William Bronk

La sonrisa en  el rostro de un kuros


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Este joven, por supuesto, estaba muerto, sea lo que eso
signifique. Y dignamente muerto. Creo que debemos sentir
que fue dignamente muerto. Caído en la batalla, tal vez,
y esta piedra esculpida lo recuerda
no como pudo haber sido, sino como si definiera
la virtud desnuda que la piedra describe como suya.
Un pie adelantado, la mirada al frente, los brazos
que descienden por la estrecha cintura hasta las manos
colgando en ingrávida plenitud junto a los fuertes flancos.
El joven estaba muerto, y la piedra sonríe en su muerte
iluminándole los labios con el placer de algo logrado:
un fin. Alcanzar un fin. Alcanzar la muerte
como un fin. Y alcanzar, llegando allí intacto, en pleno
valor de su fuerza y virtud, el premio del que
sus vacías manos están llenas. Nada ha perdido,
salvo el hogar, y sonríe ante el fin logrado.

En su muerte, de la que nada hasta ahora —o nunca— se sabe,
permite que a solas pensemos lo que queramos de ella,
y acepta nuestra elección, moldeando la vida en la muerte.
¿Queremos un fin? Él nos lo da; y toma lo que le damos
y se lo queda; y tiene, de este modo, en la misma vida,
un cierto tesoro en la atractiva forma
lograda y dejada en la muerte para permanecer y ser
para siempre hermoso y entero, como si
desear demasiado la forma perfecta e intacta
fuera igual que desear la muerte, que elegir la muerte
para un fin. Hay otros modos; conocemos el modo
de hacer otra elección para la muerte: deforme
o destrozado, menos que entero, confuso, vivimos
en un mundo amorfo. Interminable, no esperamos ningún fin.
Yo te digo, muerte, que no esperes ninguna sonrisa de orgullo
de mi parte. No te doy nada de mis manos vacías.
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William Bronk. The Smile on the Face of a Kouros
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

The Smile on the Face of a Kouros

This boy, of course, was dead, whatever that
might mean. And nobly dead. I think we should feel
he was nobly dead. He fell in battle, perhaps,
and this carved stone remembers him
not as he may have looked, but as if to define
the naked virtue the stone describes as his.
One foot is forward, the eyes look out, the arms
drop downward past the narrow waist to hands
hanging in burdenless fullness by the heavy flanks.
The boy was dead, and the stone smiles in his death
lightening the lips with the pleasure of something achieved:
an end. To come to an end. To come to death
as an end. And coming, bring there intact, the full
weight of his strength and virtue, the prize with which
his empty hands are full. None of it lost,
safe home, and smile at the end achieved.
Now death, of which nothing as yet – or ever – is known,
leaves us alone to think as we want of it,
and accepts our choice, shaping the life to the death.
Do we want an end? It gives us; and takes what we give
and keeps it; and has, this way, in life itself,
a kind of treasure house of comely form
achieved and left with death to stay and be
forever beautiful and whole, as if
to want too much the perfect, unbroken form
were the same as wanting death, as choosing death
for an end. There are other ways; we know the way
to make the other choice for death: unformed
or broken, less than whole, puzzled, we live
in a formless world. Endless, we hope for no end.
I tell you death, expect no smile of pride
from me. I bring you nothing in my empty hands.


William Bronk

La metonimia como aproximación a un mundo real


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Ya sea que lo que sentimos de este mundo
es de este mundo únicamente, o bien
de alguno de varios mundos posibles
—¿cuál de ellos?— algo de lo que sentimos
puede ser verdadero, puede ser el mundo, el que es, el que sentimos.
Por lo demás, es posible una tregua, la tolerancia
a los viajeros, comer platos extranjeros, probar palabras
que retuercen la lengua, para sentir ese tiempo y lugar,
sin creer que ese sea el mundo real.

Admitido, todos esos relojes marcan la hora local;
admitido, ese “aquí” es cualquier sitio en que permanecezcamos
y llenemos un espacio; admitido, formamos un mundo:
¿es algo cogido allí, contenido allí,
algo real, algo que podemos sentir?
Una vez, en una ciudad bloqueada y repleta, vi
la luz tendida en el profundo abismo de una calle,
palpable y azul, como si se hubiera desplazado
desde, digamos, el mar, una pureza del espacio.
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William Bronk. Metonymy as an Approach to a Real World
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Metonymy as an Approach to a Real World

Whether what we sense of this world
is the what of this world only, or the what
of which of several possible worlds
—which what?—something of what we sense
may be true, may be the world, what it is, what we sense.
For the rest, a truce is possible, the tolerance
of travelers, eating foreign foods, trying words
that twist the tongue, to feel that time and place,
not thinking that this is the real world.

Conceded, that all the clocks tell local time;
conceded, that “here” is anywhere we bound
and fill a space; conceded, we make a world:
is something caught there, contained there,
something real, something which we can sense?
Once in a city blocked and filled, I saw
the light lie in the deep chasm of a street,
palpable and blue, as though it had drifted in
from say, the sea, a purity of space.


William Bronk

Estío


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Un mundo verde, una escena de profundo
verde con azules claros, los verdes a los que
esos azules hacen profundos. Uno piensa en como
en ciertos cuadros, se ven envidiados paisajes
(por una ventana, tal vez) muy por detrás de la serena
cara del modelo, la pose serena, como si
en algún espejo imposible, el rostro hacia atrás,
la serenidad humana observara un mundo verde
como el que esa cara mira fijamente.
__________________________________Y ved ahora,
aquí está ese lugar, esos verdes
están aquí, profundos con esos azules. El aire
que se respira es refrescante y dulce, y cálido, como
con bayas. Estamos aquí. Estamos aquí.
Anotemos también esto, como si hubiera
sucedido una atrocidad que hayamos visto.
La tierra es hermosa más allá de todo cambio.
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William Bronk. Midsummer
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Midsummer

A green world, a scene of green, deep
with light blues, the greens made deep
by those blues. One thinks how
in certain pictures, envied landscapes are seen
(through a window, maybe) far behind the serene
sitter’s face, the serene pose, as though
in some impossible mirror, face to back,
human serenity gazed at a green world
which gazed at this face.
And see now,
here is that place, those greens
are here, deep with those blues. The air
we breathe is freshly sweet, and warm, as though
with berries. We are here. We are here.
Set this down too, as much
as if an atrocity had happened and been seen.
The earth is beautiful beyond all change.