentro de tu cabeza el sonido de cristales, un sonido de accidente
como los camiones que vuelcan y explotan a cámara lenta.
Hola cariño, siento todo eso.
Lo siento por los codos huesudos, lo siento porque
vivamos aquí, lo siento por la escena al pie de la escalera
y cómo lo arruiné todo al decirlo en voz alta.
Especialmente eso, pero debería haberlo sabido.
Verás, tomo las partes que recuerdo y las vuelvo a coser
para hacer una criatura que haga lo que yo diga
o me vuelva a amar.
No estoy muy seguro de por qué lo hago, pero en esta versión tú
no estás alimentándote de un hombre malo
contra un cielo negro salpicado de lucecitas.
Lo retiro.
A los vestíbulos de madera les gustan los ataúdes.
Estas condiciones desde las más bajas profundidades.
Lo retiro.
Esta es la imagen repetida del amante destruido. Tachado.
Manos torpes en un cuarto oscuro. Tachado. Hay algo
bajo las tablas del suelo.
Tachado. Y este es el tabernáculo reconstruido.
Esta es la parte en la que todos éramos felices todo el tiempo
y estábamos todos perdonados
aunque no lo merecíamos. Dentro de tu cabeza escuchas
un teléfono que suena y cuando abres los ojos te estás lavando
en el baño de un desconocido,
de pie junto a la ventana con una toalla amarilla, a solo
veinte minutos de distancia de lo más sucio que conoces.
Todas las habitaciones del castillo excepto esta, dice alguien,
y de repente oscuridad,
de repente solo oscuridad.
En la sala de estar, en el patio descuidado,
en la trasera del coche mientras van pasando las luces.
En el baño del aeropuerto, sumido en una farmacia
de luz antinatural,
mis manos se ven raras, mi cara rara, mis pies demasiado lejos.
Y el avión, el asiento de ventanilla sobre el ala con una vista
del ala y una bolsita de cacahuetes.
Llegué a la ciudad y me esperabas en la estación,
sonriendo de tal modo
que me asustó. Por el callejón, rodeando la galería,
subiendo las escaleras del edificio
hasta la pequeña habitación con los grifos averiados, tus dibujos,
todas sus cosas, miré por la ventana y dije
Esto no parece muy diferente de casa,
porque no lo era,
pero entonces reparé en el cielo negro y todas aquellas luces.
Caminamos desde la casa hasta el tren elevado.
Todos esos edificios, todo ese cristal y el brillante y hermoso
viento mecánico.
Estábamos en el vagón cuando empecé a llorar.
Tú también llorabas, sonriendo y llorando de una manera
que me puso aún más histérico. Dijiste que yo podía tener
lo que quisiera, pero yo simplemente no podía decirlo en voz alta.
En realidad, dijiste el Amor, para ti,
es más grande que el habitual amor romántico. Es como una religión.
Es aterrador. Nadie
querrá acostarse contigo.

Bien, si eres tan genial, hazlo:
aquí está el lápiz, haz que funcione…
Si la ventana está a tu derecha, estás en tu propia cama. Si la ventana
está sobre tu corazón, y está pintada y cerrada, entonces estamos
respirando agua de río.
Constrúyeme una ciudad y llámala Jerusalén. Constrúyeme otra
y llámala Jerusalén.
Hemos regresado de Jerusalén donde no encontramos
lo que buscábamos, así que hazlo, dame otra versión,
una habitación diferente, otro pasillo, la cocina repintada
una y otra vez,
otro tazón de sopa.
Toda la historia del deseo humano tarda
unos setenta minutos en ser contada. Desafortunadamente
no tenemos tanto tiempo.
Olvida al dragón,
deja el arma en la mesa, esto no tiene nada que ver con la felicidad.
Avancemos hasta el momento de la epifanía,
con luz dorada, mientras la cámara se desplaza hacia donde
está la acción,
al borde del lago y retroiluminado, y todo entra en cuadro,
bastante cerca para ver los anillos azules de mis ojos
mientras digo algo feo.
Nunca me gustó ese final tampoco. Más amor fluyendo
por el camino equivocado,
y no quiero ser de los que dicen el camino equivocado.
Pero no funciona, estos borrados, este constante
redoblamiento de los pliegues.
Había algunas partes bonitas, claro,
todo gotalimón y bolamelón, riendo en pijama de seda
y los granos de azúcar sobre
la tostada, amor amor o lo que sea, coge un número. Lo siento,
es una historia tan pésima.
Querido Perdón, ya sabes que recientemente
hemos tenido nuestras dificultades y hay muchas cosas
que quiero preguntarte.
Lo intenté una vez, escuela secundaria, almuerzo entre clases,
y luego otra vez, años más tarde, en la piscina clorada.
Sigo hablándote de ayuda. Sigo sin tener esos lujos.
Te he dicho de dónde vengo, así que ponlo todo junto.
Nos agarramos los estómagos y rodamos por el suelo…
Cuando digo esto, debería significar risa,
no veneno.
Quiero más compota de manzana. Quiero más asientos
reservados para héroes.
Querido Perdón, he guardado un plato para ti.
Deja de dar vueltas por el patio y entra.
 ·


Richard Siken. Boot Theory (Crush. pdf p. 12)
richardsiken.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Litany in Which Certain Things Are Crossed Out

Every morning the maple leaves.
Every morning another chapter where the hero shifts
from one foot to the other. Every morning the same big
and little words all spelling out desire, all spelling out
You will be alone always and then you will die.
So maybe I wanted to give you something more than a catalog
of non-definitive acts,
something other than the desperation.
Dear So-and-So, I’m sorry I couldn’t come to your party.
Dear So-and-So, I’m sorry I came to your party
and seduced you
and left you bruised and ruined, you poor sad thing.
Your want a better story. Who wouldn’t?
A forest, then. Beautiful trees. And a lady singing.
Love on the water, love underwater, love, love and so on.
What a sweet lady. Sing lady, sing! Of course, she wakes the dragon.
Love always wakes the dragon and suddenly
flames everywhere.
I can tell already you think I’m the dragon,
that would be so like me, but I’m not. I’m not the dragon.
I’m not the princess either.
Who am I? I’m just a writer. I write things down.
I walk through your dreams and invent the future. Sure,
I sink the boat of love, but that comes later. And yes, I swallow
glass, but that comes later.
And the part where I push you
flush against the wall and every part of your body rubs against the bricks,
shut up
I’m getting to it.
For a while I thought I was the dragon.
I guess I can tell you that now. And, for a while, I thought I was the princess,
cotton candy pink, sitting there in my room, in the tower of the castle,
young and beautiful and in love and waiting for you with confidence
but the princess looks into her mirror and only sees the princess,
while I’m out here, slogging through the mud, breathing fire,
and getting stabbed to death.
Okay, so I’m the dragon. Bid deal.
You still get to be the hero.
You get the magic gloves! A fish that talks! You get eyes like flashlights!
What more do you want?
I make you pancakes, I take you hunting, I talk to you as if you’re really there.
Are you there, sweetheart? Do you know me? Is this microphone live?
Let me do it right for once,
for the record, let me make a thing of cream and stars that becomes,
you know the story, simply heaven.
Inside your head you hear a phone ringing
and when you open your eyes
only a clearing with deer in it. Hello deer.
Inside your head the sound of glass,
a car crash sound as the trucks roll over and explode in slow motion.
Hello darling, sorry about that.
Sorry about the bony elbows, sorry we
lived here, sorry about the scene at the bottom of the stairwell
and how I ruined everything by saying it out loud.
Especially that, but I should have known.
You see, I take the parts that I remember and stitch them back together
to make a creature that will do what I say
or love me back.
I’m not really sure why I do it, but in this version you are not
feeding yourself to a bad man
against a black sky prickled with small lights.
I take it back.
The wooden halls likes caskets. These terms from the lower depths.
I take them back.
Here is the repeated image of the lover destroyed.
Crossed out.
Clumsy hands in a dark room. Crossed out. There is something
underneath the floorboards.
Crossed out. And here is the tabernacle
reconstructed.
Here is the part where everyone was happy all the time and we were all
forgiven,
even though we didn’t deserve it.
Inside your head you hear
a phone ringing, and when you open your eyes you’re washing up
in a stranger’s bathroom,
standing by the window in a yellow towel, only twenty minutes away
from the dirtiest thing you know.
All the rooms of the castle except this one, says someone, and suddenly
darkness,
suddenly only darkness.
In the living room, in the broken yard,
in the back of the car as the lights go by. In the airport
bathroom’s gurgle and flush, bathed in a pharmacy of
unnatural light,
my hands looking weird, my face weird, my feet too far away.
And the the airplane, the window seat over the wing with a view
of the wing and a little foil bag of peanuts.
I arrived in the city and you met me at the station,
smiling in a way
that made me frightened. Down the alley, around the arcade,
up the stairs of the building
to the little room with the broken faucets, your drawings, all your things,
I looked out the window and said
This doesn’t look that much different from home,
because it didn’t,
but then I noticed the black sky and all those lights.
We walked through the house to the elevated train.
All these buildings, all that glass and the shiny beautiful
mechanical wind.
We were inside the train car when I started to cry. You were crying too,
smiling and crying in a way that made me
even more hysterical. You said I could have anything I wanted, but I
just couldn’t say it out loud.
Actually, you said Love, for you,
is larger than the usual romantic love. It’s like a religion. It’s
terrifying. No one
will ever want to sleep with you.

Okay, if you’re so great, you do it—
here’s the pencil, make it work…
If the window is on your right, you are in your own bed. If the window
is over your heart, and it is painted shut, then we are breathing river water.
Build me a city and call it Jerusalem. Build me another and call it Jerusalem.
We have come back from Jerusalem where we found not
what we sought, so do it over, give me another version,
a different room, another hallway, the kitchen painted over and over,
another bowl of soup.
The entire history of human desire takes about seventy minutes to tell.
Unfortunately, we don’t have that kind of time.
Forget the dragon,
leave the gun on the table, this has nothing to do with happiness.
Let’s jump ahead to the moment of epiphany,
in gold light, as the camera pans to where
the action is,
lakeside and backlit, and it all falls into frame, close enough to see
the blue rings of my eyes as I say
something ugly.
I never liked that ending either. More love streaming out the wrong way,
and I don’t want to be the kind that says the wrong way.
But it doesn’t work, these erasures, this constant refolding of the pleats.
There were some nice parts, sure,
all lemondrop and mellonball, laughing in silk pajamas
and the grains of sugar
on the toast, love love or whatever, take a number. I’m sorry
it’s such a lousy story.
Dear Forgiveness, you know that recently
we have had our difficulties and there are many things I want to ask you.
I tried that one time, high school, second lunch, and then again,
years later, in the chlorinated pool.
I am still talking to you about help. I still do not have these luxuries.
I have told you where I’m coming from, so put it together.
We clutch our bellies and roll on the floor…
When I say this, it should mean laughter,
not poison.
I want more applesauce. I want more seats reserved for heroes.
Dear Forgiveness, I saved a plate for you. Quit milling around the yard and come inside.



Richard Siken

Sherezade


Cuéntame lo del sueño en el que sacamos los cuerpos del lago
y los vestimos con ropa de abrigo otra vez.
Cómo era tarde y nadie podía dormir, los caballos corriendo
hasta que se olvidan de que son caballos.
No es como un árbol cuyas raíces deben terminar en alguna parte,
es más bien como una canción en la radio de un policía,
cómo enrollamos la alfombra para poder bailar, y los días
eran color rojo brillante, y cada vez que nos besábamos
había otra manzana para cortar en pedazos. Mira la luz
a través de la ventana. Eso significa que es mediodía, significa
que nos sentimos inconsolables.
Cuéntame cómo todo eso, y el amor también, nos devastará.
Estos, nuestros cuerpos, poseídos por la luz.
Cuéntame que nunca nos acostumbraremos.
.


Richard Siken. Boot Theory (Crush. pdf p. 4)
richardsiken.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Scheherezade

Tell me about the dream where we pull the bodies out of the lake
and dress them in warm clothes again.
How it was late, and no one could sleep, the horses running
until they forget that they are horses.
It’s not like a tree where the roots have to end somewhere,
it’s more like a song on a policeman’s radio,
how we rolled up the carpet so we could dance, and the days
were bright red, and every time we kissed there was another apple
to slice into pieces.
Look at the light through the windowpane. That means it’s noon, that means
we’re inconsolable.
Tell me how all this, and love too, will ruin us.
These, our bodies, possessed by light.
Tell me we’ll never get used to it.



Richard Siken

Teoría de la bota


Un hombre entra en un bar y dice:
Llévate a mi esposa, por favor.
Así que lo haces.
La llevas a la lluvia de afuera y te enamoras de ella
y ella te deja y tú estás desolado.
Estás tumbado en camiseta, un hombre destrozado
sobre una colcha fea, mirando las manchas de humedad
en el techo.
Y puedes oír al hombre del piso de arriba
descalzándose.
Escuchas la primera bota contra el suelo y miras hacia arriba,
esperando,
porque pensabas que seguiría, pensaste
que habría
alguna lógica, quizá, algo para reunirlo todo,
pero aquí estamos otra vez en la maleza,
aquí estamos
en el meollo del asunto: tu mundo no tiene sentido.
Y entonces cae la segunda bota.
Y después una tercera, una cuarta, una quinta.

Un hombre entra en un bar y dice:
Llévate a mi esposa, por favor.
Pero te lo llevas a él en su lugar.
Lo llevas a casa, le preparas un sándwich de queso,
e intentas quitarle los zapatos, pero él te patea
y sigue pateándote.
Te tragas un frasco de somníferos pero no funcionan.
Las botas continúan cayendo al suelo
en el piso de arriba.
Al día siguiente vas a trabajar como si no hubiera pasado nada.
Tus compañeros te preguntan
si todo va bien y les dices
que solo estás cansado.
Y tratas de sonreír.
Y ellos tratan de sonreír.

Un hombre entra en un bar, esta vez tú, y dice:
Que sea doble.
Un hombre entra en un bar, esta vez tú, y dice:
Camina un kilómetro con mis zapatos.
Un hombre entra en una tienda, todavía tú, diciendo:
Solo quería algo simple, algo genérico…
Pero el empleado te dice que compres algo o que te vayas.
Un hombre lleva su tristeza al río y la tira al agua,
aunque se queda
con el río. Un hombre coge su tristeza y la tira a la basura,
aunque se queda con sus manos.
 .


Richard Siken. Boot Theory (Crush. pdf p. 18)
richardsiken.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Boot Theory

A man walks into a bar and says:
Take my wife–please.
So you do.
You take her out into the rain and you fall in love with her
and she leaves you and you’re desolate.
You’re on your back in your undershirt, a broken man
on an ugly bedspread, staring at the water stains
on the ceiling.
And you can hear the man in the apartment above you
taking off his shoes.
You hear the first boot hit the floor and you’re looking up,
you’re waiting
because you thought it would follow, you thought there would be
some logic, perhaps, something to pull it all together
but here we are in the weeds again,
here we are
in the bowels of the thing: your world doesn’t make sense.
And then the second boot falls.
And then a third, a fourth, a fifth.

A man walks into a bar and says:
Take my wife–please.
But you take him instead.
You take him home, and you make him a cheese sandwich,
and you try to get his shoes off, but he kicks you
and he keeps kicking you.
You swallow a bottle of sleeping pills but they don’t work.
Boots continue to fall to the floor
in the apartment above you.
You go to work the next day pretending nothing happened.
Your co-workers ask
if everything’s okay and you tell them
you’re just tired.
And you’re trying to smile. And they’re trying to smile.

A man walks into a bar, you this time, and says:
Make it a double.
A man walks into a bar, you this time, and says:
Walk a mile in my shoes.
A man walks into a convenience store, still you, saying:
I only wanted something simple, something generic…
But the clerk tells you to buy something or get out.
A man takes his sadness down to the river and throws it in the river
but then he’s still left
with the river. A man takes his sadness and throws it away
but then he’s still left with his hands.